El juguete de un dios de Rubén García García

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Todas las noches en el sueño termino una historia, ya para pasarla en limpio, llega Morfeo y me ordena que la deje sobre la mesa, que él la revisará. Todas las mañanas trato de recordar lo que soñé y por más vueltas que le doy, solo recuerdo la sonrisa burlona del dios.

El agravio de Rubén García García

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Vivo en los hombros de una colina, a un lado hay un camino que es paso de quienes viven en lo alto. A todos los conozco, porque he sido buena persona con ellos, me ponen al tanto de las noticias del pueblo y de lo que pasa a los alrededores. Ayer platiqué con Artemio y me informó que habían llegado varios extranjeros. Uno de ellos vestía con calzón blanco y un cinturón de grecas. Con seguridad por la tarde estaría en mi casa. Ya no es tiempo de correr. así que preferí de buena vez afrontar el agravio de cuando él era un púber y yo, un joven impetuoso.

Vi como abría la puerta. Un tope hizo que tardara en girar el picaporte.

Lo recibí acostado, senil y reumático. Él se encontraba en una joven ancianidad. Su pelo ralo y cano no correspondía con la felina manera de caminar. Tomó una silla y la acomodó a un lado de la cama.

«¡No sabes cuánto soñé con este momento! El cómo vengar el agravio que me hiciste frente a la etnia. Me avergonzaste y fue una dura loza con la que tuve que cargar». Al tiempo que sacaba una daga curvada con cacha de cuero y plata.

«Es inútil que trates de justificarte. Me daría rabia que trataras de decirme que te perdone por compasión, por tu edad. Pensé en darte una tarascada en el cuello, y he cambiado de parecer, penetraré con la daga hasta el tope y la moveré de un lado a otro, así te desangraras. En la herida del puñal pondré una cinta que evite te vacíes y manches la blancura de tu cama».

-¿Pero tú te recuerdas lo que hice? yo no, mira que los años nos van borrando la memoria. El huracán del tiempo se lleva desde la basura hasta una alfombra persa. Trataba de armar una plática, calculaba que el veneno que puse en el picaporte no tardaría en hacer efecto, la posibilidad de que yo muriese era mucha, y la de él era segura. Si en cinco minutos él se regodeaba con sus palabras, con seguridad caería, antes de que pudiese herirme.

Sacó la daga, la vio de uno y otro lado y dijo: a tu muerte tendrás mi perdón. Levantó el brazo y el dolor profundo y plateado hurgaba cerca de mi columna. lo último que vi, fue la mueca de agonía que sustituyó a su sonrisa.

Del despertador salía la quinta de Beethoven y una voz sensual “ya es de día, ya es de día.

En el comedor me pregunté ¿y si llegara?

Un día en la vida de Rubén García García

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Ella descansó su cabeza sobre mi brazo, yo acariciaba su pelo. Ella sonreía y escondía su cara en mi cuello.

«Qué velludo eres …quisiera dormirme contigo»,«duérmete». Cerraba los ojos y los abría. «Mejor llévame a casa, si me duermo despertaré mañana y en casa se preocuparán». En el taxi volvió a dormirse en mi hombro.

«Eres al que amo. Otros halagan y solicitan respuesta a sus pretensiones. Este corazón está contento con el que no puede estar siempre para mí. Me hago muda cuando te vas, sin embargo, todo el coraje desaparece cuando sonríes. Nunca sabré que es mejor: sí haberte conocido, o no, pero no dudaría en

estar a tu lado, mis días los llenas; y el mañana es una pregunta que nadie puede contestar»

Un día se fue. Un día me fui. Quizá el temblor, nunca supe.

Así soy y seré de Rubén García García

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He sido un glotón. Disfruto una buena comida, una buena plática de sobremesa con un coñac y un café en la mano. Cincuenta años departiendo soy gordo, hipertenso, diabético, y lo que se acumule. El placer de la comida está por encima. Y lo que quiero para mí, lo quiero para mis gusanos. Por eso, cuando el médico me instó a que diera un cambio de hábitos privándome del sabor, hablé por mí, pero tambien por ellos. Tendrán el placer de disfrutar una carne afrutada en alcohol, grasas, pimienta y sal. Será una satisfacción mirarlos en su comilona. Como lo hacía yo con mi buen amigo Nerón.

Mini poema de Rubén García García

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Vendrá algún día, un día inevitable en el que te digan que te has muerto como todos los muertos que abonamos la tierra.

La foto de Rubén García García

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Mandó por “guasap” un recado a sus sobrinos: «aprovechen al tío, ayer cumplí noventa años. Aprovechen a sacarse la foto antes de que la calaca venga por mí» Los parientes enfrascados en el devenir de la vida no fueron; y cuando se murió todos estaban en el velatorio. El rumor se hizo exclamación y de común acuerdo sacaron al tío del féretro y lo sentaron en el sofá. Se acomodaron para la foto. Poco después, el tío se levantó y gritó «¡no que no venían cabrones!». Dos de ellos se infartaron y al que menos, le agarró una diarrea por el susto. Cinco de ellos posteriormente les diagnosticarían diabetes.

Minipo de Rubén García García

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El viento juega
con las hojas caídas,
las hace ágiles,
y dan vueltas y vueltas;
junto a la polvareda.
Rubén García García

la poesía Mircea Cartarescu

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«La niña que se paró delante de mi casa para acariciar a mi gato no tiene más de tres años. Cuando le haces una pregunta, te mira directamente a los ojos y responde. Es totalmente como un alga que se dobla de un lado a otro a voluntad de las corrientes, sin pensamientos ni deseos propios. Es bella en su totalidad, pero tiene algo más que belleza: la forma en que pone sus dedos, de una manera que nunca verás en un adulto: cada uno parece mirar en una dirección distinta, como cuernos de caracol palpando delicadamente el aire. Es una despreocupación, un abandono, un olvido de sí misma que podría llamarse gracia o belleza, pero mejor llamarlo poesía.
La esencia de la poesía es el olvido de uno mismo. La abolición de la voluntad propia, del autocontrol, del yo mezquino y egoísta, en favor de una gratuidad sublime. La poesía no requiere esfuerzo, porque no hay que esforzarse; es flexible y fluye no como tu espíritu, sino como el espíritu de todas las cosas. Siempre que lo que haces no tiene ni motivación ni finalidad (como cuando, en medio de pensamientos banales, te viene a la mente la sonrisa de una ex novia y le devuelves la sonrisa sin querer, en el autobús o en algún estacionamiento subterráneo). Siempre que lo que haces surge espontáneamente y sin lógica, puedes decir que has traído poesía al mundo. No necesitas escribirlo, ya existe y nadie te lo puede quitar.
La poesía no es el arte del verso, sino el poder de ver la belleza. No puedes verla ni sentirla si corres por la vida persiguiendo objetivos y planes, porque la belleza es espontánea, brilla de repente donde no esperas que lo haga, como un parabrisas o un retrovisor que de repente arden al sol, como de repente te das cuenta de la imagen de un plátano con todas sus hojas felices a la luz. La poesía es del momento, gratuito e inexplicable. No se puede comprar ni vender, porque no tiene precio, como el aire. No forma parte de ningún circuito de valores. No tiene nada que ver con la brutalidad y el mercantilismo de la vida moderna. Odia el egoísmo, el arribismo y la mentira. Es tan natural como los glaciares y el muérdago. Por eso es siempre revolucionaria y antisistema, siempre temible por dictaduras y extremismos de todo tipo.
Uno no se convierte en poeta escribiendo poesía. Tienes que haberlo sido desde antes. Muy pocos poemas escritos en papel contienen realmente poesía. Un poeta que publica un volumen tras otro, aspirando a la posteridad y a la gloria, no es un verdadero poeta. Un verdadero poeta aspira a la alegría libre, a olvidarse por un momento del propio yo; busca la poesía y la encuentra donde a nadie se le habría ocurrido. Cada vez que escribes un poema, eres por un momento pura poesía, desligada de lo social, político, económico, motivacional, psicoanalítico y lo que quieras de todo eso que ahoga nuestra vida.
La poesía va mucho más allá del arte del verso. Se encuentra en la ciencia y las matemáticas, en el misticismo y la filosofía, en el alcohol y el sexo, en todos los caminos del conocimiento. La poesía, como estado de gracia, es el punto diamantino de todo conocimiento humano. Ningún mundo humano puede imaginarse al margen de la belleza pura, de la gracia pura, de la poesía pura. Igual que ningún mundo puede prescindir del aire. Todos nos asfixiaríamos momento a momento en ausencia de poesía.
Todos los hombres fueron poetas alguna vez, antes de adquirir un ego. Todos tuvieron una vez los dedos entrelazados, como los cuernos de un caracol. Todos han visto los colores diez veces más intensamente de lo que los ve un hombre adulto. Es el estado de gracia y asombro al que todos deseamos volver, por el bien del confuso mundo en que vivimos.»
Mircea Cartarescu

Amor lejano de Ruben García García

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Una historia de amor lejana Rubén García García
Un día nos encontramos donde los ríos se unen y el puente en la lejanía parecía una grulla dispuesta al vuelo. Ese instante lo vivimos alguna vez y hoy vuelve a suceder. Un cielo en ocres, y las nubes simulaban olas sepias sonde el cobre licuado se derramaba. Llegaron los estruendos y luego una lluvia fría y oleosa. Al sentirnos, anudados del cuerpo, supimos que ese momento lo habíamos vivido, tambien sabíamos que después de consumirnos seríamos un miligramo de oscuridad. A veces me llega el aroma de tu cabello.

La magia de la tarde de Rubén García García

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Caían las hojas, el barco en el horizonte y un punto luminoso. Desde la cocina revoloteaba el olor del café y el aroma de unos plátanos fritos. Ella no tardaría en sacar la mesita y traer una bandeja colmada. Era nuestra rutina: divisar la caída del sol y sentir la hora del crepúsculo, el momento mágico en que las puertas se abren. Era mi primera vez como fantasma y me sentí complacido de que no hubiese olvidado nuestra rutina de mirar el ocaso. Un instante después la mujer entrecana estaba sentada en la mesa y a su lado un hombre menor que ella, a quien le daba pedacitos de manjar en su boca. me diluí como un punto que se retrae. El barco hizo lo mismo.

¿Vacunas contra el cáncer?

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https://www.abc.es/salud/enfermedades/terapia-doble-mata-cancer-previene-reaparicion-20230104103930-nt.html?vca=amp-rrss-inducido

77 años Rubén García García

Sendero celebra y canta

Cumplir setenta y siete años y tener la alegría de disfrutar con las palabras, armarlas, desarmarlas es la ocupación de los pequeños dioses. Siempre critique a mi tía por estar sacándole brillo a sus figuras de porcelana y me acuso de tener el mismo pecado. Hay una diferencia, los monitos siempre serán monitos y las palabras con sus signos son seres vivos que cambian de forma, color y de significado. Alfarero de historias es el quehacer que me complace. Gracias por sus muestras de afecto que valoro por cada año que la vida me dispensa.