Poco después llegó la muerte. Todos la vimos trepar por tu pelo, pero bajamos los ojos y seguimos comiendo. Rezando en voz baja para que se conformara contigo.

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convertía en una ciudad moderna, y las universidades se multiplicaban. Sin embargo, el campo se despoblaba, porque la reforma agraria se había detenido y aumentaba la marginación de los desposeídos.
Tomado de Fb


DECÁLOGO DEL ESCRITOR DE MINICUENTOS
Biografía
¿Quién fue José de la Colina? Nacido en Santander, España, el 29 de marzo de 1934, José de la Colina vivido exiliado en Francia y Bélgica con sus hermanos y madre, mientras su padre combatía en la Guerra Civil Española. Tras el fin de la Guerra Civil, su familia viajó a la República Dominicana y Cuba, antes de hacer su parada final en México, donde vivió desde 1940. Estudió la primaria en el Colegio Madrid y cursó un año en prevocacional en el Instituto Politécnico Nacional. Después de las exigencias de su padre, José de la Colina, con tan sólo 13 años, fungió como guionista para un programa de radio de la XEQ llamado La legión de los madrugadores. En XEX continuó escribiendo programas radiofónicos hasta los 17 años. A los 18 años dio el paso al periodismo, convirtiéndose en crítico de cine.
José de la Colina publicó Cuentos para vencer a la muerte en 1955, siendo este su primer libro y su entrada de lleno a la literatura. En 1959 la Universidad Veracruzana publicó su siguiente libro Ven, caballo gris y en 1962, la universidad publicó La lucha con la pantera. Fue amigo e interlocutor de Luis Buñuel y parte del círculo cercano de Octavio Paz, quien en numerosas ocasiones exaltó la alta calidad de su prosa. Muchos de sus trabajos literarios fueron llevados al cine por el realizador Paul Leduc. Además de su labor como escritor, fue fundador y colaborador de Milenio Diario, donde escribió su columna Inmortales del momento, por muchos años. En la actualidad escribía para el suplemento Laberinto. El escritor también dirigió Contrechamp y Positif, Ideas de México, La Cultura en México, La Nouvelle Revue Francaise, La Palabra y El Hombre, Le Chanteau du Verre, Letras Libres, México en la Cultura, entre otras publicaciones. También fue miembro del consejo de redacción de las revistas Nuevo Cine, Plural, Revista Mexicana de Literatura y Vuelta. José de la Colina fue Premio Nacional de Periodismo Cultural 1984 por El Semanario Cultural de Novedades, Premio Mazatlán de Literatura 2002 por Libertades imaginarias. En 2005 recibió el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, dentro del marco de la FIL de Guadalajara. Ganó la Medalla de Bellas Artes en 2009 y el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2013 por De libertades fantasmas o de la literatura como juego. https://www.milenio.com/cultura/jose-de-la-colina-quien-fue-y-biografia
Cursaba la preparatoria y le pregunté al subdirector: ¿si escribiese un libro, podría tener apoyo de la escuela para publicarlo? —me miro con sus ojos saltones y acomodándose los lentes con el dedo meñique me contestó:
—Claro Rubén, faltaba menos, veríamos cómo. Sería grato que la escuela contase con un escritor tan joven. —Sonreí, ese era nuestro subdirector, amable, estudioso. en cambio, el director apestaba. Por la noche anexé a mi autoría dos poemas más… han pasado más de cincuenta años y pareciera que solo son cinco minutos. Ya se fue quién me prometió la impresión y aún sigo espulgando textos.
Me río. Él maestro sabía lo complicado que es el proceso de hacer un libro, imprimirlo, promocionarlo y llevarlo a las vitrinas de las librerías. Sólo fue una mentira piadosa, que nunca he olvidado y que llevaré a la realidad. Algunas de mis historias forman parte de antologías, pero yo no he hecho un libro. Me inspira temor, respeto. No aspiro más, a que el lector diga: está bien.


Por razones de fuerza mayor (llámese SEO) permíteme copiar el texto que has leído en la imagen. No hace falta que lo leas de nuevo, puedes pasar al final.
El cuento de los tres párrafos
Había una vez un párrafo tan largo que exigía a los lectores un esfuerzo constante para mantener la atención, porque, a pesar de hacer un uso correcto de la puntuación, no había variedad en su estructura y, como una gigantesca cadena montañosa, cada vez que se llegaba al final de una coma, aparecía otra, y otra, y hasta en algún momento se llegó a especular si el susodicho párrafo tenía fin, aunque, por supuesto, nadie se atrevió a hacer públicas sus opiniones.
Qué cómico. Una oración así. Muy larga. Deberían prohibirlas. Concisión ante todo. Eso es universal. Todos lo entienden. La brevedad es querida. Más en estos tiempos. Tiempos acelerados. Comida rápida. Amor sin compromiso. Literatura chatarra. Da igual. Importa la acción. Que no aburra.
Cuando el tercer párrafo vio a sus pares, sonrió. Eran sus amigos. Del primero, le gustaba que era charlatán y, a la vez, expresivo. Pero cuando este se embalaba no había quien lo detenga; y al final, se volvía pesado. Del segundo, le gustaba la agilidad y su capacidad para contar acciones rápidas. Pero en su afán por escapar del aburrimiento, a través de tanta brevedad, el segundo párrafo se había vuelto monótono.
A pesar de sus errores y virtudes, a los tres párrafos les agradaba la presencia de sus amigos y valoraban la armonía con que se relacionaban.
“¿Qué longitud tienen tus oraciones? ¿Varían? ¿Son armoniosas las frases entre sí?
Aquí, no se trata de decir si las oraciones largas son mejores o peores que las cortas. La idea es encontrar qué es lo que funciona para tu historia. No hay reglas. O quizás la hay: que suene bien.
Piensa en la música, en sus melodías y silencios. Existen solo siete notas naturales y, con ellas, los músicos nos transportan a mundos épicos, románticos, clásicos, urbanos… Piensa como un director de orquesta que sabe cuando hay que dar pequeños y delicados golpes de triángulo y cuando se debe lanzar toda la caballería al ritmo de cajas y tambores.
Extracto del libro: 36 cuerdas para mejorar tu escritura y llegar a la cima.
Error común número 14: confundir «tan» y «tanto» con «muy» y «mucho»
Con frecuencia leemos y escuchamos proposiciones donde las palabras «tan» y «tanto» se emplean como si significaran exactamente lo mismo que «muy» y «mucho», sobre todo —pero no exclusivamente— cuando se trata de expresiones exclamativas. Ejemplos:
ⓧ¡Ella es tan inteligente!
ⓧ¡El año pasado gastamos tanto dinero!
Evidentemente, las palabras más adecuadas habrían sido «muy» y «mucho»:
☞ ¡Ella es muy inteligente!
☞ ¡El año pasado gastamos mucho dinero!
«Muy» se emplea antes de adjetivos y adverbios —asimismo antes de locuciones adjetivas y adverbiales— para «denotar un grado superlativo de significación» (DRAE): muy bueno, muy gastado, muy lejos…
«Mucho», como adjetivo, da a entender «abundante, o que excede a lo ordinario, regular o preciso» (DRAE): «Actualmente tenemos muchos problemas». Como adverbio, significa «con abundancia, en alto grado, en gran número o cantidad; más de lo regular, ordinario o preciso» (DRAE): «Este candidato habla mucho».
Por otro lado, «tan» y «tanto» no significan «muy» y «mucho». La primera pareja posee usos diversos, pero ninguno de ellos sustituye a «muy» y «mucho». Se entiende cómo pueden encimarse sus sentidos, y cómo pueden confundirse. «Tan» y «tanto», cuando su sentido está cerca de «muy» y «mucho», plantean la primera parte de una proposición bipartita: (a) y (b), como en estos dos ejemplos:
☞ ¡Te quiero tanto (a) que me casaría contigo mañana (b)!
☞ La economía ha sido tan dependiente de la exportación durante el último sexenio (a) que se ha desatendido el consumo interno (b).
«Tan» y «tanto» tienen otros sentidos y usos, por supuesto, pero cuando los usamos en lugar de «mucho» y «muy», es como si olvidáramos la segunda parte, las partes «b» de los dos ejemplos citados arriba:
ⓧ¡Te quiero tanto!
ⓧ La economía ha sido tan dependiente de la exportación durante el último sexenio.
¿Cuál es, entonces, el veredicto? La necesidad de emplear «tan» y «tanto» es real porque son opciones emotivas. No considero que, en sí, constituyan un «error» y que deberían evitarse totalmente en estructuras como las citadas, pero sí tengo una sugerencia en cuanto a la puntuación que deberíamos aplicar cuando los usamos en la escritura: si no incluimos la segunda parte de la expresión bipartita, es sumamente recomendable utilizar puntos suspensivos [ … ] para indicar que hemos elidido esa segunda parte:
☞ ¡Te quiero tanto…!
☞ La economía es tan dependiente…
fuente
Redacción sin dolor Sandro Cohen




