el puebloEn el camino solo hay yuyos  decolorados. En aquella encrucijada vive la anciana. La recuerdo con su mechón de pelos en la mejilla. A la luz de la luna había un árbol y un pájaro que gritaba:¡Chipiripi! ¡Chipiripi!

 la vieja cubrió mi cuerpo con hojas y el humo adormeció  mi vigilia. Cuando desperté colgaban pellejos  de mi cara  y de las verrugas salían vellos enrulados.  Caminamos. El sol rompía intenso, pero mi alma era júbilo y menta.