—¿Cuál fue su caso más breve, inspector? -preguntó Ruiz, curioso. —El de Ángela, el cadáver que apareció flotando en el Jumeal. —Cuente, cuente… —Lo resolví en menos de cinco minutos. Simple. No era su cadáver, sino que Ángela se había dormido haciendo la plancha en el agua. Como estaba con un salvavidas puesto no se hundió. Así que estaba vivita y coleando. Tuve que despertarla nomás. —¡…! Luis Alberto Taborda. Nacido en La Rioja en 1953. Reside en Tinogasta de Catamarca. Docente de profesión. Tiene publicados tres volúmenes de relatos breves: La oveja rebelde, La golondrina sedentaria y El oficial Preciso. Y dos volúmenes inéditos: La carlinga y Chiquitos. Ha publicado, además, poesía, cuentos, aforismos, palíndromos, historia regional, etc.
En su lecho de muerte, el padre le entrega un cofre. Adentro del cofre vive una serpiente. –Esta serpiente –dice el moribundo– es tu hermano, fruto de mis amores con una mujer demonio. Lo confío a tu cuidado. El hijo consagra su vida a la caza de ranas y ratones para alimentar a la serpiente, creyendo que su padre sufre en la Gehena el castigo de los lujuriosos o los magos, sin saber que se cuece, en realidad, en el círculo destinado a los bromistas.
Ana María Shua nació en Buenos Aires en 1951. A los dieciséis años publicó sus primeros poemas reunidos en El sol y yo. En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Otras novelas son Los amores de Laurita, (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario (Premio Club de los XIII y Premio Ciudad de Buenos Aires en novela). Su última novela es Hija. Cinco de sus libros abordan el microrrelato, un género en el que ha obtenido el máximo reconocimiento internacional: La sueñera, Casa de Geishas, Botánica del Caos, Temporada de Fantasmas (reunidos en el volumen Cazadores de Letras) y Fenómenos de circo. Todos los universos posibles reúne su obra hasta la fecha. En 2016 recibió en México el Premio Internacional Arreola de Minificción. También ha escrito varios libros de cuentos. Con Miedo en el sur obtuvo el Premio Ciudad de Buenos Aires. Que tengas una vida interesante reúne sus cuentos completos hasta 2011. Su último libro en el género es Contra el tiempo, publicado en Madrid. En 2014 recibió el premio Konex de Platino y el Premio Nacional de Literatura. Sus libros para chicos, que obtuvieron premios nacionales e internacionales, se leen en toda América Latina y en España. Su obra ha sido traducida a catorce idiomas.
Se conocen en pantalla, se dan laik. El escenario de su amor es el ciberespacio, allí son felices: su vida es chatear, mensajear, guglear, clikear, twitear. Por whatsapp, feisbuk, messenger, instagram, youtube, zoom, su amor crece y se enredan más cada minuto.Para su desgracia, un error irreversible el software los separa para siempre.
Dina Grijalva
En la primavera de 2008 visitó Buenos Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora y promotora de ese maravilloso género. Sus libros de minificción son: “Goza la gula”, “Las dos caras de la luna”, “Abecé sexy”, “Mínimos deleites”, “Miniaturas Salmantinas” y “Cuestión de tiempo”. Ama a los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con habitar en Liliput. Minificciones suyas han sido incluidas en una veintena de antologías. Ha publicado una antología de minificciones eróticas, bajo el título de “Eros y Afrodita en la Minificción”.
Había pasado de tus besos y las caricias, al golpeteo de la lluvia sobre mi rostro. De la casa salí con tan sólo una mochila de piel, desgastada por el uso y en donde apenas cabían dos mudas de ropa, el cepillo de dientes y los pedacitos de mi corazón —que apenas pude recoger para no dejarlos en la que fuera nuestra habitación.
No me dolían los golpes sobre mi cuerpo, tampoco todo lo que como loco gritaste para sentirte más hombre; ni siquiera me dolió que terminaras nuestra relación, o lo que fuera que haya sido. ¿Lo que sí me dolió? Fue(ron) tu(s) infidelidad(es)… tus mentiras… pero sobre todo la humillación que me hiciste pasar al considerarme inferior por mi apariencia física.
Me conociste con zapatillas rojas, entre lentejuelas, estolas y pelucas; transformándome cada noche en la estrella del lugar, donde las horas azules saludaban a la mujer que nunca nació; venerando los pechos de silicón, los labios de colágeno con milímetros de maquillaje que cubrían al hombre que nunca me gustó.
Aunque el papel dice Ignacio, Avellana dice mi historia; historia destruida por el maltrato, pero motivada por la libertad, que paso a paso y esquina tras esquina, continúo escribiendo en el libro del destino.
Miguel Rosales (Cuernavaca, Morelos, 1985). Licenciado en Periodismo. Fotógrafo y reportero. Ha participado en exposiciones colectivas de fotografía con temática social en Cuernavaca, Playa del Carmen y Cancún. Actualmente es Jefe de Relaciones Interinstitucionales y Difusión en la Unidad de Transparencia Municipal en Cancún. Así mismo se encuentra realizando el diplomado en Habilidades Gerenciales en la Universidad Anáhuac.
De lo que no se puede hablar mejor es callarse Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus.
—¡¿Cómo carajo supieron lo de la entrega?! Alguien nos delató. ¡Y fue uno de nosotros! Pegándole un puñetazo a la mesa, el Oso Tony se puso de pie saltando como un canguro. Caminaba enloquecido por todo el bar tratando de dominarse: —A ver… Quiero que solucionemos esto rápido. Por eso, si de casualidad alguno de los que está acá es un maldito policía, apreciaría con todo mi corazón que tuviera la gentileza de decírmelo en este preciso y puto momento. ¡¿Me escucharon?! Quiero que me lo digan ahora, ahora y por las buenas. Y si nadie habla, SI NADIE HABLA… Entonces les juro que los voy a matar a uno por uno pero antes, ¡antes les voy a arrancar las pelotas con un cuchillo y los ojos con un tenedor! Tony repasaba los rostros de sus muchachos con los ojos inyectados de sangre. El revolver le temblequeaba en una mano. Pese a que absolutamente todos se miraban entre sí con recelo, los más nuevos se llevaban la peor parte. Al verse visto por tantos pares de ojos, el mudito Ramírez se sintió de golpe obligado a decir algo: —Jefe, le juro que yo no tuve nada que ver. Qué grave y nítida era su voz. Podría haber sido un gran locutor, comentaron los muchachos al salir de su asombro. Lástima que se dedicó a otra cosa.
Leandro Surce, 1984. Licenciado en Ciencia Política (UBA-FCS), estudiante de la carrera de Filosofía (UBA-FFyL) y editor. Mención en el certamen de cuentos Vicente López, ciudad fantástica. Su relato se incluyó en una antología publicada por la Municipalidad de Vicente López en 2014. Primer premio certamen de microcuentos
organizado por la revista Crac!-Literatura (2013). Participó del ciclo Imagen te leo por invitación de la Municipalidad de Vicente López (2014). Pormenores (2016) es su primer libro de cuentos, sello editorial Qué diría Víctor Hugo?
En lo sustancial, las leyes no se ajustaban a su idiosincrasia y se inclinaban en su contra. No obstante, tenían los suficientes resquicios como que las pudiera burlar. Por eso no se resistió al arresto y aceptó la prisión preventiva con una sonrisa mordaz: sabía muy bien que al día siguiente tendrían que dejarlo en libertad: en cuanto la víctima dejara de serlo y, convertida en su mejor testigo, se presentara en el juzgado para anular toda denuncia, incluyendo la de haberle mordido en el cuello con sadismo, sed y alevosía.
Carlos Suchowolski. Publicado desde 1969 en varios idiomas. La Sociedad Española CF le publica en sus «Cuentos del año». En 2007, primera novela, Una nueva conciencia, reeditada, y Once tiempos de futuro (Amazon). Nueva novela, La botella precintada y más relatos.
Al trampero le saltó la liebre por donde menos esperaba y accionó el gatillo. horas más y salía del hospital en silla de ruedas. Volvió a ingresar por graves complicaciones. Días después fue dado de alta, salió en camilla con dirección al anfiteatro. Con el cuerpo arqueado, y una sonrisa sardónica vio de reojo a la liebre siendo acariciada por una mano larga y huesuda, que le decía… “ a veces me da por salir a cazar”
Conoció a un viajero del tiempo y el espacio. No tenía un lugar al cual pertenecer, así que fue hacia ella, hacia el fuego de su cabello—el cual lo fascinaba—, pero no podía permanecer en él por mucho tiempo, pues lo quemaría, así que se iba de tanto en tanto para aparecer nuevamente cuando menos lo esperaba, cuando se rompía alguna parte de ella; a veces las manos, a veces los labios y otras varias el corazón. Era muy extraña la forma de entrelazarse, como si fuera adrede eso de buscarse para luego perderse con la misma facilidad, como dos niños jugando a las escondidas en un pequeño cuarto con la luz apagada. Teseo, como lo llamaron en uno de sus viajes, sabía que era cuestión de esperar a que la brújula indicara los trazos a seguir, pero en este laberinto se tropezaba. A pesar de que en otros tiempos se le quería como a un héroe legendario, esta vez solo era un caminante, un vago de la media noche buscando la promesa de Helena, el hilo rojo de sus cabellos. El viajero seguirá caminando, y ella arando su tierra; ambos seguirán andando, cada uno, su camino entrelazado.
Me inquietó la preocupación de mi amado por mi nuevo lugar de residencia, porque según creía él yo estaría en el paraíso. Busqué un pájaro de ébano que cruzara las tinieblas y me sirviera como mensajero para explicarle que nunca más estaríamos juntos. El lisonjero cuervo, siguiendo instrucciones respondió lo aprendido: ¡Nunca más! ¿Cómo imaginar que el hombre se pondría a desahogar sus penas con el pájaro? ¿Y que el cuervo lo desquiciaría respondiendo a todo con la misma frase? ¡Nunca pensé que la desesperación lo llevaría a abrazarme esa misma noche y para siempre en el infierno!
Tomado del Microdecamerón compilación de Paola tena
Los maullidos de furia se suceden y se suman a los vítores de algarabía del respetable publico felino. Justo cuando la pelea está en la curva más álgida, sale volando un zapato que golpea la nuca del contrincante y de otra ventana sale una catarata de orines que cae sobre los erizados lomos. Dispersandolos. La disputa de la bella Lulú quedará para la madrugada siguiente. En el departamento de la gata fifí los jefes de ambas bandas abren un six lácteo y empiezan a contar chistes de perros pulgosos.
Rubén García se define como estudiante de la minificción, manifiesta que el nuevo género rompe con el cuento clásico y moderno. Aunque contiene pocas líneas, hay minificciones que alcanzan más de una página. Estudiosos del género dan como consejo no leer más de seis trabajos. De hecho en la primera lectura es posible no comprenderla; se requiere una o dos lecturas más. Acepta el autor su insistencia en perseverar en el hay-ku, como sinónimo de la poesía japonesa. Espero que me de el tiempo para lograrlo.
Nuestro trabajo es, en realidad, bastante rutinario y no se parece a lo que muestran las películas. Los encargos con los que debutamos en el oficio suelen ser los más recordables, tal vez porque la gente con experiencia rechaza las tareas difíciles o desagradables. Que caen, como es natural, sobre los pobres principiantes. Siempre se encuentra a un muchacho necesitado, dispuesto a matar a un abuelito a garrotazos por cien dólares. Yo era un inexperto principiante cuando encaré a mi primer cliente, la señora Mercedes de Ulloa. Estaba nervioso. Por supuesto, había matado a otras personas, incluso por la espalda, pero siempre en robos a mano armada o guerra de pandillas. Tenía una ventaja importante para iniciarme en el oficio: nunca había estado preso. La señora me citó en su casa, de noche. Los clientes odian tratar con nosotros en directo, pero en esta era de las comunicaciones, nada deja menos rastros que una entrevista personal. La casa estaba llena de fotos que contaban la historia de una pareja. En las fotos, todos parecen felices. La señora Mercedes estaba en su estudio, en penumbras, detrás de un gran escritorio de nogal. Vieja, hinchada, pintarrajeada, maloliente, reconocible: la mujer de las fotos. Todo el ambiente estaba impregnado con ese olor dulzón. No podía creer que alguien pagara por oler así. No perdió tiempo. Tenía preparado allí mismo, sobre el escritorio, la mitad del dinero.
—Quiero que mate a mi marido. Ahogado en la bañadera. Ojo por ojo. La interrumpí. Sus motivos me importaban poco. —Muy bien —le dije—. En los próximos días… —Ahora mismo. Ése es el cuarto de baño. Esta mujer está loca, pensé. Y además… Matar en la bañadera es un trabajo sucio. Se toma a la persona de los tobillos y se da un tirónm enérgico hacia arriba. Por lo general (pero nunca se sabe) no tiene de dónde agarrarse y la cabeza se hunde. Alguien que se está ahogando patalea con fuerza descomunal, pero el hombre era un viejo y yo tenía el entusiasmo desaprensivo de la juventud. Sin pensarlo demasiado, con los billetes calentándome el bolsillo, entré al baño. A pesar de mis prevenciones, fue sencillo. Salí con la ropa bastante mojada. El resto del dinero me esperaba sobre el escritorio. Busqué a mi clienta por toda la casa, pero se había ido. Unos días después apareció una breve nota en la página de policiales. Un anciano había sufrido un accidente en la bañadera. Intrigados por su desaparición, los vecinos alertaron a la policía, que encontró el cadáver en avanzado estado de descomposición. El hombre no tenía hijos. Y era viudo. Ya decía yo que la señora Mercedes olía mal.
Nota de la E.: A pesar de que tiene más de 400 palabras, he decidido incluir en esta antología el texto «Profesional», de Ana María Shua. Ana María Shua. (Buenos Aires, 1951). Novelista, cuentista, ensayista, poeta, ha sido traducida a varios idiomas. En el 2009 publicó Cazadores de letras. Minificción reunida, un libro de casi 900 páginas, donde se reúne su obra mínima, tomada de sus libros La sueñera (1984), Casa de geishas (1992), Botánica del caos (2000), Temporada de fantasmas (2004), Fenómenos de circo (2011). En 2016 recibió el Primer Premio Iberoamericano de Minificción «Juan José Arreola», en la ciudad dMéxico
La terapia de conversión en la clínica San Sebastián es todo un éxito. Una chica lesbiana se convirtió enun unicornio y un joven gay se convirtió en una jacaranda floreciente. Un ama de casa se descubrió capaz de transformarse en un bollo de crema y un jubilado en una taza de chocolate. Siguen tan homosexuales como antes, por supuesto.
Adriana Azucena Rodríguez
(Ciudad de México). Doctora en Literatura Hispánica (COLMEX). Profesora-investigadora en la UACM (Creación Literaria). Autora de Postales. Mini-hiper-ficciones (Fósforo, 2013), La sal de los días (BUAP, 2017) y El infierno de los amantes (UACM, 2017)