El gran Rulfo.

Tomado de Nexos.com revista

Para mí, Rulfo siempre fue un escritor de fantasmas. El creador de un lugar donde los muertos y los vivos se cruzan sin saber a ciencia cierta en qué bando residen.

Pasé mi infancia en México. Entre mis mayores recuerdos figuran las calacas de azúcar, las catrinas tétricas y glamurosas que decoraban las casas, la leyenda de La Llorona o las momias de Guanajuato. Crecí conversando con cadáveres, y pensando que la muerte forma parte de la vida, incluso una parte festiva de ella. Y muchos años después, cuando leí por primera vez El llano en llamas, e inmediatamente después Pedro Páramo, tuve la sensación de volver a casa.

Poco después de ese descubrimiento supe que, en sus orígenes, antes de convertirse en una estrategia de marketing de la industria de las golosinas, Halloween había sido una celebración del espacio común entre nosotros y los que ya no están. Cada año, en la noche en que los muertos volvían de sus tumbas, los vecinos se disfrazaban de muertos para engañar a esas almas, y evitar que se los llevaran con ellas. De inmediato pensé en Comala.

Pero Rulfo no se limitó a inventar fantasmas, sino que encarnó en ellos a su país, y al mío. Sus espectros no vivían en castillos europeos o cavernas, sino en posadas y plazas. Esto, que hoy parece obvio, no lo era tanto hasta entonces. Aún se enseña en nuestras escuelas que el primer poeta latinoamericano fue Rubén Darío, quien a fines del siglo XIX escribía sobre… Francia y la Grecia Antigua. Nuestros países llevaban casi un siglo de independencia, pero nuestras letras apenas comenzaban a liberarse de Europa. Durante la primera mitad del siglo XX el reto era crear símbolos y formas propios para darle a nuestro continente un lugar en la literatura.

Fueron los libros de Rulfo los que Álvaro Mutis le entregó a Gabriel García Márquez.

—Tome —le dijo—, para que aprenda.

Y ahí empezó la literatura con la que América Latina se inscribió en el mapa, y con la que mi generación creció.

En mi caso, Rulfo terminó siendo especialmente influyente, porque a fin de cuentas, si algo no ha cambiado en nuestra región desde sus tiempos hasta los míos, es la extrema violencia que sufrimos. Antes eran los revolucionarios, luego los guerrilleros, después los narcos, más adelante los delincuentes comunes. De un modo u otro siempre tenemos hordas de gente matándose a balazos.

He aprendido mucho de la capacidad de Rulfo para pintar, a través de sus no muertos, las convulsiones de un país. La violencia de México, como la de Colombia o Perú, la de principios del siglo XX y la del XXI, no desaparece cuando cesan las hostilidades. Deja espectros que vienen a reclamarnos nuestras deudas. Víctimas que abandonan sus sepulcros para venir a jalarnos los pies. Zombies que nos persiguen para vengarse de lo que les hicimos.

La historia de nuestro continente es una historia de gente que se niega a morir incluso después de muerta. Rulfo fue el primero en entenderlo, y aún nos ilumina con su luz oscura y neblinosa.

Santiago Roncagliolo

En el centenario del nacimiento de Juan Rulfo | Periodistas en Español
Fotografía tomada por Juan Rulfo. Sí, también era fotógrafo

Un mayo diferente poesía japonesa de Rubén García García

sendero

Mayo se disfrazó de invierno: gotas afiladas, caen sobre un naranjo que no sabe dónde guardó la gabardina, pues él esperaba un chubasco que lo lavara del polvo cotidiano de los días y no la insolencia de una aguja fría que lo estremece.

Un mayo helado

sorprendió al naranjo:

Flor a flor tiembla

La borrasca tira al suelo hasta el 80% de los cítricos en algunas parcelas  del litoral valenciano

Fernando Iwasaki

Peruano

Vamos al colegio

Como todas las mañanas, he vestido a los niños y los he colocado en el asiento trasero para que sigan durmiendo. Enciendo el coche y el motor se va calentando, desentumeciendo. El invierno es crudo y prefiero no abrir la ventana para que los niños no pasen frío. Corro a la cocina a preparar sus bocadillos y no hay mantequilla, el queso también se ha terminado y tengo que abrir una lata de atún. Cuando encuentro el abrelatas ya se nos ha hecho tarde. Corro al garaje. Apenas puedo respirar. Los niños no se despiertan.

La cueva

Cuando era niño me encantaba jugar con mis hermanas debajo de las colchas de la cama de mis papás. A veces jugábamos a que era una tienda de campaña y otras nos creíamos que era un iglú en medio del polo, aunque el juego más bonito era el de la cueva. ¡Qué grande era la cama de mis papás! Una vez cogí la linterna de la mesa de noche y le dije a mis hermanas que me iba a explorar el fondo de la cueva. Al principio se reían, después se pusieron nerviosas y terminaron llamándome a gritos. Pero no les hice caso y seguí arrastrándome hasta que dejé de oír sus chillidos. La cueva era enorme y cuando se gastaron las pilas ya fue imposible volver. No sé cuántos años han pasado desde entonces, porque mi pijama ya no me queda y lo tengo que llevar amarrado como Tarzán.

He oído que ha muerto mamá

Peter Pan

Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.

Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado con sangre de leopardo.

A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.

Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.

Ajuar funarario: El cómic | Crítica Clásico con gusanos

Arqueología popular

Avatar de BorgeanoEl Blog de Arena

Haciendo arqueología de la cultura popular, se pueden encontrar este tipo de «joyas». Se trata de un recortable de «Mariquita (legionaria)» un personaje infantil muy popular en España a comienzos del siglo XX.

Tras conflictos originados por la sublevación de las tribus del Rif (África) contra las autoridades coloniales españolas y francesas. La propaganda española publicó fotografías en la que soldados españoles sostenían las cabezas decapitadas de sus enemigos abatidos (pueden encontrarse fotografías en la red, pero por decidí no compartir ninguna aquí por una cuestión de buen gusto. Aunque estemos hablando de un tiempo pretérito, a veces hay que evitar ser demasiado literal en estos asuntos). En el recortable los niños podían vestir a la muñeca -que portaba la cabeza decapitada de una víctima- con todos los complementos del uniforme de legionario, y que de manera adjunta también incluía a varios niños negros amordazados de diversos pueblos.

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Laura Nicastro

EN CASA DEL HERRERO

La lima reinaba en la herrería porque ningún metal podía con ella.

Un día entró una vieja serpiente y empezó a roerla. Creyendo que el reptil se la quería comer, la lima le dijo riendo:

– ¡Qué tonta! Si yo deshago el mismo hierro, ¿cómo vas a romperme?

A lo que contestó la serpiente:

– Sólo estoy afilando mis colmillos gastados.

Y se fue, sinuosa.

MEDICINA MODERNA

Le dolía la cabeza al caminar. Por error, le hicieron una radiografía de la cadera.

– Hay que operársela –diagnosticaron.

Le sacaron la cabeza de fémur. Ahora camina sin dolores y sin memoria.

POLIZONTE EN EL UNIVERSO

Era una partícula, una nada, suspendida por un rato entre el cielorraso y el vacío, colgada de su hilo plateado. Alpinista invertida sin montaña, empezó a hipar metódicamente ese hilo que surgía de los laberintos microscópicos de su plexo. ¡Acróbata loca, motita roja con sus ocho levísimas patas: hay que tener agallas para ser tan poca araña! Abajo, los papeles, la alfombra, la aspiradora, la muerte.

Un dedo índice intercepta su liana vertiginosa. Otro destino, sí, pero ¿cuál? Sin práctica, es muy arduo ser Dios.

Hay un macetón coronado por un enorme helecho. Allá va el dedo, con liana y tejedora. En cuanto ella toca terreno firme, se larga verde abajo por el puente vegetal. ¡Rápido, a cumplir con su sino!

Cuando días después casi invisibles arañitas bermejas se afanan entre los tallos, surge la pregunta: ¿igual a nosotros?

2 cuentos de la escritora argentina Laura Nicastro

Circe

Sendero

A Circe, Julio Torri

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

La alusión explícita a la Odisea es una apelación al lector, para que derive las correferencias desde su propia competencia lectora. En otras palabras, sólo un lector informado en la epopeya griega puede realizar interpretaciones transtextuales coherentes. Asimismo, se ha de tener en cuenta el recorte significativo del texto épico, la omisión de contenidos y la conversión del género hipertextual. El receptor se encuentra sólo con un fragmento del sentido épico, y con un narrador antiépico, con un Ulises errante cuyo deseo es el extravío. El lector ha de desinstalar la noción de personaje heroico y desestructurarla para completar una visión humana angustiante y desgarradoramente inútil que no concuerda con el epos griego. El microcuento ha invertido y parodiado el sentido heroico, y ha instalado el contracanto. El texto se ha construido en base a la parodia y a la parábola que promueve un régimen de lectura ejemplar (Suleiman 19771983), cuya regla de coherencia no se encuentra en la historia sino en el nivel pragmático.

DIOSA DE LA MAGIA: Circe es la... - Las Brujas y el reflejo de su Centurión  | Facebook

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Médicos hay que leer lo que escriben las enfermeras por Rubén García Garc+ia

Sendero

La Rabia es tan vieja como humanidad. Tres mil años antes de Jesucristo está el origen de la palabra en lengua sánscrita, donde «Rabhas» significa «agredir».La primera descripción se remonta al siglo XXIII antes de Jesucristo, en el Código Eshuma en Babilonia. Desde la antigüedad se había establecido la relación entre la rabia humana y la rabia debida a mordeduras de los animales (especialmente perros, Causa -efecto)Girolamo Fracastoro, italiano nacido en Verona, describió la enfermedad y sus manera de transmitirse, fue en 1530, es decir ¡350 años antes de Luis Pasteur! el siglo XIX la rabia canina es un flagelo. El miedo a la rabia, era miedo a la muerte. No había tratamiento. Las personas mordidas por un perro sospechoso de rabia se suicidaban o eran sacrificadas. En este miedo irracional, el primer tratamiento post-exposición realizado en 1885 por Luis Pasteur dio a este gran sabio una aura internacional que no habían sido suscitado hasta entonces sus otros importantes trabajos científicos. Tuve en mis manos el expediente de un caso de rabia. Nadie lo diagnóstico de los especialistas que le vieron en hospitalización. La Autopsia reveló que fue Rabia. En el reporte de las enfermeras había una nota que decía «cuando le voy a cambiar el suero, el paciente se pone muy inquieto» El RESIDENTE al trabajar en la autopsia se pincho con alguna aguja por lo que tuvo que ser atendido. Quince días después le pregunté a uno de sus compañeros que si se se encontraba bien. Me dijo que sí, solo con dos detalles, le daba por corretear a los carros y marcaba con el orín las llantas de los autos en el estacionamiento.

El humor salva a los residentes del trabajo extenuante

— manologo

Publicado el 20.4.2021, en el blog “MENTE MOCHILERA” SALIR DE LA CAJA, ROMPER EL MOLDE Cualquiera de las dos expresiones del título de este pequeño artículo se aplica a la comunicación publicitaria y son su esencia… Diferenciarse: He ahí la cuestión. El reto. La necesidad; y creo que es precisamente lo que no se está […]

— manologo

El microrrelato latinoamericano: Chile (1) — Lapizázulix la galaxia del cuento

LENGUAJE: JUEGOS DE PALABRAS, EXPRESIONES O FRASES HECHAS. Bautizar las palabras resulta un verdadero rompecabezas El que descubrió el agua reconoce que fue por casualidad. Luego se le metió en la cabeza inventar el fuego. Pero su problema más grande consistía en descubrir un nombre para cada cosa, porque nada estaba bautizado y no había […]

El microrrelato latinoamericano: Chile (1) — Lapizázulix la galaxia del cuento