A ella le gusta mirar las estrellas.

Amo a la mujer con quien tengo coincidencias; flores que nacen una al lado de la otra. Amo las diferencias, sin ellas, seríamos fábula. Gusta de las estrellas. Yo sueño con montar un cometa. Disfruta la soledad, estar con bata bajo la luz de la luna. Yo la atormento con la guitarra, canto en la noche a la rueda cobriza que salta de rama en rama. Lejos aullan los perros y se escucha el motor de los camiones que van hacia la montaña.

Pau cezanne

El adiós

!Qué silencio!
¡cuánto peso tiene el adiós!
Escucho mis palabras mudas,
la lluvia fría que resbala por el parabrisa.
Es insoportable tener el  fuego en mi mar.
Carentes hasta de tus silencios,
enfrento el crepúsculo.
desarticulado  mi pensamiento.
los destellos perturban.
La oscuridad sabe a barro y hueso.
Tal vez esté en la ventana,
Recordando la primera vez que pronuncié su nombre.
Voy a cien kilómetros por hora
y las espigas de la hierba
desprenden su adiós  con el viento.
¡Golpeo el volante!
¿Los adioses son para mí?
o  para el viento que pasa.
Me siento ridículo;
moviendo la mano
al igual que lo hacen los limpiaparabrisas.

 

Juan palomino

La cosa de Luisa Valenzuela

luisa valenzuela

Él, que pasaremos a llamar sujeto, y quien estas líneas escribe (perteneciente al sexo femenino) que como es natural llamaremos el objeto, se encontraron una noche cualquiera y así empezó la eeqod_minifalda-sexy-bg-sMileycosa. Por un lado porque la noche es ideal para comienzos y por otro porque la cosa siempre flota en el aire y basta que dos miradas se crucen para que el puente sea tendido y los abismos franqueados.
Había un mundo de gente pero ella descubrió esos ojos azules que quizá –con un poco de suerte- se detenían en ella. Ojos radiantes, ojos como alfileres que la clavaron contra la pared y la hicieron objeto –objeto de palabras abusivas, objeto del comentario crítico de los otros que notaron la velocidad con la que aceptó al desconocido. Fue ella un objeto que no objetó para nada, hay que reconocerlo, hasta el punto que pocas horas más tarde estaba en la horizontal permitiendo que la metáfora se hiciera carne en ella. Carne dentro de su carne, lo de siempre.
La cosa empezó a funcionar con el movimiento de vaivén del sujeto que era de lo más proclive. El objeto asumió de inmediato –casi instantáneamente- la inobjetable actitud mal llamada pasiva que resulta ser de lo más activa, recibiente. Deslizamiento de sujeto y objeto en el mismo sentido, confundidos si se nos permite la paradoja.

Tiempo de elecciones

Me obligo a ser respetuoso con los directores. Escucho sus pláticas, me honran invitándome a sus eventos, donde los candidatos enseñaran el músculo. Prometo ir, no voy. En la inmensidad del tiempo, ser director de un nivel intermedio, es un puntito deslavado en la historia. Sigo tallando la idea, la palabra, quizá mañana, algún lector despistado me encuentre. Eso anima más, que ser un «ejecutivito».

Raymundo de Madrazo

El carrusel Merche Postigo

. . Con esfuerzo me muevo entre las sabanas, estiro las piernas, saco los pies fuera y me apoyo en el suelo. Es de madera. La habitación está limpia. Me gusta caminar descalza. La noche ha sido fría y a mis rodillas les cuesta reiniciarse. La habitación está oscura. Corro las cortinas y la luz […]

a través de “El carrusel” …Merche Postigo — La Librería de Merce

Solo quedaron sus huellas

Me miró con amor; contesté su mirada.Tendrás que esperar, -me dijo.- y se fue. Quedó su olor de flores breves y el canto de sus pájaros mudos.

camino

Los ojos de la mujer

¿Recuerdas la casa de madera con macetas colgadas sobre la pared? la muchacha con vestido de algodón que se le adhería a los muslos. Tú la mirabas en su quehacer mientras cocinaba. Esa mujer deseaba un aliento. Se alegraba con tu mirada. Manos que daban a tu paladar una tortilla recién hecha.
Ella te percibe, ¡ah, pero los hombres son tan tontos! Todo lo quieren entender con un descaro. El pedimento con la mirada, dura segundos, si te distraes admirando sus muslos nunca comprenderás lo que están diciendo los ojos.

mujer mirada

La campeona de Hector Viveros

De no ser porque se hizo novio de Ale, nunca hubiera sido campeón. Le aconsejaba sobre los puntos débiles, las dolencias, las heridas y las limitaciones de cada uno de sus adversarios antes de la lucha.
Claro que El Tigre sabía como conseguir la información, e incluso que, a veces, las dolencias y cansancios de los rivales eran a causa suya. Lo curioso es que, aun cuando pronto se descubrió la estrategia, los otros luchadores nunca le reclamaron nada y se siguió repitiendo, domingo a domingo, la misma escena.
Lo único que los demás le pidieron al Tigre fue que, cuando fuera campeón, le pusiera a ella el cinturón y la paseara en hombros por el ring.

Héctor Viveros. WWW.FICTICIA.COM

lucha

 

Variaciones a una dama triste

Hago a un lado tu sombra.  
Sonrío de la seguridad que manifiestas cuando charlas sobre el amor  
percibo tu latido saltón.
En soledad tu rostro vuelve a sus inicios,
en tus ojos vive aún la niña
Me complace platicar con ella.
Te cuento del señor del bongo que percute en tu vientre;
son los tambores de la vida. te digo.
En la cama te arropo,
en tu remanso de sueño
soplo a tu corazón para que seas fuerte;
los dos sabemos que los paisajes cambian.   
Mañana no me verás,
aunque sé que preparaste la cena.
No desesperes, siempre estaré entre tus hombros.
Y cuando sea lejano recuerdo porque te  refugies en otro abrazo,
partiré en silencio.

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Una carta sin respuesta

Me ha extrañado tu silencio;
cada dia que pasa
te miro más lejos.
¿Aún escalas el agobio?
O das de vueltas sin parar.
Espero el día
en el que puedas asombrarme con un helecho
que haya motivado la imaginación de Neruda…

helechos

 

Lunes de verano

Ya es lunes, abrasado desde la mañana, mi piel  es insultada por el bochorno. Es inminente que el sol abrirá fuego. Los pájaros cantan en silencio, las hormigas trabajan como si se fuese a caer  el mundo. Cada quien ha tomado su liana en el quehacer, a mí me toca esperar la vieja tarde, que por ser visita diaria, nos saludamos arqueando la ceja.

sol