El guardagujas de J.J. Arreola *

El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.
Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:
-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren?
-¿Lleva usted poco tiempo en este país?
-Necesito salir inmediatamente. Debo hallarme en T. mañana mismo.
-Se ve que usted ignora las cosas por completo. Lo que debe hacer ahora mismo es buscar alojamiento en la fonda para viajeros -y señaló un extraño edificio ceniciento que más bien parecía un presidio.
-Pero yo no quiero alojarme, sino salir en el tren.
-Alquile usted un cuarto inmediatamente, si es que lo hay. En caso de que pueda conseguirlo, contrátelo por mes, le resultará más barato y recibirá mejor atención.
-¿Está usted loco? Yo debo llegar a T. mañana mismo.
-Francamente, debería abandonarlo a su suerte. Sin embargo, le daré unos informes.
-Por favor…
-Este país es famoso por sus ferrocarriles, como usted sabe. Hasta ahora no ha sido posible organizarlos debidamente, pero se han hecho grandes cosas en lo que se refiere a la publicación de itinerarios y a la expedición de boletos. Las guías ferroviarias abarcan y enlazan todas las poblaciones de la nación; se expenden boletos hasta para las aldeas más pequeñas y remotas. Falta solamente que los convoyes cumplan las indicaciones contenidas en las guías y que pasen efectivamente por las estaciones. Los habitantes del país así lo esperan; mientras tanto, aceptan las irregularidades del servicio y su patriotismo les impide cualquier manifestación de desagrado.
-Pero, ¿hay un tren que pasa por esta ciudad?
-Afirmarlo equivaldría a cometer una inexactitud. Como usted puede darse cuenta, los rieles existen, aunque un tanto averiados. En algunas poblaciones están sencillamente indicados en el suelo mediante dos rayas. Dadas las condiciones actuales, ningún tren tiene la obligación de pasar por aquí, pero nada impide que eso pueda suceder. Yo he visto pasar muchos trenes en mi vida y conocí algunos viajeros que pudieron abordarlos. Si usted espera convenientemente, tal vez yo mismo tenga el honor de ayudarle a subir a un hermoso y confortable vagón.
-¿Me llevará ese tren a T.?
-¿Y por qué se empeña usted en que ha de ser precisamente a T.? Debería darse por satisfecho si pudiera abordarlo. Una vez en el tren, su vida tomará efectivamente un rumbo. ¿Qué importa si ese rumbo no es el de T.?
-Es que yo tengo un boleto en regla para ir a T. Lógicamente, debo ser conducido a ese lugar, ¿no es así?
-Cualquiera diría que usted tiene razón. En la fonda para viajeros podrá usted hablar con personas que han tomado sus precauciones, adquiriendo grandes cantidades de boletos. Por regla general, las gentes previsoras compran pasajes para todos los puntos del país. Hay quien ha gastado en boletos una verdadera fortuna…
-Yo creí que para ir a T. me bastaba un boleto. Mírelo usted…
-El próximo tramo de los ferrocarriles nacionales va a ser construido con el dinero de una sola persona que acaba de gastar su inmenso capital en pasajes de ida y vuelta para un trayecto ferroviario, cuyos planos, que incluyen extensos túneles y puentes, ni siquiera han sido aprobados por los ingenieros de la empresa.
-Pero el tren que pasa por T., ¿ya se encuentra en servicio?
-Y no sólo ése. En realidad, hay muchísimos trenes en la nación, y los viajeros pueden utilizarlos con relativa frecuencia, pero tomando en cuenta que no se trata de un servicio formal y definitivo. En otras palabras, al subir a un tren, nadie espera ser conducido al sitio que desea.
-¿Cómo es eso?
-En su afán de servir a los ciudadanos, la empresa debe recurrir a ciertas medidas desesperadas. Hace circular trenes por lugares intransitables. Esos convoyes expedicionarios emplean a veces varios años en su trayecto, y la vida de los viajeros sufre algunas transformaciones importantes. Los fallecimientos no son raros en tales casos, pero la empresa, que todo lo ha previsto, añade a esos trenes un vagón capilla ardiente y un vagón cementerio. Es motivo de orgullo para los conductores depositar el cadáver de un viajero lujosamente embalsamado en los andenes de la estación que prescribe su boleto. En ocasiones, estos trenes forzados recorren trayectos en que falta uno de los rieles. Todo un lado de los vagones se estremece lamentablemente con los golpes que dan las ruedas sobre los durmientes. Los viajeros de primera -es otra de las previsiones de la empresa- se colocan del lado en que hay riel. Los de segunda padecen los golpes con resignación. Pero hay otros tramos en que faltan ambos rieles, allí los viajeros sufren por igual, hasta que el tren queda totalmente destruido.
-¡Santo Dios!
-Mire usted: la aldea de F. surgió a causa de uno de esos accidentes. El tren fue a dar en un terreno impracticable. Lijadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren.
-¡Dios mío, yo no estoy hecho para tales aventuras!
-Necesita usted ir templando su ánimo; tal vez llegue usted a convertirse en héroe. No crea que faltan ocasiones para que los viajeros demuestren su valor y sus capacidades de sacrificio. Recientemente, doscientos pasajeros anónimos escribieron una de las páginas más gloriosas en nuestros anales ferroviarios. Sucede que en un viaje de prueba, el maquinista advirtió a tiempo una grave omisión de los constructores de la línea. En la ruta faltaba el puente que debía salvar un abismo. Pues bien, el maquinista, en vez de poner marcha atrás, arengó a los pasajeros y obtuvo de ellos el esfuerzo necesario para seguir adelante. Bajo su enérgica dirección, el tren fue desarmado pieza por pieza y conducido en hombros al otro lado del abismo, que todavía reservaba la sorpresa de contener en su fondo un río caudaloso. El resultado de la hazaña fue tan satisfactorio que la empresa renunció definitivamente a la construcción del puente, conformándose con hacer un atractivo descuento en las tarifas de los pasajeros que se atreven a afrontar esa molestia suplementaria.
-¡Pero yo debo llegar a T. mañana mismo!
-¡Muy bien! Me gusta que no abandone usted su proyecto. Se ve que es usted un hombre de convicciones. Alójese por lo pronto en la fonda y tome el primer tren que pase. Trate de hacerlo cuando menos; mil personas estarán para impedírselo. Al llegar un convoy, los viajeros, irritados por una espera demasiado larga, salen de la fonda en tumulto para invadir ruidosamente la estación. Muchas veces provocan accidentes con su increíble falta de cortesía y de prudencia. En vez de subir ordenadamente se dedican a aplastarse unos a otros; por lo menos, se impiden para siempre el abordaje, y el tren se va dejándolos amotinados en los andenes de la estación. Los viajeros, agotados y furiosos, maldicen su falta de educación, y pasan mucho tiempo insultándose y dándose de golpes.
-¿Y la policía no interviene?
-Se ha intentado organizar un cuerpo de policía en cada estación, pero la imprevisible llegada de los trenes hacía tal servicio inútil y sumamente costoso. Además, los miembros de ese cuerpo demostraron muy pronto su venalidad, dedicándose a proteger la salida exclusiva de pasajeros adinerados que les daban a cambio de esa ayuda todo lo que llevaban encima. Se resolvió entonces el establecimiento de un tipo especial de escuelas, donde los futuros viajeros reciben lecciones de urbanidad y un entrenamiento adecuado. Allí se les enseña la manera correcta de abordar un convoy, aunque esté en movimiento y a gran velocidad. También se les proporciona una especie de armadura para evitar que los demás pasajeros les rompan las costillas.
-Pero una vez en el tren, ¡está uno a cubierto de nuevas contingencias?
-Relativamente. Sólo le recomiendo que se fije muy bien en las estaciones. Podría darse el caso de que creyera haber llegado a T., y sólo fuese una ilusión. Para regular la vida a bordo de los vagones demasiado repletos, la empresa se ve obligada a echar mano de ciertos expedientes. Hay estaciones que son pura apariencia: han sido construidas en plena selva y llevan el nombre de alguna ciudad importante. Pero basta poner un poco de atención para descubrir el engaño. Son como las decoraciones del teatro, y las personas que figuran en ellas están llenas de aserrín. Esos muñecos revelan fácilmente los estragos de la intemperie, pero son a veces una perfecta imagen de la realidad: llevan en el rostro las señales de un cansancio infinito.
-Por fortuna, T. no se halla muy lejos de aquí.
-Pero carecemos por el momento de trenes directos. Sin embargo, no debe excluirse la posibilidad de que usted llegue mañana mismo, tal como desea. La organización de los ferrocarriles, aunque deficiente, no excluye la posibilidad de un viaje sin escalas. Vea usted, hay personas que ni siquiera se han dado cuenta de lo que pasa. Compran un boleto para ir a T. Viene un tren, suben, y al día siguiente oyen que el conductor anuncia: “Hemos llegado a T.”. Sin tomar precaución alguna, los viajeros descienden y se hallan efectivamente en T.
-¿Podría yo hacer alguna cosa para facilitar ese resultado?
-Claro que puede usted. Lo que no se sabe es si le servirá de algo. Inténtelo de todas maneras. Suba usted al tren con la idea fija de que va a llegar a T. No trate a ninguno de los pasajeros. Podrán desilusionarlo con sus historias de viaje, y hasta denunciarlo a las autoridades.
-¿Qué está usted diciendo?
En virtud del estado actual de las cosas los trenes viajan llenos de espías. Estos espías, voluntarios en su mayor parte, dedican su vida a fomentar el espíritu constructivo de la empresa. A veces uno no sabe lo que dice y habla sólo por hablar. Pero ellos se dan cuenta en seguida de todos los sentidos que puede tener una frase, por sencilla que sea. Del comentario más inocente saben sacar una opinión culpable. Si usted llegara a cometer la menor imprudencia, sería aprehendido sin más, pasaría el resto de su vida en un vagón cárcel o le obligarían a descender en una falsa estación perdida en la selva. Viaje usted lleno de fe, consuma la menor cantidad posible de alimentos y no ponga los pies en el andén antes de que vea en T. alguna cara conocida.
-Pero yo no conozco en T. a ninguna persona.
-En ese caso redoble usted sus precauciones. Tendrá, se lo aseguro, muchas tentaciones en el camino. Si mira usted por las ventanillas, está expuesto a caer en la trampa de un espejismo. Las ventanillas están provistas de ingeniosos dispositivos que crean toda clase de ilusiones en el ánimo de los pasajeros. No hace falta ser débil para caer en ellas. Ciertos aparatos, operados desde la locomotora, hacen creer, por el ruido y los movimientos, que el tren está en marcha. Sin embargo, el tren permanece detenido semanas enteras, mientras los viajeros ven pasar cautivadores paisajes a través de los cristales.
-¿Y eso qué objeto tiene?
-Todo esto lo hace la empresa con el sano propósito de disminuir la ansiedad de los viajeros y de anular en todo lo posible las sensaciones de traslado. Se aspira a que un día se entreguen plenamente al azar, en manos de una empresa omnipotente, y que ya no les importe saber adónde van ni de dónde vienen.
-Y usted, ¿ha viajado mucho en los trenes?
-Yo, señor, solo soy guardagujas1. A decir verdad, soy un guardagujas jubilado, y sólo aparezco aquí de vez en cuando para recordar los buenos tiempos. No he viajado nunca, ni tengo ganas de hacerlo. Pero los viajeros me cuentan historias. Sé que los trenes han creado muchas poblaciones además de la aldea de F., cuyo origen le he referido. Ocurre a veces que los tripulantes de un tren reciben órdenes misteriosas. Invitan a los pasajeros a que desciendan de los vagones, generalmente con el pretexto de que admiren las bellezas de un determinado lugar. Se les habla de grutas, de cataratas o de ruinas célebres: “Quince minutos para que admiren ustedes la gruta tal o cual”, dice amablemente el conductor. Una vez que los viajeros se hallan a cierta distancia, el tren escapa a todo vapor.
-¿Y los viajeros?
Vagan desconcertados de un sitio a otro durante algún tiempo, pero acaban por congregarse y se establecen en colonia. Estas paradas intempestivas se hacen en lugares adecuados, muy lejos de toda civilización y con riquezas naturales suficientes. Allí se abandonan lores selectos, de gente joven, y sobre todo con mujeres abundantes. ¿No le gustaría a usted pasar sus últimos días en un pintoresco lugar desconocido, en compañía de una muchachita?
El viejecillo sonriente hizo un guiño y se quedó mirando al viajero, lleno de bondad y de picardía. En ese momento se oyó un silbido lejano. El guardagujas dio un brinco, y se puso a hacer señales ridículas y desordenadas con su linterna.
-¿Es el tren? -preguntó el forastero.
El anciano echó a correr por la vía, desaforadamente. Cuando estuvo a cierta distancia, se volvió para gritar:
-¡Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice que se llama?
-¡X! -contestó el viajero.
En ese momento el viejecillo se disolvió en la clara mañana. Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudente, al encuentro del tren.
Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento.

guarda

  • A cien años de su nacimiento.

El enorme Li-po

 Levanto mi copa, invito a la luna y a mi sombra, y ahora somos tres. Mas la luna nada sabe de bebidas y mi sombra se limita a imitarme, pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía. La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado…

luna johan Berthold

El solidario de Luis Torregrosa

Le dolía mucho más la miseria ajena que la propia, así que cuando fue inmensamente rico no le costó trabajo sentir repugnancia por la riqueza de los demás.

Solidaridad

Contricción de Juan josé Arreola *

Ya sé, con algún teólogo moderno, que el mal también es útil. Puede desembocar en el bien. Y hay una idea muy bella precisamente de ese teólogo, que dice que el arrepentimiento puede modificar el pasado y hacer que todos los acontecimientos de la vida se coordinen hacia un fin.
Lo importante es lograr que en la hora de la muerte, todos los hechos de la vida armonicen y se subordinen al acto final de conciencia. Que a través de una visión cónica, en lo más profundo se vea el primer acto de conciencia, simultáneo con el último. La contrición es la única manera de irse del mundo. Nada debe ser más triste que morirse rencoroso o sediento de vida. Podría yo decir, porque probé de todo un poco.

caravaggio

 

 

*A los cien años de su nacimiento

https://minisdelcuento.wordpress.com/category/juan-jose-arreola/

De L’osservatore de Juan José Arreola*

A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos, las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

puertas de

  • A cien años de su nacimiento.

La tía Daniela de Ángeles Mastreta

La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota. Lo Había visto llegar una mañana, caminando con los hombros erguidos sobre un paso sereno y había pensado: “Este hombre se cree Dios”. Pero al rato de oírlo decir historias sobre mundos desconocidos y pasiones extrañas, se enamoró de él y de sus brazos como si desde niña no hablara latín, no supiera lógica, ni hubiera sorprendido a media ciudad copiando los juegos de Góngora y Sor Juana como quien responde a una canción en el recreo.
Era tan sabia que ningún hombre quería meterse con ella, por más que tuviera los ojos de miel y una boca brillante, por más que su cuerpo acariciara la imaginación despertando las ganas de mirarlo desnudo, por más que fuera hermosa como la virgen del Rosario. Daba temor quererla porque algo había en su inteligencia que sugería siempre un desprecio por el sexo opuesto y sus confusiones.
Pero aquel hombre que no sabía nada de ella y sus libros, se le acercó como a cualquiera. Entonces la tía Daniela lo dotó de una inteligencia deslumbrante, una virtud de ángel y un talento de artista. Su cabeza lo miró de tantos modos que en doce días creyó conocer a cien hombres.
Lo quiso convencida de que Dios puede andar entre mortales, entregada hasta las uñas a los deseos y las ocurrencias de un tipo que nunca llegó para quedarse y jamás entendió uno solo de todos los poemas que Daniela quiso leerle para explicar su amor.
Un día, así como había llegado, se fue sin despedir siquiera. Y no hubo entonces en la redonda inteligencia de la tía Daniela un solo atisbo de entender qué había pasado.
Hipnotizada por un dolor sin nombre ni destino se volvió la más tonta de las tontas. Perderlo fue una larga pena como el insomnio, una vejez de siglos, el infierno.
Por unos días de luz, por un indicio, por los ojos de hierro y súplica que le prestó una noche, la tía Daniela enterró las ganas de estar viva y fue perdiendo el brillo de la piel, la fuerza de las piernas, la intensidad de la frente y las entrañas.
Se quedó casi ciega en tres meses, una joroba le creció en la espalda, y algo le sucedió a su termostato que a pesar de andar hasta en el rayo del sol con abrigo y calcetines, tiritaba de frío como si viviera en el centro mismo del invierno. La sacaban al aire como a un canario. Cerca le ponían fruta y galletas para que picoteara, pero su madre se llevaba las cosas intactas mientras ella seguía muda a pesar de los esfuerzos que todo el mundo hacía por distraerla.
Al principio la invitaban a la calle para ver si mirando las palomas o viendo ir y venir a la gente, algo de ella volvía a dar muestras de apego a la vida. Trataron todo. Su madre se la llevó de viaje a España y la hizo entrar y salir de todos los tablados sevillanos sin obtener de ella más que una lágrima la noche que el cantador estuvo alegre. A la mañana siguiente le puso un telegrama a su marido diciendo: “Empieza a mejorar, ha llorado un segundo”. Se había vuelto un árbol seco, iba para donde la llevaran y en cuanto podía se dejaba caer en la cama como si hubiera trabajado veinticuatro horas recogiendo algodón. Por fin las fuerzas no le alcanzaron más que para echarse en una silla y decirle a su madre: “Te lo ruego, vámonos a casa”.
Cuando volvieron, la tía Daniela apenas podía caminar y desde entonces no quiso levantarse. Tampoco quería bañarse, ni peinarse, ni hacer pipí. Una mañana no pudo siquiera abrir los ojos.
-¡Está muerta! – oyó decir a su alrededor y no encontró las fuerzas para negarlo.
Alguien le sugirió a su madre que ese comportamiento era un chantaje, un modo de vengarse en los otros, una pose de niña consentida que si de repente perdiera la tranquilidad de la casa y la comida segura, se las arreglaría para mejorar de un día para el otro. Su madre hizo el esfuerzo de abandonarla en el quicio de la puerta de la Catedral.
La dejaron ahí una noche con la esperanza de verla regresar al día siguiente, hambrienta y furiosa, como había sido alguna vez. A la tercera noche la recogieron de la puerta de la Catedral con pulmonía y la llevaron al hospital entre lágrimas de toda la familia.
Ahí fue a visitarla su amiga Elidé, una joven de piel brillante que hablaba sin tregua y que decía saber las curas del mal de amores. Pidió que la dejaran hacerse cargo del alma y del estómago de aquella náufraga. Era una creatura alegre y ávida. La oyeron opinar. Según ella el error en el tratamiento de su inteligente amiga estaba en los consejos de que olvidara. Olvidar era un asunto imposible. Lo que había que hacer era encauzarle los recuerdos, para que no la mataran, para que la obligaran a seguir viva.
Los padres oyeron hablar a la muchacha con la misma indiferencia que ya les provocaba cualquier intento de curar a su hija. Daban por hecho que no serviría de nada y sin embargo lo autorizaban como si no hubieran perdido la esperanza que ya habían perdido.
Las pusieron a dormir en el mismo cuarto. Siempre que alguien pasaba frente a la puerta oía a la incansable voz de Elidé hablando del asunto con la misma obstinación con que un médico vigila a un moribundo. No se callaba. No le daba tregua. Un día y otro, una semana y otra.
-¿Cómo dices que eran sus manos? – preguntaba. Si la tía Daniela no le contestaba, Elidé volvía por otro lado.
-¿Tenía los ojos verdes? ¿Cafés? ¿Grandes?
-Chicos – le contestó la tía Daniela hablando por primera vez en treinta días.
-¿Chicos y turbios?- preguntó la tía Elidé.
– Chicos y fieros – contestó la tía Daniela y volvió a callarse otro mes.
– Seguro que era Leo. Así son los de Leo – decía su amiga sacando un libro de horóscopos para leerle. Decía todos los horrores que pueden caber en un Leo. – De remate, son mentirosos. Pero no tienes que dejarte, tú eres de Tauro. Son fuertes las mujeres de Tauro.
– Mentiras sí que dijo – le contestó Daniela una tarde.
-¿Cuáles? No se te vayan a olvidar. Porque el mundo no es tan grande como para que no demos con él, y entonces le vas a recordar sus palabras. Una por una, las que oíste y las que te hizo decir.
-No quiero humillarme.
-El humillado va a ser él. Si no todo es tan fácil como sembrar palabras y largarse.
-Me iluminaron -defendió la tía Daniela.
– Se te nota iluminada – decía su amiga cuando llegaban a puntos así.
Al tercer mes de hablar y hablar la hizo comer como Dios manda. Ni siquiera se dio cuenta cómo fue. La llevó a una caminata por el jardín. Cargaba una cesta con fruta, queso, pan, mantequilla y té. Extendió un mantel sobre el pasto, sacó las cosas y siguió hablando mientras empezaba a comer sin ofrecerle.
– Le gustaban las uvas – dijo la enferma.
– Entiendo que lo extrañes.
Sí – dijo la enferma acercándose un racimo de uvas -. Besaba regio. Y tenía suave la piel de los hombros y la cintura.
-¿Cómo tenía? Ya sabes – dijo la amiga como si supiera siempre lo que la torturaba.
– No te lo voy a decir – contestó riéndose por primera vez en meses. Luego comió queso y té, pan y mantequilla.
– ¿Rico? – le preguntó Elidé.
– Sí – le contestó la enferma empezando a ser ella.
Una noche bajaron a cenar. La tía Daniela con un vestido nuevo y el pelo brillante y limpio, libre por fin de la trenza polvorosa que no se había peinado en mucho tiempo.
Veinte días después ella y su amiga habían repasado los recuerdos de arriba para abajo hasta convertirlos en trivia. Todo lo que había tratado de olvidar la tía Daniela forzándose a no pensarlo, se le volvió indigno de recuerdo después de repetirlo muchas veces. Castigó su buen juicio oyéndose contar una tras otra las ciento veinte mil tonterías que la había hecho feliz y desgraciada.
– Ya no quiero ni vengarme – le dijo una mañana a Elidé -. Estoy aburridísima del tema.
– ¿Cómo? No te pongas inteligente – dijo Elidé-. Éste ha sido todo el tiempo un asunto de razón menguada. ¿Lo vas convertir en algo lúcido? No lo eches a perder. Nos falta lo mejor. Nos falta buscar al hombre en Europa y África, en Sudamérica y la India, nos falta
encontrarlo y hacer un escándalo que justifique nuestros viajes. Nos falta conocer la galería Pitti, ver Florencia, enamorarnos en Venecia, echar una moneda en la fuente de Trevi. ¿Nos vamos a perseguir a ese hombre que te enamoró como a una imbécil y luego se fue?
Habían planeado viajar por el mundo en busca del culpable y eso de que la venganza ya no fuera trascendente en la cura de su amiga tenía devastada a Elidé. Iban a perderse la India y Marruecos, Bolivia y el Congo, Viena y sobre todo Italia. Nunca pensó que podría convertirla en un ser racional después de haberla visto paralizada y casi loca hacía cuatro meses.
– Tenemos que ir a buscarlo. No te vuelvas inteligente antes de tiempo – le decía.
– Llegó ayer – le contestó la tía Daniela un mediodía.
– ¿Cómo sabes?
– Lo vi. Tocó en el balcón como antes.
– ¿Y qué sentiste?
– Nada.
-¿Y qué te dijo?
– Todo.
– ¿Y qué le contestaste?
– Cerré.
-¿Y ahora? – preguntó la terapista.
– Ahora sí nos vamos a Italia: los ausentes siempre se equivocan.
Y se fueron a Italia por la voz del Dante: “Piovverà dentro a l’alta fantasía.”

 

Ficticia es una ciudad virtual y yo soy un ficticiano

LA PASIÓN: SEGÚN FICTICIA
(Artículo publicado por la Dra. Dolores M. Koch, en «Revista Hostos Review. de la City Universty of New York, No. 6: Antes y después del dinosaurio: el microrrelato en América Latina.»Mayo 2009 )

 Alfonso Pedraza Pérez.

Creador y coordinador del

 Taller de minicuento de Ficticia

ABSTRACT
 Trata del nacimiento, evolución y logros en seis años de actuación del taller de minicuento de www.ficticia.com. De su razones de existir, sus frutos y los principios que infunde entre sus participantes.
EN EL PRINCIPIO…
El nacimiento del Taller de minicuento, del portal de internet Ficticia (http://www.ficticia.com), es resultado de un cúmulo de pasiones, casi al grado de lo orgiástico.  Nace por satisfacer, contagiar y divulgar la pasión por el texto breve, la recreación de lo real o de lo fantástico, y la belleza de la palabra[2]. Los ficticianos (nuestra nacionalidad virtual) hemos actuado en reacción, como lo hacen las ONG (organizaciones no gubernamentales); a iniciativa propia, con la complacencia de los propietarios de la página y la ayuda de muchos expertos y escritores del género, ellos a su vez nos propagan y acicatean este virus.
Los tiempos modernos de la electrónica parecen haber sido creados a propósito para ello y la pantalla de la computadora el medio idóneo para leer minitextos. Los espacios fragmentados en que nos desenvolvemos en la vida actual también contribuyen. Lauro Zavala afirma: “Tal vez el auge reciente de las formas de escritura itinerante propias del cuento brevísimo, y en particular las del cuento ultracorto, son una consecuencia de nuestra falta de espacio y de tiempo en la vida cotidiana contemporánea. […] también este auge tiene relación con la paulatina difusión de las nuevas formas de la escritura, propiciadas por el empleo de las computadoras.”[3]
Esta reacción no es privativa de nuestro medio, tenemos noticias que en tiempos paralelos, se ha presentado un auge en la práctica de la minificción en países lejanos y de idiomas diferentes al español, la lengua materna del minicuento, como lo reconocen en Japón y Corea. La Dra. Koch escribe: “Yu Honma estaba tan fascinado con los micro-relatos, que desde 1998 los escribe y publica en su sitio en la Red. Pronto organiza concursos mensuales, y forma un club de aficionados ( www.jali.or.jp/club/honma )”[4]. Yu Honma a su vez confirma  “Para mí el modelo de microcuentos está en Hispanoamérica y el problema es cómo fijar el microcuento como género en la literatura japonesa.”[5]
¿Acaso son los tiempos y no los lugares, ni los idiomas, los más propicios para decir mucho y de la forma más bella, en pocas palabras?
DONDE SE EXPONE COMO CONTACTÉ CON DIOS:
¿De verdad sólo tenemos tiempo en el mundo actual para escribir y leer minificciones? Sandra Lorenzano[6]
En la adolescencia, me encontré con la revista “El Cuento. Revista de la imaginación” en los puestos de periódicos cercanos a la escuela preparatoria. Fue mi primer contacto con la minificción y caí en el embrujo de los textos con pocas palabras. La Minificción, como una entidad definida o como un fin de la escritura. Precisamente en esa publicación fue bautizada con tal nombre como lo afirma Edmundo Valadés: “el cuento breve o brevísimo no ha merecido ni recuento, ni historia, ni teoría, ni nombre específico universal, […] salvo los que desde la revista El cuento le dimos de minicuento o minificción, y que han ido generalizándose”[7]. De esa magnitud era la importancia que se le daba en esa publicación hoy tan memorable.
En ese tiempo, a más de disfrutar la lectura de verdaderas antologías en las que consistía cada número de la revista, reservaba un tiempo para examinar sus editoriales; artículos siempre interesantes sobre el quehacer y el ser del cuentista. Y, en forma por demás meticulosa, regocijarme del correo del lector, pues en ellas, Edmundo nos transmitía perlas de sabiduría en forma de consejos prácticos y bienintencionados. Era una guía lejana, escasa, sin embargo valiosa para los que, como yo, habíamos caído en el encanto de decir mucho con pocas palabras, de decir todo con apenas insinuaciones, de expresar las cosas con precisión y belleza. Si bien, con relativa frecuencia, su mensaje era directo para decir que el texto analizado no era un minicuento. En ese momento surgía la excitación de descubrir entre sus líneas el quid del asunto. ¿Cómo es posible que un aviso de ocasión en un diario, una misiva personal, un cuasi chiste, eran un minitexto literario? ¿Por que con pocas palabras, en escuetas palabras, muy a menudo carentes de elocuencia, de la retórica acostumbrada, se podía fascinar al lector?
El misterio se develaba a cuentagotas. La publicación de cada número de la revista significaban meses enteros de espera, en ocasiones aparecían a la venta únicamente dos o tres números al año. Un tiempo de espera muy prolongado. Para poder relacionar una crítica y conocer el texto que analizaba debíamos esperar en números subsecuentes su aparición. O revisar números anteriores para recordar y dar el aval personal a un texto con un veredicto de “ganador”.
Trascurre el tiempo, a inicios del presente milenio, aprendí a conocer el mundo de la red virtual mundial a través de sus buscadores. Hice mis primeros intentos con las palabras cuento y minicuento y ante mis ojos aparecieron como por magia, cientos de páginas dedicadas al tema. De eso a encontrar foros de participación directas bastó un instante. Intenté militar en varios de ellos. La mayor parte tenían escasa participación.
Un día  tropecé con www.ficticia.com y su foro de acceso abierto “Puerto Libre”. Como ciudad costera y cosmopolita, recibía visitas de ficticianos que contactaban de diversos países de América y Europa. Amparado en el anonimato que ofrece el Internet, empecé a insertar algunos minitextos; escritos bisoños que recibían comentarios casi instantáneos. Hice amistad con el grupo y llegue a ser un parroquiano más del sitio. Era una especie de club de amigos donde los halagos y palmadas al hombro no se escamoteaban. Las minificciones, las “minis”, como les llamamos de cariño, se mezclaban con cuentos de extensión normal y otro tipo de escritos.
Recordando el espíritu de mi querida revista, un día contacté con el “Dios”[8] de Ficticia (“Dios” en realidad es una santísima trinidad: Dios Padre; Marcial Fernández. Escritor y editor que se ocupa de lo literario. Dios Hijo; Raúl José Santos. Ingeniero en sistemas que se ocupa del buen funcionamiento de este mundo virtual. Y Dios Espíritu Santo; Mónica Villa. Fotógrafa y traductora. A su cargo está la imagen del sitio), le escribí de mis pretensiones de estimular la escritura y el conocimiento sobre la minificción, y como todo ser divino y complaciente[9], también un consumado minificcionista,  no sólo permitió crear un club con el pretencioso nombre de Taller de Minicuento; sino que gracias a su poder infinito concibió un lugar especial en el portal al que llamó “Marina. Espacio dedicado a las minificciones de los navegantes. Taller participativo”[10].
Con respecto de la instauración de la Marina, la Dra. Laura Pollastri afirma: “Llamativamente, la creación del lugar exclusivo para la minificción responde a una interacción entre el público y los creadores de la página [se refiere a ficticia]: el lector interactivo se abastece de un espacio específico para algo que advierte como singular en el vasto campo de la narrativa breve, y como necesario en el universo literario de la red.[…] Nacida fuera de las pantallas de PC, la minificción se articula e interacciona en ella como un lugar natural del universo informático.”[11]
DONDE HAY REMEMBRANZAS DE LOS PRIMEROS PASOS DEL TALLER:
De los puertos se parte y a los puertos se llega. Navegantes somos y en la mar del cuento andamos. Agustín Monsreal[12]
En Julio de 2001 inicia el foro Marina, donde reside nuestro taller. En el mensaje de bienvenida se mantiene el ambiente portuario y náutico. El olor de mar. Ámbito mediante el cual Ficticia abre sus puertas (Puerto Libre y Marina) a los visitantes que inician o mejoran sus haberes literarios.
 Lleguen las gaviotas, vuelen atisbando todos los rincones. Los lobos de mar a reposar sus accidentadas travesías. Los curiosos turistas ávidos de sorpresas y recuerdos. Los noveles grumetes a perfeccionar sus artes. Los bucaneros indómitos a buscar tesoros y camorra. Los nativos a edificar nuevos refugios y formar nuevas alianzas. Lleguen todos a poblar esta tierra virgen. A dejar huella.[13]
En ésta primera etapa del taller, se estimuló la participación mediante eventos de concursos. El incentivo, que implicaba competencia, fue bien recibido en el pequeño círculo de amigos. El grado de privacidad y de reserva que da el internet, además del libre acceso al foro fueron determinantes.
Convocábamos cada diez días a un concurso. La periodicidad elegida, fue resultado de la necesidad de agilizar la práctica  de la escritura de minicuento. Diez días, porque para la creación de un minitexto se requiere, de inicio, un proceso mental,  posteriormente una primera escritura y una o más revisiones antes de su publicación en el foro[14]. Tampoco un lapso mayor, porque se pretendió que la participación fuera dinámica y la práctica de la escritura considerada como un trabajo constante, un ejercicio persistente; como la resolución de un problema (el tema o ejercicio que se propone en cada convocatoria). En contraste, como afirma Héctor Alvarado, cuando se está en el mundo real, fuera del taller, el tema o propósito lo elegirá el escritor. “Entonces, escribir un cuento es escoger un suceso que puede ser único, concreto y cerrado cuya peculiaridad permita desarrollarlo como ficción,»[15].
Conscientes de los limitados conocimientos que sobre el tema teníamos en el grupo, desde el inicio publicamos un boletín para cada concurso. Elegimos artículos sobre el cuento y minicuento, análisis sobre su escritura y consejos de celebres escritores que iban de Rulfo a Dolores M. Koch, de Cortázar a Lauro Zavala, de García Márquez a Violeta Rojo, del conocimiento de Guiones de diálogo a las cacofonías y aliteraciones, y así lograr un consenso y un nivel de conocimiento que nos diera, además de lo lúdico, armas para lo artístico. Se enviaron por e-mail a cada uno de los ficticianos que lo solicitaban.[16]
Esto constituye, en nuestra historia del taller, la etapa de la crítica doméstica. Nuestros jurados fueron los mismos ficticianos, los más experimentados y reconocidos. Se llevaron a cabo diecisiete concursos en seis meses de funciones. En poco tiempo se empezó a notar la necesidad de recibir consejo y crítica de verdaderos eruditos del género.
SEGUNDA ETAPA DEL TALLER: ENTRADA AL MUNDO REAL DE LA MINIFICCIÓN
Con mis textos breves persigo la agilidad y la concisión máxima en la forma de narrar, de traducir simbólicamente el mundo. Julia Otxoa[17] 
 La necesidad de conocer el real nivel de calidad de nuestros escritos nos hizo buscarla en la ayuda de expertos en minificción. Invitamos al Prof. Lauro Zavala quien nos abrió el mundo real de ella, y con su aval, el contacto con los principales especialistas del género[18]. La participación aumenta considerablemente en cada concurso. Hasta cincuenta minitextos en cada evento.  Los jurados se hallaron en apuros. Nos manifestaban la dificultad de enviar una crítica o comentario a cada uno de los participantes en únicamente los tres días de plazo que les asignábamos para dar su veredicto. Fue necesario restringir a un solo texto por participante y por concurso, aunque esta medida fue solo un buen deseo; se podían utilizar nombres diferentes y participar con otros textos.  Éste incremento en la concurrencia nos revelaba la gran apetencia de participación, no obstante la capacidad de atenderlos se percibía restringida.
En ésta segunda etapa la crítica es externa y de calidad, pero el taller aún no funcionaba como uno verdadero. Tuvo una duración de seis meses y llegó a su fin con el concurso XXXVI (1er. aniversario)
LA MARINA.
Todo escritor que crea, es un mentiroso; la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. Para mí lo primordial es la imaginación. Juan Rulfo  [19]
La dificultad que causó atender la creciente participación en los concursos precisó cambiar la estructura, una que funcionara como un verdadero taller virtual. De entre los participantes más animosos se seleccionaron una veintena, aquellos que ya mostraban conocimiento teórico y práctico en la escritura de minificciones, acaso por a la experiencia obtenida en participar en numerosos concursos o debido a la instrucción obtenida mediante el análisis de los boletines. Con este grupo de personas se crea la tripulación de la marina, los que hasta el momento actual realizan las labores más dedicadas, más delicadas; examinar los textos y prodigar opinión y consejo a los autores participantes.
Los certámenes son mensuales. Los primeros veinte días de participación se destinan a la recepción de minicuentos. Un tallerista para cada uno de esos días atiende la marina: lee, analiza y enjuicia cada una de las “minis” que solicitan participar. Comenta e instruye a cada autor en el mismo foro en los siguientes días. A partir de que existe esta modalidad, cosa atrayente, los participantes interesados pueden revisar cada uno de los comentarios y recomendaciones que el tallerista ofrece durante la jornada, no sólo los de sus propios textos. De esa forma pueden hacer un seguimiento de la depuración y progresión de cada minicuento.
Otro de los nuevos aspectos del taller, es que ahora ya es posible participar cotidianamente. Para los ficticianos prolíficos es una bendición tener hasta un texto por día esperando crítica. Para otros, aquellos que no han sido seleccionados en su día de participación, la oportunidad de volver a concursar, con otro tallerista y con el texto ya retocado con los consejos que recibió en el primer intento. Estas ventajas son convenientes para hacerle comprender al participante asiduo que un escritor formal, no espera el llamado de las musas, escribe sus obras de calidad en base al trabajo continuo. Rulfo lo mencionaba, “Cuando empiezo a escribir no creo en la inspiración. El asunto de escribir es un asunto de trabajo”[20].
El carácter de concurso continúa. El tallerista (tripulante) elige de entre los participantes de su jornada, uno o varios textos participantes que a su parecer tienen calidad y merecen ser mejorados. Entonces, autor y tallerista comunicándose vía correo electrónico, pulen y aderezan el texto hasta su total satisfacción, y en el día veinticinco del mes la vuelven a publicar en el foro en la denominada “Muestra mensual”. El total de minis seleccionadas en los veinte días de tallereo son sometidas al mismo procedimiento.
Por último, dicha muestra se envía al jurado mensual para que elija la(s) mejor(es).  Su dictamen nos indica qué mininitextos tienen el privilegio de aparecer en un lugar de honor, en la cabecera de la Marina, cuya permanencia cambia en forma aleatoria cada día.
Los temas o problemas estilísticos a resolver en cada concurso son, hasta el momento actual, elegidos por los jurados en turno, como una forma de estandarización de los textos y su evaluación sea más asequible. Al cabo de los seis años de actividades la diversidad en el listado de temas acaso merece un estudio aparte. De los generales de amor, dios, o locura, a los específicos como la masturbación, el estornudo, el ombligo. De la metaficción ultracorta y los ejercicios de estilo a textos de Alfonso Reyes,  a utilizar las curvas cónicas y los zaparos rojos. De las pesadillas a variaciones de proverbios. El ingenio y voluntad de recrear lo real y crear lo fantástico no es privativo de los participantes, también lo ha sido de los jurados.
Otro punto importante en los objetivos del taller es la crítica, la que se da y la que se recibe. Para ambas es indispensable el aprendizaje y la madurez que da la práctica. Ha sido la parte más difícil de desarrollar en el taller. Pasar del halago fácil o la descalificación sin bases a una crítica concienzuda y razonada se ha logrado, más no se ha generalizado
En esta etapa actual del taller, ya se aplica una crítica doméstica instruida, respaldada por jurados que tienen renombre y calidad.
Y DESPUÉS DE TODO ¿QUE?:
La brevedad es un futuro. Un relato que no ha sido narrado del todo está lleno de futuro. Yu Honma[21]
El portal www.ficticia.com está destinado al género literario del cuento. En exclusiva al cuento actual en español. Su antología alberga cientos de cuentos, en su mayor parte cuentos breves. Está repartida temáticamente en cada parte de la ciudad virtual, (como el panteón, el hotel o cantina) aunque puede accederse también por autor. En cada actualización se agregan  nuevos escritores de varias partes del mundo, aunque no sean hispanoparlantes, pero que escriben en español.
En este portal gratuito, se incentiva la participación del visitante por medio de sus foros abiertos. Puede uno publicar algún texto, de forma directa e instantánea. Desde ese momento, el escrito empieza a recibir comentarios de otros visitantes destacando sus méritos o fallos y uno a debatir con ellos. Este intercambio es indefinido y pueden cruzarse innumerables puntos de vista para defender o criticar cada punto literario o extraliterario, hasta que el convencimiento o cansancio de alguno de ellos lo permita. Hay tres foros para este fin: El café literario, para el intercambio de temas y asuntos literarios. El puerto libre, donde se pueden insertar cuentos, leerlos y criticarlos. La Marina, espacio de Minificciones. Su formato sólo recibe textos de cerca de media cuartilla. Es uno de los foros más activos en cuanto a participación.
Su taller de minicuento creado en Julio de dos mil uno, en seis años de actividades continuas  ha recibido miles de minitextos, cuya extensión raramente ocupa la máxima destinada, durante casi cien concursos: Treinta y seis decenales de la primera y segunda etapa y sesenta concursos mensuales en los cinco años de la tercera etapa. Significan mil doscientos días de tallereo, con un promedio de quince minis recibidas por día, una estimación de ¡diez y ocho mil minis! Esto significa, como lo indicaba muy al inicio, un sinnúmero de pasiones mezcladas, encadenadas, instigadas de uno al otro, entre cientos de participantes: Escritores aprendices de la escritura del minicuento, decenas de talleristas[22] y jurados[23] que han otorgado, con agrado, su tiempo y conocimiento desinteresados.
Por fuera del foro, han sucedido también muchos felices sucesos que ostentar: Se han publicado un ciento de minificciones en La Jornada Semanal, suplemento dominical de uno de los diarios más prestigiados de México[24]. Algunos más en revistas literarias[25]. Han sido elegidos varios textos para antologías de minificción[26], y otros para artículos referentes al género[27]. El taller tiene el gozo de haber sido tema de un artículo de la Dra. Laura Pollastri: DEL PAPEL A LA RED: LUGARES DE LEGITIMACIÓN DE LA MINIFICCIÓN, ya citado con anterioridad. Algunos ficticianos publicaron libros en editoriales y otros, por su propio esfuerzo, en ediciones particulares, sin menoscabo de otros que tienen sus páginas en internet.
Todos estos logros no nos hacen olvidar que el primigenio interés, la razón de ser de la existencia del taller es que se difunda la escritura y lectura de la minificción.
El espíritu del taller además trata de promulgar:
  • Que la creación de un minicuento es fácil. Mas, como lo es también en otros ámbitos, escribir “minis” que posean calidad literaria no lo es.
  • Que es una forma de escribir, de transmitir lo que no puede ser expresado en una novela o en un cuento.
  • Que las minificciones no son poesía aunque en ocasiones lo parezca (Un maestro mexicano de cuento, el Prof. Rafael Antúnez, se refiere al cuento en general como la poesía más difícil, la más complicada, pues no recibe ayuda de la métrica ni de la rima, cada línea nace sola, sin la ayuda que le dan en la poesía, una línea a la siguiente, esas figuras retóricas).
  • Que el minicuento o minificción, es un texto breve que concentra intensidad y belleza.
  • Que se leen en un instante, se releen en un momento, y se reflexionan por mucho tiempo más.
  • Que éstas, son el resultado, en la mayor parte de los casos, de una idea que nace y se desarrolla mentalmente pues cuando se toma el lápiz o el teclado para escribirla, ya se tiene en la mente, la totalidad de la estructura de lo que se quiere narrar.
  • Que en la minifición lo básico es la acción, la cual se privilegia incluso a la presencia y detalles del protagonista, su entorno y tiempo.
  • Que es muy frecuente buscar un final sorpresivo, así el desenlace ocurra en lo absurdo o paradójico.
  • Que la brevedad de un minicuento no es el punto primordial de su calidad literaria,  y es resultado de podar lo superfluo, lo que no es necesario para transmitir la idea central del texto.
  • Y que ésta brevedad nace también del buen lector de minificciones, al evitar darle situaciones, datos, o acontecimientos que debe conocer. Ya que, a menudo, dice (callando) mucho más de lo que se les puede leer.
  • Que el trabajo de corrección es largo, y consiste en rectificar palabra por palabra. Que no existan accidentes gramaticales, más de los que uno intencionalmente coloque. Que no sobre ni falte una sola palabra y las que contenga estén perfectamente escritas y en el lugar debido.
  • Que leer un texto de autor desconocido y poder catalogarlo como obra literaria es cuestión de criterios, pero impera el conocimiento, en muchas ocasiones del sentimiento propio que se tenga para valorarlas.
Si hablamos de las ventajas que da el internet en la difusión del minicuento, diremos que son realmente muchas: En general, son páginas gratuitas. Algunas sólo requieren algún requisito de identidad (seudónimo  y dirección electrónica) para acceder a los espacios o foros especializados y serios de cuento. El formato propio del monitor de la computadora es otro de los puntos que favorecen la accesibilidad de leer una minificción a diferencia de lo que un cuento, y aún más, una novela requieren.
Para aprovechar estas ventajas, el participante debe tener el interés primordial (o a caso algo de curiosidad) de integrarse y leer un mundo de palabras ya escritas. Nos hemos percatado en el tiempo de existencia del taller, que el lector de minificciones, en general, también las escribe. Para él, residen las principales ventajas: la facilidad que tiene en mostrar sus textos, con inmediata retroalimentación de sus méritos y deméritos, aprovechando el cómodo anonimato que el medio ofrece.
CODA DE PASIONES.
 Digamos por último que la minificción es la gracia de la literatura. Edmundo Valades[28] 
 El taller sigue su ritmo. Cuando la muestra mensual del día 25 se ha cerrado, y aún antes de conocer algún veredicto; los días 26 de cada mes se lanza una nueva convocatoria con un nuevo jurado y un nuevo tema. Y la pasión no decae. El número de participantes y colaboraciones aumenta y se mantiene. El mundo de Ficticia y sus habitantes virtuales no reposa, pues mientras América duerme, Europa inunda el foro y en ambos sentidos, los noctámbulos coinciden con los concurrentes en vigilia.
Es éste, nuestro país, que Arreola (como lo esboza su Doxografía) debe haber conocido. Si acaso decides visitarlo y viajar entre los recovecos de su antología y de sus foros con seguridad lo encontrarás.
ANEXO: Cronograma mensual de las actividades del taller
Día 26 (del mes anterior): Se  publica Convocatoria: (Informa sobre: Jurado, Tema del mes, Calendario de Talleristas. Contenido del boletín Mensual.Actor: Coordinadora del taller. En la Bitácora de la Marina http://www.ficticia.com/bitacora.php.
Días 1° a 20° del mes: Tallereo en La Marina, espacio de Minificciones. (Cada día, un tallerista diferente, comenta  en forma individual, cada uno de los textos y selecciona alguno(s)Actores: 20 talleristas. Numero incierto de escritores participantes. (se reciben un promedio de 15  textos diariamente). En la Marina: http://www.ficticia.com/indicemarina.html.
Días 1° a 24° del mes:Tallereo interactivo: (Tallerista y autores de las minis seleccionadas trabajan los textos hasta su entera satisfacción) Actores:20 talleristas, y los autores de los textos seleccionados (un promedio de 40 al mes). En los correos electrónicos.
Día 25 del mes: Muestra mensual: (Los talleristas insertan en esta fecha, los textos seleccionados en su versión corregida y se envían al jurado mensual). Actores: 20 talleristas.En la Marina: http://www.ficticia.com/indicemarina.html.
Día último del mes (o poco tiempo después): Veredicto: (El Jurado mensual informa de los textos ganadores. Envía un breve comentario sobre los textos y el taller). Actor: Un jurado mensual (en ocasiones son varios personajes). En la Bitácora de la Marina http://www.ficticia.com/bitacora.php.
REFERENCIAS
[1] ZAVALA, Lauro. En: Seis propuestas para la minificción. La jornada Semanal, 15-Agosto-1999.
[2] “Hablar de las pasiones es, ciertamente, algo muy complicado. Primero porque son pasiones, luego porque son propias y, por ello, desearíamos que hechizaran al resto del mundo tanto como nos hechizan a nosotros. La Marina (de Ficticia) es… ¿Qué es La Marina? Una factoría de cuentos minúsculos, un  taller de reparaciones de los susodichos minicuentos, un reto para quienes escriben en ella, otro aún mayor para los operarios que leen y ajustan letras ajenas, un titipuchal de trabajo y dos de ganas de verla crecer. También es un concurso y, sobre todo, una pasión. Nuestra pasión”. VIDAL, Nélida (tallerista) correspondencia privada con la autora.  e-mail recibido en junio de 2003.
[3] ZAVALA, Lauro. El cuento ultracorto bajo el microscopio. Tomado de www.Literaturas.com en su edición Enero 2002.
[4] M. Koch, Dolores. Japón y el micro-relato hispanoamericano. Proporcionado por la autora en e-mail Marzo de 2002.
[5] Yu Honma. El micro-relato hispanoamericano y el cho-tanpen japonés. Artículo proporcionado por la Dra. Koch por e-mail Marzo de 2002.
[6] LORENZANO, Sandra. Sobre la Minificicción y  Lauro Zavala ¿Qué les puedo decir? Tomado  de Literaturas.com en su monografía sobre minificción.
[7] VALADES, Edmundo. Ronda por el cuento brevísimo. EL CUENTO, Revista de Imaginación. No. 119-120 Julio-Diciembre 1991. Resaltado del autor.
[8]“El régimen literario, filosófico y místico de Ficticia es teocrático, pues la fundación e historiografía de la ciudad depende de un sólo dios, el que todo lo lee…”.  Constitución de www.ficticia.com.
[9] “Ficticia, asimismo, por tratarse de una teocracia y por ser su dios «un buen dios» (las connotaciones éticas de la frase se podrán discutir después), no como todos aquellos que han pululado a lo largo de los siglos, no tiene por principio ningún afán de lucro, ideología totalizadora o censura en términos morales”. Constitución de www.ficticia.com
[10] http://www.ficticia.com/indicemarina.html .
[11] POLLASTRI, Laura. DEL PAPEL A LA RED: LUGARES DE LEGITIMACIÓN DE LA MINIFICCIÓN.   Artículo proporcionado por la autora. E mail. Febrero 2004.
[12] MONSREAL, Agustín. NAVEGANTES SOMOS Y EN LA MAR DEL CUENTO ANDAMOS. Proporcionado por el autor. e-mail Enero de 2004.
[13] PEDRAZA, Alfonso. En astillero (archivos de la Marina) de Julio de 2001.
[14] La extensión máxima de los mini textos, como supondrá, es arbitraria, y para el foro se consideró un espacio máximo de 1400 caracteres.
[15] ALVARADO, Díaz Héctor. Del cuento y su escritura. (Ponencia presentada en el homenaje que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 1989 rindió al escritor Edmundo Valadés.) Apareció en “El Cuento. Revista de imaginación” No. 117. Enero-Marzo de 1991.
[16] Se enviaron un total de 34 artículos en igual número de concursos de la primera y segunda etapa del taller.
[17] OTXOA, Julia. Algunas notas sobre mis textos breves. Proporcionado por la propia autora. Recibido por e-mail. Enero de 2003
[18] Inicia el día 12 de enero de 2002 con el XVIII concurso.
[19] RULFO, Juan. Una verdad aparente. Apareció en la revista “El centauro”, de Morelia. Tomado en El cuento. Revista de imaginación. Nº 113. Enero-Marzo de 1990
[20] Idem.
[21] Yu Honma. Manifiesto del Cho-Tanpen. El micro-relato hispanoamericano y el cho-tanpen japonés.  Traducción de Tetsuyuki Ando.
[22] Aparecen en orden de antigüedad: Miriam Chepsy, Amélie Olaiz, Conchita, Jaime Mesa, Luis Torregosa, Carmen Simón, Carlos Gracia Traín, Nélida Vidal, Carlos de Bella, Alejandro Sansores Cambranis, Fabián Piñeiro, Federico Jiménez, Fernando Pérez Cárdenas, PilaR, Álvaro Barragán García, Ítzel Saucedo, Lobo, Jorge Pardo, Rodolfo J.M., Sergio L. Patiño, José T. Espinoza-Jácome, Juan Manuel Martínez del Campo, Luis Fernando Morales, Rowena Rizo Patrón, Carlos Zugasti, Rubén Pesquera Roa, Roxana Villareal, Ana Berandelli, Manuel González, Jorge Oropeza, Eliana Vázquez Colichón, Letra, Melba Alfaro, Lucía Casas Rey, Paca, José Luis Sandín, María Luisa Girondo, Verónica Mendoza, Simitrio Quezada, Raquel Castro Maldonado, Alfonso Pedraza, Gaby Gutiérrez, Ricardo Robles, Manuel González, Wapanna, Joseph M. Nuévalos, Marcial Fernández, Luis Bernardo Pérez, Adriana Barraza, Lola Díaz, Eréndira Herrera, Ángela Cecilia Espinosa Lebsack, D_Poe, Rioarriba, Santiago Ruiz Velasco, Alana Gómez, La Maga, Paola Cescon.
[23] Los jurados aparecen en orden inverso, y con su fecha de deliberación: Ricardo Sumalavia Chávez  30/06/07, Javier García-Galiano  30/05/07, Armando González Torres  30/04/07, Eusebio Ruvalcaba  30/03/07, Silvia Pratt  30/02/07, Carlos Robles Cruz  30/01/07, La porra de ficticia  30/12/06, Javier Perucho  30/11/06, Sandro Cohen  30/10/06, Alberto Chimal 30/09/06, Tripulación de la Marina  30/08/06, Eraclio Zepeda  30/07/06, Alberto Vital Díaz  30/06/06, Leo Eduardo Mendoza 30/05/06, Gerardo de la Torre  30/04/06, Nana Rodríguez  30/03/06, Juan Ramón Vélez  30/02/06, Francisco Prieto  30/01/06, La porra de ficticia  30/12/05, Mauricio Carrera 30/11/05, Gerardo Cornejo Murrieta  30/10/05, Alana Gómez  30/09/05, La risa de la hiena. Revista de corte campechano. 30/08/05, Cónclave de Ficticia (Marcial Fernández, Raúl José Santos, Diego García del Gállego y Mónica Villa) 30/07/05, Gilberto Prado Galán  30/06/05, Luis Tovar  30/05/05, Alfonso Pedraza Pérez, 30/04/05, Silvia Martínez, Carranza de Delucchi  30/03/05, Nomi Pendzik y Marcelo di Marco  30/02/05, Paulino Sabugal M  30/01/05, La Porra de ficticia 30/12/04, Marcial Fernández  30/11/04, Ana María Shua  30/10/04, David Gutiérrez Fuentes  30/09/04, Ana Guillot  30/08/04, Raúl Brasca, Alberto Chimal, Luis Felipe Hernández, Ana María Shua, Lauro Zavala. 30/07/04, Ana Clavel  30/06/04, Guillermo Samperio 30/05/04, Roberto Peredo  30/04/04, Libroadictos.com  30/03/04, Laura Pollastri 30/02/04, Agustín Monsreal 30/01/04, La porra de La marina 30/12/03, Taller de motivación a la escritura 30/11/03,  Jorge Gómez Jiménez  30/10/03, Leo Eduardo Mendoza  30/09/03, José de Piérola  30/08/03, Rosa Nissan y el Taller de Elena Poniatowska  30/07/03, José Ignacio Fernández y Luis García (Literaturas.com) 30/06/03, Rafael Antúnez  30/05/03, Francisca Noguerol  30/04/03, Oscar de la  Borbolla  30/03/03, Luis Arturo Ramos  30/02/03, Julia Otxoa  30/01/03, Javier Perucho 30/12/02, Violeta Rojo  30/11/02 , Ana María Shua  30/10/02, Enrique Jaramillo Leví  30/09/02, René Avilés Fabila  30/07/02, Pilar Tejero 02/07/02, Byeong-Sun Song 22/06/02, Pampa Olga Aran 12/06/02, Aglaia 02/06/02,Carlos de Bella 22/05/02,  Henry González Martínez 12/05/02, 40 Niños de Secundaria 30/04/02, Raúl Brasca 22/04/02, Eduardo Olivares 12/04/02, Jaime Mesa 02/04/02, Dolores M. Koch 22/03/02, Álvaro Barragán 12/03/02, Luis Felipe Hernández 02/03/02, Marcos Leija 12/02/02, José Luis Martínez Morales 02/02/02, Melba Alfaro 22/01/02, Lauro Zavala 12/01/02, Federico Schaffler 22/12/02,  Carmen Simón 12/12/02, Alberto Chimal 02/11/01, Itzel Saucedo 22/11/01, Luis Felipe Hernández 12/11/01, Guillermo Vega Zaragoza  02/11/01, Rodolfo Jiménez Morales 22/10/01, Aglaia 12/10/01, Luis Torregrosa 02/10/01, Amèlie Olaiz – Dakiny 22/09/01, Eduardo Olivares 12/09/01, Carlos de Bella 02/09/01.Christopher Nole –Pornole 22/08/01, Jorge Oropeza 12/08/01, Fabian Piñeyro Yerbabuena 01/08/01, Lola Díaz 22/07/01, Marcial Fernández 12/07/01.
[24] http://www.jornada.unam.mx/2004/09/19/sem-cara.html.
[25] El Universo del búho http://www.reneavilesfabila.com.mx/universodeelbuho/38/38ficticia.htm y La risa de la hiena. Revista literaria de corte Campechano.
[26] Raúl Brasca. Textículos bestiales. Cuentos brevísimos de animales reales e imaginarios.
[27] M. KOCH, Dolores. Microrrelatos: Doce recursos más para hacernos sonreír. http://cuentoenred.xoc.uam.mx/cer/numeros/no_14/pdf/4%20Koch.pdf.
[28] VALADES, Edmundo. RONDA POR EL CUENTO BREVISIMO. Apareció en EL CUENTO, Revista de Imaginación. No. 119-120 Julio-Diciembre 1991.
ficticia

La flor de Luis Torregrosa

Habían pasado solo dos días desde que la yema del índice de su mano derecha sangró por culpa de una espina del rosal, cuando de la herida comenzó a brotar un hombre nuevo. Primero los cambios se extendieron por los brazos hasta llegar a los hombros y luego se apoderaron de su cabeza, dejándose caer más tarde por el resto de su cuerpo. Todo en él se convirtió en suave terciopelo, fragancia de aromas sutiles y tonos vivos, chillones como el sol luminoso del verano. Al explotar la floración creyó reventar en un oleaje de dichas. Pero sólo fue un suspiro pues pronto llegó el jardinero y lo decapitó.

tarde de verano emil nolde

Emil Nolde. Tarde de verano

http://www.ficticia.com

Juan josé Arreola a cien años de su nacimiento

«Nos veremos en el infierno» me dijo ella en broma antes de apretar el gatillo, y aquí estoy todavía esperando.

infierno Adolf hiremy

Adolf Hiremy

En el insomnio de Virgilio Piñera

El hombre se acuesta temprano. No puede concilia el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta, Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tilo y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A la seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre está muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.

Pio cesar Robla

Pio Cesar robla A.

  • Tomada de Fb

El diablo y yo de Óscar de la borbolla

Hace muchos años publiqué este texto: Mi pacto con el diablo, y un amigo facebookero, Eduardo Manilla me lo a traído a la memoria. Creo que lo sigo suscribiendo del todo, así que lo ofrezco aquí para quien quiera leerlo:
Mi pacto con el diablo
Cuando el diablo abrió la puerta me encontró sindicalizado. Estaba dispuesto, sí, a vender mi alma, pero las condiciones actuales de mi vida me habían arrebatado lo romántico; ya no quería un instante al cual gritarle detente, ni una segunda juventud: sabía que a los jóvenes no les aguarda más que el desempleo y un futuro de hambrunas; tampoco quería una Margarita que inevitablemente, tras el delirio de unos meses de amor, terminaría por despertar ajada y con el aliento rancio de las flores que se marchitan en el vaso de agua de la vida doméstica. Se lo dije y el diablo que retrocedió espantado como si tuviese delante un crucifijo kriptonita; se lo dije con el desparpajo insolente de un alumno de prepa y él, acostumbrado a otras épocas, se turbó y perdió terreno.
Tiéntame, lo inste, tiéntame con algo que valga la pena… El diablo echo mano de su caduco repertorio de ofertas; pero recibí cada proposición con una carcajada y el Diablo con el rabo entre las piernas poco a poco fue achicandose, sintiéndose un pobre diablo. Intento recuperarse actualizando sus propuestas; me ofreció dólares, muchos dólares, pero no me hacia ilusión el número intangible de una cuenta bancaria en el extranjero; me ofreció mujeres, mujeres hermosas, pero el sida había vuelto indeseable el deseo; me propuso el poder, pero me imagine haciendo promesas de campaña y me dio asco; me ofreció viajes alrededor del mundo, pero recordé los secuestros y los atentados en las terminales aéreas; me ofreció la inmortalidad, pero me vi sobreviviente de una guerra nuclear caminando bajo un cielo opaco y respirando seres humanos hechos polvo, me ofreció cada cosa atractiva y luego todas juntas, pero en cada posibilidad halle la tufarada de lo putrefacto, la cojera desgarbada de desastre. 
Desesperado, el diablo me pregunto: Entonces, ¿qué demonios quieres? Y yo echando la cabeza hacia atrás, respire profundamente y dije: !Quiero la venganza¡

diablito

 

Tomado de Fb

El mito de Acteón y la inmunidad*

 

La diosa Ártemis-Diana es la protectora de la caza, su actividad habitual. En este cometido recorría bosques y montes acompañada de su séquito de ninfas. Cuando estaban cansadas y sudorosas tras el ejercicio solían descansar en las orillas de remansos de los ríos o fuentes rumorosas y aprovechaban para tomar un baño. Las diosas eran muy celosas de su intimidad y no podían ser vistas en su desnudez por ningún mortal so pena de arrostrar el castigo correspondiente.
Esto le ocurrió a Acteón, un joven de la familia real de Tebas, educado por el centauro Quirón, que practicando un día en el monte Citerón su actividad favorita, la caza, encaminó involuntariamente sus pasos hasta el lugar donde la diosa y sus ninfas tomaban un baño. El joven no se retiró sino que se quedó contemplando la escena con sus mortales ojos, extasiado ante la visión de la belleza de la diosa.
Ártemis, irritada al sentirse observada, lo castiga duramente: lo convierte en un ciervo y excita contra él a los perros que integraban su jauría. Acteón conserva su consciencia humana e intenta hablar con los perros que no lo reconocen y se abalanzan sobre él, desoyendo los sonidos lastimeros que el ciervo emitía en su deseo de que lo reconocieran. Luego buscan desesperados a su amo por todo el bosque hasta llegar a la cueva donde habitaba Quirón quien, para consolarlos, modeló una estatua a imagen de Acteón y se la mostró.

DIANA CAZADORA

*Especialmente feliz me parece la cita del mito de Acteón, rey de Tebas, devorado por sus canes instigados por la rencorosa Diana ¿mediante la incapacidad para reconocer a su amo? o ¿porque la diosa le recubrió con una piel de ciervo y los perros engañados desviaron hacia él su agresividad? Precisamente en esta disyuntiva se encuentran las dudas actuales para explicar la interrelación antígeno-anticuerpo y la falta de reconocimiento de los antígenos mielínicos propios (Acteón) por el sistema inmunitario pervertido (los perros).

Nunca se ha explicado con más elegancia literaria el conflicto inmunológico en la esclerosis múltiple. Prof. Eduardo Varela de Seijas

http://medcomunitaria.zoomblog.com/cat/8661

 

Se renta media cama…

poema musical e intimo. me gusta

Avatar de LetrologíasLetrologías

A quien le interese, se renta media cama.

Condiciones:

Ver el aleteo de mariposa de los ojos al despertar,

aceptar tener un juego entre sabanas,

una complicidad en las caricias,

sentir el calor de los versos sobre la piel,

media cama para quien disfrute del desvelo

y la compañía de libros sobre ella.

Se renta media cama…

para quien acepte un café al dormir

y un poema al despertar,

que sepa abrazar una fría espalda

y juegue con unos pequeños senos,

que desayune caricias y beba lágrimas de menta.

Se renta media almohada,

para quien quiera compartir sueños,

media almohada para escuchar pensamientos,

para quien acepte enredos mañaneros de cabello

y sueñe con pasear trigales al anochecer,

para quien proteja la frialdad de un cuarto…

Se renta media cama

Paola Andrea Hernández González.

img_20180918_182510-768408377.jpg

Nacida en Facatativá – Cundinamarca, en 1998, participante en distintos recitales como “ojo en la tinta…

Ver la entrada original 69 palabras más

La trama de Penélope de Paula Cescón

Luego de dos largas décadas de ausencia, se le ocurre aparecer justo ahora cuando ella, rendida de soledad, se enamoró perdidamente de una de sus sirvientas, la dulce joven que con cuerpo seductor como canto de sirena, supo levantarle el velo y transformar en miel tanto infortunio. ¡Maldito el momento en que juró a Ulises fidelidad eterna!
Es hora de conjugar juramentos. Pero, ¿cómo? Si el deseo ya ancló en la más deliciosa y húmeda de las bahías. Y su bahía, se llama Agneta.
Ulises se encuentra con una esposa distante, la cual alegando un shock provocado por las circunstancias, implora tiempo para el encuentro carnal.
El tiempo preciso para terminar otro sudario que, con alevosía, cuatro suaves manos ya comenzaron a tejer.

penelope alex alemani

Alex Alemani

La ausencia de Aurelia Esteves

Me dice que yo siempre tengo seis años porque es la edad en la que morí. No sabe que sólo existo porque ella me convoca cada noche, agarrada a la foto de un niño. Yo la visito para que sus lágrimas tengan nombre. Nunca le diré que no soy su muerto. Sé que me necesita más que mi propia familia, cuatro casas a la izquierda.

blanco y negro niño