Leonora Miamo:»África subsahariana es una fabricación europea…

Quiero decir que Europa la recortó en 1885 y se la apropió para su bienestar en la Conferencia de Berlín, sin consultar a los pueblos subsaharianos»
La premiada novelista camerunesa radicada en Francia se refiere en esta entrevista al rol de África en la formación intelectual de Europa durante la Antigüedad y, respecto del drama de los migrantes, asegura: “África subsahariana es una fabricación europea. Quiero decir que Europa la recortó en 1885 y se la apropió para su bienestar en la Conferencia de Berlín, sin consultar a los pueblos subsaharianos. Desde entonces ella es una pieza esencial de la industrialización, de la prosperidad europeo-occidental”.
Nacida en Camerún en 1973 y residente en Francia desde hace 26 años, la novelista Léonora Miano ha obtenido recientemente una gran cantidad de premios literarios, entre los que se cuentan el Femina, el Goncourt des Jeunes y el Grand Prix du Roman Áfricain. Desde El interior de la noche fue considerada como una revelación y comenzó, a través de una producción voluminosa, a integrar en el público los imaginarios de África de un modo logrado. En sus páginas, la narración novelística propiamente tal se conjuga con los temas identitarios, los discursos de mujeres, la peripecia de la inmigración y la compleja relación con Occidente, tanto en el plano simbólico como político y económico.
La novela La estación de la sombra (La saison de l’ombre, 2013) tiene que ver con la trata de esclavos y está escrita desde una perspectiva inédita, y con una prosa deslumbrante: luego de un incendio sin causa aparente, desaparecen 10 muchachos en una aldea y el relato se centra en las madres y parejas que los buscan. Se hablará entonces con un ritmo recurrente de “aquellas cuyos hijos no han sido encontrados”, como leit motiv del texto que a cada mención va pesando más en el lector. Una nube negra se cierne sobre la casa en que se las encierra como ritual de purificación, para que no contaminen con su dolor al clan: “La sombra es la forma que toma el silencio”, se lee a modo de explicación.
En Crepúsculo del tormento (Crèpuscule du tourment, 2016), la palabra la tienen cuatro mujeres que hablan a un mismo hombre, divagando sobre su existencia erótica y sus identidades marcadas por una formación disciplinadora. Es una novela coral, de escritura elaborada y alcance mayor.
Como en el caso latinoamericano, lo que se puede llamar “literatura” africana no responde solo en parte a los cánones occidentales. Se trata de una historia cuya densidad está formada por un conjunto de sistemas literarios traspasados por el estigma colonial: hay una literatura oral mucho más antigua que la europea, marcada por la densidad histórica de esas culturas, tanto en el mundo árabe como en el área subsahariana, y de literaturas escritas en lenguas europeas atravesadas por procesos de transculturación complejos. Hoy llegan hasta nosotros en francés, inglés, portugués o español. Llegan en lenguas europeas subvertidas por el universo mítico e histórico de sus culturas originarias. Hoy se hacen escuchar en el centro y entregan el impulso vitalizante de las periferias, reconocido por Occidente en el caso de Wole Soyinka y su premio Nobel. Si queremos comprender qué sucede en estos universos, a la vez lejanos y próximos, vale la pena leer esta literatura que nos llega y que ya comienza a ser valorada en su justa dimensión.
—África ha conocido un impulso importante en su mundo intelectual, evidente a nivel internacional a partir de la descolonización. ¿Qué piensa usted del desarrollo actual de la literatura africana?
La actividad intelectual de África es milenaria. En especial ella nutrió a los pensadores de la Grecia antigua, quienes se instruyeron en Egipto. Y la civilización egipcia de la época era absolutamente africana. Más allá de este espacio, el continente africano ha producido numerosas formas de escritura y de conocimiento en muchos campos. Es por desconocimiento que se percibe como inexistente o reciente este rico patrimonio, ya que la imagen de África, para todos, se construye a partir de las conquistas europeas de los siglos XV y XVI. Sin embargo, es a África que el mundo debe el nacimiento del género humano y, por ende, del pensamiento. Basta con aproximarse con un poco de seriedad al tema para darse cuenta. El período colonial no marca el acta de nacimiento de África. Para mí, está sobre todo la literatura, y en la literatura el universo de los autores. Si se entiende por literatura africana a la novela, tal como ha sido producida por los autores subsaharianos, esta es una forma nueva para nosotros.
“Es por desconocimiento que se percibe como inexistente o reciente este rico patrimonio, ya que la imagen de África, para todos, se construye a partir de las conquistas europeas de los siglos XV y XVI. Sin embargo, es a África que el mundo debe el nacimiento del género humano y, por ende, del pensamiento”.

—¿Por qué es un género nuevo?

La novela es un formato europeo; los demás espacios culturales del mundo han tenido siempre modos diferentes de contar historias. En el continente africano, el más antiguo y el más vasto del planeta, nosotros contamos historias desde tiempos inmemoriales y de acuerdo a diferentes modalidades. Hablar de surgimiento de la literatura subsahariana a partir de la descolonización, es arrimar la expresión literaria de este espacio a su encuentro con una Europa conquistadora y leer sus avances en relación con esta. En realidad, no se habla de las producciones subsaharianas sino del interés que tienen ahora por regiones de las que antes no se preocupaban mucho. El crecimiento de este interés no se limita solo a la literatura. Pienso que se debe a la importancia que toma el continente africano en las proyecciones que hacen los occidentales y los otros en relación con su propio futuro. La población del continente es joven, crece, y constituye un mercado del que cada uno espera sacar beneficios. Los recursos del continente son abundantes y necesarios para el desarrollo económico, recursos de los que no disponen ellos. Las tierras subsaharianas también atraen envidias. La relación con África, la capacidad de aprovechar sus recursos –humanos y materiales– va a depender también del conocimiento que se tenga de esta región del mundo. Ahora bien, la literatura subsahariana no se percibe como un arte, sino como un instrumento que permite acceder a la intimidad, al pensamiento de las poblaciones que ella describe. También reviste aquello que es diferente, tomando a veces un carácter exótico, y permite a algunos visitar África con la imaginación. Sean de donde sean, a los humanos les despierta curiosidad lo que es diferente, tomando siempre precauciones para no ponerse en peligro. Leer una novela que tenga como telón de fondo África permite explorar desde el sillón de su casa, evitando verse confrontado con los conflictos, las enfermedades o la pobreza, todos esos males que una perspectiva eurocéntrica del mundo considera ser intrínsecos al continente africano. Mi experiencia me ha enseñado que muy poca gente lee estas obras reconociendo allí su propia humanidad.

 

—¿Cuál es el papel de las mujeres escritoras en este desarrollo? ¿Cuál es su experiencia?

Ignoro si las mujeres tienen un papel especial que jugar en este campo específico. Ellas ocupan escasamente el primer plano, como en todas partes por lo demás. No creo que deba indicar el valor de mi contribución. Mis textos ponen de relieve figuras subsaharianas y afrodescendientes. Me parece difícil hacer una referencia a ellos para la literatura llamada africana, si por esta última entendemos solo la del continente.

 

—En sus novelas se percibe la presencia de la lengua y la cultura francesas, al igual que el espesor de la cultura africana. Usted tiene la experiencia, como los escritores de América Latina, de situarse en un campo de entreculturas. ¿Puede transmitirnos su experiencia personal?

Escribo en francés, pero no escribo francés, ello no me sería posible. Mis libros están publicados en Francia, pero pocos franceses encuentran allí su visión de la novela y no se ven inmediatamente reflejados. La mayoría estaría sorprendido de escuchar que se encuentra allí su cultura. Eso depende de los textos y de lo que yo tengo que decir allí. La estación de la sombra, por ejemplo, es una novela subsahariana escrita en francés. Escrita según la visión de mundo de sus personajes, ella destaca una sensibilidad subsahariana precolonial. Hoy no me percibo como una autora que oscila entre dos culturas, sino como una que habita una, la mía, que es mixta como lo son todas hoy. Subsaharianos y europeos del oeste, sobre todo en países como Francia, han penetrado profundamente en su carne unos con otros, sea cual sea el modo como esto se ha producido. Europa tiene todavía que descolonizar su imaginario y su palabra, con el fin de valorizar el modo como ella se ha modificado en su encuentro con África. Por nuestro lado, tenemos menos complejos. Mi literatura es sobre todo una expresión de esta ausencia de complejos. Ella no disimula ni teme a ninguno de sus compuestos.
“La relación con África, la capacidad de aprovechar sus recursos –humanos y materiales– va a depender también del conocimiento que se tenga de esta región del mundo. Ahora bien, la literatura subsahariana no se percibe como un arte, sino como un instrumento que permite acceder a la intimidad, al pensamiento de las poblaciones que ella describe”.

 

—Usted ha utilizado el término “afropeo” (afropéen). ¿Puede explicar al público chileno su significación?

Antes de responder debo precisar que este término no se aplica a mí. Se llama afropea la etnicidad de las personas que han nacido o crecido en Europa, pero que tienen lazos subsaharianos marcados en distintos grados. Los afropeos constituyen una categoría de la familia afrodescendiente, aquella en la que Europa es el espacio de referencia. La importancia de esta denominación reside en la necesidad de hacer patente la experiencia de las personas concernidas. Un afropeo no es un afroamericano ni un africano en sentido estricto. Los estudios afrodiaspóricos deben dar un espacio a estos grupos humanos, lo que comienza por nombrarlos convenientemente. Desde mi punto de vista, el término afropeo vehicula una utopía difícil aún de actualizar en un mundo en donde, como se ve, el racismo no baja la guardia. Abarcar en un mismo movimiento todas esas pertenencias y abolir las posturas nacionalistas no es algo fácil. Sin embargo, eso constituye la originalidad de la propuesta afropea.

 

—Residiendo en Francia hace 30 años, pero habiendo nacido en Camerún, ¿cómo ve actualmente el fenómeno de las migraciones subsaharianas?

Vivo en Francia desde el año 1991. Aún no hace 30 años… La cuestión migratoria tal como es vivida por los subsaharianos habla de la manera como el continente se ha desestructurado desde el período de la Deportación Transatlántica hasta la era actual. Esto expone también el drama de poblaciones cuya estima ha sido destruida y que han aprendido a considerar que su continente no vale mucho. Muchos países subsaharianos están gobernados por individuos que roban los bienes del Estado para invertir en Occidente las sumas de las que se apropian. En tales condiciones uno no vería por qué los subsaharianos, sabiendo que su fortuna está en Occidente, no se irían para allá. En el fondo, están en su lugar. Ya han pagado para ello. El África subsahariana, tal como la conocemos hoy, es una fabricación europea. Quiero decir con esto que Europa la recortó en 1885 y la apropió para su bienestar en la Conferencia de Berlín, sin consultar a los pueblos subsaharianos. Desde entonces ella es una pieza esencial de la industrialización, de la prosperidad europeo-occidental.

 

—¿Se detendrán o regularán las migraciones?

Para que los subsaharianos permanezcan en su suelo ancestral y se desarrollen allí, es necesario que se lo vuelvan a apropiar y creen allí su propio modelo de civilización, su manera propia de manifestar una pertenencia al mundo moderno. Nada los obliga a pavimentar sus ciudades, a ceder al transhumanismo o a una industrialización cuyos excesos devastan el planeta. África debe volver a ser su propio centro y dejar de ser determinada en función de mandatos civilizatorios externos. Este objetivo no se alcanzará mientras los gobernantes de los países subsaharianos se inscriban en políticas que apuntan a imponer en África concepciones mal adaptadas a las necesidades y a la sensibilidad de las poblaciones locales. Y en este mundo globalizado, un mundo en donde se enfrentan grandes espacios, la urgencia es la instalación de políticas pan africanistas, que apunten a unificar el continente para permitirle tener mayor peso en sus relaciones con los demás. Eso tomará tiempo: la alienación es aún demasiado feroz y los depredadores permanecen muy activos. Sin embargo, esta idea está en marcha y corresponde a los deseos de la juventud subsahariana contemporánea.

Léonora Miano: “La actividad intelectual de África es milenaria”

Leonora-Miano

Fragmentos del «Diablo, está en los detalles» de Leila Sliman, 2, Lit. Africana

En la parte alta de Tánger, en un barrio desde el que se ven a la vez el mar y el océano, vivía un sabio cuyo nombre era Hamid. El hombre, piadoso y anciano, había crecido temeroso de Dios y respetuoso hacia los hombres. Igual que su padre antes que él, se inclinaba con fervor y modestia en el rito de los cinco rezos. Y cuando las desgracias le golpearon, cuando su mujer murió y perdió su trabajo, fue en el Corán donde encontró consuelo a su tristeza.
Una tarde en la que subía por la calle principal del barrio, escuchó jóvenes gritando en la
terraza de una cafetería “¡Messi! ¡Messi!”. Al anciano le preocupó aquel alboroto y creyó que estaba a punto de comenzar una pelea. Entre aquella locura, reconoció a su sobrino Karim, un joven inculto y sin ambición, que había hecho de aquella cafetería miserable su cuartel general.
De pie, con los brazos en el aire, parecía estar poseído.
– ¿Qué ocurre? – le preguntó entonces Hamid.
-Abuelo, mira -dijo, mientras señalaba la televisión situada sobre el mostrador-, nuestro
nuevo héroe. Messi ha marcado un gol contra Irán.
-Ah – sonrió Hamid. Se disponía a continuar su camino cuando su sobrino le volvió a
agarrar del hombro y le obligó a sentarse.
– ¿No te alegra esta hazaña?
– ¿Y esto en qué nos concierne? -se preocupó el anciano.
-Todo lo que afecta esos ayatolás chiitas nos concierne. ¿Sabes cuánto mal hacen al Islam
estos chiitas? Son unos herejes y unos adoradores de Satán. ¿Acaso ignoras que insultan a lo largo del día a la mujer del Profeta y a los califas? En Ashura, mientras que nosotros les damos regalos a los niños y lo festejamos en familia, ellos se flagelan en plena calle con látigos y espadas hasta hacerse sangrar. Alá jamás permitiría eso. Los chiitas no son musulmanes, y punto. Son extranjeros para la verdadera fe. Y me sonrojo sólo con decírtelo, pero además son unos fornicadores.
El anciano puso los ojos como platos.
-Sí, ¡de verdad! – continuó su sobrino. – Esos perros autorizan matrimonios que duran tan
sólo unas horas para poder dar rienda suelta a sus pasiones lúbricas. A veces intercambian a sus mujeres para satisfacer sus fantasías. Dios nos proteja de esos herejes.
Karim escupió al suelo y se dirigió hacia el fondo de la sala, donde los jóvenes bebían cerveza a salvo de las miradas.
Hamid sacudió la cabeza, desconcertado. Desde luego este Karim estaba dispuesto a
enfurecerse y a creerse los argumentos más absurdos. Se estaba apoyando sobre su bastón para levantase cuando el dueño del café se acercó a saludarle.
-Si Hamid, mis respetos. ¿Ha visto a estos jóvenes? Son unos holgazanes que no sirven para nada. He escuchado lo que decía su sobrino y sepa usted que está muy equivocado. No debería insultar de esa manera a los musulmanes. Porque los chiitas son musulmanes, rezan mirando a La Meca y adoran a nuestro profeta Mahoma, la paz sea con él. Cierto es que se han alejado del camino correcto y están manipulados por esos «enturbantados» de ojos dementes. Pero es nuestro deber traerlos de nuevo a nuestro redil, ya que tenemos el mismo enemigo: los judíos y el decadente Occidente. Es América la que nos divide para dominarnos mejor. Y escupió al suelo, bajo la mirada asqueada del anciano.
Hamid se levantó sin mirar hacia atrás. Por el camino se acordó de su padre, que dio clase en la escuela del barrio y que conocía todos los ritos sufíes y las antiguas fábulas. Le había contado que en Persia, país del que Hamid no sabía nada, los hombres rezaban por el advenimiento de un Mahdi. «Un día, al final de los tiempos, reinará la justicia y los regímenes déspotas desaparecerán. La paz será eterna y los lobos comerán junto a los corderos. Ya no se pegará ni violará a las mujeres. En la Tierra, la violencia y la miseria habrán desaparecido y todos aquellos que asesinan y cometen crímenes en nombre de la religión serán castigados. Y sólo habrá una religión y una sola humanidad.»
¿Era aquel un sueño impío? ¿Había pecado deseando que ocurriera aquello en el mundo?
El hombre llegó por fin a su puerta donde su hija Amina le estaba esperando con la
inquietud dibujada en el rostro.
– ¿Dónde estabas? Es muy tarde.
Le acompañó a su habitación y le sirvió un té hirviendo. Le ayudó a acomodarse, pero su padre parecía preocupado, ausente.
-¿Qué ocurre, padre? ¿Qué es lo que te inquieta?
Sentado contra la pared, con los ojos entrecerrados, le contó a su hija lo que había escuchado. Las palabras del dueño de la cafetería, la vehemencia de su sobrino Karim.
– Ah – dijo el anciano, acariciándose el mentón. – ¡Qué época, hija mía! Si esto es la modernidad, miedo me da. Hoy en día hay tantos musulmanes como marcas de coches, y todos piensan que son mejores que los demás. En mis tiempos eso no existía. Los judíos eran los diferentes. Y, aun así, ¿acaso no celebrábamos las fiestas con ellos? ¿No decíamos Sidna Moisés por respeto a su profeta? Qué época.
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/76831/1/Traduccion_comentada_de_la_obra_de_Leila_Slimani_BETOLAZA_ESCOLANO_ESTIBALIZ.pdf
Leila Slimani

Leonora Miano Frag. Camerun

“Intercambiaron sus nombres mientras hacían estas confidencias. Habían evitado tácitamente hacerlo hasta entonces por prudencia. Revelar el nombre a alguien es confiarle una parte preciosa de sí mismo, desnudarse ante él”.
“Se pone a cantar la canción que tarareaba al coger a su hijo en brazos. Canta, pronuncia el nombre del muchacho varias veces: Mukudi, así se llama. Pronunciar su nombre la tranquiliza. Ni por un momento piensa en que haya fuerzas ocultas que puedan adueñarse de su vibración al nombrarlo. Esta creencia, una de las más arraigadas en la comunidad, le parece de pronto una estupidez. El hecho de ser nombrado es lo que hace existir a lo que vive. Al enunciar el nombre del hijo mayor, lo trae de vuelta a casa y consolida su presencia”
“El día está declinando. El sol se ha puesto sus atuendos femeninos para convertirse en Enange, bañar la tierra con un suave resplandor y retirarse discretamente de la mirada de los humanos. Dejar paso a la noche. Entonces, emprenderá su travesía por el mundo subterráneo y reaparecerá tras haberse enfrentado, y después derrotado, al monstruo llamado Sipopo”.

Datos Biográficos

Léonora Miano nació el 12 de marzo de 1973 en Douala, Camerún. Se mudó a Francia en 1991, y allí estudió literatura estadounidense, primero en Valenciennes y después en Nanterres. Empezó a escribir poesía a los 8 años de edad, pero fue en la adolescencia que se aventuró con las novelas. Su primera publicación fue L’intérieur de la nuit, traducida al español como El interior de la noche, que ganó varios premios: el Revelación de La Forêt des Livres en 2005, el Louis Guilloux, el Montalembert y el René Fallet en 2006 y, entre otros, el Goncourt des Lycéens también en 2006. Ese mismo año publicó Contours du jour qui vient, y en 2009 Les Aubes écarlates. En 2011 recibió el Gran Premio Literario del África Negra, por las obras Blues pour Elise y Ces âmes chagrines. En total, de acuerdo con Casa África, Miano ha publicado hasta ahora seis novelas, dos recopilaciones de textos, una compilación de conferencias, una obra de teatro y un repertorio de canciones. En español se pueden conseguir tres de sus libros: El interior de la nocheLa estación de la sombra Vivir en la frontera.

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Epitafio de un charro mexicano

Usted disculpe bella mujer, que no me quite el sombrero, pero no me fue posible calzarlo; el ataúd es un modelo reducido.

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Cien años de haiku en español. Homenaje Tablada | Por Hiram Barrios

a través de Cien años de haiku en español. Homenaje Tablada | Por Hiram Barrios

Bésame mucho de Consuelito Velázquez

EL FUEGO DE LA PASIÓN Y LA MÚSICA QUE CONQUISTÓ A TODO EL MUNDO
Ricardo Lugo Viñas
Hace más de cien años vino al mundo una mujer que nos dijo, a través de la palabra y la música, cómo se resuelve ese último beso; nos habló del dolor de la separación, de aquella despedida cargada de pasión y del alma envilecida de los enamorados que descubren lo efímero del amor. Su nombre era Consuelo Velázquez, aunque su público prefería referirse a ella con un íntimo y cariñoso “Consuelito”; su canción: Bésame mucho.

 

 

Amor frágil

 

Por supuesto, también existen los que no han experimentado por primera vez el beso de la persona amada. Tal era el caso de Consuelito al componer el afamado bolero que la catapultaría a la fama internacional. La comenzó a escribir en 1938, cuando contaba con apenas veinte años de edad y estaba a punto de concluir su carrera de pianista concertista en el Conservatorio Nacional de Música, en la Ciudad de México. La propia Consuelo lo refiere: “Tenía que estudiar muchas horas al día, ya como descanso me ponía a improvisar una que otra melodía que al día siguiente no recordaba. Ni me interesaba recordarlas porque todavía no me iniciaba como compositora. Un buen día decidí procurar memorizar una de esas cositas que se me ocurrían como descanso mental. Y al día siguiente procuré recordar una que más tarde se llamó Bésame mucho. Digo más tarde porque hice la melodía, la memoricé y algunos años después le acomodé una cierta letra”. Publicaría la pieza tres años después, en plena Segunda Guerra Mundial. Existe una versión sobre que tenía en mente, al momento de componerla, a las parejas que el conflicto bélico separaba.
Pianista extraordinaria
Para ese entonces, Consuelito estaba animada más por el deseo de convertirse en una respetable pianista de música de concierto que por componer. Incluso se avergonzaba de mostrar sus “melodías” en el ambiente de la alta academia en el que se desenvolvía en aquel tiempo.
A finales de 1938, presentó su examen profesional en el Palacio de Bellas Artes. Interpretó La hilandera de Joseph Joachim Raff. Después participó en el curso de Perfeccionamiento de Obras que impartió el connotado pianista chileno Claudio Arrau (1908-1991), con la Sonata para piano número 23 de Beethoven, conocida como Apassionata.
Su interpretación le valió los elogios y el respeto de Arrau, quien escribiría –según lo refiere el investigador Pável Granados– en la partitura de dicha obra: “Para la señorita Consuelo Velázquez, en quien encuentro extraordinarias cualidades pianísticas”.
Su carrera en el ámbito de la música de concierto comenzaba a fluir bien. Ese mismo año, apenas graduada del Conservatorio, recibiría dos importantes ofrecimientos profesionales: incorporarse como solista a la Orquesta Sinfónica Nacional y la invitación a participar en el programa conducido por José Ángel Espinosa, Ferrusquilla, en la recién inaugurada estación radiofónica XEQ, para acompañar a la soprano Irma González. La vida le ofrecía aquellos dos senderos y Consuelito aprovechó ambos.
Sin embargo, pronto se decantaría por ejecutar sus propias canciones y por dedicarse a componer de manera más profesional, pese a ser autodidacta como compositora. Poco a poco se fue entregando de lleno a dicha actividad y abandonó el camino de la música de concierto, aunque en todas sus presentaciones era evidente su veta de concertista y el dominio absoluto que tenía del piano, así como su sensibilidad musical.
En el hit parade
En la XEQ conoció al que sería su marido: Mariano Rivera, director del sello discográfico RCA Victor, que se convertiría en uno de los hombres más poderosos de la industria discográfica mexicana y con quien procreó dos hijos.
En nuestro país cualquiera sabe que el bolero nacional más popular y sonado en el orbe es Bésame mucho. Pero si bien fue escrita entre 1938 y 1941, su popularidad inició en Estados Unidos, en un momento en el que la música mexicana era de las más importantes del mundo y se trasmitía por radio y televisión en ese país. En 1943 fue dada a conocer en Nueva York y en 1944 clasificada como un éxito de ventas, sobre todo por la interpretación de Jimmy Dorsey, con la que comenzaría a alcanzar una gran audiencia.
Un año después sería grabada por vez primera en el extranjero por Andy Russell y también fue una de las canciones más cantadas entre las tropas Aliadas en Asia y Europa durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. En una entrevista que le hiciera Mario Talavera, Consuelito comentó: “Se canta ahora esta canción en toda América, qué digo, en todo el mundo; en Londres, atenuó el ruido de los bombardeos y, según tengo entendido, se hizo la canción predilecta de los soldados que lucharon por la libertad. ¡Es bastante para alcanzar la inmortalidad!”.
En 1949 ingresó al hit parade estadounidense como uno de los más grandes éxitos mundiales y en 1962 el grupo inglés The Beatles la grabaría tres veces. Desde su publicación, Bésame mucho no ha dejado de estar de moda, de ser interpretada por los más jóvenes artistas, de ser “arreglada” y traducida a más y más idiomas, aunque cabe destacar que se traduzca al idioma que sea, se suele conservar en español el estribillo “Bésame, bésamemucho…”.
De esta forma, Consuelito se convirtió en una artista de fama internacional. Nuevamente nos cuenta Pável Granados: “Cuando Consuelo Velázquez visitó Hollywood, en 1944, los rodajes se detuvieron. De los sets salieron los actores y directores a tomarse una foto con la autora de Bésame mucho, la canción que llevaba meses en el hit parade. Walt Disney detuvo la filmación y se tomó una foto con ella. Lo mismo Rita Hayworth, Carmen Miranda, las Andrew Sisters, Gregory Peck e incluso Salvador Dalí, que se encontraba visitando a Disney”.
En México, un sinnúmero de artistas ha interpretado sus canciones, particularmente Bésame mucho, pieza que aparece también en la cinta A toda máquina (Ismael Rodríguez, México, 1951), en voz de Pedro Infante y en inglés, luego de que el personaje encarnado por el actor menciona haberla escuchado en “un disco norteamericano”, y en medio de voces que aluden a Frank Sinatra, cuya interpretación de esa canción es célebre. Además, apareció en el filme Grandes esperanzas (Alfonso Cuarón, EUA, 1998), y como tema principal de la película soviética Moscú no cree en lágrimas (Vladimir Menshov, 1979).
“Se vive solamente una vez”
Consuelo registró 48 canciones, entre las que también destacan Que seas felizAmar y vivir y Franqueza. Buena parte de su vida la pasó en una pequeña casa de la calle de Lancaster, en la Ciudad de México. Fue presidenta de la Sociedad de Autores y Compositores de México, vicepresidenta de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores y diputada por el PRI (1979-1982).
Entre otros reconocimientos, fue nombrada Compositora de América por el Consejo Panamericano de Sociedades Autorales, en 1977 la ONU le otorgó la Medalla de la Paz y en 1989 el gobierno mexicano le concedió el Premio Nacional de Ciencias y Artes.
Murió el 23 de enero de 2005, a la edad de 84 años, y la despidieron con un merecido homenaje en el Palacio de Bellas Artes, escenario donde 67 años atrás había debutado.
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La loca de la casa, Graciela Falvo*

El motor más poderoso para dar fuerza a este diálogo mediante el cual el escritor busca rescatarse y rescatarnos es el de la imaginación.
Esa es la energía que usamos los humanos para poder atravesar unas formas que intentan fijarnos y avanzar a otras no conocidas.
La loca de la casa, llamó Sor Juana Inés de la Cruz a la imaginación.
En escritura es la fuerza cuyo poder es el de trastocar lo ya dicho por ir tras lo que aún no ha podido o sabido decirse.
  • Escritora de Argentina

Cuando llegue la noche de Borgeano, tomado del blog de arena https://wordpress.com/read/blogs/2862430/posts/15571

 

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En estos últimos días he visto algunos artículos que dicen algo así como «Comienza la sexta extinción masiva» o «La ONU advierte que la vida se distinguirán el 2050» (o 2060 según el caso). Es muy probable que esta información sea falsa o exagerada, pero supongamos por un momento que tenga algunos visos de realidad; ¿Qué puede deducirse de ello? De la primera información tenemos que tomar en cuenta un punto importante: si ésta es la sexta extinción masiva quiere decir que antes tuvo otras cinco y, sin embargo, la vida aquí está (de las cinco extinciones anteriores, la peor fue la tercera, la del período Pérmico-triásico, que terminó con el 96% de las especies). La vida es más persistente en la que los seres humanos pensamos y se abrirá paso a través de la sexta extinción masiva. Claro, el punto que es posible que seamos nosotros los que no pasemos esa barrera; y ése es el verdadero temor de algunos. Como bien sabemos el ombligo de los humanos es el verdadero centro del universo y es entonces que muchos se aterrorizan ¿Cómo es que el mundo sobrevivirá sin mí? Ese sin mí no es exagerado; la verdad es que la gente no piensa en la humanidad como concepto ni en sus mejores momentos.

 

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Pues bien, la naturaleza pudo, puede y podrá vivir sin seres humanos (de hecho, lo hizo durante casi toda su existencia); y dentro de poco (más tarde o más temprano tendrá que ocurrir) la humanidad como tal desaparecerá, y será de manera definitiva. ¿Hay que preocuparse por eso? Bueno sí, pero tampoco hay que exagerar con la pérdida. ¿Qué es lo que hay que salvar de la humanidad? Muchos hacen hincapié en la belleza que el hombre ha creado y sacan a relucir la palabra mágica: poesía (y también, en menor grado, sinfonía) y dicen cosas como «¡Pero se perderán todas las poesías y las sinfonías!» o «¡La belleza que el hombre ha creado se perderá en la nada!» y exclamaciones similares. Por una parte tienen un poco de razón quienes así se pronuncian, pero tan sólo un poco. No hay que olvidar que por cada Mozart que ha aparecido han tenido que hacerse presentes varias decenas de millones de seres humanos comunes y corrientes, y por cada Einstein, otro tanto. También hemos creado los elementos complementarios opuestos; es decir, hemos creado a Hitler, Ghengis Khan, Mao Tse Tung, la mayor parte de los presidentes norteamericanos y dos o tres Papas; así que eso de andar contando historia de la humanidad sólo a base de Mozarts y de Szymborkas no es nada justo. Esas son minorías, excepciones, las cerezas del pastel; los demás somos parte de la masa indiferenciada. Por cierto, un punto importante: si la humanidad está a punto de desaparecer, es por sus propios errores; así que eso ya nos demuestra que no somos tan inteligentes como creemos que somos. Así que llegamos a este punto donde la naturaleza está a punto de hacernos caer en el olvido como la plaga que somos y eso es todo. Quién sabe, quizás la próxima vez logre crear una especie realmente inteligente… ¿Se imaginan lo que serán sus poesías y sus sinfonías? Estoy seguro de que eso sí que debería ser preservado.

De Lord Byron a Botswain

Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios.»
de Lord Byron para su perro “Botswain»

George Gordon Byron, 6.º barón de Byron (Londres; 22 de enero de 1788-Mesolongi, Grecia; 19 de abril de 1824), conocido como lord Byron, fue un poeta del movimiento del romanticismo británico, considerado por algunos uno de los mayores poetas en la lengua inglesa y antecedente de la figura del poeta maldito.

una constante búsqueda de la pasión y de la autenticidad.
Su nombre completo era George Gordon Byron; nació en el año 1788, en el seno de una familia de la nobleza inglesa.
Su carácter, ya desde pequeño, se mostraba colérico, generoso y sin duda alguna era lo que se dice un niño temperamental.
Tal vez fuera la influencia de una familia acosada por los escándalos o por su discapacidad física, lo cierto es que su adolescencia fue una continua afirmación de su identidad y de su capacidad para superar cualquier desafío.

De hecho, el defecto físico que padecía –era cojo – afectó profundamente a su sistema de valores. Intentando superarlo, no dudaba en imponerse duras pruebas físicas de las que solía salir airoso gracias a su gran fuerza de voluntad.

Inconformista nato, nunca llevó bien la rígida etiqueta y los convencionalismos de su clase social. Su espíritu libre le hacía olvidar incluso las más sensatas normas de convivencia. Así, a raíz del escándalo que protagonizó por mantener relaciones con su hermanastra, tuvo que huir de Inglaterra, comenzando su periplo por el Sur de Europa, que tiempo después le daría fama mundial.

Su obra poética se enmarca dentro de la tendencia romántica, muy acorde con su personalidad inquieta y viajera. Sus mejores obras son : Childe Harold o Don Juan.
Su mayor fuente de inspiración fueron los países por los que viajó : España, donde conoció el mito de Don Juan que más tarde inmortalizaría en el gran poema del mismo nombre; Italia, donde daría rienda suelta a sus dotes innatas de conquistador; y , sobre todo, en Grecia, donde vivió con auténtica pasión la lucha del pueblo griego contra su opresor turco.

Sin duda Byron había idealizado a la sociedad griega. Cuando llegó allí tal vez esperaba ser recibido con cantos de Homero, pero lo que vio no fue más que una sociedad inculta, atrasada y muy intolerante. A pesar de ello, siguió buscando el ideal de la Grecia clásica, y comenzó a luchar a favor de la Revolución.

Sería allí donde moriría , herido de muerte durante una refriega entre los partisanos griegos, a los que apoyaba, y el ejército turco. Era el año 1824.

Con su muerte prematura entró directamente en la leyenda, tanto por su obra como por su continua búsqueda del ideal romántico de libertad.

Así es, no volveremos a vagar
Tan tarde en la noche,
Aunque el corazón siga amando
Y la luna conserve el mismo brillo.

Pues la espada gasta su vaina,
Y el alma desgasta el pecho,
Y el corazón debe detenerse a respirar,
Y aún el amor debe descansar.

Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días,
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna.

Byron

MÚSICA Y CEREBRO: por qué disfrutamos la música? — Neurociencias divertidas

¿DESDE CUÁNDO? Es innegable que a los seres humanos nos gusta la música:desde las culturas más primitivas y hasta las generaciones digitales todos y cada uno de los individuos escucha la música, la canta o la baila o todo junto. Y otros individuos la componen para los demás. Los gustos cambian, pero las mutaciones nunca […]

a través de MÚSICA Y CEREBRO: por qué disfrutamos la música? — Neurociencias divertidas

Leila Slimani: “El hogar es un espacio político, de violencia y de combate”

La ganadora del Goncourt retrata en su cruda ‘En el jardín del ogro’ la vida de una mujer adicta al sexo

Barcelona, 01022019.Entrevista a la escritora Leila Slimani. (Foto: JUAN BARBOSA)
Barcelona, 01/02/2019.Entrevista a la escritora Leila Slimani. (Foto: JUAN BARBOSA) JUAN BARBOSA EL PAÍS

Leila Slimani perturba. Dos veces: por la contundencia de lo que dice; por la serenidad, tan bella como fría, desde donde lo hace. Así son también sus novelas. En la más famosa, el thriller Canción dulce (premio Goncourt, 2016; primera mujer magrebí en ganarlo), inquieta Louise, niñera casi tan perfecta como Mary Poppins, una cara que es “un mar en calma, del que nadie sospecharía los abismos que encierra”; invisible e indispensable, invadirá la casa donde trabaja hasta inundarla de puro dolor. En su obra anterior, El jardín del ogro (su primera novela, que ahora publica en España también Cabaret Voltaire), Adèle, en principio felizmente casada y con un hijo (aunque la maternidad se intuye como estrategia para cortar la tentación de una huida hacia adelante), enlaza un coito salvaje con otro con el primero que encuentra (“no sentía deseo. A lo que aspiraba no era a la carne sino a la situación”).

Hay concomitancias entre aquella Louise y esta Adèle: una pequeña altivez, una vida muy matemática; un hablar parco de frases breves… “Son personajes que no puedo escribir con estilo lírico, piden esa cierta distancia sentimental, algo seco; eso me ayuda también a no juzgarlas. ¿Por qué son así? No percibí las coincidencias; a mí me obsesiona la soledad y para ellas es muy importante: están solas porque no hablan, no se comunican bien con los demás, tienen el convencimiento de que los otros no las entienden ni las van a entender nunca; son mujeres que tienen la sensación de estar solas en el mundo, como los personajes de Albert Camus”, retrata la escritora franco-marroquí, de visita en Barcelona.

TRAS LA INFLUENCIA DE MBAPPÉ

Leila Slimani se va por las mañanas al cine y escribe durante el mediodía. Mientras está con un libro, no lee nada, para que no le influya, dice. “La excepción es Marguerite Duras; no sé por qué, me calma, es lo único”, dice antes de enumerar de corrido a su amados autores rusos y a Toni Morrison y Joyce Carol Oates. Nombrada en noviembre de 2017 representante personal de Emmanuel Macron para la Francofonía (“lo que abordamos queda entre nosotros”) y asidua en los medios, una revista francesa la declaró la persona más influyente de Francia… tras el futbolista Mbappé. “No sigo esas cosas; pero hace unos meses vinieron a verme una chica y un chico homosexual marroquís para ver cómo podían cambiar sus circunstancias; ‘nos gustaría hacer como tú, tener la libertad de tus personajes’, me dijeron; esa influencia sí me interesa”.

Slimani (Rabat, 1981) cita al autor de El extranjero, pero cuando leía En el jardín del ogro, la madre de la escritora (médico, laica como su marido, banquero) le dijo a su hija que le pareció “una Madame Bovary X”. “Es cierto que la temática es un poco trashy cruda y sí, como en la de Flaubert, el marido de Adèle es médico y también viven en Normandía… La escribí pensando en tres personajes: Anna Karenina, Madame Bovary y la Thérèse de François Mauriac; es la mujer burguesa que se aburre y que busca la pasión, que en su caso encuentra en el sexo”. Aunque ni ese frenesí la llena: “Tampoco creo que le ocurra al alcohólico que bebe y bebe o al ludópata que juega sin cesar; ella podría hacer el amor con la humanidad entera y no hallaría satisfacción”. Pero, en cambio, sí parece que el sexo sirve para abolir códigos sociales y legales, lo que emparentaría En el jardín del ogro con el mensaje de la obra de Virginie Despentes. “El sexo es un arma revolucionaria en la medida en que en el sexo todo el mundo es igual, ahí no hay clases sociales; cuando dos personas están juntas unidas por el sexo, mientras mantienen relaciones sexuales todos los códigos sociales desaparecen; uno está fuera de todo rol: sólo es el momento del sexo”.

Adèle, en algunos momentos de una novela de ritmo y prosa cortante que son marca de la casa, da la imagen de una mujer que es también sujeto de provocación sexual, algo que quizá no encajaría en los patrones de movimientos como el Me Too. “Entiendo y acepto el Me Too porque está al lado de los derechos de la mujer, pero no debe interferir en la moral de la sexualidad femenina; toda mujer ha de hacer el amor como quiera y escoger el tipo de erotismo que le plazca; no hay moral para eso. El Me too no entra en mi habitación; en la pareja, si están de acuerdo, hacen lo que quieren; aquí, la clave es el consentimiento”, dice la autora de Sexo y mentiras. La vida sexual en Marruecos, en el que recoge crudos testimonios de mujeres de su país, donde el adulterio se penaliza con dos años de cárcel; la actos homosexuales, con tres, y “los que tienen algún poder sostienen el mismo discurso: ‘Haced lo que queráis, pero a escondidas’”.

Aunque quiso estudiar psiquiatría, Slimani, afincada en Francia, rehúye calificar a sus protagonistas, y menos de depresivas: “La psicología de mis personajes se traduce a través de sus actos, se definen por lo que dicen o hacen; pero me gusta que el lector pueda imaginar cualquier cosa con ellos”. Suelen estar encuadrados en matrimonios pequeñoburgueses con hijos, consumiéndose en su autoexplotación laboral: “Están cansados porque están siempre en diversos planos de la vida a la vez y eso es fatigante incluso físicamente; la mayoría de las parejas que conozco están así y en un contexto de crisis, viviendo peor que sus padres al perder poder adquisitivo; es una parte de la sociedad que tiene buenas intenciones, pero que no pueden aplicarlas”.

Se mueven, además, en una violencia latente de baja intensidad y con una sensación angustiosa: uno mismo puede introducir el mal en su propio domicilio. “Hoy, la casa, lo doméstico, es el primer lugar de violencia en el mundo; el hogar es el lugar de la violencia: de hombres sobre mujeres, de padres sobre hijos, de señores sobre el servicio doméstico…. Existe la creencia de que el hogar es un lugar de ternura, de paz y, en cambio, es un espacio político, de combate”, admite. Con El jardín del ogro, pero sobre todo con Canción dulce, Slimani quería demostrar que “la violencia existe por todas partes y que es silenciosa, muchas veces no se ve: violencia es una palabra que se dice, un gesto que se hace, una sonrisa cuando no toca… son pequeñas cosas la que la generan también, no todo es un hombre que se levanta por la mañana y le pega un tiro a su mujer”.

También tiene su punto tristemente agresivo la reducción del amor a “solo paciencia, una paciencia devota, ferviente, tirana, optimista contra toda razón”, como escribe. “El amor, el sentimiento amoroso, no se puede mantener demasiado… Me intimida escribir sobre el amor; es más fácil hacerlo sobre sexo”, dice. Perturbador

https://elpais.com/cultura/2019/03/30/actualidad/1553963847_769991.html

En el muelle de San Blas:Fernando Olvera y Álex González, Maná

Esta es la historia de Rebeca Méndez, a quien llamaban ‘La Loca del Muelle de San Blas’, luego que 1971, en la Playa: «El Borrego» en San Blas, Nayarit, perdió al amor de su vida, ‘Manuel’, quien se adentró en el mar y nunca más regresó.
Dicha historia cobró importancia allá por 1997 cuando el grupo mexicano Maná la utilizó en la canción ‘En el muelle de San Blas’, de su disco ‘Sueños Líquidos’.
Según un historiador, la gente terminó por apiadarse de Rebeca y le llevaban comida, sobre todo porque alguno también perdieron familiares por culpa de esa tormenta.
Rebeca tejía ropa para muñecas y las vendía en la plaza del pueblo, donde vivía a pesar de no tener familia. Dicen que también se dedicaba a trabajar en un restaurante y en algunas casas.
Al ser encontrada por su familia, Rebeca pasó por el cementerio de la marinera, y al ver las cruces creyó que su novio estaba sepultado en una tumba, pero luego le contaron que los que morían en el mar no tenían tumba.
Finalmente, Rebeca falleció en septiembre del 2012 a los 63 años, sus cenizas fueron esparcidas al mar desde el Muelle de San Blas, donde al fin se podrá reencontrar con su amado Manuel.

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Epitafio de Dorothi Parker, escritora (1893-1967)

La escritora y poeta americana Dorothy Parker, se caracterizaba por agregar mucho humor e ingenio a sus escritos y su epitafio no iba a ser menos. En él podemos leer lo siguiente:

“Perdonad el polvo”…

«A los hombres les exijo tres cosas: que sean guapos, implacables y estúpidos»

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Nació el 22 de agosto de 1893 en West EndNueva Jersey, (Estados Unidos).Hija de un judío alemán y de una inglesa.Cursó estudios en el internado del Sagrado Corazón, en Nueva York.
Entre 1916 y 1920 fue crítica literaria y teatral en las revistas Vogue y Vanity Fair, de Nueva York, antes de dedicarse a la literatura.
Autora de libros de poesía, de cuentos y ensayos breves. Sus libros de poesía son Suficiente soga (1926), Muerte e impuestos (1931) y No tan profundo como un pozo(1936). Sus relatos completos se tradujeron al castellano en dos volúmenes: La soledad de las parejas y Una dama neoyorquina. Lectora constante (publicada póstumamente en 1970) comprende las reseñas literarias que escribió para la revista New Yorker de 1927 a 1933 con el seudónimo de Constant Reader.

Dorothy Parker falleció el 7 de junio de 1967, a los 74 años de edad, en la habitación de un hotel neoyorquino.

Estuviste perfectamente bien de Dorothi Parker

El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, mi amor. Ay.

La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá erguida y tranquila, le sonrió vivamente.

-¿Ya no te sientes tan bien como ayer? -dijo ella.

-Qué va, estoy muy bien -dijo él-. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que esta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.

-¿Tú crees que con un trago te sentirías mejor? -dijo ella.

-¿Un poco de lo que me noqueó anoche? -dijo él-. No, gracias. Por favor ya nunca vuelvas a mencionarme eso. Estoy muerto. Estoy muerto, completamente muerto. Mira mi mano: tan quieta como un colibrí. ¿Y me vi muy mal anoche?

-Ay, no inventes -dijo ella-, todos estaban iguales. Estuviste muy bien.

-Claro -dijo él-. Estuve de maravillas. Todos deben estar enojados conmigo.

-Por favor, claro que no -dijo ella-. Todos se divirtieron con lo que hacías. Claro que Jim Pierson se enojó un poco a la hora de la cena. Pero la gente lo regresó a su silla y lo calmaron. En las otras mesas ni se dieron cuenta. Nadie se dio cuenta.

-¿Me iba a pegar? -dijo él-. Ay, Dios mío. ¿Qué hice?

-Nada, no hiciste nada -dijo ella-. Estuviste perfectamente bien. Pero ya sabes cómo se pone Jim a veces, cuando se le ocurre que alguien se está metiendo con Elinor.

-¿Coqueteé con Elinor? -dijo él-. ¿Eso hice?

-Claro que no -dijo ella-. Solo estuviste haciéndole chistes, eso fue todo. Le pareciste simpatiquísimo. Ella estaba muy divertida. Solo una vez se desconcertó un poco: cuando le echaste por la espalda el caldo de almejas.

-No, no me digas -dijo él-. Caldo de almejas por la espalda. Cada vértebra como concha. Ay, Dios mío. ¿Qué voy a hacer?

-No te preocupes, ella no te va a decir nada -dijo ella-. Solo mándale unas flores, o algo así. Por eso no te preocupes. No es nada.

-No, si no me preocupo -dijo él-, ni tengo nada de qué apurarme. Estoy muy bien. Ay, mi amor, ay. ¿Y qué otro numerito hice en la cena?

-Ninguno. Estuviste muy bien -dijo ella-. No te pongas así por eso. Todo el mundo estaba fascinado contigo. El maître d’hôtel se apuró un poco porque no parabas de cantar, pero en realidad no le importó. Solo dijo que tenía miedo de que con tanto ruido le volvieran a cerrar el lugar. Pero ni a él le importó. Bueno, estuviste cantando como una hora. Pero después de todo, no fue tanto ruido.

-Entonces me puse a cantar -dijo él-. Un éxito sin dudas. Me puse a cantar.

-¿Ya no te acuerdas? -dijo ella-. Estuviste cantando una tras otra. Todo el mundo te estaba oyendo. Les encantó. Lo único fue que insistías en cantar una canción sobre no sé qué fusileros o qué cosa, y todo el mundo empezó a callarte, pero tú empezabas de nuevo. Estuviste maravilloso. Hubo un rato en que todos tratamos que dejaras de cantar, y que comieras algo, pero no querías saber nada de eso. En serio que estuviste divertido.

-¿Qué, no probé la cena? -dijo él.

-No, nada -dijo ella-. Cada vez que venía el mesero a ofrecerte algo se lo devolvías porque decías que él era tu hermano perdido, que una gitana lo había cambiado por otro en la cuna, y que todo lo tuyo era de él. El mesero estaba doblado de la  risa.

-Seguro -dijo él-. Seguro que estuve cómico. Seguro que fui el Payasito de la Sociedad. ¿Y luego qué pasó, después de mi éxito arrollador con el mesero?

-Pues nada, no mucho -dijo ella-. Te entró una especie de tirria contra un viejo canoso que estaba sentado al otro lado del salón, porque no te gustó su corbata de moño y querías decírselo. Pero te sacamos antes de que el otro se enojara.

-Ah, conque salimos -dijo él-. ¿Pude caminar?

-¡Caminar! Claro que caminaste -dijo ella-. Estabas absolutamente bien. Bueno, la acera tenía una capa de hielo y resbalaste. Caíste sentado con un fuerte golpe. Pero por favor, eso puede pasarle a cualquiera.

-Sí, claro -dijo él-. A la señora Hoover o cualquiera. Así que me caí en la acera. Por eso me duele el… Sí. Ya entendí. ¿Y luego qué? Digo, si te importa.

-¡Vamos, Peter! -dijo ella-. No puedes quedarte sentado ahí y decir que no te acuerdas de lo que pasó después de eso. Creo que solo te viste un poco mal en la mesa; pero en todo lo demás estuviste perfectamente bien, yo sabía que te estabas sintiendo muy bien. Pero desde que te caíste te pusiste muy serio, yo no sabía que tú fueras así, ¿No te acuerdas de cuando me dijiste que yo nunca antes había visto tu verdadero yo? No puedo permitirte, no podría soportar que hayas olvidado ese hermoso paseo en taxi. De eso sí te acuerdas, ¿verdad? Por favor, me muero si no te acuerdas.

-Ah, sí -dijo él-. El paseo en taxi. Ah, sí, de eso sí. Fue un paseo muy largo, ¿no?

-Vueltas y vueltas y vueltas por el parque -dijo ella-. Los árboles se veían tan hermosos a la luz de la luna. Y dijiste que nunca antes te habías dado cuenta de que de veras tenías alma.

-Sí -dijo él-. Yo dije eso. Yo fui.

-Dijiste cosas tan pero tan bonitas -dijo ella-. Nunca me había dado cuenta de todo lo que sientes por mí y no me había atrevido a mostrarte lo que yo siento por ti. Pero lo de anoche, Peter; creo que la vuelta en taxi es lo más importante que nos ha pasado en nuestras vidas.

-Sí -dijo él-. Creo que sí.

-Y vamos a ser tan felices -dijo ella-. Quisiera contárselo a todo el mundo. Pero no sé. Creo que sería más dulce si lo guardamos como un secreto entre nosotros.

-Yo creo que sí -dijo él.

-¿No es muy hermoso? -dijo ella.

-Sí -dijo él-. Fabuloso.

-¡Encantador! -dijo ella.

-Oye -dijo él-, ¿no te importaría que me tomara un trago? O sea, médicamente, ya sabes. Estoy muerto; ayúdame, por favor. Creo que me va a dar un colapso.

-Sí, un trago te va a caer bien -dijo ella-. Pobrecito, qué pena que te sientas tan mal. Voy a prepararte un trago.

-Yo, la verdad -dijo él-, todavía no me explico cómo me sigues dirigiendo la palabra después del ridículo que hice anoche. Yo creo que mi única salida es meterme a un monasterio en el Tíbet.

-¡Estás loco! -dijo ella-. No te voy a dejar ir ahora. Ya deja de pensar en eso. Estuviste perfectamente bien.

De un salto ella se paró del sofá, lo besó con rapidez en la frente y salió corriendo de la  habitación.

El joven pálido la vio alejarse, movió la cabeza lentamente y luego la dejó caer sobre sus manos húmedas y temblorosas.

-Ay, mi amor -dijo-. Ay, ay, ay, Dios mío.

Estuviste perfectamente bien

Eng y Chang* apuntes de los siameses y el alma

La clonación incompleta: Los hermanos siameses
( Publicado en Revista Creces, Enero 1998 )

La clonación sucede normalmente en la naturaleza. Pero a veces esta puede ser imperfecta, como es el caso de los siameses, que es interesante analizar.

La clonación de la oveja Doly, ha sido, sin duda, la noticia más impactante del año 1997. A partir de una célula adulta, fue posible que naciera una oveja igual a la madre, a la que se le extrajo su DNA. Así, teóricamente ambas tendrían igual composición genética. Nadie pudo dejar de pensar que si la clonación había sido posible en una oveja, también tendría que ser posible en los seres humanos, ya que ambas especies son mamíferos. Inmediatamente surgió el rechazo y las peticiones de que se prohibieran tales tipos de experimentos que pudieran realizarse a futuro con seres humanos.

Sin embargo, la clonación sucede normalmente en la naturaleza. Constantemente están naciendo gemelos, a partir de una sola célula fecundada. El hecho es que cuando un óvulo es fecundado por un espermio, se produce la primera división celular y de allí ellas se van subdividiendo rápidamente. Pero puede que suceda que en esa primera división o en algunas de las subsiguientes, se separe una de esas células y a partir de ella se llegue a construir otro ser humano igual al anterior, con igual composición genética.

Pero la naturaleza es muy caprichosa y por razones que no se conocen, en ocasiones los gemelos no llegan a separarse completamente y nacen unidos por diferentes partes del cuerpo. Son los llamados «Siameses». Su nombre deriva de un nacimiento ocurrido en Siam (hoy Tailandia), en el año 1811, con gemelos unidos por el abdomen por tejido blando. Este caso llegó a ser muy famoso, ya que no los separaron y vivieron unidos hasta su edad adulta. Hoy no habría sucedido eso, ya que la cirugía permite separarlos a los pocos días de nacer. Pero estos gemelos permanecieron unidos durante toda su vida, y fueron constantemente exhibidos como fenómenos, con lo que juntaron dinero y fueron famosos. Evidentemente que eran individuos diferentes, ya que a pesar de sus similitudes y de una experiencia común, desarrollaron personalidades muy distintas. Uno tenía muy mal humor y con propensión al alcohol (Eng), mientras que el otro tenía muy buen carácter y era abstemio (Chang). Es decir, a pesar de su igualdad genética su personalidad era diferente. La historia cuenta que los dos se casaron con dos hermanas, y cada uno tuvo diez hijos normales. Las hermanas vivían en dos ciudades diferentes, de modo que los siameses tenían que trasladarse de una casa a otra, alternando la convivencia por semanas. Obviamente que sus vidas en parejas, no tuvieron mucha intimidad (Fig. 1).

Otras veces las uniones de siameses comprometen sectores y órganos más vitales y zonas más extensas del cuerpo. En 1829, nacieron Rita y Christina en Sardinia. Ellas tenían dos cabezas y cuatro brazos, pero una sola pelvis y dos piernas (Fig. 2). También las exhibieron como fenómenos, pero fallecieron siendo lactantes, probablemente debido a los riesgos inherentes a la sobre exposición. En esos tiempos, un periódico de París que relataba el hecho, se preguntaba si se trataba de una sola persona o de dos. ¿Tiene un alma o dos?. Casi todos estaban de acuerdo que eran dos personas diferentes, y por lo tanto debían tener dos almas, ya que tenían dos cabezas. Pero la respuesta no es tan obvia para otros siameses que han nacido con una sola cabeza y dos cuerpos. Así ocurrió en un nacimiento en el año 1851 (Fig. 3).

Más de alguien se ha hecho la misma pregunta, en el supuesto que se llegara a clonar un ser humano a partir de una célula de un individuo adulto. A la luz de los conocimientos actuales la respuesta lógica es que son individuos diferentes, aun cuando posean el mismo DNA nuclear. Sin embargo, genéticamente no serían iguales, ya que el DNA del núcleo es el mismo, pero no así el DNA que poseen las mitocondrias dentro de la célula (DNA que también tiene una función genética), que en este caso sería aportado sólo por el óvulo en el cual se inserta el DNA extraído de la célula adulta. Hay que recordar que la clonación se realiza mediante la extracción del DNA que contiene el núcleo del óvulo, y éste es reemplazado por el DNA proveniente del núcleo de la célula del donante. Es decir, de allí en adelante, el óvulo está aportando el DNA propio de sus mitocondrias, marcando esto la primera diferencia entre el clonado y el donante. Un par de gemelos serían más semejantes entre sí, que si se compara el clonado con respecto a su donante, ya que los primeros no sólo comparten igual DNA nuclear, sino también DNA mitocondrial. En cambio el clonado sólo tendría en común el DNA nuclear. Es decir, frente a la pregunta de que si un ser clonado sería un individuo diferente, obviamente que sí lo es, como lo son los gemelos. Nadie diría que dos gemelos deberían tener la misma alma.