Difuso — Tiempo de Cenizas

Noto cómo me voy volviendo más difusa, menos clara. Me estoy difuminando como el grafito en la obra del artista. Me estoy deshilachando y de lo que era no quedan ya más que jirones. Lo comprendo. La vida no es mansa. Y vivir tiene un precio. Estoy dispuesta a pagarlo. Aquí están mis cicatrices. Pero […]

Difuso — Tiempo de Cenizas

Palomitas de Rubén García García

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Rasgó el sobre y leyó el resultado: «El ochenta por ciento del personal a su cargo tuvo prácticas de corrupción». Llamó al superior.

—Haga lo que crea conveniente.

Arrojadas desde la ventana, los pedacitos de papel parecían en el cielo palomitas avergonzadas.

La Sirenita de Rubén García García.

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Lo tildan de mal amigo. Es pescador. Hace dos años la vida lo arponeo. Perdió un hijo que emigró y fue abandonado por los polleros en el desierto. Meses después murió su esposa. Él, con su soledad. En el amanecer atrapó con la red a una sirenita. Una púber que nada decía, pero imploraba con su mirada y la devolvió al mar. Desde ese día la pesca fue generosa. El cree que no es la suerte, sino que es la familia de ella quien dirige la barca hacia los bancos y regresa colmado. Ayer encontró dos perlas. Los demás pescadores le piden y algunos exigen que les diga su secreto. Él prefiere callar. Mañana será un buen día. No saldrá a pescar; le han invitado mar adentro.

CALLE DEL ORCO BLOG DE LITERATURA

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CALLE DEL ORCO

Virginia Woolf era un fuego de artificio, Victoria Ocampo

Virginia Woolf, por Gisèle Freund,1939

Conocí a la señora Woolf en 1934, en una exposición del gran fotógrafo Man Ray, en Londres. Aldous Huxley me pasó a buscar con la vaga esperanza de que nos encontráramos allí con Virginia Woolf, a quien me presentaría. Ella salía muy poco y era difícil verla. Sin embargo tuve suerte. Llegó esa tarde a la exposición, con un gran sombrero adornado con plumas. Yo la miré con admiración. Ella me miró con curiosidad. Tanta curiosidad por una parte, y admiración por otra, que enseguida me invitó a su casa (que las bombas nazis iban a destruir pronto; yo la vi transformada en escombros en 1946, cuando Virginia ya se había suicidado). Lo primero que me llamó la atención en esta mujer fue su belleza. La belleza en ella empezaba, como diré… por el andamiaje, los huesos del rostro, las arcadas superciliares, la frente, la nariz, el mentón dibujados con una firmeza desmentida por la boca, dolorosamente vulnerable. La boca contradecía inocultablemente todo el resto de la cara, menos la mirada, cuando parecía perderse, desconsolada, en la lejanía. Esa mirada fue captada por una de las fotos de Gisèle Freund (esas fotos que me costaron un disgusto). A Vita Sackville-West, su amiga de siempre, la obsesionaba esa imagen, después de la muerte de Virginia. ¿Por qué no nos hemos dado cuenta de que estaba al borde del suicidio, ya?, me decía. Pero si bien es cierto que de pronto la mirada fija de esos ojos se anegaba en una marea de melancolía que la alejaba de cuanto la rodeaba (esto lo descubrí al conocerla), ella era también lo contrario de la melancolía: un fuego de artificio. Los seres y las cosas le interesaban demasiado para perder contacto con ellos. Los observaba con pasión. Los describía. Su palabra hablada, briosa, imprevista, galopada, como su palabra escrita, surgía espontánea, sin el menor dejo libresco, al parecer. Esta escritora que tan bien conocía su oficio hablaba menos de lo escrito que de lo vivido. Por lo menos así ocurrió conmigo. Era lo opuesto a un Borges, a quien le cuesta salir del radio de la literatura, y que si se desvía de ella no la pierde jamás de vista.

El papayo de Rubén García García

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Brotó en días de lluvia. La penuria de sol, la tierra escasa y la hierba aledaña, lo destinaron a ser enano. Creció con dobleces, por su necesidad de encontrar un poco de sol. Se quedó sin hojas. Pudo al fin cuajar una papaya petisa y pálida. Con respeto la acaricié. Sabía que su fruto tenía una carne maltratada e insípida. En su vientre encontré cinco semillas, donde estaba escrito el código de su fortaleza y perseverancia.

Al día siguiente me despedí de mi madre y fui a buscar el sol.

AL DOBLAR CUALQUIER ESQUINA — ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO… ESCRIBO

Imagen tomada de Pinterest Acuno tus palabras en la noche. Llego a ti mientras duermes y soplo sobre tu frente para quitarte ese frunce de ansiedad. Apoyo mis manos en tu pecho para que tu respiración se apacigüe y se acompase. Deseo pintar tu despertar de amaneceres cálidos y ser el hada todolopuede que haga realidad […]

AL DOBLAR CUALQUIER ESQUINA — ENTRE LA SOLEDAD Y EL APLAUSO… ESCRIBO

Día del niño perdido por Rubén García García

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Hoy 7 de diciembre en mi tierra se celebra el día del niño perdido. Se ponen velas de cera que iluminan las calles. Salí y encontré una avenida esplendorosa, cientos de bujias aluzando. Escuché la voz de mi madre «este día empezaste a caminar, te soltaste de mi mano y solo caminaste atraido por la luz de la vela» La luz de mi madre se apagó hace medio año, sin embargo me sigue iluminado.

Hemos cambiado — El Blog de Joaquín Sarabia

Hemos cambiado. La vida Cambia………… Las circunstancias Cambian………… Por eso La vida se mueve………… Ahora No somos los mismos……….. Nosotros lo vemos Vemos que hemos cambiado………. Tu y yo Hemos cambiado Ya no somos los mismos Ni en edad Ni en forma de ser………… Mi memoria Te recuerda Tu me recuerdas como era………. Pero ya […]

Hemos cambiado — El Blog de Joaquín Sarabia

La mano de Rubén García García

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La mano era fría, y se sentía pesada sobre su cadera. No era una mano humana, seguro que no. Era una pesadilla, eso era todo. Pero la mano no se movió, y ella no podía despertar. Intentó gritar, pero estaba bloqueada. Estaba atrapada en su sueño. La mano subió hasta llegar a su pecho. Forcejeo en su mente, pero estaba paralizada. La mano se cerró sobre su cuello, y empezó a apretar. Ella sabía que estaba siendo asfixiada. El mundo se fue oscureciendo a medida que la mano la violentaba… intentó salirse de la pesadilla y lo logró: recordó en una brevedad su vida y como si subiera escalones llegó a la cima. Los aplausos de la sociedad, los abrazos de la familia y luego el disparo certero y fatal; solamente así regresaba a la paz de su muerte.

Placer De Vivir… — El Rincón de Rovica

Las personas que son ciegas a las bellezas de la naturaleza han perdido la mitad del placer de vivir… Rovica.

Placer De Vivir… — El Rincón de Rovica

Incredulidad de Rubén García García

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Gritos de muerte han cabalgado en aquellas tierras de oración y fe; y entre el desierto y la montaña, incrédulos, se miran Mahoma y Moisés.

Las gentes de Cox de Rubén García García

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Las gentes de Cox tienen en sus patios plantas de café, hojas que parecen boleadas con aceite. Echando las tripas llegas a lo alto y quedas en éxtasis, ¡qué espectáculo cuando los cafetales florean!, el color blanco es tan tupido, que bien puede decirse que nieva en el trópico. Los niños ven crecer el fruto, y dia con día el milagro se hace: el rojo se apodera milimétricamente de la piel de la cereza y en el rojo sangre, la engullen, es una gota de miel. Las abuelas dejan que el fruto se seque en la mata. La cosechan con su dulce y con morteros pequeños quitan sus ropas hasta que la carne de la semilla aparece y está lista para tostarse en los comales de barro bajo el amparo de su paciencia, se dispersa el aroma, y ambos, vainilla y café revolotean como niños traviesos entre piedras y paredes, juegan y juegan y cuando se van, dejan testimonio de su perfume en la memoria.

Traje conmigo tres matas de café y me queda una que se encuentra en espera de la navidad con sus frutos enrojecidos del cual diario consumo. El tiempo no ha pasado porque el sabor es el mismo. Al extremo crece una mata de vainilla y desde lo alto me saluda con sus manos verdes y carnudas.

EL PAÍS – EL PAÍS

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