Jorge Edwards escritor chileno

Sendero

https://elpais.com/cultura/2023-03-24/jorge-edwards-adios-al-escritor-bohemio.html

Cortejo de Rubén García García

sendero

Detrás de la carrosa iba un par de caballos blancos. El viudo montaba uno de color azabache. Poco antes de llegar al cementerio, Elpidio dio la orden de que se hiciera un alto y llamó al médico. La tarde se hacía vieja.

¡Saquen el ataúd! ¡Médico!, ¿dígame si mi Lalita está realmente muerta?

Espero. Los ojos vidriosos y atentos. Ella dormía.

El médico le dijo que no había signos de vida.

No pudo contener el gemido. Sus arrugas se hicieron profundas e imposibilitado para hablar, con señas indicó que cerraran el féretro y volvió a ponerse delante del cortejo. Los caballos blancos eran de la finada y siempre la seguían.

La historia de Sofonisba Anguissola, la pintora renacentista que a sus 20 años deslumbró a Miguel Ángel

compartiendo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-64802562

Acoso de Rubén García García

Sendero

Desnuda, frente al espejo, peino los cabellos que caen lacios caen sobre mi espalda. Las ropas ocultan mi piel. Nadie sabe, ni yo, de los vacíos que tiene mi alma: oscuridad muda.

Después del maquillaje, nadie diría que soy fea. Me miro de pies a cabeza, todo es perfecto, calzo las zapatillas; me doy vuelta de un lado a otro y todo está en su lugar.

El señor secretario me ha mandado el taxi, me espera en su oficina para disfrutar del café. Es un espacio íntimo, anexo a su oficina, atiende gajos de su vida privada.

Afuera, tiene asuntos graves que esperan.

Para él soy un capricho y quiere tomarse un capuchino, e inclinarse y mirar de reojo mis pechos. A veces se inquieta y le tiemblan las manos, aunque su voz tenga crisantemos, sé que su intención es envolverme con sabanas de seda.

Cuando el gobernador le habla, es el instante para salir.

Voy a mi oficina y la jefa con su voz de mando me pregunta por el secretario. Me mira parte por parte para descubrir alguna seña que la haga deducir que hubo algo más. Mis labios gruesos mantienen el color, el maquillaje exacto. Mi cabello tiene orden y aroma, exhalo mar y limonarias. Mis partes tienen un sentido de la exactitud.

Cuando salgo a entrevistar voy en el auto de la institución y un guarura del secretario me sigue. Qué torpeza sería si les hiciera saber que me doy cuenta. Regreso con mi trabajo realizado, el operador me compra una soda. No hay nada de extraño que el anciano me tome del brazo y roce mi cintura. Me dejo, pues sé que eso ánima su interior que todo hombre lleva.

Regreso a mi departamento y por las cortinas observo a un par de sujetos que rondan el edificio. Todos los días es lo mismo. Al señor secretario cada vez lo veo más desesperado, sabe que ya no tardo en irme a mi país, que el agregado cultural en la embajada es un viejo compañero de mi padre. Ya me dieron la liberación del servicio social, fue una gracia de su poder.

Acepté del Señor una felicitación, un beso en la mejilla y un abrazo.

Esa noche salí. Vi que me seguían. Me introduje al cine, se fueron y regresé en taxi a mi departamento que había dejado a oscuras. Antes de la media noche escuché la cerradura crujir, no me asusté, sabía quién era.

Recibí la orden de atender a un grupo de estudiantes para darles estadísticas de nutrición.

El domingo salí con una bolsa de compras. En realidad, era un escape para disfrutar de la playa. El mar, la inmensidad y el rumor fueron los que me movieron para tener una tarde intensa y acalorada y prometerle una platica más íntima. Y la tuvimos.

La prudencia de todo un año, de ser sorda a las insinuaciones y en una brevedad ruedo sin conocer hasta donde.

Esa noche con una veladora con olor a canela aluzamos la sala de estar, para no llamar la atención. Pasé la noche con él. Y poco antes de que abriera el día, lo insté a que se marchara.

No me dio descanso hasta que la madrugada nos alcanzó. Dos noches que conocí paisajes, colores, sensaciones y mis gemidos sofocados por la complicidad de las almohadas.

Él ya no está, terminaron el estudio. La Primera intimidad no se olvida.

En mi país tienen todo preparado para la fiesta de la ceremonia civil y religiosa. El novio que me espera. Los preparativos de ambas familias para realizar una fiesta de altura como corresponde al linaje. Somos de familias conservadoras y orgullosas del apellido.

La mujer se enamora en un clic y en una noche dejas a un lado de tu ropa íntima prejuicios, pudor y valores. Mañana estaré en el avión tratando de responderme si continuó con la boda o me enfrento a las consecuencias.

Poesía de Li Young Lee

Compartiendo

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20230318/li-young-lee-poeta-origen-chino-ingles-poemas/746675575_0.html

Noticia de Rubén García García

Sendero

Me quedé quieto, en silencio. Ayer caminaba sin preocupaciones. Por la noche me despertó el llanto de mi vecina. Alfredo, su esposo, había muerto. Una semana antes el velador del vecindario fue cruelmente asesinado. Mi esposa que parece que nunca duerme me platicó que los perros no han parado de aullar; el colmo fue cuando lo hicieron en pleno día.

Ya se llevan el féretro, mi mujer estaba a punto de integrarse al cortejo, la detuve. «Te quedas en casa, ya habrá oportunidad de darles el pésame». Se han ido y quedó en el aire un aroma de flores trituradas.

Tomando café en la cocina vi pasar a mi hija. Llegó mi esposa, me dijo: «no sé cuál es tu ansiedad, al final tú y yo tenemos un año…», «¿un año de qué?» —le pregunté. «tal parece, que la volcadura que nos hizo caer al abismo, a ti, no tan solo te quitó la vida sino que también te hizo perder la memoria. Te lo diré una sola vez: estás muerto»

La poesía de Julie Sopetrán

compartiendo

LA MÚSICA DE DIOS

Poesía

tú eres el mar

de la mañana en calma

la tierra florecida

en los desiertos

el cielo desgranando

las estrellas

sobre todas mis sombras.

Poesía

tú eres el viento

que guarda la palabra

entre los besos

del sagrado misterio

del Amor.

Poesía

soledad invisible

en el silencio

y la oculta belleza

de mi libre

esperanza.

Poesía

tú eres lo que siento

entre mis lágrimas

esa luz del lenguaje

que se agranda

en el instinto

de la inspiración

Poesía

tan sólo con nombrarte

soy un gorrión en vuelo

que recoge en su alma

la  música 

de Dios.

©Julie Sopetrán

La abuela de Rubén García García

Sendero

El abuelo tiene cinco años que murió y la abuela no deja de llorar. La escucho por la noche con sus gimoteos de niña. Hoy le diré al padre Toño para que se haga el aparecido.

El cura habló con ella y sigue lloriqueando. Si supiera que a mí no me duele el abuelo, me jode ella, que de tanto escucharla me deja con el ojo pelón. Anoche, la escuché hablar dormida: «Remigio, me dijo el cura que dejara de llorar para que tu alma descanse. Sabes que no le haré caso, seguiré gimiendo para que te revuelques en el purgatorio como el gusano que siempre fuiste».

La jaqueca de Rubén García García

Sendero

Llovía. Llovía tanto que lo mejor fue aparcarse subiendo el auto a una banqueta.

Ella llegó a la reunión de Samantha y se sorprendió de ver tanta gente. La reunión la había imaginado con las personas allegadas a la familia y dos o tres amigas de años. La música fue estridente. Tiempo después le pidió a su amiga una aspirina y más tarde se despedía. Había empezado la lluvia y el esposo de la anfitriona fue el encargado de llevarla hasta su casa, contrariado por dejar a medias una plática.

La mujer, cada vez que tronaba, se tapaba los oídos. En aquella soledad de agua, le preguntó:

—¿Te doy un masaje en la nuca? —tal vez disminuya tu dolor.

El agua corría por la avenida arrastrando la basura de la ciudad.

Ella Tenía un cuello de garza. Las manos iban desde la nuca hasta los hombros y se detenían entre los dorsales y el arroyo de la espalda. Tenía ventosas y toques analgésicos en las yemas de los dedos.

El agua golpeaba el techo del carro.

—¿El dolor?

—Me lo quitas. —y ella destrabó los ganchos del corpiño. — sigue.

El masaje hurgó en áreas oscuras y sensibles. El golpe del agua coincidió con un arrebato que la cimbró. Una erección del cabello que la recorrió hasta llegar a los dedos de los pies.

En la oscuridad se escuchaba el muelleo, la rima de estertores y los quejidos de placer que tenían como fondo el murmullo de la lluvia.

El aguacero se hizo garua pertinaz y del dolor quedó una diminuta luz.

Logran científicos el nacimiento de ratones con dos papás

compartiendo

https://aristeguinoticias.com/1603/kiosko/cientificos-logran-nacimiento-de-ratones-de-dos-papas-macho/