El administrador del hotel “La flor” leyó: si atiende las indicaciones será compensado. Ponga en el mostrador el duplicado del cuarto 313. No nos mire.
Bajaron en silencio las escaleras. El camaleón sacaba la lengua a cada momento y sin motivo alguno. Fueron hacia la administración. El empleado supo que el trabajo se había hecho. Cerraba los ojos cuando lo amarraron, al tiempo que mordía su pañuelo. Sabía que la cacha de la escuadra caería sobre su cabeza.
«Tres mil dolares por un chingadazo en la cabeza, no es mala paga» dijo el Camaleón.
Lilith, Andrei Posea Que no te digan, mujer que hacer; pues eres la virtud de la intuición. Que no te digan, cómo ser; ya que eres desde el nacimiento, traes en tus venas el propósito de la procreación, más allá de parir hijos; alumbras conocimiento hecho ciencia y arte. Te revelaras contra ese dios que […]
Encontró a su hermosa mujer haciendo el amor en el dormitorio con el vendedor de seguros. El hombre herido tuvo mesura. Guardó la pistola y se retiró para no volver nunca. Tres años después se casaba con una mujer muy fea. Disfrutaba de la paz que le da una mujer atormentada por la fealdad. Su trabajo de agente viajero lo desarrollaba con éxito y no exenta de riesgos por lo que su compañera conocía los sitios donde el pernoctaba. El día previo había platicado con ella y estaba a cientos de kilómetros. Por la ruleta de la vida esa noche llegó a su hogar y su esposa hacia el amor en su dormitorio con un sujeto joven y atlético. Sacó la “tartamuda” y encañonando al amante le preguntó visiblemente alterado
─ ¿Dígame que le ve a esta mujer que no es fea, sino feísima? ¡Dígame la verdad o lo mato!
La infiel parecía una ranita asustada, abdomen globoso y risa amplia, cuyas lágrimas rodaban por su cara y bañaban sus pechos caídos.
─ La verdad la verdad… es que su esposa tiene orejas muy bonitas.
Mi esposa me dijo que estaría unos días con su hermana, yo que saldría a un viaje de negocios, el caso es que nos encontramos en el carnaval bailando mejilla con mejila.
«La primera y la última forma de arte»: estas palabras nos traen a la memoria la recomendación de un profesor japonés de «sumie» (pintura a la aguada, que con frecuencia acompaña a los haiku). Este pintor decía a sus alumnos que la práctica de pintar hojas de orquídea a base de una simple pincelada por cada hoja era lo primero y lo último; lo primero que todo aprendiz debe intentar, y lo último que un pintor consumado llega a dominar. Así es, en el campo de las palabras, el haiku.
LUIS PEREIRALuis Pereira se preocupó de dejarle muy claro a Oliverio Sánchez-arquitecto- que más importante que el material que utilizaranpara las paredes y el techo de la casa (finalmente usaron célulaspiramidales) era que la habitación principal tuviera una ventanaen la zona de la corteza prefrontal. Es ahí donde se guardanlos recuerdos según el Instituto Tecnológico de Massachusetts,explicó Luis. Y Oliverio, a quien le daba lo mismo lo que opinaranlos científicos -confiaba más en el pensamiento mágico-le dijo que no había problema, cosas más raras le habían pedido.
Se sentó y tiró de las sábanas para cubrirse el pecho, mientras miraba la habitación desconocida. Estaba decorada en tonos joya. Tenía una mano sobre su cadera, por el anillo, reconoció que era la de Toño, el mejor amigo de su marido que dormía a su lado. Con cuidado se quitó la mano. Fuera de la cama y ya vestida salió hacia la calle. «Laura, Laura» escuchó la voz. Era la voz poderosa de su marido.
Laura, laura. Despiértate que Toño ya viene en camino.
Ya lo decía su madre: “Es un verdadero demonio el chiquito este…” Y era que el niño hacía destrozo y medio, destripaba sus juguetes, salía a la calle y corría por la cuadra tocando timbres e incordiando a los vecinos, lo que produjo quejas y le valió más de una reprimenda y castigo … Creció […]
El Chuleta abrió la puerta del cuarto de aquel hotel. Percibió el olor y un cuerpo ensangrentado. Se acercó con precaución «es el “Perro”». Su enemigo. Lo identificó por el arete de marfil con forma de calavera. La sonrisa inicial desembocó en una gran carcajada que dispersó a las moscas. «¡Hasta que te vi muerto, cabrón hijo de puta!».
Escuchó detrás de él un suspiro. Luego, un dolor punzante en la nuca. Antes de sumirse en el vacío oscuro oyó la voz en eco de su odiado enemigo: «Hoy se te quitará lo pendejo».
Es tu hijo, el que fue bendecido por tus desvelos, quien dice: «Qué bien que ya se fue». La esposa y la hija, que llevan años prodigándole cuidados y gastando lo que no se tiene para cubrir sus gastos médicos, se quedan en silencio. La esposa llora y la hija sabe que es por la muerte del finado, quizá por lo que significó en su vida y porque será liberada del infinito cansancio de estar pendiente noche tras noche. Después de que terminen los rezos y la buena gente se despida podrá dormir algunas horas seguidas que desesperadamente reclama su cuerpo.
En la profundidad del sueño la alegría también se expresa con lágrimas.