La abuela de Rubén García García

Sendero

El abuelo tiene cinco años que murió y la abuela no deja de llorar. La escucho por la noche con sus gimoteos de niña. Hoy le diré al padre Toño para que se haga el aparecido.

El cura habló con ella y sigue lloriqueando. Si supiera que a mí no me duele el abuelo, me jode ella, que de tanto escucharla me deja con el ojo pelón. Anoche, la escuché hablar dormida: «Remigio, me dijo el cura que dejara de llorar para que tu alma descanse. Sabes que no le haré caso, seguiré gimiendo para que te revuelques en el purgatorio como el gusano que siempre fuiste».

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