Madame Bovary abre tienda en París

Carmen de la Rosa

“Querido Charles: el dinero que te envío es para saldar mis deudas y sufragar
la educación de nuestra hija Berthe. Lo encontré enterrado en un cofre entre
las lavandas del jardín trasero. He cambiado de nombre y te ruego que no me
busques, que me olvides como si hubiera muerto. Ahora sé que ningún hombre
en la tierra está hecho a la medida de mis fantasías. Pido tu perdón por el
daño que te he causado.”

Emma

Cuando acaba de firmar la carta, suena la campanilla de
la puerta de “Tejidos Madame de Beauvoir”. Emma sale de la
trastienda envuelta en un vestido de seda a juego con el azul
transparente de sus ojos y atiende al caballero que solicita una tela
para el vestido de noche de su esposa. Ella despliega sobre el
mostrador una pieza de terciopelo escarlata que brilla bajo la luz
de la mañana como unos labios mordidos con deseo. Él la mira a
los ojos y le propone pagarle lo que quiera por pasar una noche
juntos. Emma sonríe y le dice: No se equivoque, señor. No seré esclava
de otro placer que no
sea el mío.

Carmen de la Rosa. Escritora y médica rehabilitadora.
Sus relatos y microrrelatos aparecen en los libros “Entre humo y
cuentos”, “Todo vuela“, “Acordeón”, las antologías: “Somos
Solidarios”, “99 crímenes cotidianos”, “Ellas”, “Eros y Afrodita
en la minificción”, “Perdone que no me calle”, “Antología
española de Minificción en redes” “100 palabras para mamá”; en
varias revistas y blogs. Ganó el I y el X premio de relatos breves
“Mujeres” del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Vístete ecológicamente: estas son las telas más amigables con el ...

Audberto Trinidad Solís | Aforismos

Avatar de Mario Urquiza MontemayorLA EXPERIENCIA DE LA LIBERTAD

Audberto Trinidad Solís Lic. en Pedagogía. Coatzintla, Ver.,México. 4° lugar en el concurso Carta de amor y reconocimiento en el 1er. Concurso de poesía juvenil libre, Poza Rica, Ver., México. Ha publicado en medios impresos y digitales de México, Chile , Argentina, España y Colombia. Su minificción Perfomance de altura le ha sido grabada por  Instituto de Energías Renovables de la UNAM, para el programa &En su tinta&. Tiene textos publicados en las antologías Contraseñas y Okusai. Antología de microrrelatos. Autor de las plaquettes La mejor batalla y Así en el mundo.

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Fatalidad

No todo está escrito… si está mal escrito.

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Placer carnal

El último placer carnal es para los gusanos.

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El banco

El banco hace realidad todos mis sueños cuando me endeudo con él, luego, mis pesadillas.

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Remedio infalible

Para los padeceres carnales la solución es simple , inequívoca y definitiva: morir.

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Madrugada

Eduardo Gotthelf

Decidió matarla en el instante en que recibió la foto de manos
del detective. Dos meses rumiando las formas, juntando coraje. Ahora
la mira, mientras el veneno hace su efecto.
«Maldita», alcanza a decir, y se lleva la última imagen: ella, pulcra
como siempre, lavando el vaso.

Eduardo Gotthelf es Ingeniero de Petróleos. Nacido en
Buenos Aires, vive en la Patagonia desde 1974. Es autor de cuentos,
microficciones y algunas obras de dramaturgia. Publicó El sueño robado
y otros sueños, Cuentos Pendientes, Principio de Incertidumbres (libro-objeto),
Paraísos Paralelos, Legislación Urgente para el Logro de una Humanidad
Sustentable (libro-objeto), y Mentos y Veros (libro-objeto). Sus textos
figuran en antologías, diarios y revistas literarias del país y del exterior y
en páginas de Internet.
Café, ¿sabes qué le pasa a tu cuerpo una hora después de tomarlo?

La (verdadera) visión poética de las cosas

Excelente, buena lectura

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

Pensamiento mágico

El pensamiento mágico tiene dos grandes virtudes: es bonito y no se necesita un cerebro para aceptarlo. El pensamiento racional, por otra parte, requiere cierto esfuerzo y, no pocas veces, requiere un gran esfuerzo, lo cual no lo hace muy apto para las conversaciones casuales. Lo que sí puedo asegurar es que el pensamiento racional es mucho más bonito que el pensamiento mágico, sólo que éste se presenta ya vestido de fiesta, mientras que al otro hay que ayudarlo a vestirse.

Todos conocemos las diferentes versiones del pensamiento mágico: astrología, tarot, energías positivas y negativas, psicoanálisis, física cuántica mal entendida, buenas ondas, etc. Tal vez la frase que mejor sintetiza esta tontería es la por demás conocida de Paulo Coelho: «Cuando realmente se desea algo, el universo conspira para que lo consigas». No pocas burlas ha generado esa tontería, pero Coelho no está solo en estos asuntos y tampoco…

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La flauta mágica RGG

El intérprete aceptó los términos. Al finalizar su tarea recibiría sus honorarios. Por la mañana recorrió el pueblo tocando la flauta, y detrás de él, las ratas empezaron a seguirlo. Lo que nunca imaginó es que al final de la hilera estuviese el presidente municipal.

Clima caluroso de Karla Barajas

“Papá, tengo novia”, le dice al hombre, que se ha quedado serio. Él me observa y luego a la mesera. “Salgamos”, responde con voz ronca. Los veo sin disimulo a través de los cristales, no los escucho. El hombre suda, es la temporada más calurosa del año, 45 ºC y están parados sin sombra alguna en el estacionamiento del lugar. Sonríe, él transpira, la espalda se le humedece, limpia los ojos, ¿acaso llora o le entró sudor? En silencio, regresan a la cafetería. Su bebida está fría, adentro hay clima. Pagan.
El hombre coloca el brazo sobre los hombros de su hija. “Me alegra”, dice al fin mientras la tensión se disuelve
.


Karla Barajas (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1982).
Publicó Neurosis de los bichos (Colección Minitauro,
La Tinta del Silencio, 2017), Esta es mi naturaleza
(Editorial Surdavoz, 2018), Cuentos desde la Ceiba
(Colección Bocanada, La Tinta del Silencio, 2019).

Seis minificciones de Karla Barajas - Carruaje de Pájaros

Trance de Luis Héctor Gerbaldo

Un disparo la despertó, el corazón parecía explotarle, vio la sangre y su esposo exánime. Intentó calmarse. Dinero bien gastado, pensó.

Las pesadillas no son tan malas como crees: ¿y si te ayudasen a ...

O dispara usted o disparo yo Selección de Micros por Lilian Elphick

XL de Adriana Azucena Rodríguez


La cuarentena se extendió los siguientes cuarenta meses, a los que
se sumaron cuarenta años de claustro. Y se llegó a decir que
cuarenta siglos nos aguardaban. Estamos encerrados en forma de
apuntes de un futuro libro sagrado.

Adriana Azucena Rodríguez [Torres] es Doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México cell (colmex). Ha impartido clases de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México ffyl (unam), la Universidad Autónoma de Chiapas unach y en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México uacm. Actualmente, es Profesora investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Como resultado de sus actividades de investigación, ha publicado varios artículos, reseñas y notas. También cuenta con publicaciones de obras de creación literaria.Obra de consulta: Enciclopedia de la literatura en México

Programa 129 – Adriana Azucena Rodríguez – 2° bloque by Alfonso ...

Ya dile de Irma Balderas Arrieta


Papá prende el cuarto o quinto cigarrillo, no sé, ya perdí la cuenta. Nos abraza la niebla en el bosque.
Quiero contarle que sí tengo pareja, que no quiero que me siga ridiculizando frente a sus amistades o en las bodas. Dice que quiere nietos antes que lo mate el enfisema. Me paro con la intención de decírselo pero él no parece darse cuenta, o si se da cuenta no le importa. Sigue caminando, en una mano lleva el cigarro y en la otra una vara que levantó en el sendero.

Lo alcanzo, pero ahora él es quien se para de tajo y me encara.

—Ya agarra una mujer, aunque sea de segunda mano, quiero decir, pues, con hijos.
La sangre caliente está a punto de reventarme las mejillas, quiero aventar la bufanda, pero voy decidido.
Las palabras de Efrén suenan recio en mi cabeza “ya dile, ya dile”. Agarro fuerza y aclaro la garganta.

—No me vayas a salir como el hijo de los Benítez, que dizque andaba en África aplicando vacunas y resultó que vivía en Minneapolis con otro puto.

Me desarma otra vez. De forma inconsciente tomo la postura que siempre intentó corregirme, siento hincharse mi corazón empujando el tórax con fuerza.

—¡Si yo fuera su padre ya le habría descargado el revólver en el culo! Discúlpame, hijo —se dirige a mí
apuntándome con la vara—, ¿ibas a decirme algo?
Camino varios pasos adelante, no quiero que me vea llorar.


Irma Balderas Arrieta

(Huitzila. Tizayuca, Hidalgo). Fue becaria del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo. Ha impartido talleres de creación literaria con población infantil y adolescente en su estado natal. Coautora de Líneas de vida, Una puerta al ayer (Elementum, 2019).

Para conocerla más una entrevista en esta dirección: https://www.facebook.com/watch/?v=1025435904249232

Panel regional – Villa de Tezontepec | Secretaría de Cultura

Siesta desapacible de Clara Gonorowsky

Clara Gonorowsky. Finalista en diferentes concursos
realizados por las editoriales Diversidad Literaria, Letras con Arte,
Letras como Espada, en España; Mis escritos, Bruma ediciones,
Editorial Dunken, Argentina; SALAC, Córdoba. Textos publicados:
«Ficciones en familia», «Entre cuentos y poemas», «Desafíos»,
«Acrobacias», antología colectiva de Taller de escritura, «Obrador»,
antología colectiva de Taller de Escitura y «Chiquilladas», antología
ilustrada de poesías infantiles. Colaboradora en la Revista de Cartagena
Letras de Parnaso.

Clara Gonorowsky - Argentina | Perfil profesional | LinkedIn

Le gustaba dormir la siesta bajo la acacia. La tenue transparencia que dejaba pasar algunos rayos de sol, atemperaba su carácter irascible y misántropo pero había algo que perturbaba el ritual, se sentía observado desde detrás de la tapia, una mirada invasiva. Un día, escondió entre su ropa el revólver y simuló dormir. Con los ojos entrecerrados divisó unos grandes faros negros debajo de un flequillo. Al instante disparó un tiro certero en la frente.
Se dio vuelta y se durmió. Así cada uno encontró la paz, a su manera.

O dispara usted o disparo yo. Selección por Lilian elphick

Epitafio de Begoña

“Hoy dices de mi lo que mañana dirán de ti. Ha muerto.” En la puerta del
cementerio de las Calzadas de Mallona en el barrio bilbaíno de Begoña.

Comentario a «perdiendo velocidad» de Samanta Schweblin por David Núñez

Ganadora del Premio Casa de las Américas, en 2008, por su estupendo conjunto de relatos Pájaros en la boca, y elegida entre los mejores 22 narradores jóvenes en español por la influyente revista británica Granta, la escritora argentina Samanta Schweblin (1978) ha logrado, a punta de historias refinadamente perturbadoras, convertirse en una de las narradores más inquietantes y originales del siempre exigente medio literario trasandino.

En uno de sus textos más breves y concisos, Perdiendo velocidad, la autora argentina delinea la figura de dos solitarios artistas circenses venidos a menos y que de pronto se encuentran ante la obligación de tomar consciencia respecto a la inevitable pérdida del pintoresco talento que un día hizo a la multitud rendirse ante sus pies. El atractivo de la narración es que el texto también puede leerse como el abismo al que eventualmente se enfrenta todo artista en algún momento de su vida: la confirmación de una llama que empieza poco a poco a extinguirse, y ante la cual no cabe otra alternativa más que sentarse a esperar un desenlace tan cruel como fulminante, y que en palabras de Tego, uno de los protagonistas del relato, sucede cuando “uno deja de hacer bien lo que uno mejor sabe hacer.”

Con un estilo preciso y carente de adornos, la prosa de Schweblin clava, de este modo, un certero puñal en el ego del artista contemporáneo, haciendo emerger, en un abrir y cerrar de ojos, la permanente fragilidad a la que todos estamos expuestos.

Picture
http://www.eucaliptica.com/eordm-presenta/perdiendo-velocidad-samanta-schweblin

Aserrín aserrán

La noche de San Juan el pueblo bullía de alegría, aserrín, aserrán, la observé desde la ventana, aserrín, aserrán, tiraba maderas a la fogata y reía a carcajadas. Yo la había invitado a la fiesta pero había pretextado un resfriado, aserrín, aserrán, y allí estaba muy ufana de la mano de Eduardo, aserrín, aserrán.
No acostumbraba a ser desairado, aserrín, aserrán, y me daba vueltas a la cabeza la canción que me había enseñado mi madre, aserrín, aserrán, aserrín, aserrán; bajé las escaleras desquiciado, la tomé
del brazo y me la llevé al final de la calle, donde la fiesta ya no era fiesta, donde la luz ya no brillaba, aserrín, aserrán y mientras canturreaba con los dientes apretados, más me acercaba a poner en
práctica el final de la canción, aserrín, aserrán…

Siesta desapacible

Le gustaba dormir la siesta bajo la acacia. La tenue transparencia que dejaba pasar algunos rayos de sol, atemperaba su carácter irascible y misántropo pero había algo que perturbaba el ritual,
se sentía observado desde detrás de la tapia, una mirada invasiva. Un día, escondió entre su ropa el revólver y simuló dormir. Con los ojos entrecerrados divisó unos grandes faros negros
debajo de un flequillo. Al instante disparó un tiro certero en la frente.
Se dio vuelta y se durmió. Así cada uno encontró la paz, a su manera.

Clara Gonorowsky.

Finalista en diferentes concursos realizados por las editoriales Diversidad Literaria, Letras con Arte,
Letras como Espada, en España; Mis escritos, Bruma ediciones,
Editorial Dunken, Argentina; SALAC, Córdoba. Textos publicados «Ficciones en familia», «Entre cuentos y poemas», «Desafíos»,
«Acrobacias», antología colectiva de Taller de escritura, «Obrador»,
antología colectiva de Taller de Escitura y «Chiquilladas», antología
ilustrada de poesías infantiles. Colaboradora en la Revista de Cartagena
Letras de Parnaso.

O dispara usted o disparo yo antología

Antología de Microrrelatos Policiales "Dispara usted o disparo yo ...

Azul sentencia de Sergio Astorga


Frente a sus ojos los gestos de los otros se le pegaban al vestido arrastrando ese parpadeo hostil, esa mirada sostenida, destellante, que dejaba el aire irrespirable.De niño, tacones y ese polvo azul de su hermana delineando sus ojos. De adolescente, ese arete de filigrana de corazones partidos. Hoy, segura, al fin libre, camina altiva, desafiante. Aprendió a resbalar las miradas por su cuerpo. Y otro azul ilumina el cielo amoratado de su pasado ya sin suelo.


Sergio Astorga (Ciudad de México). Radica en Porto, Portugal. Estudió la licenciatura en Comunicaciones Gráficas en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y Letras Hispánicas e Iberoamericanas en la UNAM.
Impartió el taller de Dibujo durante doce años. Ha publicado en suplementos culturales y en revistas tanto textos como dibujos. Ha publicado un libro de poemas llamado Temporal.

Diversidades. Minificciones alternas

Poesías - Enrique Delgadu