Recomendaciones del «País»

Murambi, el libro de los huesos de Boubacar Boris Diop. Editorial 2709books (digital) y Wanafrica (papel). Trad. Mireia Porta i Arnau.

Abril, 1994. Ruanda se rompía, hace 25 años, ante la mirada esquiva del resto del planeta. Boris Diop partiendo de su confesión sobre su propio desconocimiento escribe una novela sobrecogedora, lúcida y profunda. El mundo miraba a otra parte mientras morían asesinadas más de 800.000 personas en cinco semanas. «Siempre ocurría tan lejos», explica uno de los personajes al comienzo de la novela en países al otro lado del mundo… «Pero en aquel principio de abril de 1994, el país al otro lado del mundo era el mío».

Mi carta más larga de Mariama Bâ. Wanafrica. Trad. Sonia Marín Pérez.

Imposible de conseguir desde hacía mucho tiempo, pocas novelas provenientes del continente africano han sido tan demandadas como esta (traducida también a euskera bajo el título Hain gutun luzea). La senegalesa apenas escribió otra obra más, inédita en castellano Le Chant écarlate, pero Mi carta más larga fue suficiente para colocarla en la cima de las letras africanas y en el centro de nuestro corazón lector.

Algún día escribiré sobre África de Binyavanga Wainaina.Sexto piso. Trad. Jesús Gómez Gutiérrez.

Murió este mismo año el escritor, el incombustible e inesperado pertrechador de nuevas ideas e imágenes originales que hacían virar nuestro confortable punto de vista. Pero nos deja sus brillantes memorias (incompletas ya), donde descubría, retorciendo la vida, lo cotidiano y maravilloso que puede ser todo. En ellas un joven Wainaina anunciaba que iba a aprender giyuku (para hacer ”magníficos anuncios descolonizados sobre la Coca-Cola”. Dicen que le han visto por ahí bailando con Brenda Fassie.

Época de migración al norte de Tayeb Salih. Huerga y Fierro Editores y Alcor.

Escrita en árabe, su autor, originario de Sudán, tenía en mente contar un asesinato. La novela final nos habla de dos mundos, mientras nos sumerge en una trama llena de sensualidad y en la que la se leen dedicatorias como esta, máxima atención: “A todos los que ven con un solo ojo y hablan con una sola lengua, a aquellos para quienes las cosas sólo son blancas o negras, orientales u occidentales”.

Continuar con la liga

 

 

https://elpais.com/elpais/2019/07/11/africa_no_es_un_pais/1562836732_219748.html

Mariana Bá

Autora de Mi carta más larga, una de las tres novelas más importantes de la literatura africana, Mariama fue de las primeras escritoras en ofrecer una descripción de la condición de la mujer africana.

Nació en Dakar en 1929 dentro de una familia acomodada. Fue criada por sus abuelos, en un medio musulmán tradicional, ya que su madre murió cuando ella era muy niña. Esto hizo que desde muy tempranan edad se mostrara crítica con un sistema que la discriminaba por el simple hecho de haber nacido mujer y le negaba una educación por la que tuvo que luchar, ya que sus propios abuelos no creían que una mujer debiese recibir educación.

Su padre fue Ministro de Salud en 1956. Finalmente estudió en la Escuela Normal de Rufisque donde, en 1949, obtuvo el título de maestra de enseñanza primaria. Ejerció durante doce años llegando a ser inspectora escolar regional.

Fué esposa del diputado Obèye Diop con el que tendría 9 hijos y del cual se divorciaría años más tarde. Pionera en la lucha de los derechos de la mujer, participó en diversas organizaciones de mujeres y escribió artículos en periódicos locales. De delicada salud, murió de cancer en 1981.

Publicó su primera novela Une si longue letter [Mi carta más larga] (1979 y Premio Noma 1980) cuando tenía 51 años y trata de las confidencias de una viuda senegalesa, Ramatoulaye, a su mejor amiga, Aïssatou, divorciada, que ha dejado su país. Entre la resignación y la voluntad de cambiar su vida, el lector accede a un retrato íntimo sobre la condición femenina en África, en especial la injusticia y el desamor que comprende la poligamia y realiza una crítica ante temas como el sistema de castas, la familia o la religión.
Une si longue letter está traducida al castellano como Mi carta más larga (Ed. Zanzibar, 2005) y en catalán por Takusán Ediciones. Está considerada como una de las tres novelas más importantes de la literatura africana.

Su segunda novela, Un chant écarlate [Canto escarlata] (1981) trata del fracaso de un matrimonio interracial entre Ousmane, un humilde joven senegalés musulmán y Mireille, la hija de un diplomático francés, ambos estudiantes de filosofía en la Dakar de los años 80.

Es la primera escritora senegalesa en ofrecer una descripción, con una lucidez extraordinaria y un decir poético, la condición de la mujer africana, la ausencia de derechos y la poligamia.

http://www.casafrica.es/detalle-who-is-who.jsp%3FPROID=70620.html
Mariama Bâ publicó esta su primera novela cuando tenía cincuenta y un años. A menudo se habla sobre los escritores que comienzan jóvenes, pero apenas se resaltan los que lo hacen a una edad más avanzada. Son los escritores del no en sentido contrario, los que se mantuvieron en silencio durante largos años, antes de decidirse a escribir. Ella lo hizo tarde, ya casi a las puertas de la muerte, y apenas tuvo tiempo de publicar otro libro en vida, dejando su segunda novela concluida poco antes de fallecer.
Mi carta más larga, es un libro que habla sobre la condición de la mujer en Senegal, es cierto, pero en su breve extensión trata con acierto un buen número de temas. No quiero repetir lo que ya se ha dicho y observado en múltiples críticas y reseñas realizadas sobre la obra. Prefiero limitarme a resaltar las dos o tres ideas más poderosas que me han quedado tras la lectura del libro.
A resaltar que las dos protagonistas, mujeres africanas, son mujeres que han decidido, en el ámbito personal ante la poligamia impuesta por sus respectivos maridos. Aïssatou, ante la aparición de la segunda esposa en su vida conyugal, decide abandonar al hombre y marcharse al extranjero. Ramatoulaye, permanecerá a su lado, pero irá dando a conocer sus razones y su cambio de actitud vital como mujer, como esposa y como senegalesa.
Por un lado, la protagonista realiza un ejercicio de introspección, durante el largo período de duelo, vuelve la vista a su vida pasada y va desgranando las causas y las razones que la han llevado hasta la situación actual en la que se encuentra, abandonada tras haber realizado con rectitud el papel que se supone corresponde a toda mujer (en este caso, dentro de la sociedad senegalesa, musulmana): cuidar al marido, tener hijos, trabajar en el hogar: “Su comportamiento está condicionado: una cuñada no toca la cabeza de una esposa que ha sido cicatera, infiel o ha faltado a la hospitalidad” (pág.12). Cuando el marido decide tomar otra esposa (poligamia) es cuando Ramatoulaye se ve obligada a ponerse delante del espejo. Su capacidad para sobreponerse a la situación, hasta el punto de no optar ni por culpar a la segunda mujer (una joven a la que su propia familia ha obligado a casarse con un hombre mucho mayor que ella, un ser roto e infeliz) ni por encerrarse en si misma y lamentar su suerte. Ramatoulaye desafía al mundo, rechazando sucesivos pretendientes, “no conformándose”, sintiendo que ha de erigirse en dueña de su propio destino.
Por otro lado, la narración nos va adentrando en una nueva época, con nuevos tiempos que ha traído la independencia de su país, la protagonista contempla la actitud de sus hijas que la llevan por otros caminos, una modernidad que viste pantalones y mantiene relaciones sexuales libres antes del matrimonio, o que comparte las tareas entre los dos, creando una unidad, una vida en pareja que se complementa. Una de sus hijas sopesará, incluso, la posibilidad de dar el paso a la política, idea que después descartará: “No quiero hacer política, no porque no me interese el futuro de mi país ni el de la mujer, pero al ver los forcejeos estériles en el seno de un mismo partido y las ansias de poder de los hombres, prefiero abstenerme” (pág. 114)
Desde la primera línea, el tono de la novela es el de la confidencia. Sientes que Ramatoulaye está abriendo su ser más íntimo a su mejor amiga, y el lector se siente testigo de estas confesiones. Ese aire intimista, delicado, poético, que alterna entre lo amargo y lo dulce, lo reivindicativo y lo cruel, no cesa en ningún momento. Nos hace partícipes de una vida que intenta ser vivida en plenitud, a pesar de los obstáculos, las tristezas y los sinsabores, una vida que se nos muestra abiertas las puertas de par en par, con esperanza en lo que vendrá.
Deformar un alma es tan sacrílego como un asesinato. Los profesores-tanto los del jardín de infancia como los de la universidad-forman un ejército noble de las proezas cotidianas, nunca cantadas, nunca condecoradas.Mariana Ba

El horror*

No era chef, pero a decir de la mafia era excelente haciendo pozole
  • Los que no radiquen en México, es complicado entender la brevedad anterior. La palabra pozole, se refiere a un guisado típico de la cocina mexicana; en el argot del crimen organizado, el pozolero,  es el sujeto que hace desaparecer el cadáver mediante ácidos.

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MIS LETRAS, ESPERO QUE OS GUSTEN, SALEN DE MI ALMA.

Me adhiero de todo corazón

Avatar de María ElficarosaPOESÍA JAPONESA DE ELFICAROSA.

«Para mí, el mayor placer de la escritura no es el tema que se trate, sino la música que hacen las palabras.»

Truman Capote.

cats11111111111111111111111111111111Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío…

Pablo Neruda.

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Las dos malagueñas y algunas versiones

Aunque se llama malagueña a un palo del flamenco tradicional de Málaga que procede de los antiguos fandangos malagueños, la canción que hoy nos ocupa es en realidad un son huasteco o huapango, canción de México compuesta en 1947, atribuible a Elpidio Ramírez, que participó en la Revolución mexicana, logrando obtener el grado de capitán primero de caballería en el Ejército mexicano y Pedro Galindo Galarza.

Lo curioso es que esta canción, profundamente local acaba expandiéndose y alcanzando casi cualquier tipo de música.
La canción se transforma también en el sexto movimiento de la Suite Andalucía (1933) compuesta por Ernesto Lecuona (1895-1963). Se ha adaptado desde entonces a géneros pop, jazz y bandas musicales (militar y de cornetas y tambores) y le han sido compuestas letras en varios idiomas.
Una versión alemana, cantada por Caterina Valente, con la Orquesta de Werner Müller, se hizo muy popular en los Estados Unidos…
…El grupo Chingon fue formado por el director de cine Robert Rodríguez para grabar canciones para su película de 2003 Érase una vez en México en 2004. El nombre del grupo proviene de un término del argot mexicano, chingón , vagamente, pero lo suficientemente cerca que significa “rudo” y / o “impresionante”.Chingon también contribuyó la canción ” Malagueña Salerosa “de Quentin Tarantino ‘s Kill Bill 2. (http://blogs.hoy.es/musica-en-el-tiempo/2016/08/27/malaguena-salerosa/)

Resalto:  Elpidio Ramírez, Ernesto Lecuona y  la palabra: Chingar,  chingón y sus hijos y nietos, esta palabra merece un libro entero y ya ha sido tema de extensos estudios. Conozco una anécdota del gran Elpidio y sacaré  algo de  lo que se ha dicho de esta palabra.

De las primera versiones está de Miguel Aceves Mejía, que tiene una historia de amor que se podría llevar a la pantalla, se caso para siempre con una Argentina.

 

Escuche la versión del grupo CHINGON, pero la verdad no está tan chingón… tomo mejor la versión de nuestro querido Placido Domingo

 

La Malgueña de Lecuona

 

 

Agasajo con sinfónica y  mariachi

 

 

Y la griega Nana Mouskouri

 

Elpidio Ramírez Burgos, conocido como El Viejo Elpidio(Xoxocapa, Ilamatlán, Veracruz, 4 de marzo de 1882 – 14 de julio de 1960) fue un violinista, compositor, arreglista y revolucionario mexicano. Es considerado precursor del género musical conocido como huapango.

Semblanza biográfica

Fue hijo de Luis Ramírez y Margarita Burgos. Participó en la Revolución mexicana, logrando obtener el grado de capitán primero de caballería en el Ejército mexicano. En su vida civil, continuó practicando equitación y charrería.

De cementerios: la muerte de Drácula

Mentira que Drácula murió con una daga de plata enmedio del pecho, no, tampoco porque el sol le haya sorprendido, se sabe por fuentes privadas que se infartó cuando le informaron que el primogénito había donado sangre. RGG

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El paisaje

Tiene algunas semanas que llegué a este pueblo, nada fácil, por tierra hay que cruzar un río y luego tomar el camino real y subir de a pocas hasta llegar a la mitad del cerro que es donde se asentaron los primeros en llegar, ¿quién los habrá guiado hasta este lugar?, no se, pero según he leído, muchos de estos pueblos, buscaron la sierra para escapar de la dominación española. Es un pueblo con abundante población aborigen, aún conservan su vestido, muchas de sus costumbres, sus alimentos y su lengua. Cada que puedo vengo a la iglesia, que es el sitio donde mejor se complace la mirada.  Es una tarde soleada, y desde el atrio se miran las curvas que da el río bordeando los sembradíos y los potreros. Algunas manchas que está en acahuales o bien pedacitos de selva que la codicia ha respetado. Cientos de miles de ojos habrán mirado lo que miro, pero seguramente, había otro paisaje. Enormes árboles de ceiba;  cedro, caoba, frutales y las enredaderas que van de árbol en árbol enseñando sus flores al cielo. Penumbra de selva, calor de selva y la estridencia de los tordos o de los cotorros volando de una rama a otra. Ahora, eso es suposición, lo que veo es una tierra cuadriculada, pelona, con vacas que se alimentan del pasto sembrado por el vaquero. Los pequeños cuadrados cercados con alambre de púas y que obstruyen el camino. Claro que hay madera, es tan grandiosa la vida que la codicia no la ha terminado de talar; por supuesto que al final la codicia se terminará por imponer. Más allá de la mirada, pasando dos o tres veces el río, están las grandes ciudades, de allá vine. Este silencio, la brisa que me despeina, el olor a pan recién hecho y estar contemplando los cientos de caminos que van y vienen me convida a permanecer.

sabana

Hazrat Inayat Khan, epitafio

«Conocí el bien y el mal, pecado y virtud, justicia e infamia; juzgué y fui juzgado, pasé por el nacimiento y la muerte, por la alegría y el dolor, el cielo y el infierno; y al fin reconocí que yo estoy en todo y todo está en mi»
Era descendiente de Sultan Fateh Ali Tipu1​ (1750-1799), conocido como el Tigre de Mysore. Su abuelo, Maula Buksh, que fue famoso en su época como músico-poeta sufí de elevada espiritualidad, le enseñó los secretos del arte de la música devota, y tiempo después su éxito con los rajás y el público culto indio resultó extraordinario. Fue iniciado en la Orden Sufí de Khaja Moinudin Chishti por Seyed Mohammed Madani, quien lo alentó a dejar la India para visitar Occidente. Inayat Khan entonces visitó Estados Unidos en 1910, donde dio conferencias en las universidades de Columbia y Nueva York.
Al principio, viajó por Occidente como un músico, pero después viajó como un maestro de Sufismo, visitando más de tres continentes. Eventualmente se casó con Ora Ray Baker, una estadounidense de Nuevo México, y los dos tuvieron cuatro hijos: Noor-un-Nisa (1913), Vilayat (1916), Hidayat (1917) y Khair-un-Nisa (1919). La familia se estableció en Suresnes, cerca de París.
Creó centros sufíes en América y Europa, y regresó a India a finales de 1926. Ahí escogió el lugar de su tumba, el complejo Nizamuddin Dargah, y murió poco después de su decisión, en 1927.

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El mambo

«…Ellos, integrantes de la Orquesta Arcaño y sus Maravillas, con su ingenio crearon esta nueva forma de sincopar en el año 1938. El mambo estaba en medio de una ebullición creativa y fue en 1947 cuando Dámaso Pérez Prado, un gigante de la música cubana, junto al genio y figura Benny Moré, comenzaron a darlo a conocer fuera de la isla, en México se introdujeron en el mercado con sus Mambos cantados y sus apariciones en películas.
En 1951 Pérez Prado triunfa con su tema: “Rico Mambo” y así lo llamaron “El Rey del Mambo”. Fuera de las tierras mexicanas Prado toma el mambo de Arcaño y le hace nuevas adaptaciones con el swing americano y lo convierte en el baile de los salones de New York de los años 50.
Enriquecer los pasos libres o en pareja con combinaciones sincopadas de Mambo da un dinamismo a las ejecuciones asombrosas, el vaivén de la pelvis, memorias de África, el swing jazzeado, el toque americano, la cuna y el sabor de la síncopa lo dió Cuba, dentro de ese batido está una de las palabras que más asemeja la alegría, el ritmo, el movimiento, la fiesta, así que… ¡Bailador dale Mambo!»

http://www.salsaybachata.com/la-historia-del-mambo/

El maestro

 

 

Les bailará el corazón

 

El número ocho y «Resortes» extraordinario bailarín, disfrute.

 

La que a mí me gusta: fondo musical de algunas películas, numero uno en el hit parade de Estados Unidos. 

 

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Leonora Miamo:»África subsahariana es una fabricación europea…

Quiero decir que Europa la recortó en 1885 y se la apropió para su bienestar en la Conferencia de Berlín, sin consultar a los pueblos subsaharianos»
La premiada novelista camerunesa radicada en Francia se refiere en esta entrevista al rol de África en la formación intelectual de Europa durante la Antigüedad y, respecto del drama de los migrantes, asegura: “África subsahariana es una fabricación europea. Quiero decir que Europa la recortó en 1885 y se la apropió para su bienestar en la Conferencia de Berlín, sin consultar a los pueblos subsaharianos. Desde entonces ella es una pieza esencial de la industrialización, de la prosperidad europeo-occidental”.
Nacida en Camerún en 1973 y residente en Francia desde hace 26 años, la novelista Léonora Miano ha obtenido recientemente una gran cantidad de premios literarios, entre los que se cuentan el Femina, el Goncourt des Jeunes y el Grand Prix du Roman Áfricain. Desde El interior de la noche fue considerada como una revelación y comenzó, a través de una producción voluminosa, a integrar en el público los imaginarios de África de un modo logrado. En sus páginas, la narración novelística propiamente tal se conjuga con los temas identitarios, los discursos de mujeres, la peripecia de la inmigración y la compleja relación con Occidente, tanto en el plano simbólico como político y económico.
La novela La estación de la sombra (La saison de l’ombre, 2013) tiene que ver con la trata de esclavos y está escrita desde una perspectiva inédita, y con una prosa deslumbrante: luego de un incendio sin causa aparente, desaparecen 10 muchachos en una aldea y el relato se centra en las madres y parejas que los buscan. Se hablará entonces con un ritmo recurrente de “aquellas cuyos hijos no han sido encontrados”, como leit motiv del texto que a cada mención va pesando más en el lector. Una nube negra se cierne sobre la casa en que se las encierra como ritual de purificación, para que no contaminen con su dolor al clan: “La sombra es la forma que toma el silencio”, se lee a modo de explicación.
En Crepúsculo del tormento (Crèpuscule du tourment, 2016), la palabra la tienen cuatro mujeres que hablan a un mismo hombre, divagando sobre su existencia erótica y sus identidades marcadas por una formación disciplinadora. Es una novela coral, de escritura elaborada y alcance mayor.
Como en el caso latinoamericano, lo que se puede llamar “literatura” africana no responde solo en parte a los cánones occidentales. Se trata de una historia cuya densidad está formada por un conjunto de sistemas literarios traspasados por el estigma colonial: hay una literatura oral mucho más antigua que la europea, marcada por la densidad histórica de esas culturas, tanto en el mundo árabe como en el área subsahariana, y de literaturas escritas en lenguas europeas atravesadas por procesos de transculturación complejos. Hoy llegan hasta nosotros en francés, inglés, portugués o español. Llegan en lenguas europeas subvertidas por el universo mítico e histórico de sus culturas originarias. Hoy se hacen escuchar en el centro y entregan el impulso vitalizante de las periferias, reconocido por Occidente en el caso de Wole Soyinka y su premio Nobel. Si queremos comprender qué sucede en estos universos, a la vez lejanos y próximos, vale la pena leer esta literatura que nos llega y que ya comienza a ser valorada en su justa dimensión.
—África ha conocido un impulso importante en su mundo intelectual, evidente a nivel internacional a partir de la descolonización. ¿Qué piensa usted del desarrollo actual de la literatura africana?
La actividad intelectual de África es milenaria. En especial ella nutrió a los pensadores de la Grecia antigua, quienes se instruyeron en Egipto. Y la civilización egipcia de la época era absolutamente africana. Más allá de este espacio, el continente africano ha producido numerosas formas de escritura y de conocimiento en muchos campos. Es por desconocimiento que se percibe como inexistente o reciente este rico patrimonio, ya que la imagen de África, para todos, se construye a partir de las conquistas europeas de los siglos XV y XVI. Sin embargo, es a África que el mundo debe el nacimiento del género humano y, por ende, del pensamiento. Basta con aproximarse con un poco de seriedad al tema para darse cuenta. El período colonial no marca el acta de nacimiento de África. Para mí, está sobre todo la literatura, y en la literatura el universo de los autores. Si se entiende por literatura africana a la novela, tal como ha sido producida por los autores subsaharianos, esta es una forma nueva para nosotros.
“Es por desconocimiento que se percibe como inexistente o reciente este rico patrimonio, ya que la imagen de África, para todos, se construye a partir de las conquistas europeas de los siglos XV y XVI. Sin embargo, es a África que el mundo debe el nacimiento del género humano y, por ende, del pensamiento”.

—¿Por qué es un género nuevo?

La novela es un formato europeo; los demás espacios culturales del mundo han tenido siempre modos diferentes de contar historias. En el continente africano, el más antiguo y el más vasto del planeta, nosotros contamos historias desde tiempos inmemoriales y de acuerdo a diferentes modalidades. Hablar de surgimiento de la literatura subsahariana a partir de la descolonización, es arrimar la expresión literaria de este espacio a su encuentro con una Europa conquistadora y leer sus avances en relación con esta. En realidad, no se habla de las producciones subsaharianas sino del interés que tienen ahora por regiones de las que antes no se preocupaban mucho. El crecimiento de este interés no se limita solo a la literatura. Pienso que se debe a la importancia que toma el continente africano en las proyecciones que hacen los occidentales y los otros en relación con su propio futuro. La población del continente es joven, crece, y constituye un mercado del que cada uno espera sacar beneficios. Los recursos del continente son abundantes y necesarios para el desarrollo económico, recursos de los que no disponen ellos. Las tierras subsaharianas también atraen envidias. La relación con África, la capacidad de aprovechar sus recursos –humanos y materiales– va a depender también del conocimiento que se tenga de esta región del mundo. Ahora bien, la literatura subsahariana no se percibe como un arte, sino como un instrumento que permite acceder a la intimidad, al pensamiento de las poblaciones que ella describe. También reviste aquello que es diferente, tomando a veces un carácter exótico, y permite a algunos visitar África con la imaginación. Sean de donde sean, a los humanos les despierta curiosidad lo que es diferente, tomando siempre precauciones para no ponerse en peligro. Leer una novela que tenga como telón de fondo África permite explorar desde el sillón de su casa, evitando verse confrontado con los conflictos, las enfermedades o la pobreza, todos esos males que una perspectiva eurocéntrica del mundo considera ser intrínsecos al continente africano. Mi experiencia me ha enseñado que muy poca gente lee estas obras reconociendo allí su propia humanidad.

 

—¿Cuál es el papel de las mujeres escritoras en este desarrollo? ¿Cuál es su experiencia?

Ignoro si las mujeres tienen un papel especial que jugar en este campo específico. Ellas ocupan escasamente el primer plano, como en todas partes por lo demás. No creo que deba indicar el valor de mi contribución. Mis textos ponen de relieve figuras subsaharianas y afrodescendientes. Me parece difícil hacer una referencia a ellos para la literatura llamada africana, si por esta última entendemos solo la del continente.

 

—En sus novelas se percibe la presencia de la lengua y la cultura francesas, al igual que el espesor de la cultura africana. Usted tiene la experiencia, como los escritores de América Latina, de situarse en un campo de entreculturas. ¿Puede transmitirnos su experiencia personal?

Escribo en francés, pero no escribo francés, ello no me sería posible. Mis libros están publicados en Francia, pero pocos franceses encuentran allí su visión de la novela y no se ven inmediatamente reflejados. La mayoría estaría sorprendido de escuchar que se encuentra allí su cultura. Eso depende de los textos y de lo que yo tengo que decir allí. La estación de la sombra, por ejemplo, es una novela subsahariana escrita en francés. Escrita según la visión de mundo de sus personajes, ella destaca una sensibilidad subsahariana precolonial. Hoy no me percibo como una autora que oscila entre dos culturas, sino como una que habita una, la mía, que es mixta como lo son todas hoy. Subsaharianos y europeos del oeste, sobre todo en países como Francia, han penetrado profundamente en su carne unos con otros, sea cual sea el modo como esto se ha producido. Europa tiene todavía que descolonizar su imaginario y su palabra, con el fin de valorizar el modo como ella se ha modificado en su encuentro con África. Por nuestro lado, tenemos menos complejos. Mi literatura es sobre todo una expresión de esta ausencia de complejos. Ella no disimula ni teme a ninguno de sus compuestos.
“La relación con África, la capacidad de aprovechar sus recursos –humanos y materiales– va a depender también del conocimiento que se tenga de esta región del mundo. Ahora bien, la literatura subsahariana no se percibe como un arte, sino como un instrumento que permite acceder a la intimidad, al pensamiento de las poblaciones que ella describe”.

 

—Usted ha utilizado el término “afropeo” (afropéen). ¿Puede explicar al público chileno su significación?

Antes de responder debo precisar que este término no se aplica a mí. Se llama afropea la etnicidad de las personas que han nacido o crecido en Europa, pero que tienen lazos subsaharianos marcados en distintos grados. Los afropeos constituyen una categoría de la familia afrodescendiente, aquella en la que Europa es el espacio de referencia. La importancia de esta denominación reside en la necesidad de hacer patente la experiencia de las personas concernidas. Un afropeo no es un afroamericano ni un africano en sentido estricto. Los estudios afrodiaspóricos deben dar un espacio a estos grupos humanos, lo que comienza por nombrarlos convenientemente. Desde mi punto de vista, el término afropeo vehicula una utopía difícil aún de actualizar en un mundo en donde, como se ve, el racismo no baja la guardia. Abarcar en un mismo movimiento todas esas pertenencias y abolir las posturas nacionalistas no es algo fácil. Sin embargo, eso constituye la originalidad de la propuesta afropea.

 

—Residiendo en Francia hace 30 años, pero habiendo nacido en Camerún, ¿cómo ve actualmente el fenómeno de las migraciones subsaharianas?

Vivo en Francia desde el año 1991. Aún no hace 30 años… La cuestión migratoria tal como es vivida por los subsaharianos habla de la manera como el continente se ha desestructurado desde el período de la Deportación Transatlántica hasta la era actual. Esto expone también el drama de poblaciones cuya estima ha sido destruida y que han aprendido a considerar que su continente no vale mucho. Muchos países subsaharianos están gobernados por individuos que roban los bienes del Estado para invertir en Occidente las sumas de las que se apropian. En tales condiciones uno no vería por qué los subsaharianos, sabiendo que su fortuna está en Occidente, no se irían para allá. En el fondo, están en su lugar. Ya han pagado para ello. El África subsahariana, tal como la conocemos hoy, es una fabricación europea. Quiero decir con esto que Europa la recortó en 1885 y la apropió para su bienestar en la Conferencia de Berlín, sin consultar a los pueblos subsaharianos. Desde entonces ella es una pieza esencial de la industrialización, de la prosperidad europeo-occidental.

 

—¿Se detendrán o regularán las migraciones?

Para que los subsaharianos permanezcan en su suelo ancestral y se desarrollen allí, es necesario que se lo vuelvan a apropiar y creen allí su propio modelo de civilización, su manera propia de manifestar una pertenencia al mundo moderno. Nada los obliga a pavimentar sus ciudades, a ceder al transhumanismo o a una industrialización cuyos excesos devastan el planeta. África debe volver a ser su propio centro y dejar de ser determinada en función de mandatos civilizatorios externos. Este objetivo no se alcanzará mientras los gobernantes de los países subsaharianos se inscriban en políticas que apuntan a imponer en África concepciones mal adaptadas a las necesidades y a la sensibilidad de las poblaciones locales. Y en este mundo globalizado, un mundo en donde se enfrentan grandes espacios, la urgencia es la instalación de políticas pan africanistas, que apunten a unificar el continente para permitirle tener mayor peso en sus relaciones con los demás. Eso tomará tiempo: la alienación es aún demasiado feroz y los depredadores permanecen muy activos. Sin embargo, esta idea está en marcha y corresponde a los deseos de la juventud subsahariana contemporánea.

Léonora Miano: “La actividad intelectual de África es milenaria”

Leonora-Miano

Fragmentos del «Diablo, está en los detalles» de Leila Sliman, 2, Lit. Africana

En la parte alta de Tánger, en un barrio desde el que se ven a la vez el mar y el océano, vivía un sabio cuyo nombre era Hamid. El hombre, piadoso y anciano, había crecido temeroso de Dios y respetuoso hacia los hombres. Igual que su padre antes que él, se inclinaba con fervor y modestia en el rito de los cinco rezos. Y cuando las desgracias le golpearon, cuando su mujer murió y perdió su trabajo, fue en el Corán donde encontró consuelo a su tristeza.
Una tarde en la que subía por la calle principal del barrio, escuchó jóvenes gritando en la
terraza de una cafetería “¡Messi! ¡Messi!”. Al anciano le preocupó aquel alboroto y creyó que estaba a punto de comenzar una pelea. Entre aquella locura, reconoció a su sobrino Karim, un joven inculto y sin ambición, que había hecho de aquella cafetería miserable su cuartel general.
De pie, con los brazos en el aire, parecía estar poseído.
– ¿Qué ocurre? – le preguntó entonces Hamid.
-Abuelo, mira -dijo, mientras señalaba la televisión situada sobre el mostrador-, nuestro
nuevo héroe. Messi ha marcado un gol contra Irán.
-Ah – sonrió Hamid. Se disponía a continuar su camino cuando su sobrino le volvió a
agarrar del hombro y le obligó a sentarse.
– ¿No te alegra esta hazaña?
– ¿Y esto en qué nos concierne? -se preocupó el anciano.
-Todo lo que afecta esos ayatolás chiitas nos concierne. ¿Sabes cuánto mal hacen al Islam
estos chiitas? Son unos herejes y unos adoradores de Satán. ¿Acaso ignoras que insultan a lo largo del día a la mujer del Profeta y a los califas? En Ashura, mientras que nosotros les damos regalos a los niños y lo festejamos en familia, ellos se flagelan en plena calle con látigos y espadas hasta hacerse sangrar. Alá jamás permitiría eso. Los chiitas no son musulmanes, y punto. Son extranjeros para la verdadera fe. Y me sonrojo sólo con decírtelo, pero además son unos fornicadores.
El anciano puso los ojos como platos.
-Sí, ¡de verdad! – continuó su sobrino. – Esos perros autorizan matrimonios que duran tan
sólo unas horas para poder dar rienda suelta a sus pasiones lúbricas. A veces intercambian a sus mujeres para satisfacer sus fantasías. Dios nos proteja de esos herejes.
Karim escupió al suelo y se dirigió hacia el fondo de la sala, donde los jóvenes bebían cerveza a salvo de las miradas.
Hamid sacudió la cabeza, desconcertado. Desde luego este Karim estaba dispuesto a
enfurecerse y a creerse los argumentos más absurdos. Se estaba apoyando sobre su bastón para levantase cuando el dueño del café se acercó a saludarle.
-Si Hamid, mis respetos. ¿Ha visto a estos jóvenes? Son unos holgazanes que no sirven para nada. He escuchado lo que decía su sobrino y sepa usted que está muy equivocado. No debería insultar de esa manera a los musulmanes. Porque los chiitas son musulmanes, rezan mirando a La Meca y adoran a nuestro profeta Mahoma, la paz sea con él. Cierto es que se han alejado del camino correcto y están manipulados por esos «enturbantados» de ojos dementes. Pero es nuestro deber traerlos de nuevo a nuestro redil, ya que tenemos el mismo enemigo: los judíos y el decadente Occidente. Es América la que nos divide para dominarnos mejor. Y escupió al suelo, bajo la mirada asqueada del anciano.
Hamid se levantó sin mirar hacia atrás. Por el camino se acordó de su padre, que dio clase en la escuela del barrio y que conocía todos los ritos sufíes y las antiguas fábulas. Le había contado que en Persia, país del que Hamid no sabía nada, los hombres rezaban por el advenimiento de un Mahdi. «Un día, al final de los tiempos, reinará la justicia y los regímenes déspotas desaparecerán. La paz será eterna y los lobos comerán junto a los corderos. Ya no se pegará ni violará a las mujeres. En la Tierra, la violencia y la miseria habrán desaparecido y todos aquellos que asesinan y cometen crímenes en nombre de la religión serán castigados. Y sólo habrá una religión y una sola humanidad.»
¿Era aquel un sueño impío? ¿Había pecado deseando que ocurriera aquello en el mundo?
El hombre llegó por fin a su puerta donde su hija Amina le estaba esperando con la
inquietud dibujada en el rostro.
– ¿Dónde estabas? Es muy tarde.
Le acompañó a su habitación y le sirvió un té hirviendo. Le ayudó a acomodarse, pero su padre parecía preocupado, ausente.
-¿Qué ocurre, padre? ¿Qué es lo que te inquieta?
Sentado contra la pared, con los ojos entrecerrados, le contó a su hija lo que había escuchado. Las palabras del dueño de la cafetería, la vehemencia de su sobrino Karim.
– Ah – dijo el anciano, acariciándose el mentón. – ¡Qué época, hija mía! Si esto es la modernidad, miedo me da. Hoy en día hay tantos musulmanes como marcas de coches, y todos piensan que son mejores que los demás. En mis tiempos eso no existía. Los judíos eran los diferentes. Y, aun así, ¿acaso no celebrábamos las fiestas con ellos? ¿No decíamos Sidna Moisés por respeto a su profeta? Qué época.
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/76831/1/Traduccion_comentada_de_la_obra_de_Leila_Slimani_BETOLAZA_ESCOLANO_ESTIBALIZ.pdf
Leila Slimani

Leonora Miano Frag. Camerun

“Intercambiaron sus nombres mientras hacían estas confidencias. Habían evitado tácitamente hacerlo hasta entonces por prudencia. Revelar el nombre a alguien es confiarle una parte preciosa de sí mismo, desnudarse ante él”.
“Se pone a cantar la canción que tarareaba al coger a su hijo en brazos. Canta, pronuncia el nombre del muchacho varias veces: Mukudi, así se llama. Pronunciar su nombre la tranquiliza. Ni por un momento piensa en que haya fuerzas ocultas que puedan adueñarse de su vibración al nombrarlo. Esta creencia, una de las más arraigadas en la comunidad, le parece de pronto una estupidez. El hecho de ser nombrado es lo que hace existir a lo que vive. Al enunciar el nombre del hijo mayor, lo trae de vuelta a casa y consolida su presencia”
“El día está declinando. El sol se ha puesto sus atuendos femeninos para convertirse en Enange, bañar la tierra con un suave resplandor y retirarse discretamente de la mirada de los humanos. Dejar paso a la noche. Entonces, emprenderá su travesía por el mundo subterráneo y reaparecerá tras haberse enfrentado, y después derrotado, al monstruo llamado Sipopo”.

Datos Biográficos

Léonora Miano nació el 12 de marzo de 1973 en Douala, Camerún. Se mudó a Francia en 1991, y allí estudió literatura estadounidense, primero en Valenciennes y después en Nanterres. Empezó a escribir poesía a los 8 años de edad, pero fue en la adolescencia que se aventuró con las novelas. Su primera publicación fue L’intérieur de la nuit, traducida al español como El interior de la noche, que ganó varios premios: el Revelación de La Forêt des Livres en 2005, el Louis Guilloux, el Montalembert y el René Fallet en 2006 y, entre otros, el Goncourt des Lycéens también en 2006. Ese mismo año publicó Contours du jour qui vient, y en 2009 Les Aubes écarlates. En 2011 recibió el Gran Premio Literario del África Negra, por las obras Blues pour Elise y Ces âmes chagrines. En total, de acuerdo con Casa África, Miano ha publicado hasta ahora seis novelas, dos recopilaciones de textos, una compilación de conferencias, una obra de teatro y un repertorio de canciones. En español se pueden conseguir tres de sus libros: El interior de la nocheLa estación de la sombra Vivir en la frontera.

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Epitafio de un charro mexicano

Usted disculpe bella mujer, que no me quite el sombrero, pero no me fue posible calzarlo; el ataúd es un modelo reducido.

Rgg

 

sombrero