El sabor de piña de las islas de Rubén García García

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Calladito, calladito… ¡Así se ve tan bien!, sin nada de alharacas. Esa es la manera de enfrentar a la muerte; como si fuese una vieja amiga, o una esposa a quien se le dice que sí, porque es el día en que ella sale de compra. Tranquilo. Ya vendrá cada dos de noviembre. Seguro que le ofrendaran sus viandas de mole, su cerveza oscura y hasta es posible ese ron blanco añejo que tanto disfrutaba. Claro, también debe de tomar en cuenta que la viuda ha conservado sensualidad y belleza y el deseo de conocer el mundo y usted, cuando estuvo en vida siempre se negó a salir del rancho. Nunca se lo dijo, pero siempre soñaba conocer y vivir en las islas del océano Pacífico. Allá, los festejos son diferentes. No se altere, es poco probable que eso suceda, pero siempre hay una posibilidad. Recuerda aquel tejano con quien hizo negocios…ayer fue a su rancho y le dieron la noticia de su deceso, se fue hasta después del novenario y todo parece que seguirá haciendo negocios, ahora con la viuda. ¿y qué cree?, tambien gusta de las islas del ensueño y piña.

El excelso procrastinador de Rubén García García

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Dio muestras de vida, cuando ya había sido enterrado.

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La huida de Rubén García García

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Con un portafolio bajo el brazo y una pequeña maleta abrió la puerta con precaución. Dio una última mirada a su casa. Dormían. Antes de cerrar escuchó la voz de su hija.

—Por qué te vas? —La luz del foco resbaló por su bata y delineó la silueta de una mujer en plenitud. Se acercó para darle un abrazo y decirle al oído:

—Me proponen un negocio y veré de que se trata. —No mientas papá, pero respeto tu decisión. —ella sabía que no era cierto, intuía el porqué. Más de alguna vez sintió en su espalda el peso de su mirada

Una noche diferente de RubénGarcía García

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Llegó a su casa con hambre. En la cocina había sopa con pescuezos y patas de pollo. Al mordisquear el hueso tuvo un dolor intenso en la encía. Extrajo la prótesis dental y la puso sobre la mesa. Los huesos, en vez de tirarlos al cesto de la basura se los dio al perro que dormía bajo el árbol. Regresó a la cocina y al no encontrar el puente dental, corrió a buscarlo, pero el aparato bucal se hizo ojo de hormiga. El perro deseoso de más alimento se hizo el aparecido moviendo de un lado a otro la cola. Él pensado lo peor, lo tomó de la cabeza forzándolo a abrir las fauces, desesperado introdujo los dedos. El animal le clavó los colmillos en la mano. Fuera de sí, sujetó al perro del cuello, ambos rodaron por el suelo. Él apretándolo, el perro luchando por zafarse. Pateaba, gruñía, arqueaba el espinazo y por el esfuerzo el can lo bañó de excremento desde el cuello hasta el pecho. Se distrajo y el animal huyó. Con rabia buscó una piedra y solo halló un proyectil irregular que lo hizo volar buscando la cabeza del perro.

Cuando se bañaba, tuvo un repentino entendimiento y en bata se fue a la calle con una lámpara. Recordó que el objeto que le tiró al perro no tenía la textura de una piedra, sino que era muy liviano. Después de una búsqueda minuciosa, palmo a palmo, había encontrado su prótesis. Estaba hincado en medio de la calle, mirando el cielo y dándole gracias a Dios, cuando fue arrollado por la bicicleta del vigilante que perseguía a un ladrón. Rodó con un dolor intenso en la boca. Horas después era intervenido por fractura del maxilar inferior. Luego de dos meses quiso ponerse la prótesis, pero con horror se dio cuenta que no le ajustaba. Ha cambiado. Se ha vuelto medroso y es que el perro bajo el mango lo acecha.

En el tren de Rubén García García

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Sintió la tibieza de una boca en sus labios. El tren del medio día había cruzado el túnel y la claridad volvió. Los cuatro pasajeros parecían dormidos y de pelo en pecho.

Disfruto imaginar de Rubén García García

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En mi espacio de relax en la oficina, me da por imaginar que te platico los cotilleos que hacen mis compañeras de oficina, mientras bromean y tomamos café. En mi dormitorio, entre los susurros del acondicionador de aire, me gustaría que estuvieras en mi cobijo. Amo el placer de decir lo que sucede, lo que vuela por mi interior. Me estremece paladear los gajos de tu nombre, y gritar en silencio lo que no puedo decir en voz alta. fantasear que eres tú quien levanta mis piernas y entre el agua desbordada percibir en mi senda la marcha de tu infantería. Exhausta, abrazo a mi almohada.

El tío de Rubén García García

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El tintineo de un reloj, el tintineo de una campana y el sonido de alguien respirando. Algunas veces era así en el apartamento del tío. El salón con sus cojines de terciopelo que hacían juego con el color de los muebles. Dos lámparas en las esquinas que parecían torres.

En las mesas y jugueteros vivía el grupo de muñequitos de porcelana. Dos veces al día se limpiaban meticulosamente. El reloj daba las campanadas cada hora, y cuando lo hacía, era como si alguien saliera del cuerpo del tío, dejándolo solo con sus pensamientos y recuerdos.

Parecía muerto, pero no, solo dormía.

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Finanzas de Rubén García García

Ayer a las quince horas de Greenwich se dieron a conocer noticias catastróficas para las bolsas del mundo: murió la gallina de los huevos de oro, el vellocino de oro desapareció y el rey Midas agoniza de inanición. Solo se está en espera de que la expedición que se armó con los mejores gambusinos del mundo de la buena noticia que por fin encontraron el tesoro de Moctezuma.

Hay mucha inquietud en los inversionistas.

Al extremo de Rubén García García

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La cochinilla es excelente para pintar de carmín alimentos veganos. Los veganos lo ignoran, y algunos al enterarse que el rojo emana de un insecto, sienten que han caído en pecado, y para limpiar su impureza se flagelan con pencas de nopal que es donde se cultiva el insecto.

Un saxofón en el bar de Rubén García García

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Me estremecí con tu olor de varón, tu piel cuchicheándome al oído. La tela plegada a mi pezón me encendía en un placer doloroso. No pude más y me quité la braga. Desde mi lugar veía solo dos mesas una en la que jugaban ajedrez y en la otra un tipo que escribía. Un saxofón. Mi vestido amplio, oscuro y la poca luz ocultaron lo que hacía. Cuando me atreví el mesero hizo una seña, como interrogando si deseaba algo y con un ademán le di a entender que no. Sentirme sobre ti y con mis dedos felinos al centro. ¡Nadie puede evitarlo! Muerdo la servilleta para no gemir… Es culpa, miedo y algo más que no defino. ¡Me insulto! Tal vez sólo trato de defenderme de lo que creía imposible hacer, tal vez sólo limpio o ensucio mi conciencia, Me maldigo porque quizá un día no me importen los veinte años de matrimonio ¡qué se vayan al desagüe! Temblorosa salí del bar con el libro bajo el brazo.

Todo se parece… de Rubén García García

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El aroma del café salta de casa en casa. La neblina no se despereza y sigue en reposo. En el pueblo de Tlen repiquetean las campanas llamando a misa. La niña de ojos negros se entretiene haciendo dibujos en el vidrio de la ventana que da al patio. Mira que la niebla se arrastra bajo el manzano: «es una boa que repta». Algo más le ha llamado la atención. Es el gato de Juan, su amigo de la escuela, que brinca sobre la serpiente de humo y cae sobre el charco llenándose de barro. Romi explota en una carcajada, y recuerda que ayer, Juan se tropezó frente a su casa. El gato con lodo y su amigo también.

Invierno de Rubén García García

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Me turba el árbol enjutado y carente. Ya doblado por el viento y cubierto de hongos.

Perseverancia de Rubén García García

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Salió al patio. Pasaban de las tres de la mañana y era el tercer día que no podía dormir. Había tomado de todo, desde remedios caseros hasta las grageas del homeópata. Cuando los bostezos llegaban, se tiraba a la cama y el sueño desaparecía. En la séptima madrugada sacó del cajón una pistola y se voló la tapa de los sesos. A través del cristal reconoció a la misma araña que se columpiaba indiferente al murmullo de los rezos