!Qué silencio!
¡cuánto peso tiene el adiós!
Escucho mis palabras mudas,
la lluvia fría que resbala por el parabrisa.
Es insoportable tener el  fuego en mi mar.
Carentes hasta de tus silencios,
enfrento el crepúsculo.
desarticulado  mi pensamiento.
los destellos perturban.
La oscuridad sabe a barro y hueso.
Tal vez esté en la ventana,
Recordando la primera vez que pronuncié su nombre.
Voy a cien kilómetros por hora
y las espigas de la hierba
desprenden su adiós  con el viento.
¡Golpeo el volante!
¿Los adioses son para mí?
o  para el viento que pasa.
Me siento ridículo;
moviendo la mano
al igual que lo hacen los limpiaparabrisas.

 

Juan palomino