Archivo de categoría: FICCIÓN BREVE
En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
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En esta categoría ubico los textos que son de mi autoría. Ficción breve, miificción
Eres el que amo. Hay quienes halagan y halagan como fórmula para enamorarte, pero no me mueve. Estoy con el que no puede estar siempre para mí, sólo momentos. Sin embargo, todo el coraje contra la vida desaparece cuando me sonríe. Nunca sabré qué es mejor: sí haberte conocido, o no, pero en este momento no dudaría en estar a tu lado. Mis días los llenas, y eso es enorme. El mañana no lo dejo entrar.
Llueve. Una cortina cubre el horizonte. El viento corre, las gallinas corren, y la ropa vuela en los tendederos.Gotas gruesas, pesadas, tamborilean en las láminas de zinc. Al golpear, fraguan un ritmo de sabanas prehistóricas. El cielo tiene la oscuridad del sexo.
Mientras aseo la vivienda, tropiezo con un detalle que abre la memoria. Los recuerdos vuelan alrededor de mi mente, pero no van a ninguna parte; siempre vuelven al refugio. ¡Nunca duermen! Muevo la cabeza, y me digo: ¡basta! ¿Cuándo llegará el desapego?
A las moscas les valió madre que no hubiese letreros en el arca dándoles la bienvenida. Se posaron sobre la mierda y empezaron a proliferar. Al mes, era tal su cantidad que su asedio se volvió intolerable.
Tomaré la ruta de oriente, y en el claroscuro detendré mis ojos en los pescadores que buscan en las aguas turbias al pez bobo. Las sombras se agazapan en los sembradíos de caña. Las flores mueven su cabeza. A lo lejos se divisa la serranía, y los botones blancos del caserío. En la ladera del cerro verde florecen los cafetos que rompen la monocromía del verde y tejen una macula almidonada.
En la madrugada me vieron en la playa. El cielo era un cultivo de dalias anaranjadas, y en la lejanía un barco silbaba. De rodillas y con las palmas sobre la arena, sentí sepia la curva sudorosa de mi talle, y mi popa parecía puerto.
Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito. A hurtadillas llegué a su palacio, le declaré mi amor. Pensó que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era quitarle la vida. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua.
En el camino solo hay yuyos decolorados. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. A la luz de la luna había un árbol y un pájaro que gritaba:¡Chipiripi! ¡Chipiripi!
Soñé con el mar y con una mujer que corría en contra de la brisa. El viento revolvía sus rizos castaños y la blusa se esponjaba, comiéndose a bocanadas el aire. La falda era un par de alas y veía su cuerpo de garza en vuelo. Rojo de trapos, canela de piel, me llevo tan lejos que solos quedamos y cuando mis manos rozaban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo monótono de las olas. En el patio la perra ladraba.
Vivo en tu mirada. Te veo ordenando tu ropa, cepillando tu pelo. Qué gusto cuando me cuelo como letra en tus pensamientos y susurro: cómo no desear una noche contigo, si en instantes me conviertes en camino que talla los hombros de la montaña. Qué oscuridad cuando te vuelves fría, y soy aerolito en picada.