El microrrelato de los viernes: Dos relatos breves de María José Ferrada — Aire Nuestro

LUIS PEREIRALuis Pereira se preocupó de dejarle muy claro a Oliverio Sánchez-arquitecto- que más importante que el material que utilizaranpara las paredes y el techo de la casa (finalmente usaron célulaspiramidales) era que la habitación principal tuviera una ventanaen la zona de la corteza prefrontal. Es ahí donde se guardanlos recuerdos según el Instituto Tecnológico de Massachusetts,explicó Luis. Y Oliverio, a quien le daba lo mismo lo que opinaranlos científicos -confiaba más en el pensamiento mágico-le dijo que no había problema, cosas más raras le habían pedido.

El microrrelato de los viernes: Dos relatos breves de María José Ferrada — Aire Nuestro

El augurio de Rubén García García

Sendero

Se sentó y tiró de las sábanas para cubrirse el pecho, mientras miraba la habitación desconocida. Estaba decorada en tonos joya. Tenía una mano sobre su cadera, por el anillo, reconoció que era la de Toño, el mejor amigo de su marido que dormía a su lado. Con cuidado se quitó la mano. Fuera de la cama y ya vestida salió hacia la calle. «Laura, Laura» escuchó la voz. Era la voz poderosa de su marido.

Laura, laura. Despiértate que Toño ya viene en camino.

CON EL DIABLO DENTRO — manologo

Ya lo decía su madre: “Es un verdadero demonio el chiquito este…” Y era que el niño hacía destrozo y medio, destripaba sus juguetes, salía a la calle y corría por la cuadra tocando timbres e incordiando a los vecinos, lo que produjo quejas y le valió más de una reprimenda y castigo … Creció […]

CON EL DIABLO DENTRO — manologo

El engaño de Rubén García García

Sendero

El Chuleta abrió la puerta del cuarto de aquel hotel. Percibió el olor y un cuerpo ensangrentado. Se acercó con precaución «es el “Perro”». Su enemigo. Lo identificó por el arete de marfil con forma de calavera. La sonrisa inicial desembocó en una gran carcajada que dispersó a las moscas. «¡Hasta que te vi muerto, cabrón hijo de puta!».

Escuchó detrás de él un suspiro. Luego, un dolor punzante en la nuca. Antes de sumirse en el vacío oscuro oyó la voz en eco de su odiado enemigo: «Hoy se te quitará lo pendejo».

Y le dio la razón.

El finado de Rubén García García

Sendero

Es tu hijo, el que fue bendecido por tus desvelos, quien dice: «Qué bien que ya se fue». La esposa y la hija, que llevan años prodigándole cuidados y gastando lo que no se tiene para cubrir sus gastos médicos, se quedan en silencio. La esposa llora y la hija sabe que es por la muerte del finado, quizá por lo que significó en su vida y porque será liberada del infinito cansancio de estar pendiente noche tras noche. Después de que terminen los rezos y la buena gente se despida podrá dormir algunas horas seguidas que desesperadamente reclama su cuerpo.

En la profundidad del sueño la alegría también se expresa con lágrimas.

Cortejo de Rubén García García

sendero

Detrás de la carrosa iba un par de caballos blancos. El viudo montaba uno de color azabache. Poco antes de llegar al cementerio, Elpidio dio la orden de que se hiciera un alto y llamó al médico. La tarde se hacía vieja.

¡Saquen el ataúd! ¡Médico!, ¿dígame si mi Lalita está realmente muerta?

Espero. Los ojos vidriosos y atentos. Ella dormía.

El médico le dijo que no había signos de vida.

No pudo contener el gemido. Sus arrugas se hicieron profundas e imposibilitado para hablar, con señas indicó que cerraran el féretro y volvió a ponerse delante del cortejo. Los caballos blancos eran de la finada y siempre la seguían.

La historia de Sofonisba Anguissola, la pintora renacentista que a sus 20 años deslumbró a Miguel Ángel

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https://www.bbc.com/mundo/noticias-64802562

Acoso de Rubén García García

Sendero

Desnuda, frente al espejo, peino los cabellos que caen lacios caen sobre mi espalda. Las ropas ocultan mi piel. Nadie sabe, ni yo, de los vacíos que tiene mi alma: oscuridad muda.

Después del maquillaje, nadie diría que soy fea. Me miro de pies a cabeza, todo es perfecto, calzo las zapatillas; me doy vuelta de un lado a otro y todo está en su lugar.

El señor secretario me ha mandado el taxi, me espera en su oficina para disfrutar del café. Es un espacio íntimo, anexo a su oficina, atiende gajos de su vida privada.

Afuera, tiene asuntos graves que esperan.

Para él soy un capricho y quiere tomarse un capuchino, e inclinarse y mirar de reojo mis pechos. A veces se inquieta y le tiemblan las manos, aunque su voz tenga crisantemos, sé que su intención es envolverme con sabanas de seda.

Cuando el gobernador le habla, es el instante para salir.

Voy a mi oficina y la jefa con su voz de mando me pregunta por el secretario. Me mira parte por parte para descubrir alguna seña que la haga deducir que hubo algo más. Mis labios gruesos mantienen el color, el maquillaje exacto. Mi cabello tiene orden y aroma, exhalo mar y limonarias. Mis partes tienen un sentido de la exactitud.

Cuando salgo a entrevistar voy en el auto de la institución y un guarura del secretario me sigue. Qué torpeza sería si les hiciera saber que me doy cuenta. Regreso con mi trabajo realizado, el operador me compra una soda. No hay nada de extraño que el anciano me tome del brazo y roce mi cintura. Me dejo, pues sé que eso ánima su interior que todo hombre lleva.

Regreso a mi departamento y por las cortinas observo a un par de sujetos que rondan el edificio. Todos los días es lo mismo. Al señor secretario cada vez lo veo más desesperado, sabe que ya no tardo en irme a mi país, que el agregado cultural en la embajada es un viejo compañero de mi padre. Ya me dieron la liberación del servicio social, fue una gracia de su poder.

Acepté del Señor una felicitación, un beso en la mejilla y un abrazo.

Esa noche salí. Vi que me seguían. Me introduje al cine, se fueron y regresé en taxi a mi departamento que había dejado a oscuras. Antes de la media noche escuché la cerradura crujir, no me asusté, sabía quién era.

Recibí la orden de atender a un grupo de estudiantes para darles estadísticas de nutrición.

El domingo salí con una bolsa de compras. En realidad, era un escape para disfrutar de la playa. El mar, la inmensidad y el rumor fueron los que me movieron para tener una tarde intensa y acalorada y prometerle una platica más íntima. Y la tuvimos.

La prudencia de todo un año, de ser sorda a las insinuaciones y en una brevedad ruedo sin conocer hasta donde.

Esa noche con una veladora con olor a canela aluzamos la sala de estar, para no llamar la atención. Pasé la noche con él. Y poco antes de que abriera el día, lo insté a que se marchara.

No me dio descanso hasta que la madrugada nos alcanzó. Dos noches que conocí paisajes, colores, sensaciones y mis gemidos sofocados por la complicidad de las almohadas.

Él ya no está, terminaron el estudio. La Primera intimidad no se olvida.

En mi país tienen todo preparado para la fiesta de la ceremonia civil y religiosa. El novio que me espera. Los preparativos de ambas familias para realizar una fiesta de altura como corresponde al linaje. Somos de familias conservadoras y orgullosas del apellido.

La mujer se enamora en un clic y en una noche dejas a un lado de tu ropa íntima prejuicios, pudor y valores. Mañana estaré en el avión tratando de responderme si continuó con la boda o me enfrento a las consecuencias.

Poesía de Li Young Lee

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