Chipiripi

el puebloEn el camino solo hay yuyos  decolorados. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. A la luz de la luna había un árbol y un pájaro que gritaba:¡Chipiripi! ¡Chipiripi!

 la vieja cubrió mi cuerpo con hojas y el humo adormeció  mi vigilia. Cuando desperté colgaban pellejos  de mi cara  y de las verrugas salían vellos enrulados.  Caminamos. El sol rompía intenso, pero mi alma era júbilo y menta.

El sueño

mujer junto al marSoñé con el mar y con una mujer que corría en contra de la brisa. El viento revolvía sus rizos castaños y la blusa se esponjaba, comiéndose a bocanadas el aire. La falda era un par de alas y veía su cuerpo de garza en vuelo. Rojo de trapos, canela de piel, me llevo tan lejos que solos quedamos y cuando mis manos rozaban su pelo de cobre, se perdió en el murmullo monótono de las olas. En el patio la perra ladraba.

Cuando soy letra

defaultVivo en tu mirada. Te veo ordenando tu ropa, cepillando tu pelo. Qué gusto cuando me cuelo como letra en tus pensamientos y susurro: cómo no desear una noche contigo, si en instantes me conviertes en camino que talla los hombros de la montaña. Qué oscuridad cuando te vuelves fría, y soy aerolito en picada.
Te gusta que sea fuego, hacerte reír y llenar de barcos tu cielo…te gusta que me consuma. ¿ Cómo decirte que me gustaría vivir una noche contigo ?

Deseo satisfecho

lunaDesde pequeño amó las alturas. Burlaba al sacristán, subía al campanario y su mirada consumía los destellos del universo.

Años después caminaría por el Mar de la Tranquilidad  riendo  con su carcajada fresca de niño, sin que las huellas de sus pies desordenaran el estrato del polvo selenita.

El despertar

Puesta-del-sol--Campos-de-trigo-cerca-de-ArlesDespierto  en un cuarto de ventanas. El murmullo de tus esquinas llega a la piel desde una ciudad.  Flores  prendidas  que se  multiplican  ignorando  orden. Selva húmeda y atorrante  que juega con tus pechos.

Beso tus largos brazos, la ruta de tus hombros,  El hueco de tu nuca  que  transforma  la noche,  tus cabellos  olas sepia que desfilan por  el cañón de tu espalda.

 Abrazarte en el  sueño  es llenarme de fatigas. Y en la mañana bestial tu nombre hace arder mis interiores. Acariciarte con la mejilla  y despertarme a tu lado con el religioso olor del café.

¡Eres verde!, líquida como una fruta marina. Dispuesta a darse cuando los pájaros son  epifanía..

Sick bat

murcielagoMerodea entre los árboles del vecindario y la luz del sol lo obliga a regresar a su cueva. Él solamente vuela cuando cae el día. Algo le pasa, se distrae, siente que no es el mismo y eso le da rabia.
Afuera un niño juega desnudo en un chapoteadero. Escucha sus risotadas y su piel rosada despierta su apetito bermellón. Se lanza en picada desafiando al sol de la tarde.
Su vuelo torpe lo hace caer en la orilla del chapoteadero. El niño grita angustiado a la madre y ella enardecida lo toma del ala y lo arroja hacia la perrera.
-¿Qué hago aquí? ¿Qué me pasa? -Se pregunta con chillidos.
Los mastines se pelean, lo muerden.
-¡Qué dolor! ¡Qué nausea!
Cuando lo despedazaron, ya había muerto de rabia…

Incertidumbre

mecedora.1Hacer el amor  y quedarse ahí,  con la emoción  del instante.  Nunca se sabe si será el último,  si con la mujer o con la vida.

Llueve y abro mi camisa

lluvia-correrLlueve. La gente frota sus manos y, por encima,  las nubes aleonadas gruñen. Llueve finito. Los carros tiritan de frío y en cada esquina las sombrillas platican con antiguas comadres. Entre los huecos de viejos edificios, las palomas aletean los vapores del clima. Finos piquetes, húmedos, brincan complacientes por mi cara, se reúnen en gotas y me recorren, resbalan por mi cuello, unas se dispersan sobre los vellos de mi pecho y otras saltan hacia mis escápulas. Silbo  bajo la lluvia. Es un día diferente y abro mi camisa para que mi corazón hipertenso recuerde que fue niño.

La lluvia

Pareja bajo la lluvia- IglesiaCuando se dio cuenta, un paraguas abierto la cubrió de la lluvia. Vio a la persona que amablemente la resguardó, y no pudo menos que sonreír y decirle:
 -No se moleste.
—No es molestia- contestó.
 Ella intentó salirse del paraguas, pero él volvió.
—Así me enseñaron. No desconfíe.
 Ella de nuevo sonrió y aceptó contrariada. Le dio las gracias tímidamente.
—Me llamo Roberto, para servirle.
—Soy Estela. Estela Romero
— ¿Espera el transporte, al parque América?
—Sí.
—Está tardando mucho
—Sí.
— ¿Por allá trabaja?
—Sí.
—Seguro que me aceptará un café
—Y… ¿qué le hace pensar eso?
—Que a todo dice sí.
 Ella intentó salirse del paraguas, a pesar de que la lluvia arreciaba.
—Por favor, es una broma, no se moleste, no quise…
 Ella con seriedad respondió:
— ¡No me gustan mucho las bromas! Así que ahora… invíteme a ese café.

Volver a él

y1pcfjGdhtt_OChU7AjaLl36No721b6l2-1EqxmfbyP1TpMWQUQbrvb3iwY9fp6W-GMqvqKNzipFYU¿Cuánto  habré aprendido?, no lo sé. Hoy estudié  tratando de que con una ojeada aprendiera lo más. Ya no soy el mismo, el tiempo y los excesos  cuentan. Es lo vivido que habla. Abrazo un objeto, me voy lejos, regreso, juego con él  en mi cabeza. Doy de vueltas para arrojarlo  lejos y como sabueso  confundido y torpe  alcanzo a olfatear su aroma y aunque esté metamorfoseado  se que es él. Entonces enlazo mis manos tomo su frente y lo beso.

El pecado y la penitencia

humanoLo encontré en la poltrona. Había dos beatas: una de cada lado agitando los abanicos que trataban de romper las vejigas formadas por la sudación.  Su cabeza reclinada sobre el cabezal del mueble, o bien, metida en el cuello y el tórax dando la impresión de ser un péndulo. Respiraba rápido, superficial. Tenía los globos de los ojos protruidos,  sus manos las alternaba cerrándolas o abriéndolas para darse aire a sí mismo o  para masajearse el pecho. Él sufría  una gran crisis y quizá tuviese visiones oscuras. A cada rato repetía:
-¿Qué tengo?
Yo callaba.  Su mirada recorría todos los lugares y ninguno.

Sabía con exactitud lo que pasaba. Cuando llegó su secretaria para decirme que fuese a darle atención, me informó que después de una breve, pero intensa disputa, ella le mencionó que no le había bajado su menstruación.
-Se lo dije en broma, estaba molesta.
De esa manera se disculpó la muy cabrona. El sudor, el sofoco en un hombre menor de treintaicinco años y con el antecedente de la noticia, me ofrecía un diagnóstico certero y la seguridad de tenerlo activo en un lapso de horas.

Abrí su vena, le instalé un suero, metí grandes dosis de vitamina B y, por último, un tranquilizante. Mañana, antes de clarear,  estaría como si nada hubiese sucedido: ofreciendo la misa de gallo para los feligreses de la serranía.   Eso pensé, pero no fue así. ¡Quién me iba a decir que el sacerdote era alérgico a la vitamina B y que el farmacéutico no se encontraba!

Hace quince días se le dio sepultura y hoy vino la secretaria a decirme, entre sollozos, que la broma que le había dicho al sacerdote, ya no era tal.

Alzheimer

alzheimerEsa noche terminó de leer el libro del olvido, en el último instante las palabras jugaron como niños. Las luces se hicieron mortecinas y sobrevino el silencio, la oscuridad; los ojos veían sin ver y el alma dejó de tener sentido.

Mi esperanza

MUJER_~1He podado mi esperanza para que no crezca hasta el cielo. La quiero chica, tierna;  compatible con la tierra que me abraza.

Agria como el sudor del obrero, callosa como la arruga del campesino.

No quiero que trepe más allá, la quiero pequeña.  Para que la miré el niño,  o  la señora, que sin quitarse el hato de leña,  sonría con la mirada y me diga:

-Su esperanza es tan grande como la mía.

La niña

niña mirando-ventanaEn el pueblo pasan los días sin descanso. Los perones que logran enraizarse a la mezquindad,  tiritan. Las ramas huesudas bambolean clamando al viento frío que pare. Abajo la neblina se enrosca en los tallos como boa.
Hay una mano sobre la ventana que la limpia de la escarcha y descubre su sonrisa cuando mira al gato que acecha a las pelotas de la niebla.

Mudez

gente.Me quedé indefenso, turbado, al ver la sonrisa de collar que rompía el día; no me contuve y le grité—¡Espera!—. Fue una voz fragmentada de silencio y ella se perdió entre el murmullo adosado al viejo muro y el aleteo de las palomas que alborotaban en el campanario.