Marianito

Diana Baláustegui

A Marianito le gustaba invitar a sus amiguitos a dormir.
Siempre llevaba papitas, gaseosas y películas de terror a la pieza, y cuando ellos se encontraban en un estado inicial de pánico, apagaba las luces y aullaba desde distintos puntos del cuarto. Marianito sentía una fascinación morbosa por verlos aterrados, era algo que estaba más allá de su comprensión. Sus padres casi nunca estaban, y las niñeras que solían transitar por su casa, le gritaban cuando tenían que socorrer a sus ocasionales compañeros de piyamada tras encontrarlos pálidos y temblorosos en medio de una crisis de llanto.
Marianito fue espaciando sus viernes de películas porque ya no tenía amiguitos dispuestos a ser traumatizados. En un par de ocasiones intentó hacer lo mismo con sus niñeras pero una de ellas, en una crisis de histeria, le golpeó el rostro de manera brutal y cuando sus padres descubrieron el hematoma se molestaron con él. No lo intentó más.
Después de un mes sin sesiones de terror, fijó su atención en la niña pálida que ayudaba a su madre en la atención de una verdulería en la esquina de su casa.
No le costó trabajo acercársele, siempre invitaba amigos varones pero imaginó que no habría obstáculos en llevar a una niña, un viernes a la noche.
Cuando se lo mencionó a sus padres se lo negaron rotundamente así que comenzó a idear la manera de asustarla… sin llevarla a dormir antes.
Cada mañana durante un mes, acompañó a sus niñeras hasta la verdulería y fraguo lenta y serenamente una buena amistad con la niña.
Se llamaba Rosita, tenía 10 años igual que él, odiaba la escuela igual que él, sentía antipatía por las comidas con acelga igual que él y… odiaba las películas de terror porque le causaban miedo.
Este detalle casi le provoca una erección y se sintió un tanto incómodo con eso.
Una noche se escapó de la niñera y se fue a conversar con ella. Eran las diez. La madre de la niña los vio sentados en la vereda y los dejó pasar el rato. Cerró la verdulería y entró dejando a la parejita, conversando debajo de un árbol.
Marianito le contaba historias de terror a Rosita y ella escuchaba atenta, con las manitas crispadas sobre la pollera. Bajo la luz de la luna se la notaba pálida y temblorosa.
Le contó que en noches como esa se escuchaban aullidos en el fondo de su casa y que sus padres se negaban a creer que algo vivía entre los limoneros y naranjos de su patio.
-Pedí permiso y vamos un rato a mi casa para que te muestre de donde vienen los ruidos.- propuso Marianito y Rosita lo miró un instante con el rostro blanco del susto, antes de entrar a preguntar si podía ir. Cuando salió cinco minutos después se la notaba nerviosa.
Entraron a la casa por el costado para que su niñera no se diera cuenta de que había huido hacía un buen rato. A tientas, en la oscuridad, se llegaron hasta el primer naranjo donde el niño escondía una linterna. El haz de luz iluminó poco. Había casi diez árboles cargados de frutos. Marianito señaló una zona oscura en el rincón izquierdo de la pared perimetral y le iluminó el rostro para mirarla.
-Ahí es donde se escuchan los aullidos, primero se sienten arañazos en la pared y después el llanto. Mi niñera cree que puede ser un perro, pero ninguno de mis vecinos tiene mascotas.
Rosita estaba agitada y tenía los ojos cubiertos de lágrimas.
-Vamos a ver que hay -instó Marianito tironeándola del brazo. La niña emitió un pequeño quejido.
-No- le dijo suavemente casi al borde del llanto.
-Vamos- volvió a insistir y esta vez le tomó de la mano obligándola a seguirlo.
Caminaron despacio hasta que quedaron a unos metros de la esquina oscura.
Se sintió el ruido de la cadena antes de que un perro enorme y negro casi les saltara encima ladrándoles.
Rosita pegó un alarido y Marianito retrocedió chillando fascinado.
El perro movía la cola feliz mientras ladraba.
El niño se dio media vuelta y la buscó. Ella estaba parada junto a un naranjo, apoyando la espalda en el tronco, con las manos adheridas a su vestido y el rostro casi azulado por el pánico.
Marianito se tomó de la panza y comenzó a reír a grandes carcajadas.
Rosita hiperventilaba.
Se dio cuenta de que a su amiga le pasaba algo extraño cuando un silbido comenzó a salir de su pechito mientras la caja torácica subía y bajaba de manera alarmante.
-Eh!- le gritó tratando de quitarle dramatismo a la situación y se le acercó.
Ella estaba con los ojos casi fuera de las órbitas, estática, intentando respirar.
-Rosita- le dijo él y le apoyó la mano en el hombro.
La niña pareció salir del trance y gritó aterrorizada abriendo la boca tan demencialmente que se escuchó cuando la mandíbula salió de su lugar y la comisura de los labios se rasgaron dejando escapar un hilo grueso de sangre.
Rosita se agarraba de la cabeza y se arrancaba mechones de pelo mientras daba alaridos que por ratos se confundían con un aullido animal.
Marianito retrocedió espantado.
La niña gritó hasta que el globo ocular derecho cayó dejando una cuenca vacía. Gritó mientras por entre las piernas se escapaba un chorro caliente de orina y el líquido cambiaba de color hasta ser un reguero de sangre que llegaba al suelo sin tocar su entrepierna.
Gritó hasta que el perro se ahorcó con la cadena mientras intentaba huir.
Gritó hasta que la lengua se le hinchó tanto que comenzó a reventar.
Gritó hasta que Marianito comenzó a convulsionar mientras escupía espuma espesa por la boca.
Rosita regresó a las 11 de la noche a su casa. Su madre la regañó por tardar tanto y su padre le preguntó porque le faltaba el ojo derecho.
-No me gusta que me cuenten cuentos de terror- le aclaró mientras recordaba que lo había levantado y estaba en su bolsillo izquierdo.
-Ya no quiero ser amiga de Marianito, me hace asustar- acotó al final, mientras lo ponía nuevamente en su cuenca.

Diana Beláustegui.

Areola o aureola

Pensamiento para hoy acerca de las palabras «areola (o aréola) – aureola»

De tanto fijarnos en las suculencias del cuerpo humano —y de tanto gozarlas— a veces ni se nos ocurre preguntar cómo se llaman. Una de estas suculencias es, sin duda, el pecho, sea de hombre o mujer. Pero si decimos «pechos», casi siempre nos referimos a los senos, que son femeninos siempre. Los hombres no tienen senos. Pecho, sí; pechos, tal vez; senos, jamás, salvo que sean operados. Pero todos tenemos pezones, casi siempre dos, y ese círculo rojizo, rosáceo o moreno que los rodea tiene su nombre: «areola».

A veces confundimos esta palabra con la más sagrada «aureola», el disco aquel que sobrevuela la cabeza de los santos en las representaciones. Los dos términos provienen del latín, con las mismas ortografías que en español. El hecho de que se trate en ambos casos de formas geométricas iguales —círculos— y que se escriban de manera tan parecida, es probablemente un accidente de la naturaleza lingüística.

Y para agregar aún más confusión, el Diccionario de la Academia da «aureola», en su segunda acepción, como sinónimo de «areola» (o aréola). Tal vez sea justicia poética, pues cuando se juntan dos pares de areolas —o aureolas—, ¿quién no siente que se eleva al cielo?

Incrédulos arrepentidos

De Katalina Ramírez Tomado del Microdecamerón armonizado por Paola Tena



Casandra, que predijo la caída de Troya y nadie le creyó, ha
encarnado ahora en una mujer de negocios, cuya familia sigue
cada consejo a pie juntillas, sobre todo el consejo de no creerle a
Helena, de quien no ha conseguido librarse.

CASA 16 | Penumbria
Katalina Ramírez Aguilar (México). Licenciada en Literatura y
Filosofía por la Universidad Iberoamericana de Puebla. Ha
trabajado como editora en diferentes editoriales, y de manera
independiente. Ha publicado microcuentos y poemas en siete
antologías internacionales, y en revistas nacionales. Ha publicado
un libro de poesía, “Lengua soy” (3 norte y Universidad
Iberoamericana), y uno de microficción, “Música primigenia”

Sino y sino

Tomado de Redacción sin dolor


Redacción sin Dolor
28 de agosto de 2012 a las 8:40 · 

Pensamiento para hoy acerca de las palabras «si no» y «sino»

Cuando el redactor quiere contraponer una idea positiva a otra planteada negativamente, debe usar la palabra «sino»,
escrita con cuatro letras juntas: “No vamos al cine SINO al
teatro”; “No solo es inteligente SINO también sensible”.

Esta palabra no tiene nada que ver con la construcción «si no», que es condicional: “SI NO vienes hoy, no podré prestarte el dinero”; “Nada podremos hacer SI NO resulta electo”.

Para decirlo de otra manera, no se deje engañar por el oído: «si no» y «sino» suenan exactamente igual. Hay que recordar esto: si usted plantea una idea negativa seguida de otra positiva, debe escribir «sino», como cuando decimos «No quiero a Marsha SINO a María».

Por otro lado, si usted plantea una idea condicional, debe emplear las dos palabras: «SI NO aprendo esto ahora, ¿cuándo lo haré?».

¿Alguna pregunta?, porque SI NO preguntan, no puedo responder. No hay SINO que reflexionar y formular el interrogante

Sino y si no: Quién es quién en tres trucos - Caja de letras
El gran Quino

Héroe municipal

de Eduardo Contreras Villablanca

—Se equivoca conmigo. No firmaré para favorecer a esa
Inmobiliaria –dijo el Alcalde, apartando de un manotazo el maletín
repleto de dólares que le habían puesto sobre la mesa.
El canoso edil transpiraba en su sillón. El enjuto emisario del grupo
«Los Guatones» se puso de pie, sacó un documento del maletín y lo 3
extendió ante el Alcalde.
—¿Prefiere que le hagamos llegar los cincuenta mil dólares a su
viuda? —dijo mientras sacaba una Beretta de su abrigo.
—Eh, espere… —balbuceó el Alcalde.
—La empresa nos contrató para que lleváramos una
aprobación, ¡no cabe la posibilidad de que yo vuelva sin su firma! –dijo
el sicario golpeando con la palma de su mano el papel sobre la mesa.
El Alcalde con mano temblorosa sacó una pluma de su bolsillo
y estampó su firma en el documento. El sicario lo retiró. En ese
momento cayó fulminado por un disparo en el pecho
—Le prometimos que podía confiar en nosotros –dijo un
hombre grueso que emergió desde la cortina que cubría la entrada al
salón del consejo. En su diestra cargaba una Smith & Wesson con
silenciador. —Con los «Cara de pelota» usted va a la segura, le
financiamos la campaña y velamos por su seguridad, ¿qué mejor?
Le entregó la pistola al Alcalde.
—Será evidente que usted lo mató en defensa propia, esta arma
la inscribimos a su nombre. Va a quedar como héroe. El maletín…
tendrá que perdonar que me lo lleve.

Eduardo Contreras Villablanca

partió al exilio luego del golpe militar en 1973. Regresó a su país a fines de 1983. Es Ingeniero y
profesor de la de la Universidad de Chile desde 1996. Participa en el Taller Literario del escritor Poli Délano desde el año 2007. Ha publicado más de diez cuentos en diversas revistas y antologías. Libros:
Don´t Disturb: Crónica de un encuentro en Cartagena de Indias (2005, Premio Municipal de Santiago), y Será de madugada (novela, 2015).

Eduardo Contreras Villablanca | Universidad de Chile - Academia.edu

Errores mortales

Tomado de » O dispara usted o disparo yo» Lilian Elphick compiladora. Texto de Eduardo Contreras V.



Cuando me dijo que teníamos que hablar seriamente, le propuse
ir a un hotel en la costa. Y ahí estábamos, en esa habitación con vista al
mar, sentados frente a frente en la mesa.
—¿Así que te vas de casa? No me sorprende, Pancho, siempre
fuiste predecible —le dije sacudiendo mi pulsera mientras le servía
vino.
—Qué bueno que no te asombre, será más fácil –dijo estirando
el cuello, cómo dándoselas de aristócrata.
¿En qué momento lo comencé a odiar? Quise mosquearlo, por
eso mientras bebía le dije:
—Tampoco me sorprendería que tuvieras una amante, y que se
llamara Gladys.
—Yo, yo no, ella… —balbuceó parpadeando mucho.
—Es una estúpida supongo, para meterse con semejante
pelotudo. Pero le ahorraremos llevar una mierda de vida. Lo siento,
Pancho, no te vas a ir con esa yegua…
Trató de contestarme, pero le vino una arcada.
—Precisamente por eso, en esta cena no estamos solos, invité a
mi amigo Cianuro.
Me levanté para ahorrarme el espectáculo de las convulsiones.
Recogí mi bolso y dejé en el baño el lápiz de labios de esa perra, no
debió dejarlo en el auto de Pancho. Muy tonta esa Gladys para cometer
semejante error.
Salí marcando con fuerza el paso con mis tacos, para llamar la
atención del recepcionista. Quería que me viera, de algo que sirva que
el tarado de Francisco se haya metido con una mina parecida a mí.
Craso error también. ¿Cómo la gente puede equivocarse tanto?

Zapato de tacón alto mujer mei du business hotel calzado, mujer extranjera,  gente, zapato de la corte png | PNGEgg

Patricia Nasello y el Microdecamerón

Texto: AFUERA,de la sexta jornada

Afuera


Algún grito, alguna risa, frenadas, bocinazos. El silbato del inspector como si alguien la obligara a chupar una pastilla amarga cada treinta segundos. A través de la ventana mira los edificios vecinos, cemento y cristal.
—Me duele la vista.
—Serán los ojos.
Cuando el marido y el médico son una misma persona este tipo de correcciones son frecuentes.
—Me duelen la vista y los ruidos.
Y si no fuera porque ha comenzado a dolerle horriblemente la voz te diría que siente que la cabeza se le abre y despliega como si cada pequeño trozo en el que se dividió intentara llegar más lejos.
Llamás por teléfono, pedís una ambulancia aunque sabés que ahora es tarde. Ya has visto, sin comprender, este proceso en el hospital. La cabeza se transforma: la piel cae, los huesos se
hacen tronco y desde el cuello crecen ramas secas. Esta ciudad mata.

PATRICIA NASELLO (Argentina), Magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca (USAL) y Contadora Pública por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), publicó la antología personal Está rugiendo otra vez (Quarks, 2020), lamicronovela Acabemos con ellos de una vez (Alción, 2019), los libros  de microrrelatos Qué buen disfraz de leona (Micrópolis, 2019),Una mujer vuelta al revés (2017, Macedonia), Nosotros somos eternos (2016, Macedonia) y El manuscrito (2001, edición de autor, microrrelatos y cuentos breves).

Participó en antologías, periódicos y revistas culturales (soporte papel) en Argentina, México, España, Perú, Rumania, Venezuela, Bolivia y Chile.

Trabajos suyos han sido traducidos al francés, italiano, rumano e inglés.Coordina Talleres de Creación Literaria.

Desde el año 2013 administra Piedra y nido, antología digital de minificción (más de trescientos escritores/as  publicados/as de veintisiete países). http://piedraynido.blogspot.com
Desde diciembre de 2018 tiene a su cargo la columna «Efemérides» en “TARDES AMARILLAS revista de cultura”. http://www.tardesamarillas.com/

Entretiens Lectures d'ailleurs: Patricia Nasello (Argentine)

El último cuadro de van Gogh (misterio resuelto) — El Blog de Arena

. . El cuadro Raíces de árbol, pintado hace 130 años por Vincent van Gogh a solo unas horas de su muerte, representa una colina del pueblo francés de Auvers-sur-Oise, un descubrimiento inédito anunciado este martes, en el aniversario de su fallecimiento. El cuadro refleja el tronco y las raíces de varios árboles grandes que […]

El último cuadro de van Gogh (misterio resuelto) — El Blog de Arena

La supervivencia

Luis Bernardo Pérez* tomado de «cien fictiminimos» compilador Alfonso Pedraza


Joven latinoamericano llega a París (aeropuerto Charles De Gaulle, vuelo 326). Trae consigo, entre otras cosas: la dirección de un amigo uruguayo, cuatrocientos veinte euros y un abrigo café que heredó de su padre. El amigo uruguayo ya no vive allí, los euros le duran algo más de una semana y el abrigo café resulta insuficiente para enfrentar el más crudo invierno de los últimos veinte años. Muy pronto su situación se torna desesperada, pero no se rinde. Lava platos en un restorán a cambio de la comida y, por una módica suma, entrega dos veces por semana su cuerpo moreno y atlético a madame Bouchard, la patrona del restorán. Con ese dinero alquila un cuarto miserable en el último piso de un edificio miserable. Aún queda el inconveniente del clima, pues el cuarto miserable carece de calefacción.
El frío es despiadado. Por fortuna, en uno de los puestos de libros instalados a orillas del Sena encuentra un viejo alendario de llantas Michelin ilustrado con obras de la escuela impresionista. De regreso en su habitación, con las manos ateridas y al borde de la hipotermia, recorta las reproducciones a color del calendario y las pega en las paredes. Eso le salva la vida. Y es que nadie puede morir de frío entre los soleados paisajes de Renoir, los cálidos jardines Monet y la luminosa exuberancia tropical de monsieur Gaugin.

  • Nació en la Ciudad de México en 1962. Licenciado en Filosofía por la unam, en Ficticia Editorial ha publicado Retablo de quimeras (Biblioteca de Cuento «Anís del Mono», 2002, No. 5), Fin de fiesta (Biblioteca de Cuento de Contemporáneo, 2008, No. 9), Narrar para la infancia. El arte de escribir cuentos para niños y niñas. Ideas, propuestas y astucias literarias (Biblioteca de Ensayo Contemporáneo, 2011) y está antologado en El cuento jíbaro. Antología del cuento mexicano
    (2006, s/c) y Estación Central (bcc, 2008, No. 13). En 2005 ganó el Premio Nacional de Cuento «Efrén hernández». Ha publicado siete libros de literatura infantil.
Tahitian Landscape by Paul Gauguin | Paul gauguin tahiti, Paul ...

Variedades

De Carmen de la Rosa


El productor teatral se sienta en un taburete junto a la chica que lee sentada a la barra, frente a un café. Calcula el tamaño de sus pechos bajo la blusa: ¿Quieres tomar algo, guapa?, te invito. Ella levanta un par de segundos la mirada de las páginas, y contesta que no, gracias. Él ojea las piernas que asoman bajo la minifalda y se aproxima unos centímetros: Podrías ser un poco más amable. La chica cierra entonces el libro, mira al productor a los ojos y, mientras bebe un sorbo de café, un sonoro lárgate, procedente de su entrepierna, retumba en la cafetería. Es el mejor número que el productor ha visto en años. Aún así, no la contrata.

Reflexiones

de Alfonso Pedraza


Listo para iniciar el día me acerco al espejo y ante la mirada de mi hijo empiezo a reflexionar en voz alta
—Pararse frente a un espejo es como estar frente a Dios:
pretendemos verlo y lo que nuestros ojos perciben es el mismo mundo que nos rodea; le mostramos la mejor cara que no es la misma que los demás observan e, irremediablemente, notamos toda nuestra grandeza y nuestra pequeñez
El niño, con los ojos muy abiertos, exclama
—Y todo eso, ¿a quién le importa?

Minificciones publicadas en la revista de Edmundo Valadés "El ...
Antólogo, editor, coordinador de talleres y escritor mexicano. Médico Cirujano por la Universidad Nacional Autónoma de México unam. Es el creador del Taller de Minicuento de Ficticia, que coordinó durante sus primeros años.
Ha publicado artículos relacionados con el taller y la minificción en Hostos Revieu/Revista HostosianaRevista PleisosaurioEl BúhoLa Risa de la HienaLa Jornada SemanalEl Extra de La LagunaMetrópolisCien FictimínimosLibro de los seres no imaginarios y en muchas páginas electrónicas dedicadas al tema.
Antologador de cinco compilaciones sobre la minificción. Fue jurado del Premio de Cuento Corto Agustín Monsreal 2011, junto con René Avilés Fabila y Marco Aurelio Chávezmaya. Actualmente, continúa su pasión en los blogs Minis del cuento, donde digitaliza las minificciones que se publicaron en la legendaria revista El cuento; Arca Ficticia, donde muestra de los trabajos de 11 años del taller de minificciones de Ficticia; y Plasticidades, que contiene sus propios textos.
Obra de consulta: Enciclopedia de la literatura en México


La pajillera del edén de Joseph M. Nuévalos

Nació en Barcelona, España. Tiene publicado el libro Los cuentos de nunca acabar (2002). Ha publicado en la revista Escribir y Publicar y en los suplementos culturales de los periódicos La Jornada y Extra de La Laguna.

Un cartel en la sala anuncia para hoy la clausura del Edén. Sentada en la última fila, la vieja enana malvende sus habilidades tal como ha hecho desde que tiene uso de razón. Miles de orgasmos se han derramado entre sus menudas y expertas manos al tiempo que devoraba secuencias: tesoros enterrados, alfombras voladoras, ventanas indiscretas, hombres lobo, tipos con pistolas, testigos acosados, falsos culpables, vampiros, rubias platino…
La diestra manipuladora reconoce los contornos fragmentados en las sombras igual que maniquíes olvidados en un remoto almacén: el adolescente que cierra los ojos para evocar los retratos de aquella revista oculta en libros de texto; el viajante de comercio que permuta la rutina de la pensión por la más acogedora del sexo de su juventud; el cuarentón aniñado, con la marca de su diferencia, buscón de
peces revueltos por las aguas y el olor a desinfectante de los aseos; el anciano que demora regresar a una casa donde esperan la verdura cocinada sin sal, medicamentos y aquella calavera con la que se casó.
Berta, la enana, dibuja una amarga sonrisa e imagina que aquel viejo local y sus almas forman parte de un flash back que alguien, sentado en un palco infinito, contempla proyectado en una nube, mientras una mano enorme busca, con ansia, el tibio calor de la divina entrepierna
.

Proyecciones y Victoria |

La grulla

Paola Tena Tomado del Microdecamerón


Dicen que en el norte de México vivió un terrateniente amante de
la caza, y habiendo obtenido como presa una grulla hizo que se la
llevaran a su cocinero, un indígena llamado Juan, para que
preparara la cena. Una criadita de la finca de quien él estaba
enamorado, oliendo los maravillosos aromas que se escapaban de
la cocina, después de mucho rogar lo convenció para que le diera
un muslo de la magnífica ave.
Cuando llevaron el plato a la mesa, y el dueño descubrió
que faltaba una parte de la grulla, furioso mandó traer a Juan,
quien acudió temblando de miedo porque sabía la fama de su jefe.
–Las grullas nomás tienen una pata, señor –respondió a
la pregunta de dónde estaba la otra. Y todavía se atrevió a añadir:
–Todos lo saben.
–Mañana me vas a acompañar al lago, y como no
encuentres una grulla coja, bueno… –le advirtió tocando la culata
de la pistola que llevaba siempre en la cintura.
Salieron temprano al otro día y encontraron tres grullas
en el lago, elevadas sobre una delgada pata negra, oculto el pico
detrás de un ala.
–Vea jefe, nomás una pata –le dijo Juan.
–Porque están dormidas, güey, mira.
Y diciendo esto disparó al aire dos veces. Las grullas,
asustadas, extendieron ambas patas y alzaron el vuelo.
–La culpa es suya, patrón. Si hubiera hecho eso con la de
anoche, habría sacado el otro muslo y la otra pata, como estas.
Y el cacique, reconociendo que ingenio no le faltaba a su
cocinero, se guardó la pistola en la funda y le perdonó la vida, por
esta vez.

Ávila recibe a miles de grullas hasta febrero | El Norte de Castilla
Pediatra es su identidad “oficial”, escritora
es su personalidad no tan secreta. Ha publicado microcuentos en
varias antologías y revistas dedicadas al género minificcional. Ha
sido ponente en sesiones de animación a la lectura e imparte
talleres de Escritura Creativa y elaboración de fanzines. Es autora
de Las pequeñas cosas (Ediciones La Palma, 2017), y los libros
cartoneros “Cuentos incómodos” y “MiniBestiario” (Cartonera
Alebrije, 2019, 2020).

Decían

Adriana Azucena Rodríguez

Tomado del Microdecamerón compilación de Paola Tena



“En un mes volverá la normalidad…”, “Cuando regresemos a la normalidad…” Pero tú no estás. La normalidad sigue aquí. Tan normal como siempre. Todos siguieron diciendo necedades.

Adriana Azucena Rodríguez - Detalle del autor - Enciclopedia de la ...

Cien fictiminimos: microrrelatario de Ficticia. Compilador Alfonso Pedraza

Presentación del Libro Cien Fictimínimos – Ficción Mínima

Cien fictimínimos. Microrrelatario de Ficticia es una selección de microrrelatos de escritores procedentes de diversas nacionalidades que han participado en el Taller de Minicuento del portal digital de Ficticia, llamado La Marina.

Estos textos han sido elegidos por  especialistas y escritores del mundo hispanoamericano y por los ficticianos, de entre 25 mil obras publicadas y trabajadas en red

Los escritores que han sido recogidos en esta antología: Jorge Oropeza, Joseph M. Nuévalos, Erendida Herrera, Gustavo Marcovich, Alfonso Pedraza, Luis Bernardo Pérez, Miriam Chepsy, Luis Torregrosa, Lola Díaz-Ambrona de Llera, Berta Sileno, S.M. Hernández, Amélie Olaiz, Delia Guerrero, Carlos De Bella, Jorge Pardo Pedrosa, C. Pérez Cárdenas, Isabel Segura Boutry, José T. Espinosa-Jácome, Lucía Díaz, José Manuel Dorrego Sáenz, Beatriz Patraca, Verónica Mendoza, Rubén García García, Ricardo Robles, Gerardo de Torre, Ojo Rojo, José Luis Vasconcelos, Nélida Vidal, José Luis Sandin, Laura Hermosilla, Rafael García Z., Sergio Patiño Migoya, Paola Cescón, Manuela Fernádez, Juan Lobaces, Juan Carlos Sánchez, Víctor Antero Flores, Elizabeth Pérez Ramírez, Mónica Ortelli, Rubén Pesquera Roa, Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda, Gabriel Bevilaqua, Gilberto Marti Lelis, Elisa de Armas, Hugo López Araiza Bravo, José Manuel Ortiz Soto, Ponciano Palacios.Este artículo fue publicado en AntologíaConcursos de microrrelatosGénero literarioNoticias y etiquetado Alfonso PedrazaAmélie OlaizBeatriz PatracaBerta SilenoC. Pérez CárdenasCarlos De BellaDelia GuerreroElisa de ArmasElizabeth Pérez RamírezErendida HerreraGabriel BevilaquaGerardo de TorreGilberto Marti LelisGustavo MarcovichHugo López Araiza BravoIsabel Segura BoutryJorge OropezaJorge Pardo PedrosaJosé Luis SandinJosé Luis VasconcelosJosé Manuel Dorrego SáenzJosé Manuel Ortiz SotoJosé T. Espinosa-JácomeJoseph M. NuévalosJuan Carlos SánchezJuan LobacesLaura Elisa Vizcaíno MosquedaLaura HermosillaLola Díaz-Ambrona de LleraLucía DíazLuis Bernardo PérezLuis TorregrosaManuela FernádezMiriam ChepsyMónica OrtelliNélida VidalOjo RojoPaola CescónPonciano Palacios.Rafael García Z.Ricardo RoblesRubén García GarcíaRubén Pesquera RoaS.M. HernándezSergio Patiño MigoyaVerónica MendozaVíctor Antero Flores por Ana Calvo RevillaEnlace permanente.

De esta obra estaremos tomando ficciones que por su calidad literaria enriquecera los textos de sendero.blog.

Atte el administrador: Rubén García García

La cobija – SENDERO BLOG