No había visto antes la verdadera imagen de la Tierra. La Tierra tiene la actitud de una mujer con un hijo en los brazos (con sus criaturas en los anchos brazos). Voy conociendo el sentido maternal de las cosas. La montaña que me mira, también es madre, y por las tardes la neblina juega como un niño por sus hombros y sus rodillas. Recuerdo ahora una quebrada del valle. Por su lecho profundo iba cantando una corriente que las breñas hacen todavía invisible. Ya soy como la quebrada; siento cantar en mi hondura este pequeño arroyo y le he dado mi carne por breña hasta que suba hacia la luz.
Los ultimos dos años (de pandemia), sumados a las clases, el trabajo, las compras y las comunicaciones en línea, suponen el motivo por el cual, ahora, los lectores prefieren los cuentos cortos, los poemas breves, las noticias en cápsulas o en tiktok; sin embargo, hay algo de artificio en esto. Por cierto, ¿cuál es su minificción favorita?
Existen mificciones que levantan la ceja de cualquier lector, por ejemplo:
Doxografía de Francisco de Aldana:
No olvide Usted, señora, la noche en que nuestras almas lucharon cuerpo a cuerpo.
Minificción de Juan José Arreola—publicada en su libro Palindroma, en 1971— que devuelve al lector la posibilidad de pensar, imaginar y hasta soñar con la imagen de dos almas que luchan cuerpo a cuerpo.
O más bien, ¿se tratará de que los dos cuerpos contienden mutuamente y luego, en esa brega, las almas se juntan y pugnan una contra la otra?¿O el alma de un cuerpo se bate contra el cuerpo de la otra alma?
¿Acaso, en esta minificción, hay duplicidad de lenguajes, de significado de las palabras?
Entonces cabe especular que este autor mexicano se esté refiriendo a la posibilidad de que, al batallar los cuerpos, sean las almas las que se tocan; porque no existe contacto carnal que no implique la revelación espiritual de y entre los hombres, pués aun en el amor erótico, lo auténticamente sensible está en el interior de lo humano y no en la materia.
Así, Arreola —originario de Jalisco— reúne en una imágen poética la ficción y la realidad, ya que ante la posibilidad de que la fricción entre dos cuerpos caiga en el olvido, es la memoria quien viene al rescate, gracias a la huella indeleble que un alma deja en la otra.
Por otra parte, paralelamente, podría ocurrir que, conociendo al célebre poeta del amor cortesano, Francisco de Aldana, se cuestionase: ¿somos seres trascendentes?
En fin, Usted, querido lector, seguramente ya estará dilucidando el verdadero sentido de esta obra que involucra no sólo la concision del idioma, sino del pensamiento, hasta el punto de tratar de conjeturar el por qué de la frase inicial: “No olvide Usted, señora, la noche en que…”
La minificción es un género literario que, según los expertos, surge y crece en el siglo XX, gracias a escritores como Augusto Monterroso, Juan José Arreola y Salvador Elizondo, cuando ni siquiera había computadoras y nada acontecía on line.
Antes y ahora, el éxito de la microficción se debe a que resulta graciosa, amena. Se trata de genuinos juegos de sutilezas y destrezas entre el escritor y el lector. Que, además, no requiere de ningún tipo de preparación previa; bastando tener la disposición para leer y divertirse, usando la propia experiencia de vida.
Édgar Omar Avilés narra:
El Pueblo del puerto
Luego del tsunami, en el pueblo del puerto hay sirenas peinándose en las bañeras, otras nadan en el fondo de los vasos de tequila, los conductores las ven reflejadas en los espejos retrovisores, las amas de casa las encuentran al abrir una lata de sardinas, en la radio la cumbia se interrumpe y se escucha el enigma de sus cantos, los niños las descubren jugando escondidillas, el párroco asegura que en las noches de lluvia un ejército de ellas va a la iglesia y seduce a los ángeles.
Luego del tsunami, el pueblo del puerto quedó sumergido, y a las sirenas les aterra que los fantasmas humanos persistan bajo el mar.
Esta minficción, publicada en el libro Yo no canto, Ulises, cuento, dedicado a “La sirena en el microrrelato mexicano” (Ediciones Fósforo, México, 2008, bajo la compilación de Javier Perucho), refiere toda una historia con el antecedente de cómo era el pueblo antes de la llegada del tsunami.
Igualmente, advierte que los tsunamis, fenómenos naturales, traen desastres y cosas imprevisibles para los hombres de tierra, entre otros las sirenas, seres fantásticos y, muchas veces, monstruos temibles.
¿Recuerda Usted, querido lector, la antigua frase: “se dejó llevar por el canto de las sirenas”?
Según el conocimiento popular, esta frase conlleva que quien resulta hechizado por el canto de las sirenas es llevado al fondo del mar y devorado por estas; otros, no quieren ni pensar en el horrible destino de sus víctimas.
Mas, ¿qué pasa con los habitantes de ese pueblo que las hallan por doquier?
El narrador, Avilés, nacido en Morelia, Michoacán, deja ver que todos escucharon el canto de las sirenas porque se hacían oír a través de la radio en lugar de las cumbias o del reguetón o de lo que Usted prefiera imaginar.
No obstante, los niños jugaban a las escondidillas con ellas y las mujeres las encontraban hasta en las latas de sardinas o se les veía en las bañeras.
A la anterior extrañeza, se debe observar, no hay sirena con cola de pescado paseando por las calles ni cruzando la sala de la casa para darse un baño en la bañera. Eso no existe, no es posible. Salvo que se tenga presente a “La sirenita”, película estrenada en México en noviembre de 1989, de los realizadores John Musker y Ron Clemens, y guion de Roger Allers. Producción de Disney basada en el cuento del mismo nombre, del autor danés, Hans Christian Andersen, publicado en 1837, dentro del libro Cuentos de hadas contados para niños, tercer volumen.
En términos generales, cuentan que la sirenita, enamorada de un príncipe humano, renuncia a su cola de pescado para tener piernas y caminar sobre el suelo; aspirar el oxígeno del aire con sus pulmones y no del océano con sus branquias.
Hans Christian Andersen, en su cuento, precisa que la sirenita conversa con su abuela:
suponiendo que los hombres no se ahoguen —preguntó la pequeña sirena— ¿viven eternamente? ¿No mueren como nosotras, los seres submarinos?
La abuela le informó, los humanos viven menos que las sirenas, pero su alma es eterna. Tanto en el cine como en el libro, el final de la protagonista puede resultar trágico y aleccionador al mismo tiempo.
Ahora bien, continuando con el cuento, el párroco se queja de que los ángeles se han dejado seducir por las sirenas.
Corresponde preguntarse, (Sí, Usted también, querido lector): ¿normalmente los ángeles se dejan ver?
Para este punto, ya se está inmerso en el escenario natural de las sirenas; es decir, en el fondo del mar. Por si a alguno se le escapó, el autor precisa: “luego el pueblo quedó sumergido”, empero las sirenas están aterradas, los fantasmas de los humanos persisten.
Dicho de otro modo, ¿cuál es el estado del párroco, de los niños, de las personas en ese pueblo? Si se sabe que a las sirenas les gusta cazar a los humanos, atrayéndolos con sus cantos, ¿qué es lo que hacen con ellos, una vez, en el fondo del mar? ¿Cuáles fueron las consecuencias del tsunami? ¿Alguna vez, en el cuento, el pueblo recuperó su forma original y anterior al tsunami? ¿Cómo arribaron las sirenas al pueblo? ¿Cuál es el tamaño de una sirena en relación a un humano? ¿Quiénes son realmente los seres sobrenaturales?
Claro, la minificción apuesta en favor de un texto breve, lúdico, basado en una doble escritura y lectura, soportados en la memoria, palabras, oraciones, párrafos, leyendas, cuentos, refranes propuestos tanto un autor perspicaz como por un lector astuto. Son historias para disfrutarse a pequeños sorbos, para releerse y reflexionarse hasta dar con nuevos detalles.
¿Y qué pasa si no se conocen las historias de las sirenas ni se sabe nada del poeta Francisco de Aldana? La respuesta es fácil: se disfruta del juego de las extrañezas producto de la convivencia entre ángeles y sirenas; y de la lucha entre dos almas y dos cuerpos; o aprovechando la existencia del internet, se apropia de nuevos conocimientos para acrecentar la microficción y sus posibilidades.
Como siempre, la última palabra la tiene Usted, querido lector.
Maritza Flores Hernández
Cuentista, ensayista y también abogada. Egresada de Casa Lamm, donde hizo la Maestría en Literatura y Creación Literaria. Considera el arte, la ciencia y la cultura como un todo. Publica dos columnas literarias cada semana, en distintos diarios. Su obra ha formado parte de la antología de cuentos “Cuarentena 2020”.
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En los ecos de la noche, cuando la luna ilumina ilusiones y anodinas promesas, que cuelgan del hilo de las horas que pasan, destellos de adrenalina hostigan la pasión de la fantasía de un deseo mortecino en las brasas de una añoranza que fue un… La entrada ECOS se publicó primero en Pippo Bunorrotri.
Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientras tanto pasan la noche en una casa en ruinas, abandonada en el camino. A la luz de las velas juegan a los naipes. Cada uno apuesta las prendas que ha saqueado. Partida tras partida, el azar favorece al Bizco, quien va apilando las ganancias debajo de la mesa: monedas, relojes, alhajas, candelabros… Temprano por la mañana el Bizco mete lo ganado en una bolsa, la carga sobre los hombros y agobiado bajo ese peso sigue a sus compañeros, que marchan cantando hacia la frontera. La atraviesan, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han resuelto separarse y allí matan al Bizco. Lo habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín.
Este asunto se está pareciendo cada vez más a ese “Salvaje Oeste” (WW o “Wild West” en inglés), que veíamos en series de la tele como “La Ley del Revólver” (“Gunsmoke”) y en películas de “pantalla grande”, donde cualquiera, con una Colt 45, hacía destrozo y medio, o prácticamente lo que quería … No me […]
kamo no hashi yori tara-tara to haru no doro «Ploc… ploc…» cae del pico de unos patos: fango de primavera. (Trad. Gonzalo Marquina) –Takahama Kyoshi (高浜虚子), autor de casi 50 000 haikus, novelas y diversos tratados críticos sobre poesía y teatro que lo inmortalizaron como una de las figuras más relevantes para el haiku de la primera mitad del siglo XX. Sucedió a su maestro, el gran Masaoka Shiki (正岡子規), en la dirección de la revista Hototogisu (ホトトギス) y la escuela Shasei-ha (写生派), convirtiéndose así en el verdadero afianzador del estilo realista, objetivo, sobrio y estéticamente fiel al ideal clásico japonés de la armonía entre el ser humano y la naturaleza (vigente hasta el día de hoy). Por todo esto, Takahama tuvo una intensa y constante confrontación con los poetas del Shinkō Haiku (新興俳句), movimiento que abogaba por la necesidad de un «Nuevo Haiku» más libre (estética y formalmente), contracorriente y moderno.
Sendero. tomado de Fb de la pag de Gonzálo Marquina
«Aware. Iniciación al haiku japonés» de Vicente Haya (2013).
La divulgación del haiku por gentes afines al Zen o por simples ignorantes ha extendido la idea de que «el haiku es satori», en célebre frase -castellana por poco- de Octavio Paz. ‘Satori’ del verbo ‘Satoru’: «comprender, despertar a la Realidad» (…) Sin embargo, el propio Bashō -el haijin que se toma como prototipo de «poeta Zen»- en uno de sus haikus concede la beatitud precisamente al ser humano que «no comprende» (satoranu) ante una manifestación de la Naturaleza:
稲妻にさとらぬ人の貴さよ
inazuma ni satoranu hito no tōtosa yo
¡Qué santidad
la del hombre que ante un relámpago
no despierta a la realidad!
El mundo que percibe el haijin es real. No hay que pensarlo, no hay que trascenderlo para llegar a una última y verdadera Realidad que se oculte tras él. Hay simplemente que mirarlo, que tocarlo, que olerlo, que estar en él, que dejarse conmover por él, por su belleza o su poder. Y comunicar lo que se siente. No para que alguien «despierte», sino para que se emocione. Nos hayamos en clave de percepción, no de comprensión (…) La realidad del haijin es la que percibe, mientras que la del budista Zen es el Sunyata (el Vacío), justamente lo que no se percibe (…) en el haiku lo único que hay son cosas que están ahí, que existen, y la maravilla que es para el poeta ese sentir que las cosas existen. El haijin no comprende nada, ni antes ni después ni mientras hace su haiku (…) No hay otra realidad para el haijin que las cosas mismas, tal como son, tal como se perciben.
La mentalidad del haijin (…) es heredera de la sensibilidad primitiva del Man’yō-shū. Mientras que la mentalidad del budista Zen tiene a un metafísico en su base de la talla de Dōgen, y se remonta al Chan chino (…) El modo de concebir el mundo del poeta del haiku y el de un budista Zen pertenece a formas diferentes de estar en el mundo (…) Los poetas de haiku que son monjes Zen se comportan ante el mundo con la naturalidad con la que lo hace cualquier otro japonés. Pero no confundamos las cosas: es por ser japonés y no por ser monjes budistas por lo que escriben sus haikus.
—Del libro «Aware. Iniciación al haiku japonés» de Vicente Haya (2013).
Se llenó la cenizade mariposas,teníamos un hornofuego de rosas.Era la artesa blancacuenco de flores,mis manos amasabande mil amores.Masa que amasa masadentro la artesa,¡Ay! sentía mi cuerpofuerza que fuerza.Al mezclar lo cernidosube la masa,y se dora el esfuerzojunto a la brasa.Ya no funciona el hornoque estaba en casala artesa de la abuelano tiene masa.Que se encuentra […]
«El lunes ni las gallinas ponen». Decía mi abuela. El hoy es desbastador: No hay patio, ni gansos, ni gallinas. Pero el lunes, hijo de un “algo que inventamos” campea encuerado sin mostrar pudor ni cansancio.
Silas gallinas no ponen, mucho menos los gallos y vuelvo a dormirme.
hoy seguimos con la enfermedad de Alzheimer y gracias por leerme 🙂 Lotería biológica Muy interesante que la pérdida de capacidades cognitivas no necesariamente tiene relación con la enfermedad de Alzheimer – ésta puede desarrollarse en ausencia de la placa de amiloides. Por otro lado, hay un porcentaje de personas que aun con la presencia […]