Llovía. Llovía tanto que lo mejor fue aparcarse subiendo el auto a una banqueta.
Ella llegó a la reunión de Samantha y se sorprendió de ver tanta gente. La reunión la había imaginado con las personas allegadas a la familia y dos o tres amigas de años. La música fue estridente. Tiempo después le pidió a su amiga una aspirina y más tarde se despedía. Había empezado la lluvia y el esposo de la anfitriona fue el encargado de llevarla hasta su casa, contrariado por dejar a medias una plática.
La mujer, cada vez que tronaba, se tapaba los oídos. En aquella soledad de agua, le preguntó:
—¿Te doy un masaje en la nuca? —tal vez disminuya tu dolor.
El agua corría por la avenida arrastrando la basura de la ciudad.
Ella Tenía un cuello de garza. Las manos iban desde la nuca hasta los hombros y se detenían entre los dorsales y el arroyo de la espalda. Tenía ventosas y toques analgésicos en las yemas de los dedos.
El agua golpeaba el techo del carro.
—¿El dolor?
—Me lo quitas. —y ella destrabó los ganchos del corpiño. — sigue.
El masaje hurgó en áreas oscuras y sensibles. El golpe del agua coincidió con un arrebato que la cimbró. Una erección del cabello que la recorrió hasta llegar a los dedos de los pies.
En la oscuridad se escuchaba el muelleo, la rima de estertores y los quejidos de placer que tenían como fondo el murmullo de la lluvia.
El aguacero se hizo garua pertinaz y del dolor quedó una diminuta luz.
No me gusta que me agarren la cara!, deja que el viento fresco de la serranía entre y cierre mis ojos. ¡Tú, siéntate! Desde joven odio tener frialdad en las plantas de los pies porque me espanta el sueño. ¡No te quedes tieso! y fricciona fuerte, pero con cariño. No sea que por tenerlos helados, también se me espante la muerte.
Deeini era ágil y ligera. ¡Hasta parece que escucho su carcajada! Corríamos hasta el punto más alto. Ella veía a lo lejos la silueta del río, la arena de color canela y las piedras encimadas, donde mi madre solía lavar. Me acariciaba los cabellos con las uñas diciendo cuanta cosa se le ocurría y de regreso me mostraba unas hojas, «Es la flor de noche buena. Son verdes y en diciembre se vuelven rojas para celebrar el nacimiento del niño Jesús».
El río semejaba una culebra de fulgores. Cuando las mulas de los arrieros lo atravesaban, sabíamos que se tendería el mercado. Mamá, buscando las especies, papá, los arreos para el caballo, mi hermana las peinetas, pasadores y cosas para colgarse en las orejas; yo, andaba a la caza de las canicas.
Dormíamos juntos en la choza cuando escuché a mamá gritándole.
—¡Levántate, levántate!
Al darse cuenta que seguía acostada, la zarandeó de su trenza.
— ¡Qué! ¿No oyes?
Le di mi camisa de franela para que se cubriera, pero mamá volvió a apresurarla. Ella solo se defendió del frío con sus brazos. Papá llegó dando tumbos y puso de pie a mamá para que le diera de cenar. Deeini regresó temblando y en sus manos traía el aguardiente que mi papá reclamaba. Estornudaba.
En la mañana, mi madre le puso la mano sobre la frente. ¡Por Dios! ¡Está ardiendo! Con rapidez cortó del patio cáscara de árbol de chaca y albahaca, las martajó en alcohol y agua y le puso lienzos. Para la media noche tosía con dolor, al respirar sumía la panza, el pecho le gorgoteaba y una espuma del color amarillo le salía de la boca. Los ojos estaban secos e idos y su nariz aleteaba. Papá fue al pueblo grande por el médico. Cuando llegó, aún estaba tibia, pero ya no respiraba.
Mi madre se hincaba frente al doctor.
—¡Regrésemela doctorcito! ¡Le pago lo que quiera, ándele no sea malito! ¡Regrésemela, por lo que más quiera! ¡Por lo que más quiera!
Llovía finito y el camino se hizo chicludo. Los sollozos de mamá eran los míos. Desde el cementerio veía el camino por donde corríamos.
La tristeza no se va como lo hacen las semillas que vuelan con el viento. lloro a diario, pero nadie me ve, porque lo hago hacia adentro. Cuando voy al monte por leña, me voy por el sendero para recordar a mi hermana; y al regreso, mamá me dice siempre lo mismo. ¿No quieres agua?
¡Hoy veré a mi hermana! Será el día de los santos difuntos. Dice la abuela que el primer día llegan los niños. Todos están atareados. Papá haciendo el altar, mamá los tamales y la abuela haciendo el pan. En una labor de dos días, todos estamos esperando que lleguen a degustar la ofrenda. Yo fui por “lupitas” que es el fruto silvestre que a mi hermana le gustaba.
¡El altar ya está terminado! Las hojas de palmilla lo revisten; son de un verde intenso y brillante, las flores alfombran en ramos el cielo y también los pilares. De entre las hojas cuelgan las naranjas, mandarinas, limas como si salieran de las ramas. Sobre la mesa las veladoras con su luz de cobre y los alimentos que saboreaban en vida los difuntos. Para mi abuelo dulce de calabaza, terrones de panela para una tía, ¡y a mi hermana las lupitas. Una se la abrí y la otra no, para que se la llevara de regreso. ¡La estaré esperando!
A media noche veo cómo llega una luciérnaga y se posa sobre mi brazo, camina hasta alcanzar la mano y después vuela en zigzag. Me despierto, ¡había prometido no dormir para verla…! pero me ganó el sueño. Sin hacer ruido voy hacia el altar, a la luz de las velas compruebo que las lupitas están en el mismo sitio, nadie las ha tocado; o sea que quizás Deeini no encontró el camino, no la dejaron venir o, lo peor, no quiso. No sé, no sé. Con paso veloz decido ir rumbo al sendero. A la mitad del recorrido se abre la mañana.
Veo el río que culebrea y el viento sacude mi cabello. Voy al lugar, en el que mejor siento a mi hermana; es un rincón escondido donde las enredaderas se tuercen formando un cielo de hojas y cuelgan de un amarillo intenso los frutos que al abrirse dan la dulce semilla y dentro se dibuja la imagen de la virgen de Guadalupe. No puedo callar y grito con todas mis fuerzas, pero sólo escucho mi gemido. Salgo del escondite llorando. Con mi pequeño machete desgajo con coraje las hierbas del camino y en el aire se respira el perfume de la flor de cempasúchil; vuelvo mis ojos a la hondonada y diviso que en el centro de la maleza, justo en el corazón está la floración exuberante de las nochebuenas.
Es un bosque sonoro. Ahora está en silencio y con una capa gruesa de nieve. El oso inverna. La cueva es tibia y más por la osa que lo acompaña. El sueño es inquieto por el temor de que llegue su compañera y descubra que duerme con otra. Tiene otra daga: ¿su esposa estará durmiendo sola?
Cómo actúa la oxitocina, conocida como la hormona del amor
De Infobae|25.9.2022 23:46:34
La oxitocina es conocida como la hormona del amor. Y esa afirmación tiene algo de cierto.
Usted, probablemente, la escuchó nombrar. ¿Qué es la oxitocina? Es una hormona, una sustancia que se genera en el cerebro. ¿En qué parte del cerebro? Se ubica en la zona del hemisferio derecho, se genera en una parte del cerebro que seguramente también escuchó nombrar, que se llama hipotálamo, en unos núcleos de nombres raros, núcleos supraópticos, paraventriculares.
Se libera y luego sale por otra parte del cerebro, por una glándula, que se llama hipófisis, y de ahí va a la sangre y se esparce por todo el cuerpo.
¿Por qué este mecanismo? ¿Por qué la naturaleza, genera esto tan fuerte como una sustancia que se genera en tal punto del cerebro, viaja a otro y se libera a la sangre? ¿Y qué tendrá que ver este procedimiento con el amor?
La realidad es que las hormonas modulan las conductas. Por ejemplo, una persona que tiene bajos los niveles de la hormona tiroidea es probable que se sienta decaída, más bien sedada, intelectualmente más como apagada, porque un buen nivel de hormona tiroidea mantiene el metabolismo y la función mental en condiciones. Si la hormona tiroidea estuviese muy elevada, la persona estaría más nerviosa, más ansiosa. Por eso, a modo de síntesis fácil de comprender lo resumo como “las hormonas son conductas” .
¿Qué es lo que pasa, justamente, con la oxitocina? ¿Cuándo se libera oxitocina? En dos circunstancias muy claras: en el parto y en la lactancia. En ambas situaciones la oxitocina se comporta como una hormona necesaria para el mecanismo del parto y para la producción de la leche materna.
Pero no es lo único que hace a la oxitocina. En el inicio, como para llamar un poquito la atención me referí a la oxitocina como la hormona del amor. Esto es porque modula las relaciones sociales, las relaciones interpersonales.
Por eso, nos sentimos mejor cuando el cerebro libera oxitocina que es la hormona del apego y la confianza. Los niveles de esta sustancia aumentan generalmente con el afecto físico que se produce con un abrazo, una sonrisa, una conversación agradable o cuando damos o recibimos un regalo.
Las hormonas son conductas y esta hormona modula patrones de comportamiento, o bien de sexualidad, o de emociones, de sentimientos y, fundamentalmente, de confiabilidad.
Cuando uno la pasa bien, en una reunión, con amigos, está en familia y un buen momento, seguro está segregando oxitocina. Cuando está en pareja y se siente bien, seguro, está segregando oxitocina. ¿Es la hormona del amor? Y… tiene mucho tiene que ver con eso.
Los investigadores trabajaron con leones de la reserva de vida silvestre ubicada en Dinokeng, en Sudáfrica, y detectaron que la aplicación intranasal de una dosis de la llamada hormona del amor, la oxitocina, convertía a las fieras en animales menos agresivos y peligrosos. El estudo fue publicado en marzo en la revista iScience, perteneciente al grupo Cells.
Estos especialistas que vienen trabajando hace tiempo con la oxitocina como estrategia, pudieron concluir en un documento que los leones se convierten en más cercanos y accesibles con sus vecinos, además de tener una actitud menor de alerta frente con los extraños.
En los mamíferos, la oxitocina es la principal molécula que fortalece los lazos sociales. Surge dentro del cerebro de una madre cuando mira a los ojos de su recién nacido, promoviendo sentimientos de bienestar y felicidad, mientras hace que el bebé quiera agarrarse al pecho para mamar. Científicos de diferentes áreas han comprobado efectos similares en otras especies.
* El doctor Daniel López Rosetti es médico (MN 62540) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Presidente de la Sección de Estrés de la World Federation for Mental Health (WFMH). Y es autor de libros como: “Emoción y sentimientos” (Ed. Planeta, 2017), “Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos. Manual del usuario.” (Ed. Planeta, 2019), entre otros.
Una vez al año la luna se aparta del camino y aluza aquel bosque donde una casa abandonada recobra su brillantez. A través de la ventana se ve una tertulia, al centro un piano de cola. Se oyen risas, voces que dan paso al silencio cuando el artista levanta la tapa del piano. Del prodigio de unas manos se escucha majestuosa la sonata “Claro de luna” que colma de inmensidad a la arboleda. Al terminar el artista agradece los aplausos con una leve inclinación, y el resplandor poco a poco se apaga hasta quedar en la penumbra. La luna vuelve al camino y desaparece.
He sido un glotón. Disfruto una buena comida, una buena plática de sobremesa con un coñac y un café en la mano. Cincuenta años departiendo. Soy gordo, hipertenso, diabético. El placer de la comida está por encima. Y lo que quiero para mí, lo quiero para mis gusanos. Por eso, cuando el médico me instó a que diera un cambio de hábitos privándome del sabor, hablé por mí y por ellos. Mis gusanos tendrán el placer de disfrutar de una carne afrutada con tintos, sal y finas hierbas. Será una satisfacción observarlos en su comilona, hasta que solo quede mi sonrisa.
En la madrugada el taxista regresaba a su casa. Se repetía una y otra vez que las deudas de juego son deudas de honor. Apagó el motor y con el impulso del carro llegó al frente de su casa. Con sigilo cargó el tanque de gas y lo metió a la cajuela. «Aquí está lo apostado» —le dijo a los compinches. Volvió a su casa y sin desvestirse se acostó al lado de su mujer. Por la mañana su esposa se dio cuenta que no estaba el cilindro de gas. Despertó al marido y llorando le contó. «María deja de llorar y entiende que la delincuencia no descansa, aunque sea domingo» y volvió al sueño profundo y reparado
rumbo al portero, al inodoro, a una cita con el odio, con el novio o la noviael objetivo no es el objetivo ni el primer motivo,más bien son los enfrentamientos o las copulaciones del pasado y del futuro,de la enseñanza y la esperanza, de lo establecido y lo desconocidoel objetivo no es el antes ni el después ni el infinito ni lo prohibidorumbo al arte, al desastre, a la escuela oa un monólogo con la abuelasino más bien el saber perderse sin haber perdido,el saber bucear mientras se vuela, mientras de bruces nos caeel objetivo es cerrar los ojos para ver mejor, darse prisa para luego llegar tarde,tentar a la lluvia con el soloa la oscuridad con el trueno, con el fuego, con la luzrumbo al bar, al hogar, al quirófano oa lo onírico
hablo del mando a distancia y de la copa,de la puerta y del móvil,de los libros y las fracturas, perdón las facturasde la música y la ventana, las caricaturas,de la corta duraciónde lo nuevo, de las ganas, de la satisfaccióndiscurro en privado y en paños menoresde los espejos, los relojes,de lo más concreto y lo más obscenodel abismo, lencería, onanismo,de pasos en falso a emular o de vacunascontra peros, contra sueños o descubrimientosdiscurso sin pelos en la lengua de lo inoperable,de los dedos que me majo,de la saliva que se traga, que me escupe
mi hijo juega futbol y me preocupo.en el campo, no se avergüenza y me preocupo.de su equipo, es uno de los mejores jugadores,sin embargo, todavía me encuentras al margen, caminando de un lado a otro,mordiéndome la lengua, las uñas.Siempre lo hago, es mi trabajo. es lo que se me da bien (un vergonzoso consuelo).es mejor jugador de lo que yo hubiera sido nunca.corre como el viento y es generoso, valiente.un buen toque, un buen pase, a sus ojos, es tan bueno como un gol.Y yo no le enseñé eso. cosas geniales viniendo de un niño de ocho años.es un mejor ser humano de lo que fui yo, de lo que he sido en mis momentos menos incómodos.Aún así, la ansiedad, la preocupación me afecta.Tengo mecanismos de afrontamiento no desarrollados, debería estar tomando medicamentos,soy un padre pobre.Sin embargo, no es ningún secreto que, a pesar de mi amor duro o extraño (ciencia extraña),mi hijo resulta ser mejor que yo, y me siento aliviado
: tengo suficientes remordimientos en mi plato.con una actitud de la pelota es tu amigo, él sigue ignorando mis deficienciasde la misma manera que ignora a los defensores, las derrotas
, no es una mala habilidad futbolística/para la vida para desarrollar, para promover.aparte de la acidez estomacal, la frustración y meterme en problemas con el entrenador,la alegría es algo que me ha estado brindandodesde que recogió una pelota de fútbol, y necesito hacerle saber eso,la parte de la alegría;él ya conoce la parte molesta demasiado bien.
la cocina de la vida es comestible.nutre aunque a veces nos sabe a remedio, a veneno,aunque a veces al cocinero se le va la manocon la sal, el azúcar, la pimienta,aunque a veces su comida se nos sirve cruda o quemada,sin vino ni cerveza.es buena para la salud, según las encuestas,aunque ésta carece de frescura, variedad,aunque a veces no tenemos hambreo queremos disfrutar de otro manjar.su cocina (casi escribo cochina)se considera casera, desde luego, pero no es baratay muchas veces para entrar y que se nos atiendadebemos hacer fila, tener reservaciones.en su sin numero de mesones o tabernas,no valen la locura ni la cordura ni la literatura,menos los favores, los fervores,menos nuestros labios, las promesas de propina.lo de usted, lo del vecino y yoes abrir la boca y masticar,sonreir o disimular, y pagar. en efectivo.