De no ser porque se hizo novio de Ale, nunca hubiera sido campeón. Le aconsejaba sobre los puntos débiles, las dolencias, las heridas y las limitaciones de cada uno de sus adversarios antes de la lucha.
Claro que El Tigre sabía como conseguir la información, e incluso que, a veces, las dolencias y cansancios de los rivales eran a causa suya. Lo curioso es que, aun cuando pronto se descubrió la estrategia, los otros luchadores nunca le reclamaron nada y se siguió repitiendo, domingo a domingo, la misma escena.
Lo único que los demás le pidieron al Tigre fue que, cuando fuera campeón, le pusiera a ella el cinturón y la paseara en hombros por el ring.

Héctor Viveros. WWW.FICTICIA.COM

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