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Sale luz brillante de la lámpara, escucho, “sólo miraras puntitos de colores. cuéntalos”. Llegué a tres y no supe. la náusea brinca bajo la lengua. Tengo frío, frío intenso, dentro. A dos camillas de la mía, una niña se queja. Con señas hice que la enfermera me auxiliara. Me cubre con una frazada y deja un riñón de acero por si vomito. Muevo manos, pies y siento. “es ganancia” Supe por la enfermera que fueron casi cinco horas de cirugía de espalda. Dormito, sueño, o no sé; despierto e intento arquear. La niña se queja y me duele. “solo tiene diez años, escucho otra voz. Dile a su médico.
soy más viejo que mi padre, me duele serlo; dolor íntimo, petrificado. Padre Hubieses recogido el olor de la tierra si hubieses llegado a mi edad. Cargo piedras que ruedan sobre mi espalda herida. Dolor que hace bolas o se estira; es tan pequeño como inmenso fue el tuyo Nada comparado con tu sufrimiento. Tan joven que eras y yo tan viejo.