¿olvidar? ni lo pienses

Sendero

El escritor de historias detuvo la narración, se volteó irritado para mirar quién lo había tomado del hombro. Una boca depositó un beso en el lóbulo de la oreja y con voz suave le dijo:

Soñé que escribías algo para mí.

Aún estaba molesto, pero la caricia le disipó el enojo y tomándola de la cintura le susurró: «espérame sobrina que lo haremos con la pasión de Venus y el empuje de Marte y los dos nos bañaremos en las aguas del rio Lete para olvidar el agravio a la moral. Y cuando leas la crónica sentirás que fuiste la protagonista.

—No. Bañarnos en el rio Late no tiene sentido para mí. Tu texto lo quiero como perla brillante en la oscuridad de mi ombligo.

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