La hoja
Los caminos son infinitos, dijo la hoja del árbol antes de morir, un segundo después tomó el viento de otoño.
Nos vamos de vacaciones
Ya lo pensé mejor amor mío. Dijo a su esposa. No vamos a París. he conseguido boletos para el lago Natron*. ¡Verás que te quedarás de una sola pieza!

*El lago Natron es un lago de agua salada, ubicado en la frontera entre Kenia y Tanzania.Su superficie tiene entre unos 600 y 800 km², Al estar cerca del volcán Ol Doinyo Lengai (“La montaña de Dios”), tiene complejos compuestos químicos. pH de 10.5 y es un líquido tan cáustico que puede provocar serias quemaduras. El carbonato de sodio, uno de los compuestos químicos que más abunda en el lago, es justamente uno de los que se empleaban en el Antiguo Egipto para la momificación.
Bajo el volcán
Llegamos a vivir cerca del volcán. En noches de frío intenso, te hacías bolita, tu cabeza descansaba en mis brazos, tus pies se calentaban entre los míos. próximos a dormir, la pierna derecha cubría la redondez de tu muslo con olor a fiebre y sabor a canela. Ayer, dijiste que me apropié de la frazada, que en la madrugada te despertó el frío. Me reclamaste con enojo, en tus ojos creí ver una luz con regusto a quina.
Dejamos de abrazarnos, sombreamos nuestras sábanas de lejanía; cada uno comenzó a abrigarse con su propio cobijo de lana.
En las noches que siguieron, el frío derramó vidrios en la casa .
No puedes conciliar el sueño, porque tu cuerpo no responde al acomodo; yo me cubro hasta la cabeza, pero mis ojos permanecen abiertos, sintiendo una profunda oscuridad –fría como la menta– afuera, se oye el chiflido del viento que golpea y hace crujir las ramas. En el espacio que media entre tú y yo, camina un interminable silencio.
La fiesta de la fe
La clausura de la feria anual , la festejarían los ungidos con su principal evento: la carrera de montañas.
Senryu
Hay sol y llueve.
El ulular del viento
canta en los árboles.
Senryu
Roe a la piedra
la corriente del río.
Nadie lo cruza.
La mariposa fea

Tenía colores pardos y soltaba una pelusilla gris cada vez que se posaba en una flor. Volaba como si tuviese un ala rota, en tanto las amarillas lo hacían como breves fogatas sobre las olas del mar. Oculta tras un viejo árbol veía con admiración la fuerza interior de los monarcas; a ella le dolía el ala al volar:
—reumatismo juvenil, —había dicho su mamá, es cosa de familia. Hacía paradas frecuentes, eso molestaba a las flores ya que manchaba sus pétalos con pelusa gris.
—Esa mariposa tiene mucha caspa, —cuchicheaban entre sí. Cuando se enteró dejó de visitarlas, se guareció en el viejo cedro.
Al tiempo, las flores se hicieron pálidas y una masacre de arrugas llegó de improviso. Algunas en silencio padecían la vejez, otras sollozaban al verse ajadas y polvosas.
La mariposa fue hacia ellas, así tuvieron fuerza para decirle “llévate tu caspa a otra parte.” Pero una flor infante, le dijo: acomódate a mi lado y cuéntame de la vida, mi aliento se escapa y no conozco el mundo.
Habló de la montaña, del viento, de la alegría del pájaro y del viejo cedro donde vivía.
—Sigue contándome.
Los días siguieron como los caballos que trotan en la pradera, como la gota que rueda por el fruto, llovía pelusa gris sobre la flor. Hasta que un día pidió que la peinara y vio que la luz había llegado de nuevo a sus pétalos.
La flor sonrió:
—Quédate conmigo, abrígame. Me has quitado la pena, y ahora deseo mirar las puestas de sol, y escuchar el clarín y sentir el griterío de los cotorros.
Sueños
Tiene ojos negros.
de mirada aromática.
Ella ha soñado:
una calle desierta
y entre los árboles
Tanka a la existencia

Dónde quedó
el árbol que sembraste;
la luna, el fruto.
Todo se fue sin ver,
ciegos en trote-
Al final de la vida
todo se va se va.
La mujer
Fíjate en la piedra salobre,
Lápida que la gaviota desprecia.
Viento rencoroso que anida;
En medio del remolino,
cuaja el parto de la vida:
una flor retadora se levanta,
desafiando al viento, al mar y la gaviota.
Tanka
Se van los pájaros
como la juventud,
amor de otoño.
Vuelan hojas y flores
que ya nunca veré.






La yegua tenía asma y sudaba copiosamente. Encharcado el lomo. La silla se movía de un lado a otro. Íbamos pegados a la montaña. Al pasar sobre una peña, la silla resbaló a un lado, y mi cabeza quedó hacía abajo, y los pies arriba.