La mujer de lejos

En la montaña
entre el desfiladero
planea el ave.
En lo profundo, el río
corre rezando.
La mujer lava
con dolores de espalda.
Los peces van y vienen.
Los niños ríen.
Arrinconada
por el marido;
ella cierra los ojos.

 

lavandoenelrioalmadan

Odin de Borges

Se refiere que a la corte de Olaf Tryggvason, que se había convertido a la nueva fe, llegó una noche un hombre viejo, envuelto en una capa oscura y con el ala del sombrero sobre los ojos. El rey le preguntó si sabía hacer algo, el forastero contestó que sabía tocar el arpa y contar cuentos. Tocó en el arpa aires antiguos, habló de Gudrun y de Gunnar y, finalmente, refirió el nacimiento de Odín. Dijo que tres parcas vinieron, que las dos primeras le prometieron grandes felicidades y que la tercera dijo, colérica:
-El niño no vivirá más que la vela que está ardiendo a su lado.
Entonces los padres apagaron la vela para que Odín no muriera. Olaf Tryggvason descreyó de la historia, el forastero repitió que era cierto, sacó la vela y la encendió. Mientras la miraban arder, el hombre dijo que era tarde y que tenía que irse. Cuando la vela se hubo consumido, lo buscaron. A unos pasos de la casa del rey, Odín había muerto.

Odin

 

 

El tlacuache

Se propuso para robarle el fuego a los dioses que habitaban en la montaña. Llegó cuando dormían. Tomó el carbón enrojecido con su peluda cola, se enroscó y descendió como una pelota.

Desde ese entonces se le ve con la cola brillante y lisa. Recuerdo de la hazaña de traer el fuego y darlo a los hombres.

Leyenda náhuatl

 

tlacuache

Niño grande de Montaña Campón Pérez

La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. Su madre solo le deja salir las tardes de tormenta, cuando el riachuelo espontáneo que se forma en la calle le permite flotar sus barquitos de papel. -¡Mirad! –increpa a la cuadrilla que regresa del trabajo-. Hoy sí que va deprisa el mío, os voy a ganar… ¡Os voy a ganar! Lo que él no comprende es que aquéllos, sus amigos de siempre, hace más de treinta años que ya no juegan a los barcos.

barcos de papel

 

Los recados

cabaret-de-19501

Estoy medio bajoneado. Anoche me quise recrear un poco, y fui a un cabaret. Cuando estaba entrando vi que había dos puertas, y leí:
«Si es viejo entre por ésta y si es joven por aquí».
Pensé: «¡Mierda! no soy tan joven pero tampoco viejo, bueno me voy por la del viejito para ir tranqui.
Cuando entré vi dos puertas, una decía:
«Si la tiene grande entre por ésta, y si la tiene chica por aquí»
Pensé y dije: «¡ madre!, me voy por la de los que la tienen chica, no vaya a ser que por ahí me la midan y no llegue a la medida que consideran grande».
Y cuando entro encuentro dos puertas, una decía:
«Si tiene mucho dinero entre por ésta y si no tiene tanto entre por aquí».
Por lo tanto me voy por la puerta de los que no tienen dinero, y cuando paso por esa puerta vi que salí a la calle de nuevo.
Ahí leo un letrero que decía¡Lárgate a tu casa a dormir viejo cabrón!»

«Si estás viejo, la tienes chiquita y no tienes plata… Qué hacés por aquí ?

Viaje

El tren corre y ahora sube a la montaña.
Quedaron atrás los pastizales,
las vacas se hacen montón bajo la sombra de los cedros.
Parda tarde que se enjuaga las alas en la pereza del río.
Las aves arman alboroto en las ramas altas de la ceiba.
luego, se oyen las parvadas del silencio; la oscuridad hace brillar a las luciérnagas.
En los vericuetos de la montaña
algunos espantos se esconden en las curvas.
Los cielos de las cuevas se han limpiado y la turba de murciélagos enfilan hacia el valle.
Nunca ha pasado nada,
y nada pasará,
y si pasa, mañana diremos
que nunca pasa nada.
Cruzaremos la noche
sobre profundos desfiladeros.
Abajo se escuchan los remolino del agua,  con saltos de tres pistas.
En el monte  se oye el chucuchuqu de un tren cansado, sibilante que puja cerca de la cima, donde los pinares esconden ruiseñores.
Seguramente un día de estos bajaré a la profundidad y nadaré entre saltos, remolinos, escuchando arriba la sibilancia del tren, abajo el canto de los pájaros.
paisaje montaña

Choka al camello

En la armonía
del paso se descubre
tu gran paciencia.
Las dunas en la siesta
te ven pasar
bajo inclemente sol,
y heladas lunas.
La prisa no es lo tuyo,
dicen tus huellas
que siempre llegas lejos.
Arena y tiempo
aprenden de tu paso;
Chasqueas tus labios
te esperan con su sombra
las enormes palmeras.

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