Profesional

Ana María Shua

Nuestro trabajo es, en realidad, bastante rutinario y no se parece a lo que muestran las películas. Los encargos con los que debutamos en el oficio suelen ser los más recordables, tal vez porque la gente con
experiencia rechaza las tareas difíciles o desagradables. Que caen, como es natural, sobre los pobres principiantes. Siempre se encuentra a un muchacho necesitado, dispuesto a matar a un abuelito a
garrotazos por cien dólares. Yo era un inexperto principiante cuando encaré a mi primer cliente, la señora Mercedes de Ulloa. Estaba nervioso. Por supuesto, había matado a otras personas, incluso por la espalda, pero siempre en robos a mano armada o guerra de pandillas. Tenía una ventaja
importante para iniciarme en el oficio: nunca había estado preso. La señora me citó en su casa, de noche. Los clientes odian tratar con nosotros en directo, pero en esta era de las comunicaciones, nada
deja menos rastros que una entrevista personal.
La casa estaba llena de fotos que contaban la historia de una pareja. En las fotos, todos parecen felices. La señora Mercedes estaba en su estudio, en penumbras, detrás de un gran escritorio de nogal.
Vieja, hinchada, pintarrajeada, maloliente, reconocible: la mujer de las fotos. Todo el ambiente estaba impregnado con ese olor dulzón. No podía creer que alguien pagara por oler así. No perdió tiempo. Tenía preparado allí mismo, sobre el escritorio, la mitad del dinero.


—Quiero que mate a mi marido. Ahogado en la bañadera. Ojo por ojo. La interrumpí. Sus motivos me importaban poco.
—Muy bien —le dije—. En los próximos días…
—Ahora mismo. Ése es el cuarto de baño.
Esta mujer está loca, pensé. Y además… Matar en la bañadera es un trabajo sucio. Se toma a la persona de los tobillos y se da un tirónm enérgico hacia arriba. Por lo general (pero nunca se sabe) no tiene de
dónde agarrarse y la cabeza se hunde. Alguien que se está ahogando patalea con fuerza descomunal, pero el hombre era un viejo y yo tenía el entusiasmo desaprensivo de la juventud. Sin pensarlo demasiado, con los billetes calentándome el bolsillo, entré al baño. A pesar de mis prevenciones, fue sencillo.
Salí con la ropa bastante mojada. El resto del dinero me esperaba sobre el escritorio. Busqué a mi clienta por toda la casa, pero se había ido.
Unos días después apareció una breve nota en la página de policiales. Un anciano había sufrido un accidente en la bañadera. Intrigados por su desaparición, los vecinos alertaron a la policía, que
encontró el cadáver en avanzado estado de descomposición. El hombre no tenía hijos. Y era viudo.
Ya decía yo que la señora Mercedes olía mal.

Nota de la E.: A pesar de que tiene más de 400 palabras, he decidido
incluir en esta antología el texto «Profesional», de Ana María Shua.
Ana María Shua. (Buenos Aires, 1951). Novelista, cuentista,
ensayista, poeta, ha sido traducida a varios idiomas. En el 2009 publicó
Cazadores de letras. Minificción reunida, un libro de casi 900 páginas, donde
se reúne su obra mínima, tomada de sus libros La sueñera (1984), Casa
de geishas (1992), Botánica del caos (2000), Temporada de fantasmas (2004),
Fenómenos de circo (2011). En 2016 recibió el Primer Premio
Iberoamericano de Minificción «Juan José Arreola», en la ciudad dMéxico

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