BBC News – Cómo comenzó el patriarcado (y cuán posible es que la evolución se deshaga de él) https://www.bbc.co.uk/mundo/noticias-62969797
La decisión de Juana de Rubén García García
Sendero
Ella sospechaba que él tenía ya otra mujer. De un tiempo acá llegaba después de la media noche.
. —Cuando me acosté estabas bien quieta y no te quise despertar.
—¿Te fuiste con tus amigos?
—Ha aumentado el trabajo, pero a la salida nos tomamos una cerveza.
Juana vivía en una vecindad. Por la tarde sacaba la silla y su canasta de tejido fuera del cuartucho y continuaba con la filigrana de colores que iban decorando la tela. Sus ojos en el manto y sus oídos en el taconeo. Cuando reconocía el andar de su esposo empezaba a calentar su cena. Desde hace meses lo oía trastear en la cocina, desvestirse y roncar.
Hace cinco años se juntó con él. —Estabas joven, con cara de niña. Sí, pero harta. Como yo fui la mayor hacia todo y mi madre solo sabía hacer hijos con los hombres que se juntaba. Dos años después la dejaban. No me incomodaban mis hermanos, ellos no tenían culpa, para ellos yo era su mamá. Tampoco juzgo a mi mamá, simplemente me harté y me salí de la casa y me fui con él.
En cinco años nunca se le detuvo la regla. «mujer es la que puede tener hijos y por más que le rogué a la virgencita nunca quedé panzona. Vendí mis bordados y fui a ver al médico de la iglesia que me dio la dirección de una especialista. Me gasté hasta lo que no tenía y la doctora dijo que había que hacerle estudios a él. Pero como va a creer que yo le iba a decir eso a Alfonso. Es como decirle que no sirve».
Amaneció enojada con ella. Aseó la vivienda, lavó la ropa, guisó. Si su marido llegaba temprano, solo calentaría la comida. Después de bañarse, maquillarse, y vestirse con su mejor atuendo salió hacia la calle de luces y cumbia. «si soy yo, ¡malhaya!, si es diosito que no quiere, pues que se le hace». Se le acercó un jovencito. Ella dudó, ¿Tenías miedo? y como chingaos no tenerlo. Miedo a que te destripen, miedo a todo. Escuché la voz de él, como si hubiese salido del cascarón. “No sea malita, yo también tengo miedo” y eso me desarmó y me dio valor.
Esa noche lo esperó y lo incitó a tener sexo. Un día no llegó la comadre y la panza se le hizo globosa. El esposo volvió a ser el mismo, amable y protector de la familia. Cuando el niño cumplió el año, el esposo con cariño, le dijo al oído: ¿Cuándo me darás la niña para tener la parejita?

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Reencuentro de Rubén García García
sendero
¡Fueron días de esplendor! El sótano de la escuela era el refugio donde tus manos me tomaban del cuello y tus piernas se anudaban a mi cintura. Hoy nos encontramos en el cinema, tú fingiendo una plática con tu pareja, yo, simulando no verte. Al cruzarnos solo los aromas se mezclaron, viejos conocidos…

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Supervivencia del cuentoGrupo Milenio
El otro de Rubén García García
Sendero
El bebé vio a otro bebé. Arrojó la sonaja al intruso y el intruso hizo lo mismo. Lloró con espanto y a toda prisa regresó buscando los brazos de su mamá. El otro se sonrió y despues se hizo humo por la ventana del espejo.

Los patos de Rubén García García
Sendero
Llegué al pueblo de Chinapa cuando los patos volaban colmando el cielo. La choza olía a cera, a silencio. A ella le confesé mi ánimo indiferente. Juntó hojas, flores y aceites que al hervir dejaron escapar aromas de raíces tiernas.
—Tome la poción al anochecer.
Me despeñé en un sueño y me vi en una procesión. Llegué al altar frente a la sacerdotisa. Ella, ocultando mi cara con su túnica besó mi boca y degusté el sabor de las almendras silvestres. Desperté sudoroso, tratando de tomar una bocanada de aire. Los cantos de fe envolvían mis oídos, pero no lo suficiente. A lo lejos escuchaba el graznar de los patos, que enmudecían los golpes que yo propinaba al ataúd.

Mauricio Molina
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Poesía japonesa de Rubén García García
Se oyen chicharras…
Los chanchos retozan
en el aguachal.
EL PAÍS – EL PAÍS
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Deudas de honor de Rubén García García
Sendero
El taxista regresó a su casa en el amanecer. Bullía en su mente una regla no escrita «las deudas de juego son deudas de honor». Con sigilo se llevó el tanque de gas. «¡Aquí tienes lo apostado!». Regresó. «¡Levántate, vístete, iremos a comer barbacoa!» misma que le pidió fiada a su compadre. Poco después la mujer se dio cuenta que no estaba el cilindro de gas. Llorando le contó a su esposo, que en el entresueño le contestó: «María deja de llorar y entiende que la delincuencia no descansa» y volvió a dormirse.

Nada es perfecto de Rubén García García
sendero
«Me gustan las manos ásperas, callosas por el golpe diario del quehacer. Ese contraste entre la rugosidad de la palma y la tersura de mis caderas. Estoy exhausta, satisfecha de intimar varias veces con un hombre al que le dejé una porción generosa de dinero. Un servicio esmerado debe de ser retribuido. Mañana vendrá el niñato de piel delicada, es insoportable. Hay que fingir que lo escucho, que me hace gritar…

