El tren corre y ahora sube a la montaña.
Quedaron atrás los pastizales,
las vacas se hacen montón bajo la sombra de los cedros.
Parda tarde que se enjuaga las alas en la pereza del río.
Las aves arman alboroto en las ramas altas de la ceiba.
luego, se oyen las parvadas del silencio; la oscuridad hace brillar a las luciérnagas.
En los vericuetos de la montaña
algunos espantos se esconden en las curvas.
Los cielos de las cuevas se han limpiado y la turba de murciélagos enfilan hacia el valle.
Nunca ha pasado nada,
y nada pasará,
y si pasa, mañana diremos
que nunca pasa nada.
Cruzaremos la noche
sobre profundos desfiladeros.
Abajo se escuchan los remolino del agua,  con saltos de tres pistas.
En el monte  se oye el chucuchuqu de un tren cansado, sibilante que puja cerca de la cima, donde los pinares esconden ruiseñores.
Seguramente un día de estos bajaré a la profundidad y nadaré entre saltos, remolinos, escuchando arriba la sibilancia del tren, abajo el canto de los pájaros.
paisaje montaña