Había vida por donde quiera que pusieras los ojos. También nosotros albergamos vida. En la escuela mi amigo Juan empezó con una tos que no se le quitaba ni pegándole en la espalda, se tiró al suelo, se puso morado y todos mirando sin saber que hacer. El maestro lo zarandeaba de los hombros para hacerlo reaccionar, y al abrirle la boca vimos con horror que le salían hartas lombrices de la boca y otras por la nariz… quedó con sus ojos abiertos y húmedos. Albergar vida es también anidar a la muerte.

Imagen relacionada