El tío de Rubén García García

Sendero

El tintineo de un reloj, el tintineo de una campana y el sonido de alguien respirando. Algunas veces era así en el apartamento del tío. El salón con sus cojines de terciopelo que hacían juego con el color de los muebles. Dos lámparas en las esquinas que parecían torres.

En las mesas y jugueteros vivía el grupo de muñequitos de porcelana. Dos veces al día se limpiaban meticulosamente. El reloj daba las campanadas cada hora, y cuando lo hacía, era como si alguien saliera del cuerpo del tío, dejándolo solo con sus pensamientos y recuerdos.

Parecía muerto, pero no, solo dormía.

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