La lotería

Por las tarde repican campanas llamando a misa, hoy el sonido duele, es diferente; habrá una misa de cuerpo presente. Murió Gervacio. Compañero de todos. Un abuelo se abre paso. Se acerca al féretro, dice en silencio: «me fallaste». Después del sepelio se reúne el clan de la tercera edad . En el cuaderno tachan el nombre del finado y el ganador obtiene jugosa ganancia. Ya se ofertan los números del siguiente evento.

Los Abuelos

 

Despedida

SOLEDAD ANDENSOLEDAD ANDEN

Hoy vino a verme. La abrace con íntima calidez. Dijo que se encontraba bien, con intenso trabajo. Entendí entonces que no nos veríamos por mucho tiempo y volví a abrazarla para desearle fortuna. Nadie se dijo adiós. Se fue. La vi caminar bajo el sol sin su sombra.

El tesoro(Haibun)

cox iglesia

Llegué al pueblo, la iglesia que piedra tras piedra conquistó altura. La entrada miraba al mar. Desde el atrio, contemplé  el paisaje; caminos reales, senderos. Casuchas sobre la grama, el ganado vacuno sesteando bajo viejos árboles.

La nave principal, amplia, adornada con retablos tallados por manos artesanales. Al centro, la imagen de Jesús, iluminado por veladoras. Aroma a silencio que se esparcía con la misma intensidad con que la humedad lo hace sobre las paredes. El tiempo allí, no existe.

 Recorrí calles, comercios, platiqué con algunas familias y, por último, me entrevisté con las autoridades.

—Señor Presidente, ¿aquí hay dentista?

—No hay, pero viene uno cada mes. ¿También saca muelas?

—Para nada.

 No tuve duda, mi intuición decía que allí estaba un tesoro. Años después, sabría que el tesoro no eran riquezas, sino la comprensión de un pueblo olvidado, rico en cultura, despojado de sus tierras.

Tiempo y silencio,
Jesús crucificado;
olor de rezos.

 

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Andariego

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Bajo la sombra, sentada, una adolescente escudriña el caserío; imagina que su perro yace con el lomo quebrado en alguna callejuela. Su mirada triste y húmeda. No le arden, no le pican, pero ella los talla. Varias amigas la saludan, más de alguna acompañada por su perro. Está por regresar, cuando siente el roce de un lomo peludo por sus piernas, sabe que es “callejero”. Se hace la indiferente y alzando la voz lo regaña por no avisarle dónde es que se había metido. “Dos días sin saber de ti es demasiado». El Perro le mueve la cola. Ella no se inmuta. Su mirada proyecta que en un futuro “Callejero” no regresará. De muy dentro sale un grito  “ No has sido buen perro. Eres libertino, andariego” El can lame sus manos, chilla, mueve la cola. Ella suspira. Toma piedras, cierra los ojos, tira a no darle. “vete” camina dándole la espalda a pasos cortos y después corre hasta ser un punto.

Hayku

 

 

 

.-monet-paintingsLa nieve cubre
los pinos de la tundra.
El sol emerge.

El baile

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Me habían dicho que Lillo era quien bailaba vestido de payaso. No imaginé que aquel viejo aserrador, diestro en trepar los árboles, fuese el danzante. De cara terrosa, cuarteada y con ojillos que simulan persianas entrecerradas, llegaba a la falda de la montaña al clarear la mañana para aserrar la caoba, el cedro o el carboncillo. Es el oficio que aprendió y sabe del quehacer, pues una tabla serruchada por él mide una pulgada por cualquier lado. Lo hacía a escondidas de los militares, por encargo de los ricos. Es un trabajo duro que lo contrapone con sus emociones, por lo que murmuraba -en totonaco- un rezo de perdón.

Tirar el árbol, derramarlo, trozarlo, subirlo a una tarima exige destreza. Trabajaba en silencio. El único ruido que se oía era el roer de los dientes de acero. Era una sierra manual que requería un ojo aritmético y un pulso fino para mantener la dirección del corte. Su oído tenía que ignorar el dolor de la madera y concentrarse en el ruido que hacen las pisadas de los caballos, las voces y ecos. Adquirió con los años un oído de centinela.

Por las tardes, Lillo deambulaba por el parque, la iglesia o el palacio municipal y al saludarlo, sabías que su mano era una pinza revestida por una piel callosa y gruesa. Traía cabello corto que lo cubría con su sombrero de palma; la frente, surcada por canales, servía de marco para unos ojos que ven mejor cuando los entrecierra, pero no adivinas qué hay detrás; sólo se ve una carnosidad, que amenaza con saltar.

En la plaza había ruido de tambores y violines. Sobre la gente arremolinada, atisbé, entre los hombros y sombreros, el baile del payaso. En medio del cuadrado estaba él vestido de colores y con mascara; en cada ángulo, un bailador. Movía hombros y piernas con gracia y elasticidad; se acercaba a cada uno de los danzantes y, bajo el influjo de la música, estremecía su cuerpo, lo hacía temblar durante unos minutos. Con vertiginosa armonía, saltaba de una esquina a otra. Tal parecía un reto que finalizaba consigo mismo. Bailaba solo; sus acompañantes habían desaparecido. Entre el silencio y la risa destacaba –más aún – su profunda soledad: se hacía irreal, sin tiempo. Era un espíritu libre, lejos de la pobreza y la miseria diaria. Poco a poco, doblaba su cuerpo, llegaban las convulsiones y la muerte que coincidía con la nota aguda y lastimera del violín. El público le miraba con tristeza, como viendo parte de su vida en la muerte del payaso. Poco después, cada quién seguía su camino.

El tigre

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En la fría, soleada mañana llegó el pájaro que acicala , es un ave que le acomoda el pelo con la peineta de su pico. Él responde con gruñidos , el ave entre chisme y chisme  quita las garrapatas del cuello y sigue.
Hoy no gruñó el tigre y el ave comprendió que era un día diferente y calló respetando su deseo.Tiene la cabeza oculta entre sus patas y no percibe que las mariposas revolotean alrededor de su testa. Arriba hay sol tibio, no siente el calor que cae sobre el  lomo.

Anoche no levantó su testa al cielo. La luna se fue malhumorada; gusta reflejarse en sus ojos; Allí se peina, corrige sus aretes y se retira.

¡Se fue el hijo del tigre! él se ha quedado solo, ya no harán las correrías por caminos que le enseñó. Sabe que es viejo, no tendrá más hijos. Tiene una mirada lejana.  Recuerda los besos del cachorro sobre su hocico, los juegos insistentes, con sus manazas.

Todo fue después de la tormenta, del rayo que mordió los hombros de la montaña.¿Qué dislocó su corazón? para que su hijo cambiara tanto: se hizo taciturno, de mal carácter, y luego enmudeció.

Está solo, pero eso no le preocupa. Él disfruta del viento, la mirada de la luna y el grito en la lejanía de los búhos. Su hijo se fue; eso pasaría tarde o temprano., preocupa lo que dijo antes de irse, lo dijo sin decirlo. Pero el padre adivina que le han dado ansias de matar por el sólo placer de matar y eso no lo soporta.

 

La tierra

 

 

tierra

El hombre la parásita,
la desnuda, desequilibra
Ella soporta al político
al inversionista
al mercader
al soldado
al cura
y hasta los poetas.

¿Y quién nos amparará
cuando ella diga Basta?

El mar (Haibun)

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Había visto tu bastedad de pie sobre un acantilado: la playa, las olas mansas. ¡Nunca había estado cara a cara! Asombras, enmudeces, abrumas, empequeñeces.

Vuelves al escuchar el graznido de las aves, te extasías ante la marcha de los delfines o el vuelo mudo de los pelícanos. Hay agua viva, percibes que abajo hay un cuerpo gigantesco que respira.

Bajo mis pies,
y miles de miradas
la inmensidad.

Bajo mis pies,
y miles de mirada
la inmensidad.

¿Y después de la torre?

Babel.Claude-Lorrain

Nos enamoramos. Entre sueños cuando construíamos codo a codo la Torre de Babel,  se rompió la palabra y después el entendimiento.

Hayku

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Es primavera.
los árboles carentes
aún te esperan.

Fútbol

futCuando  al defensa le ganaron la espalda, supo que su portería sería vulnerada.

La íntima amiga

mujer

Susi me esperaba sentada en un café de chinos. Frente a ella, pensé en la diferencia que había con aquella que traté en la escuela del barrio. Me dio un beso en la mejilla; capté su olor a tabaco. De jóvenes concurríamos a los mismos lugares; las miradas de los varones siempre se movían al compás de sus caderas. Caminos diferentes nos separaron, ella de tumbo en tumbo, yo entre las velas, el rosario y el recato. Mientras sorbíamos el café, confesó su deseo de darle un giro a su vida. Instalar un negocio de ropa, de costura, abandonar la vida en rosa. Me solicitó una buena cantidad de dinero en condición de préstamo para rehacer su vida, cosa que aplaudí, se lo prometí de corazón, ¡por los viejos tiempos! Claro, antes continuaría trabajando con la juventud que le restaba, en el salón privado donde noche tras noche prostituía. Yo, como administradora de dichos negocios le ahorraría su bono para el retiro.

Tanka

monet jardin

Se va el amor,
mudo desaparece.
Pero el recuerdo
de lo intenso y vivido
florea para siempre.

Soy más viejo que mi padre

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Sale luz brillante de la lámpara, escucho, “sólo miraras puntitos de colores. cuéntalos”. Llegué a tres y no supe. la náusea brinca bajo la lengua. Tengo frío, frío intenso, dentro. A dos camillas de la mía, una niña se queja. Con señas hice que la enfermera me auxiliara. Me cubre con una frazada y deja un riñón de acero por si vomito. Muevo manos, pies y siento. “es ganancia” Supe por la enfermera que fueron casi cinco horas de cirugía de espalda. Dormito, sueño, o no sé; despierto e intento arquear. La niña se queja y me duele. “solo tiene diez años, escucho otra voz. Dile a su médico.
soy más viejo que mi padre, me duele serlo; dolor íntimo, petrificado. Padre Hubieses recogido el olor de la tierra si hubieses llegado a mi edad. Cargo piedras que ruedan sobre mi espalda herida. Dolor que hace bolas o se estira; es tan pequeño como inmenso fue el tuyo Nada comparado con tu sufrimiento. Tan joven que eras y yo tan viejo.