Entregada a las nubes

barrileteEres el que amo. Hay quienes halagan y halagan como fórmula para enamorarte, pero no me mueve. Estoy con el que no puede estar siempre para mí, sólo momentos. Sin embargo, todo el coraje contra la vida desaparece cuando me sonríe. Nunca sabré qué es mejor: sí haberte conocido, o no, pero en este momento no dudaría en estar a tu lado. Mis días los llenas, y eso es enorme. El mañana no lo dejo entrar.

La danza

danzLlueve. Una cortina cubre el horizonte. El viento corre, las gallinas corren, y la ropa vuela en los tendederos.Gotas gruesas,  pesadas, tamborilean en las láminas de zinc. Al golpear,  fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas. El cielo tiene la oscuridad del sexo.

 Las chachalacas gritan  y  van de árbol en árbol buscando cobijo. Yo sigo sentado en la poltrona. Me gusta el relajo que arma la lluvia. Me desatiendo de  los gritos que hacen las mujeres y solo me concentro en la danza de las gotas.

 Imagino bailar pintado de sombras y caliza entre un grupo de negras. En ese momento exudo calor y soy  un macho cabrío que afila las pezuñas en las vetas de la roca.

 ¡Qué lejos se oyen los gritos de las viejas,de los guajolotes y chachalacas!Con los ojos entrecerrados  sigo meciéndome,  mientras la lluvia me tira sus cubetas de agua y la danza del vigor me estremece.

Esos amores

mujer-joven-mirando-hacia-fuera-al-mar-6078515Mientras aseo la vivienda, tropiezo con un detalle que abre la memoria. Los recuerdos vuelan alrededor de mi mente, pero no van a ninguna parte; siempre vuelven al refugio. ¡Nunca duermen! Muevo la cabeza, y me digo: ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego?

Todas las tardes salgo y miro el horizonte, el mar, el ocaso y no veo una luna diferente, ni astro que sirva de señal. ¡Dios, el barco que espero tarda demasiado!

El mar rumia cuando azota la roca. Si quitara el mar y la roca, seguiría oyéndolo dentro de mí. El barco tarda, y el desapego no llega.

Genio y figura

velatorio Velaba a su esposa cuando se abrió la tapa del ataúd y salió con la facilidad de un cadáver joven. Dio dos vueltas al féretro, lo golpeó y volvió a introducirse. Paneó la mirada y cerró el ataúd suavemente. Señal inequívoca de que estaba satisfecha.

Él llama dos veces

cart¡Nada como una carta de amor! -, dijo el enamorado.
No una, sino dos al día escribiría a su amada.

Tiempo después ella  se fugaba con el cartero.

Idea tomada de la entrevista que le hicieron a Shimon Peres

Efectos secundarios

 Entrada de animalesA las moscas  les valió madre  que no hubiese letreros en el arca dándoles la bienvenida.  Se posaron sobre la mierda  y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que  su asedio  se volvió intolerable.

Noé habló  y  días después  un viento gélido envolvió  la nave y casi acabó con ellas. Otras especies valiosas y bellas  murieron.

En un lugar

elotesTomaré la ruta de oriente, y en el claroscuro  detendré mis ojos en los pescadores que buscan en las aguas turbias al pez bobo. Las sombras se agazapan en los  sembradíos de caña.  Las flores  mueven  su cabeza.  A lo lejos se divisa la serranía,  y los botones blancos del caserío. En la ladera del cerro verde florecen los cafetos que rompen la monocromía del verde y tejen una macula almidonada.

Hay un claro, es una familia de campesinos que  improvisaron una  fogata  y en las brasas tendieron una  cama de elotes. El hombre atiza la lumbre y los niños abrazan a su madre y la besan.

Éxodo

Carlos Ortega
Carlos Ortega
Los perros caminan y se detienen. Dilatan su nariz,  gruñen y  ladran. Los perros de la aldea tienen hambre y en manada van  hacía otra población. Los hombres salieron ayer.

Marina

mujer dormidaEn la madrugada me vieron en la playa. El cielo era un cultivo de dalias anaranjadas, y en la lejanía un barco silbaba. De rodillas y con las palmas sobre la arena, sentí sepia la curva sudorosa de mi talle, y mi popa parecía puerto.

A cada empuje, las manos de él detenían mi cadera, y yo profería un gemido de buque. Arropaba sus labios en mi nuca y mis oídos fueron depósito.
Tienes —me dijo—, veneros en la espalda. Deja sembrarte aromas.

Desperté asombrada entre mis almohadas y al tomar mis pechos, se desperdigó un aliento a madera.

Cuando la manzana caía

manzaLa pulga recriminó desde el hombro del sabio a una avecilla que gorjeaba en el manzano: ¡cállate! ¡No ves que estamos calculando!

Medusa

medus.Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito. A hurtadillas llegué a su palacio,  le declaré mi amor. Pensó que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era quitarle la vida. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua.
Ayer vino Perseo. Uno más que será transformado en piedra, musité, Nunca imaginé que él le daría muerte.   El otoño llega lúgubre y gélido. Me envuelve el viento, pero  ni eso puede congelar la tibieza de su recuerdo.

Chipiripi

el puebloEn el camino solo hay yuyos  decolorados. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. A la luz de la luna había un árbol y un pájaro que gritaba:¡Chipiripi! ¡Chipiripi!

 la vieja cubrió mi cuerpo con hojas y el humo adormeció  mi vigilia. Cuando desperté colgaban pellejos  de mi cara  y de las verrugas salían vellos enrulados.  Caminamos. El sol rompía intenso, pero mi alma era júbilo y menta.

El sueño

mujer junto al marSoñé con el mar y con una mujer que corría en contra de la brisa. El viento revolvía sus rizos castaños y la blusa se esponjaba, comiéndose a bocanadas el aire. La falda era un par de alas y veía su cuerpo de garza en vuelo. Rojo de trapos, canela de piel, me llevo tan lejos que solos quedamos y cuando mis manos rozaban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo monótono de las olas. En el patio la perra ladraba.

Cuando soy letra

defaultVivo en tu mirada. Te veo ordenando tu ropa, cepillando tu pelo. Qué gusto cuando me cuelo como letra en tus pensamientos y susurro: cómo no desear una noche contigo, si en instantes me conviertes en camino que talla los hombros de la montaña. Qué oscuridad cuando te vuelves fría, y soy aerolito en picada.
Te gusta que sea fuego, hacerte reír y llenar de barcos tu cielo…te gusta que me consuma. ¿ Cómo decirte que me gustaría vivir una noche contigo ?

Deseo satisfecho

lunaDesde pequeño amó las alturas. Burlaba al sacristán, subía al campanario y su mirada consumía los destellos del universo.

Años después caminaría por el Mar de la Tranquilidad  riendo  con su carcajada fresca de niño, sin que las huellas de sus pies desordenaran el estrato del polvo selenita.