Venganza de Ana María Caillet Bois


—Te lo advertí, soy una mujer muy celosa.
—Me enamoré perdidamente de Manuela, no puedo vivir sin
ella.
—Yo no puedo vivir sin vos.
Lentamente, Francisca fue levantando una a una las maderas del
piso, alzó la cabeza, miró a Alexis y vio el espanto dibujado en la cara
del hombre cuando lo dejó caer al vacío rumbo a la nada.

Ana María Caillet Bois. Escritora Argentina Vive en
Córdoba Capital. Ganadora de varios premios entre ellos el Premio
Municipalidad de Córdoba paras Autores Inéditos 2003. En el año
2007 presentó el libro Café para Dos junto al escritor Gilberto Grillo
que cuenta con el beneplácito de La Legislatura de la Provincia de
Córdoba y en el año 2011 presentó el libro Pequeñas Historias, editado
por Editorial Argos, Córdoba
.

Si te reclaman por tus celos, recuérdales a esta mujer que golpeó ...

El malentendido de Mónica Brasca

Las instrucciones eran precisas: la casa debía estar siempre reluciente y con todo en su lugar.
Eso fue lo que Rogelia trató de explicar cuando le tomaron declaración.Pero no encontró las palabras. O no le creyeron que fue por cumplir con su trabajo que se apuró a limpiar la sangre del sofá recién tapizado y a echar a la basura los papeles rotos, desparramados en el piso. Que le sacó el revólver de la mano a la señora, lo puso sobre la mesita de mármol, y recién después de que el living estuvo limpio llamó al señor. Porque a la patrona no le hubiera gustado que la encontraran así, sucia, tirada en el suelo en medio del desorden.

Los policías hablaron de escena del crimen alterada, de huellas dactilares en el arma homicida.
El marido dijo que no existían motivos para que su mujer hiciera algo semejante.
El abogado aseguró que Rogelia sí los tenía.

Por eso ahora está presa. Ocho años —dictaminó el juez— que pueden ser menos por buena conducta.
Pero si ella se portaba bien… Ella tenía todo siempre impecable.

Señora De La Limpieza En El Pasillo Del Hotel Con El Aspirador ...

Mónica Brasca. Nació en Rafaela, Santa Fe, Argentina,
en 1957. Es cuentista y traductora de inglés y portugués. Sus
minificciones han obtenido premios e integran antologías nacionales e
internacionales. Desde 2012 participa en el taller Marina, de Ficticia,
dirigido por el escritor mexicano Alfonso Pedraza. Tiene inédito el
libro de cuentos El camino de regreso. Actualmente vive en la ciudad de
Santa Fe


O dispara usted o disparo yo. Brevillia.

Antes de la merienda de Bee Borjas


Después de calzarse las botas de cuero, se miró en el espejo del baño de damas y enfiló hacia la salida del bar. La garúa le mojaba el cabello que se empecinaba en pegársele en la cara. Observó el reloj de
la Torre de los Ingleses y confirmó que faltaban 5 minutos para las 6 de la tarde. Recorrió el trayecto final con esa fría calma que le helaba el corazón y le anestesiaba la conciencia.
Giró en la segunda esquina y entró en un viejo edificio que conservaba la fachada de mármol antiguo. Subió los dos pisos trepando ágilmente por las escaleras. No fue difícil encontrar la oficina del Jefe del Sector. Golpeó el vidrio de la puerta una sola una vez.
—¡Pase!
El hombre que le ordenó entrar ni siquiera le dirigió la mirada. Hablaba por teléfono, engullía unos bizcochos y no dejaba de pegarle frenéticas caladas a un cigarro de filtro negro. Cortó la comunicación.
Entonces la miró por primera vez.
—No es personal —siseó ligeramente.
La bala le atravesó el corazón. Fue un disparo limpio y certero. En el viejo despacho sólo se escuchaba de fondo el relato de un partido de fútbol de segunda división.
Ya estaba en la calle cuando el celular vibró dentro del bolsillo de la chaqueta. Tenía un mensaje de texto. Arrojó la peluca negra dentro de un cesto de basura y corrió hasta la parada del ómnibus. Su
hijo había regresado de la escuela y la estaba esperando para tomar la merienda.

Burócratas mexicanos, los que pasan más tiempo en la oficina

Bee Borjas Buenos Aires, 25 de Marzo de 1966.
Diseñadora gráfica y escritora. Publicó sus primeros relatos en 2009 en
la plataforma digital Liibook.com A partir del año 2010 desarrolló su
propio blog de literatura. Colaboró con varias revistas digitales y
participó de dos antologías de cuentos: Lo mejor de Para cuentos 2013
(Edición Argentina) y Microesferas (Edición española).
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El microdecamerón: El encierro de Elena Casero Viana

Suelo despertar con el canto de los mirlos. Este pájaro, como si fuera un contratenor, enlaza estrofa tras estrofa, breves y variadas. Tiene un tono melancólico. Es un pájaro madrugador. Él más que yo, que me dejo llevar indolente entre los últimos resquicios de los sueños. Este constante canto me relaja, siempre lo ha hecho, aunque ahora lo necesito más, en estos momentos en que es tan necesaria la paz. Ahora que confinarse supone encerrarse consigo mismo. En ese silencio interno mientras nos escuchamos el pulso, el bombeo del corazón. Imaginamos la sangre haciendo el circuito por nuestro cuerpo, las neuronas emitiendo chispazos en nuestro cerebro cuando leemos, cuando escuchamos las noticias, las tranquilizadoras, que son mínimas, o las extremistas, los gritos y las alarmas. El miedo, siempre a las puertas de la mente. Lo más difícil es escuchar la mudez de los pensamientos. Es, entonces, cuando pienso en un mirlo blanco.

Origen de las expresiones: Origen de la expresión "Ser un mirlo ...

Aldo Altamirano: Asuntos pendientes

Mientras conducía, la fortuna de tener la familia que lo acompañaba en la dura profesión elegida le ocupaba el pensamiento.Clara era una mujer encantadora; hacía 18 años que estaban casados y habían concebido a tres hermosos hijos. Ámbar, la primogénita, había heredado la belleza de la madre y la templanza del padre; en sus dulces 16 años había recibido un anillo con un fino detalle de diamantes que enaltecía sutilmente su belleza. Franco, con 14 años ya lucía una contextura física similar a la de su padre y sus dotes deportivas sobresalían de sus pares. Y la pequeña Abril de 4 años que, con sus ojos azabaches y su amplia sonrisa, embelesaba la vida familiar desde su nacimiento.Al llegar al lugar, se aseguró que todos los protocolos de preservación de la escena del crimen se hubieran cumplido. Organizó al personal policial de manera estratégica y circundó con su presencia el predio con el profesionalismo que lo caracterizaba. Al acercarse al bulto cubierto de mantas, el reflejo de un pequeño anillo de diamantes le encandiló la vista.

Crimen del adolescente: su familia insiste en que no fue a robar ...

De la antología «o dispara usted o disparo yo» Selección de Lilian Elphick

 

Hablemos de distancia Adriana Azucena Rodríguez del Microdecamerón

Hablemos de distancia. En los momentos difíciles, se impone; en la amistad, se tolera; en familia, se extraña; en la pobreza, es un imposible; en soledad, pasa desapercibida. Sólo el amor cree que es una herida postergada.

Del microdecámeron

Imaginaria Fabián Vique

 

La tropa duerme. Sus sueños obscenos fornican entre las sábanas. Yo camino entre las camas, elijo a la soñada más bella, salimos del cuartel y hacemos el amor como se debe: en privado y a la luz

El sorprendente significado de los sueños eróticos: van más allá ...

Micros argentinos. Edición Clara Obligado

Cuarentena José Manuel Dorrego, del microdecamerón

Hoy han precintado el circo, ya es oficial. Que estamos en cuarentena, dice un papel con sello de no sé qué Ministerio que han traído dos tipos de la Autoridad con aspecto inquietante. —Hasta nueva orden—, ha recalcado entre dientes el más alto de los dos mientras se cambiaba el palillo de un extremo al otro de la boca. Y ha añadido: —No entra ni sale nadie hasta nueva orden: les mantendremos informados. Por fin, se han despedido con un indeterminado y mantengan las distancias, sin mayor precisión. Como director del circo, es mi obligación hacer que no cunda el pánico. Nosotros no tenemos inconveniente en recluirnos, aunque echaremos de menos, eso sí, el sol y esas caras de fascinación con las que nos reciben cada vez que llegamos a la ciudad. Lo malo es que nos han dejado confinados con un centenar de espectadores que ya habían pagado la entrada y estaban ocupando sus asientos. Convivir con el público no estaba en nuestros planes. Y supongo que tampoco en los de ellos. No creo que ni ellos ni nosotros estemos preparados para coexistir demasiado tiempo. El público paga para que les sorprendamos, no para compartir nuestras miserias.

La situación crítica de un circo varado en cuarentena: son 80 ...

Traspatio María Cristina Ramos Guzmán


Estoy sentada en el umbral esperando que vuelva mi madre. Siento esta larga sed. Pasa un hombre vendiendo naranjas y nadie compra una para mí. Estoy sentada en el umbral, soportando el peso de mis útiles y la tirantez del guardapolvo. He traído el patio de la escuela pegado en los zapatos. Estoy sentada en el patio de la escuela esperando que vuelva mi madre. Se oye chirriar el columpio y ha de ser el viento el que se hamaca. Pasa una niña sola con una naranja.Estoy sentada en la sombra de mi casa esperan- do que vuelva mi madre. El tiempo ha carcomido la memoria de los árboles. El viento de la escuela se ha llevado mis lápices. Hay unos zapatos casados con el silencio en el traspatio de la memoria. Estoy esperando que vuelva, y nadie pasa.

Foto de Casa Tlaquepaque Hotel-Galeria: Una niña indígena sentada ...

Ficciones argentinas, compilación de Clara Obligado.

 

Segundo tomo Ana María Mopty de Kiorcheff

Cuando vuelvas de tus aventuras o desventuras, te acudirán los amigos desconsolados. Son pocos. Fingirás la ilusión de salir a acometer de nuevo y, tras los golpes, regresarás a un lugar de La Mancha. La resignada pérdida de locura va quitándote la vida, aunque persistes en evocar un rostro, unos ca-bellos de mujer, un nombre, para pronunciarlo antes de que te alcancen la fatal cordura y la muerte.

Sancho Panza - Wikipedia, la enciclopedia libre

Micros argentinos. Selección de Clara Obligado

La suela y el cielo Diego Golombek

 

Llevo un insecto estampado en la suela de mi zapato. Se atravesó en mi camino, y lo sepultaron mis pasos. Vive aún: escucho sus latidos, sus aleteos. Piso toda la ciudad con mi insecto a cuestas, recorro las calles, entro en los mercados, camino por las azoteas y los zaguanes. A veces me parece que todo mi recorrido no es sino un largo mensaje. Tal vez pueda leerse mi escritura caminante, tal vez las nubes sean testigo de los periplos de mi insecto y yo. Tal vez desde lo alto pueda leerse: llevo una suela de za-
pato encima de mi cuerpo.

Imagenes Gratis, Hombre caminando en la ciudad, hombre, caminando ...

Microficción argentina. Antología,  responsable, Clara Obligado.

Cerradura Diego Golombek

 

Hubieran hecho una pareja perfecta. Ella tiene la llave que abre los cerrojos; él la que solo sirve para cerrar. Pero quedaron cada uno del lado equivoca-do de la puerta.

Mi cajón de Imágenes: abriendo la puerta

Ficciones argentinas compilación de Clara Obligado.

Ruptura de José Antonio Ayala

-¡Sinvergüenza! -me dijo.
Era un gran avance. Mi futuro suegro nunca me había dirigido la palabra hasta ese momento. Pero cuando entró en el salón de su casa y vio a su hija con la falda remangada casi por completo y con los dos pechos al aire, pensó lo peor y me lanzó el insulto antedicho. Yo, la verdad, no sabía lo que hacer ni lo que decir. No se me ocurría ninguna excusa, como que estaba revisándole un hematoma o algo parecido. Entonces dije lo primero que se me vino a la cabeza. Dije: «quiero a su hija y deseo casarme con ella y que sea mía».
Yo, en realidad, ni la quería ni la dejaba de querer, pero pensaba que le debía esta reparación aunque, al hacerla, hipotecara mi vida. Mi futura suegra, que entró en ese momento en la estancia, aprovechó la coyuntura y me dijo que contaba con su bendición si era formal y responsable con su hija. Pero, mi futuro suegro seguía sin apearse del burro. -¿Este formal y responsable? .dijo-. Éste lo que es es un indeseable.
Hubiera podido convencerlo; soy bastante persuasivo y la hija no tenía tantos pretendientes. Pero pensé en qué era lo que podía causarle más daño y creí que serían las recriminaciones de la madre y de la hija (no sé por cuanto tiempo) por no haberme cogido la palabra. Se imponía, pues, una ruptura sin paliativos.
-Es usted un hijo de puta que ha truncado mi futuro -dije-. Y salí orgullosamente de la casa para no volver más.

Pareja besándose en el sofá en casa Foto & Imagen De Stock ...

MicroDecamerón 11 Heladero Carmen de la Rosa

Todas deseamos dormir con Giacomo, abrigadas con sus largas rastas rubias. Todas deseamos derretirnos entre sus brazos, que nos bata las caderas y riegue nuestros pechos con sorbete de limón al cava. Que nos cubra la piel con besos de cereza, vainilla y maracuyá, que sus manos nos hagan crujir como barquillos y su lengua de sirope nos endulce la boca. Y mientras lo deseamos él nos refresca con el azul iceberg de sus ojos y sonríe con sus dientes blancos como la nata montada. Entonces le pedimos un par de helados de fruta de la pasión, otros de higos de leche, uno más, de papaya. Suspiramos cuando él entierra la cuchara en las tarrinas y rellena voluptuosamente los cucuruchos. Nos estremecemos al roce de sus dedos cuando nos devuelve el cambio. No nos importa que él también nos desee a nosotras, de una en una o a todas a la vez. Nunca le pedimos a Giacomo helado de celos.

Tomado de: MicroDecamerón
Setecientos años después

Coordinadora Paola Tena

Reencarnación del sábado noche por María Jesús Lavado Jimenez

La fiesta era tan loca, el ponche suministrado tan sublime y efectivo, que llegada cierta hora, nadie consiguió recordar si era ángel o demonio. No hubo forma de distinguir entre querubines ataviados con cuernos de plástico y rabos de fieltro, y súcubos envueltos en lino blanco con encantadoras alas de vulgar algodón. El caso es que, al ritmo de una desquiciante música ultramoderna, una legión de criaturas sobrenaturales danzó poseída la última canción del baile de máscaras, celebrado en algún punto intermedio entre el cielo y el infierno. Después de la monumental juerga, tras abundantes plegarias diabólicas y no pocas cópulas celestiales, todos partieron, ebrios e indecisos, sin tener muy claro a qué bando pertenecían ni hacia dónde dirigir sus pasos. No obstante, de una forma u otra casi todos encontraron un cálido vientre materno donde alojarse y nacer al día siguiente, sin saber muy bien quiénes eran, con una horrible resaca, pero con el propósito firme de empezar de cero.

Santos Arcángeles: 8 datos que tal vez no conocías