Tiempo de elecciones

Me obligo a ser respetuoso con los directores. Escucho sus pláticas, me honran invitándome a sus eventos, donde los candidatos enseñaran el músculo. Prometo ir, no voy. En la inmensidad del tiempo, ser director de un nivel intermedio, es un puntito deslavado en la historia. Sigo tallando la idea, la palabra, quizá mañana, algún lector despistado me encuentre. Eso anima más, que ser un «ejecutivito».

Raymundo de Madrazo

El carrusel Merche Postigo

. . Con esfuerzo me muevo entre las sabanas, estiro las piernas, saco los pies fuera y me apoyo en el suelo. Es de madera. La habitación está limpia. Me gusta caminar descalza. La noche ha sido fría y a mis rodillas les cuesta reiniciarse. La habitación está oscura. Corro las cortinas y la luz […]

a través de “El carrusel” …Merche Postigo — La Librería de Merce

Solo quedaron sus huellas

Me miró con amor; contesté su mirada.Tendrás que esperar, -me dijo.- y se fue. Quedó su olor de flores breves y el canto de sus pájaros mudos.

camino

Los ojos de la mujer

¿Recuerdas la casa de madera con macetas colgadas sobre la pared? la muchacha con vestido de algodón que se le adhería a los muslos. Tú la mirabas en su quehacer mientras cocinaba. Esa mujer deseaba un aliento. Se alegraba con tu mirada. Manos que daban a tu paladar una tortilla recién hecha.
Ella te percibe, ¡ah, pero los hombres son tan tontos! Todo lo quieren entender con un descaro. El pedimento con la mirada, dura segundos, si te distraes admirando sus muslos nunca comprenderás lo que están diciendo los ojos.

mujer mirada

La campeona de Hector Viveros

De no ser porque se hizo novio de Ale, nunca hubiera sido campeón. Le aconsejaba sobre los puntos débiles, las dolencias, las heridas y las limitaciones de cada uno de sus adversarios antes de la lucha.
Claro que El Tigre sabía como conseguir la información, e incluso que, a veces, las dolencias y cansancios de los rivales eran a causa suya. Lo curioso es que, aun cuando pronto se descubrió la estrategia, los otros luchadores nunca le reclamaron nada y se siguió repitiendo, domingo a domingo, la misma escena.
Lo único que los demás le pidieron al Tigre fue que, cuando fuera campeón, le pusiera a ella el cinturón y la paseara en hombros por el ring.

Héctor Viveros. WWW.FICTICIA.COM

lucha

 

Variaciones a una dama triste

Hago a un lado tu sombra.  
Sonrío de la seguridad que manifiestas cuando charlas sobre el amor  
percibo tu latido saltón.
En soledad tu rostro vuelve a sus inicios,
en tus ojos vive aún la niña
Me complace platicar con ella.
Te cuento del señor del bongo que percute en tu vientre;
son los tambores de la vida. te digo.
En la cama te arropo,
en tu remanso de sueño
soplo a tu corazón para que seas fuerte;
los dos sabemos que los paisajes cambian.   
Mañana no me verás,
aunque sé que preparaste la cena.
No desesperes, siempre estaré entre tus hombros.
Y cuando sea lejano recuerdo porque te  refugies en otro abrazo,
partiré en silencio.

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Una carta sin respuesta

Me ha extrañado tu silencio;
cada dia que pasa
te miro más lejos.
¿Aún escalas el agobio?
O das de vueltas sin parar.
Espero el día
en el que puedas asombrarme con un helecho
que haya motivado la imaginación de Neruda…

helechos

 

Lunes de verano

Ya es lunes, abrasado desde la mañana, mi piel  es insultada por el bochorno. Es inminente que el sol abrirá fuego. Los pájaros cantan en silencio, las hormigas trabajan como si se fuese a caer  el mundo. Cada quien ha tomado su liana en el quehacer, a mí me toca esperar la vieja tarde, que por ser visita diaria, nos saludamos arqueando la ceja.

sol

El candidato

-Saben, como yo -Hablaba al maestro, el cura, curandero y el  prestamista-. Que este pueblo donde hay cerdos que comen mierda, no hay hierba fresca, sólo crecen nopaleras y ortigas, es difícil que llegue la modernidad sino hay  luz ni carreteras. Mañana es el mitin. Qué a nadie le falte su torta, refresco y la gorra.
– Era dulce a los oídos de los votantes  escuchar al candidato decir.
– Tendrán agua, escuelas, un hospital para que los niños, embarazadas, viejos sean atendidos, harta medicina. Llegará dinero para los cientos de pobres y becas para que los muchachos estudien, y cuando regresen nos traigan el saber del mundo.
Los viejos sabían que después del voto, el candidato nunca volvería.
mitin

La feria

—Buscaste en los cajones
—si
—Debajo de la cama
—si
—¿Debajo del colchón? El flaco se paró y fue hacia el pequeño y revuelto dormitorio
—Aquí está el billete. Alcanza para pasajes y algunas chelas.
Poco hablaron, empezaron a vestirse y salieron hacia la comunidad. A media hora en urbano. El pueblo tenía fama de ser afectuoso y tener hermosas mujeres. 
La noche caía. El baile sería en un campo a cielo abierto. La parte donde tocaría el conjunto era la única cubierta. La mitad de las mesas estaban ocupadas.
Alejados de las torres de sonido, pidieron al mesero cervezas.  Eran estudiantes, gustaban del relajo, tenían la anécdota, la risa a flor de boca. Podían platicar por horas con algo frío en la mano.
—El pago es por adelantado. —Dijo el mesero.
A lo lejos se veían relámpagos, las nubes gordas y oscuras, ocultando parcialmente a la luna.
Habían tomado tres cervezas al inicio de la tormenta. Gotas grandes, filosas que espantaban a la gente
—¡Chigatumadre si te paras!
—¡Chingas la tuya si te rajas!
LLamaron al mesero que fue con paraguas.
—Otras. —Dijo Jorge y pagó.
Las gentes se retiraron para guarecerse. Ellos quedaron. El mesero iba y venía llevando las amargosas. 
Un sujeto con chistera. vestido estrafalariamente, protegido por el paraguas llegó hasta ellos.
—Están tomando cerveza de mi marca, soy el caballero corona, por su constancia les obsequiaré un cartón de cerveza. El mesero con impermeable, venía dando tumbos, llegaba con el cartón de chelas, sin cobro.
El agua calmó y las parejas regresaron a las mesas, la música tropical movía caderas. El cartón se vació.
La noche se puso bochornosa.
—Tengo hambre –
—También.
Comieron media docena de tacos y con la mirada vidriosa, Jorge dijo
—A ver si eres tan cabrón, Te reto a que te subas a la rueda de la fortuna.
—Chingo a mi madre si no acepto.
Compraron los boletos, se subieron y el empleado que los sujetó, les hablo de cerca.
—Están pedos.
Jorge sacó un billete de veinte pesos y se los puso en la bolsa.
A la tercera vuelta, la náusea llegó a trote en ambos. Vomitaron los tacos y la cerveza que en cascada caían sobre las personas, el operador. Bañado por el vómito, paró la rueda. Un parroquiano manchado de la ropa les dio una patada por el culo y como pudieron salieron de la zona. Todavía escucharon:
—¡Borrachos hijos de la chingada váyanse a vomitar a su madre!
Otro aguacero, el lugar quedó solitario.
—Vámonos.
—¿no has visto la hora?
– Ya pasa de la media noche. No hay cómo irse.
– Vamos a la carretera federal. Por allá debe de pasar alguno.
Caminaban apoyándose el uno con el otro a media calle, una camioneta les sonó el claxon para que transitaran por la orilla.
—¡Puede llevarnos! gritó Antonio
—¿A dónde van?
— A Veracruz.
—Súbanse en la batea. Tengan cuidado con los cerdos.
Iban en la camioneta aferrados a la reja. Resistieron de pie hasta que el vehículo encontró un bache y cayeron al piso. No podían levantarse, estaba resbaloso de tanta mierda y cuando casi lo lograban, un empellón de los cerdos los hacía caer de nuevo. Ya en la carretera se pusieron de píe.
—¡Tengo mierda de cerdo hasta en el culo! Dijo Jorge.
—Estoy peor, no encuentro mis lentes, no veo nada. ¡Ayúdame! 
Te agarro del cinturón y tantea entre la mierda, total uno poco más no te hará daño.
Estaban a tres kilómetros de donde vivían. El par era más mierda que carne. La borrachera se les había bajado, Llegaron a la fuente de las tortugas.
—Chingas a tu madre si no te metes
—Chingas a la tuya si no.
Corrieron como preescolares, se metieron. Su fortuna terminaría cuando se paró una patrulla de la policía y los sacaron, con chingadazos de macana en la espalda.
Súbanse cabroncitos, dormirán en la cárcel.
—Pareja, pareja, mejor pídales algo de billete, o el reloj, estos cabrones apestan a mierda de puerco y van a perfumar la nave.
—Ya juntos en la regadera, Antonio dijo en voz alta
—A ver cuando me invitas a otra fiestecita de pueblo cabroncito.
—Deja de chillar, y date otra enjabonada con detergente, pues el olor de mierda del cerdo no se va.

feria eleuterio perez

Feminicidio

Largo festín de la manada de perros, desmembrando a la mujer sin rostro. Fue la que estuvo un día antes, tomando una cerveza con sus amigos recientes.

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