Ponencia que nace muerta

Debería de haber una escuela de políticos, que hicieran examen para otorgar la licencia, expedida por una institución ciudadana y cada cinco años evaluarlos tanto en conocimientos como en actitud ética. Su reprobación equivaldría a retirar la licencia.
Reflexiono ¿ quién se da un balazo en el píe?

Recordando a un hombre sin títulos

Don José cruz era un lector empedernido, autodidacta. Nunca fue a la escuela. Recto, con bonhomía.  narraba su vida y las horas se hacían breves. Egresado de la vida y con valores más altos que una catedral. Hoy lo recuerdo porque se me da la gana y porque a mi país le falta. Menos títulos y más amor a la tierra y a la gente que hoy vive de la promesa y el engaño.

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Costumbres.

Llegaron al puesto de un lejano pueblo,  un anciano y dos jóvenes, con cara de niños. El viejo Ordenò tres cervezas.
-Mejor refrescos. Dijo uno de los chavales.
– Los invité y son tres cervezas. Si no hubiera sido por ustedes, la carreta y el caballo seguirìan atascados en el lodo del pantano. ¡Salud! Ustedes me salvaron. ¡Salud! Otras tres cervezas.
-No, ya no. Dijo el más chaparro.
Tienen cara de bebes, terceo el tendero.
-Claro que sí, dijo el vejete, también tienen cara de borrachos. -Nadie dijo nada- 
y siguieron tomando.

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Recordando al príncipe

Caminaba por las dunas, había ruidos que flotaban en el viento. Luces sueltas en el cielo, silencio disperso en la inmensidad. Al día siguiente encontré a un niño con un cuaderno  interrogando a un señor. Hincado componía su avioneta. Sabía que las palmeras de dátil eran espejismo y seguí de largo.

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La selva

Cruje mi paso sobre las hojas secas,
gorjea un pájaro;
cae un mango sobre el río.
Por encima del cielo,
llueve silencio.
El monte acalorado,
lo siento en la piel.  
Una brisa repentina refresca mi frente.
Huele a tormenta.
Regreso.
Pierdo mi sombra entre la hierba,
el olor podrido de la oscuridad;
la inminencia de algo que vive
y me sigue con su mirada de ortiga.

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pintura de María Rosa Astorga

Cóndor y cronopio de Julio Cortázar

Un cóndor cae como un rayo sobre un cronopio que pasa por Tinogasta, lo acorrala contra una pared de granito, y dice con gran petulancia, a saber:
Cóndor.-Atrévete a afirmar que no soy hermoso.
Cronopio.-Usted es el pájaro más hermoso que he visto nunca.
Cóndor.-Más todavía.
Cronopio.-Usted es más hermoso que el ave del paraíso.
Cóndor.-Atrévete a decir que no vuelo alto.
Cronopio.-Usted vuela a alturas vertiginosas, y es por completo supersónico y estratosférico.
Cóndor.-Atrévete a decir que huelo mal.
Cronopio.-Usted huele mejor que un litro entero de colonia jean-Marie Farina.
Cóndor.-Mierda de tipo. No deja ni un claro donde sacudirle un picotazo.

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Medusa

Entendió que me burlaba, que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era darle muerte. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Soy cuerpo de piedra. El otoño llega lúgubre, gélido. Me azota el viento frío del sur; no hay nada que congele mi amor ni la tibieza de su recuerdo.
Recién se fue con Perseo.

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Pobre niño

Un esposo llega a deshoras entra al baño se mira al espejo y encuentra en el cuello dos floridos chupetones. Teme a ser evidenciado por su cónyuge. Sin dudarlo va hacia la cuna del bebe y le da de nalgadas. Grita el niño y la madre acude y ve infraganti al marido.
-¿ Porqué le pegas?
-¡Mira mira! Cómo me chupeteo el cuello y le señala con el índice.
-¡ Dale otras más! Se abre la bata y le enseña los pechos con sendos moretones.
-¡ Mira a mí cómo me dejó!

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DIA DE LAS MADRES. ¡FELICIDADES!

Celebramos el día de las madres. Biológicas, asumidas, de bípedos, cuadrupedos o bien plumíferos. 
La cantada escolar decía: Madre querida, madre adorada, vamos al cine y tu pagas la entrada. El bohemio la recordaba cuando estaba alcoholizado. Entre una y otra me quedo con la escolar. El amor no tiene día, simplemente se da, se da se da… un abrazo a ellas que no tan solo nos dieron vida, sino que la protegieron. Felicidades!

dia de las madres

¡Si me trae el certificado de salud!

La señora de la casa salio por una urgencia de la ciudad, Su única hermana había enfermado.
Leoncio, viejo, astuto, simpático, aprovechando la situación., espera que Macorina, quién sirve de moza en la casa, se bañe y vaya a su dormitorio.
Toca, silencio., toca más fuerte y responde
– ¿Qué pasa Don León?
– ¡Abre Maco! la señora salió de la ciudad.
– ¿Y eso que tiene?
– Quiero invitarte unas cervecitas para la calor.
– No señor usted quiere aprovecharse.
Entre preguntas y respuestas la Macorina va cediendo hasta que acepta, pero antes le dice.

– Enséñeme un certificado de salud donde diga que no tiene SIDA.

Leoncio corre a su escritorio y saca del cajón , dicho documento.

Después de dos horas de jadeos, sudores y suspiros entrecortados con grititos de gato recién nacido don Leoncio le dice.
-Nunca imaginé que me pidieras el papel donde dice que no tengo Sida.
-Pues cómo no voy a pedirselo, si ya me la pegaron una vez, usted cree que voy a dejar que me la peguen de nuevo.

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Sheisan habla del contenido del cuento (II)

No hay que olvidar que, cuanto más surrealista es la historia que se cuenta, mayor es el esfuerzo que debe poner el escritor en crear un entorno de credibilidad, a fin de que el lector acepte la propuesta. 

Para nuestra fortuna, el cerebro humano tiene la capacidad de ser rebelde. Sin esa rebeldía no hubiera podido existir Picasso quien no pretendió ser un Velázquez en pleno siglo veinte. Ni un Miró, Ni un Dalí que utilizó su clasicismo para crear con él un mundo gráfico de incoherencia. La incoherencia, el disparate, lo ilógico, son rasgos característicos del teatro del absurdo, siendo también parte del inventario preferido en las novelas de James Joyce y los cuentos de Franz Kafka, y por supuesto el arte grotesco de Alfred Jarry está lleno de ellos. 

Justamente Kafka, ha sido capaz de hacernos creer que un hombre se puede convertir en un insecto con toda naturalidad, Cortázar nos cuenta tranquilamente que alguien se saca conejitos de la garganta, Cunqueiro hace que un pueblo entero se eleve en el cielo. Pero lo increíble se sustenta precisamente porque estos autores nos lo presentan dentro de un marco totalmente creíble. 

En un relato todas las palabras tienen su sitio, siempre que justifiquen su presencia. Por supuesto, hasta la redundancia es aceptable en la literatura; a veces, muy aconsejable. Pero para ello cada una de las palabras tiene que aportar algo. 

Lo único que digo, en definitiva, es que en mi opinión cada palabra de un texto literario ha de ser necesaria, bien por contribución formal o por aporte informativo. Ese mimo por justificar lo que escribimos y cómo lo escribimos, es lo que acerca un escrito a la categoría de arte.

Finalmente, nada sacas con escribir un perfecto relato con todo en regla tanto en gramática como sintaxis si no tienes un final que presente al lector un reto o un giro inesperado.

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Políticos prometólogos y los refranes

Hace muchos años un político hacía campaña. Elocuente en su discurso, la población escuchaba.
-Prometo hacerles el puente que tanto necesitan.
Del público una voz replicó.
-Aquí no hay río.
Pues también se los prometo.
Como dice el dicho «prometer no empobrece».  Los políticos en campaña la exaltan.
No tarda en cumplir veinte años cuando escuché de un candidato de altura, ( por supuesto de estatura) que el problema de Chiapas que lideraba el subcomandate Marcos, lo resolvía en quince minutos. Recién escucho en la contienda  por la presidencia de la República que la corrupción se resuelve dando el ejemplo de honestidad. «las escaleras se barren de arriba hacia abajo» Un fenómeno social complejo que permea en todo el mundo, promete resolverse dando un ejemplo de santidad.
«De lengua me como un kilo»,. como dice el refrán.

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Matrimonio de Pablo Urbanyi

Después de un año de casados, de sobremesa, ella, seria, le dijo a su marido:
-Veo que no nos entendemos. Siempre discutimos y nos peleamos. Es mejor que nos separemos antes de tener hijos, los haríamos infelices. Nos quedan muchos
años para vivir otras vidas mejores.
Él respondió:
-De acuerdo.
Luego de la cena en una cocina más grande, mientras los hijos miraban la televisión, ambos bebiendo oporto, ella le dijo:
-No, de una vez por todas, esto no va. Seguimos cada vez peor. Es mejor que nos separemos antes de arruinarles la vida a nuestros hijos. Oportunidades no
nos van a faltar.
Él respondió:
-De acuerdo.
Antes de sentarse frente al televisor con un vaso de whisky el marido, y una copa de coñac la mujer, ella le dijo:
-Nuestros hijos ya no están. Ni sabemos por dónde andan.
Definitivamente, no hay manera de entendernos. Es mejor que nos separemos antes de arruinarnos el resto de nuestros días. Él respondió:
-De acuerdo.
Ella, la espalda ligeramente encorvada por la edad, sentada frente a la televisión, una copa de coñac en una mano y con la otra acariciando un perro, le
dijo: -Nunca me contradecía. Realmente, era un buen hombre.
Pablo Urbanyi

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