Escalofriante de Marcos Leija

-Vendré por ti -le dijo el abuelo antes de morir.
Pasó un año y al agonizar mi abuela susurró: -Está aquí.
El viejo cumplió lo prometido. Yo mismo le abrí la puerta.

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LOS CIEN NOMBRES QUE LOS MEXICANOS LE DAN A LA MUERTE de Julie Sopetrán.

Texto: Julie Sopetrán

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 Catrina en la calle, Guadalajara (México)  Foto: Julie Sopetrán

Se acerca la fiesta de Día de Muertos en México. Fiesta tradicional. Lo que entendemos como cesación de la vida, separación del cuerpo y del alma. Lo que vemos como esa figura descarnada del esqueleto humano, símbolo ancestral de esa muerte que nos asusta y nos asombra, mano airada portando su guadaña y de tantas formas expresada en las diferentes culturas… Es lo que siempre ha existido, es parte de lo que somos y es lo que se celebra en esta fiesta tan mexicana. Debemos saber, que en México, la muerte tiene otra cara, sí, es celebrada, es motivo de fiesta, de alegría, de recuerdo compartido y convertido en color, en retorno a la vida y tanto los niños en las escuelas, las familias en casa, como los artistas, los mercados, la ciudad, todo y todos la recrean en sus obras, cada año, en cada celebración de últimos de Octubre y primeros de Noviembre.

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Tres catrinas, San Miguelito – foto de Mary Andrade  http://www.dayofthedead.com/

Recuerdo en uno de mis viajes a Michoacán, nos llevaron a comer a Mary Andrade y a mi a San Miguelito, un restaurante tan original, como hermoso, tan deliciosa su comida, tan convertido en museo, con su bazar, su  galería de arte, su aspecto ceremonial y tantas cosas más que uno bien se podría pasar el día allí olvidándose del mundo, o sentarse en una de sus elegantes mesas degustando la gastronomía mexicana o esperando un buen novio. Su dueña, Cynthia Canelo, sus catrinas,  distribuidas por sus cinco patios, su tienda de diferentes obras de arte, cosas, vajillas, dulces, cerámicas…  Su San Antonio volteado, con la cabeza boca abajo y los pies para arriba, esperando a las solteronas para hacer el milagro.

                   Foto: Mary Andrade  (San Antonio volteado con la cabeza para abajo y los pies para arriba. San Miguelito)
http://www.dayofthedead.com/

 El altar de muertos con sus flores, sus fotografías, su comida, sus candelabros su olor a cempasúchil. Tendríamos que dedicar todo un artículo a este restaurante, donde puedes comprar hasta la mesa y las sillas, la vajilla o la mantelería donde se ha comido. Espectacular el ambiente y la atención a los comensales, así como los detalles tan especiales de este lugar que recomiendo visites para cuando vayas a  México.

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Dibujos del artista Erik Ricardo de Luna Genel

Pero el traer a cuento este lugar, es porque allí encontré una colección única, de los cien nombres que los mexicanos le dan a la muerte, son cartas con las que se puede jugar con estos nombres tan originales como: La Chingada. La Fregada. La Hilacha. La Rasera. La Matadora. La Cargona. La Huesos. La desdentada. La Jodida. La Pelleja. La Cabezona. La Chicharrona. La Canaca. La Indeseada. La Chiripa. La Chicharrona. La Chinita. La Patas de Hilo. La Patas de Catre. La Hilacha. Doña Osamenta. Patas de Catre. Costal de Huesos. La Siriquisiaca. La Fregada. La Pelada. La Espirituosa. La Chifosca. La Chicharrona. La Chupona. La Democrática. La Malquerida.

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Dibujo del artista Erik Ricardo de Luna Genel

 La Flaca. María Guadaña. La Enlutada. La Chupona. La Grulla. Patas de Popote. La Polveada. La Comadre. La Dama del Velo, La Indeseada. La Trompada. La Dama delgada. La Curamada. Patas de Ixtle. Patas de Hilo. La Chinita. La Raya. La Hora de la Hora…   Sé que hay más pero sería imposible enumerar tantos nombres ocurrentes y de buen humor que el mexicano le da a la muerte.

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Dibujos del artista Erik Ricardo de Luna Genel

Lo llaman lotería, y es un juego divertido para muchos mexicanos de Querétaro, de Guadalajara, de Michoacán, extendido ya a lo largo y ancho de todo el país, porque  la muerte es  y se presenta con calakitas, es una lotería mortuoria «hecha con humor y trazo fino». 

Me dejó tan sorprendida como admirada de tantos nombres dedicados a la muerte y de los dibujos tan bien hechos por el artista Erik Ricardo de Luna Genel, diseñador gráfico, escenógrafo y actor, su compañía era Travestido, un artista al que algún día me encantaría entrevistar, por la investigación que él hizo pateando los pueblos y observando esos nombres que en cada lugar llamaban a la muerte, y haciendo una recopilación de todos ellos.
                                                                                 

 Dibujos del artista Erik Ricardo de Luna Genel

Es un trabajo realmente admirable, por ello, quiero hoy rendirle un homenaje a este artista tan desconocido en España. Porque creo que su obra es única en el mundo y original cien por cien. Empezó con veinticuatro cartas, y creo que superó las cien.
Por si alguien quiere conseguir alguna de sus postales, papel picado, camisetas, cartas, etc., con el motivo de la muerte, su teléfono es 442-224.0910. Así lo indica en la colección que compré en San Miguelito hace ya algunos años.

 

Catrina en las calles de Guadalajara (México)  Foto: Julie Sopetrán
En realidad La Pelona, es un personaje siniestro, pero que tiene que ver con cada uno de nosotros, queramos o no, todos vamos a morir, todos vamos a conocer a esta mujer tan estrambótica, tan humana y tan divina. Ojalá en España nos tomáramos la muerte con ese humor mexicano, con esa risa abierta y con esa naturalidad sin límites. La lotería de la muerte nos va tocando poco a poco a todos, es la lotería que lleva siempre un premio implicado, un número cero que marca el infinito misterio de desaparecer de este mundo, hasta convertirnos en el famoso «cero a la izquierda». Lo realmente bueno, es mirarlo y nombrarlo, sin miedo alguno, con una sonrisa, con el humor que borra lo tétrico, lo salvajemente triste.

Catrina expuesta en las calles de Guadalajara (México) Foto: Julie Sopetrán

Cada carta que ha realizado este gran artista, es un cuento vivo, una historia, un pasado y un futuro, un presente contaminado de inquietudes, de pasiones, de romanticismo, de tragedias, suicidios, pesadillas… Así todo ello nos hace ver, sentir a la muerte de otra forma, sin el pánico o el espanto, sin más, con picardía, como algo tan sencillo y tan natural como la vida misma, para poder hablar hasta reírnos de una forma normal, alegre, y… ¿Por qué no? Chistosa.

                                                    Catrina expuesta en las calles de Guadalajara (México) Foto: Julie Sopetrán

Tal vez todo comenzó con otro artista, el creador de la Catrina. Su inventor fue José Guadalupe Posada, nacido en 1852 en Aguascalientes, creador de más de veinte mil imágenes durante su carrera artística, él  inventó la catrina mucho antes de la Revolución Mexicana. Sus caricaturas han recorrido el mundo entero y hoy son tan populares que a nadie se le puede pasar por alto la famosa muerte con sombrero de gala, como ejemplo de la clase más alta mexicana.

                                                                                La Catrina, creada por José Guadalupe Posada

 Después, los artistas mexicano han manifestado en sus obras, verdaderas bellezas, esculturas, pinturas, dibujos… Incluso Diego Rivera la materializó en su obra. Y todo en honor a la señora de los muchos nombres, la muerte, que según decía Posada, «es la más democrática ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera».

Catrina expuesta en las calles de Guadalajara (México) Foto: Julie Sopetrán
Catrina de Diego Rivera

Y lo más espectacular es contemplar en las calles de muchas ciudades mexicanas estas catrinas, realmente bellas, impresionantes, quieren confundirse con los transeúntes, pero no pueden, todos las miramos, queremos hacernos fotos con ellas, queremos que nos cuenten esos secretos que tanto nos preocupan del más allá… Ellas, hablan el mismo lenguaje, ellas son todas, la muerte.

fuente: http://magiasdemexico-julie.blogspot.com/2011/10/los-cien-nombres-que-los-mexicanos-le.html

Los “hipersanos” están entre nosotros — Espacio de Arpon Files

Neel Burton Fuente: AEON Magazine The hypersane are among us, if only we are prepared to look https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=94699&fuente=inews&utm_source=inews&uid=520577 Muchas personas “normales” sufren por no ser hipersanas: tienen una visión del mundo restringida, prioridades confusas y están afectadas por el estrés, la ansiedad y el autoengaño “Hiperesanidad” no es un término común o aceptado. Pero tampoco lo inventé. […]

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Bruja por Rochi Rosas

La imagen puede contener: una o varias personas

Sabias que…
La palabra bruja, que en ingles se dice witch, deviene de una bella y antiquísima palabra y práctica egipcia, “Baq”.Significa varias cosas:
Poder femenino, mujer de poder, mujer que conoce su poder y lo usa, mujer que conoce las palabras mágicas o de poder. O sea que bruja significa «Mujer Empoderada

fuente amantes de la ortografía de Fb

 

Fragmentos de Tahar Ben Jellou

Cuando Mohamed hubo terminado de rezar el azalá de la noche, se quedó sentado con las piernas cruzadas sobre su tapiz de rezos de seda sintética. Observó el reloj de plástico fabricado en China, colgado en la pared frente a él. No tanto las agujas, sino la imagen que rodeaba la esfera: una muchedumbre vestida de blanco girando alrededor de la piedra sagrada de la Kaaba, y, en el fondo, un cielo lleno de pájaros y ángeles. Pensó en su propia peregrinación a La Meca, que le había dejado un recuerdo un tanto decepcionante. Pues, si bien se había emocionado y sentido feliz de orar allí, también lo había pasado mal por la promiscuidad y violencia de algunos peregrinos. No entendía por qué se zarandeaban, se empujaban unos a otros, llegaban incluso a provocar avalanchas que se saldaban con varias muertes. Enseguida se dio cuenta de que los lugares sagrados alteraban la percepción de las cosas. Los fieles cambiaban. Dejaban de pertenecerse a sí mis
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mos, se entregaban al trance, perdían el conocimiento, deseando ardientemente morir de esa muerte tantas veces magnificada por el desvarío de los embaucadores. Morían aplastados por los pisotones de hombres más fuertes que ellos, unos colosos que propinaban golpes y violentos codazos, abriéndose paso sin tan siquiera darse la vuelta para ver los daños que dejaban tras de sí, y seguían su camino con la cabeza y los ojos alzados hacia el cielo como si éste les exigiese ese fervor salvaje. Los más débiles morían, yacían en el suelo, cubiertos de polvo y sangre; ninguna mirada se detenía en ellos para rezarles una última oración. Esas escenas son inevitables en un lugar que en sólo unos días rebosa con más de dos millones de creyentes llegados a La Meca para lavar sus pecados y regresar a sus países satisfechos y colmados de virtudes que emanan de su fe. En realidad, no era un espectáculo muy agradable. Mohamed siempre había temido a la multitud; cuando ésta se fanatiza, se vuelve peligrosa. Más vale evitarla, no verse frente a ella ni arrastrado por su marea. En la fábrica hacía huelga como sus compañeros, pero no se manifestaba con pancartas por las calles. Mohamed soñaba con una peregrinación en solitario, justo con algunas personas de su cábila, y en primavera. Como temía las situaciones de violencia, le asustaba morir en La Meca; debía de ser el único en pensarlo, aunque
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no se lo confesaba a nadie. Temía morir pisoteado por unos pies fanáticos. Se mantenía apartado, observándolos. ¿A qué se parecen unos pies fanáticos? Están sucios, a veces descalzos, otras, enfundados en babuchas gastadas. Mohamed había visto a peregrinos que calzaban babuchas viejas. No eran de su país, hablaban un dialecto árabe del que no entendía ni una palabra. ¿De dónde venían? Para él, un musulmán sólo podía ser árabe o bereber. Le costaba considerar musulmanes a los demás peregrinos. Los llamaba los africanos, los chinos y los turcos. Todos los peregrinos tenían la mirada inflamada por el fuego, la llama de la fe, la pasión del islam. Él se preguntaba, en cambio, por qué su mirada era serena, tranquila. Así era su temperamento. Llevaba mucho tiempo queriendo realizar ese viaje, soñando con ello, quizá con excesiva sencillez, pues él no se planteaba objetivos inalcanzables. Únicamente se alteraba cuando pensaba en el futuro de sus hijos. Entonces se sentía mal, invadido por la melancolía y la tristeza, desamparado, y se ponía a rezar, a cumplir con los ritos de la peregrinación, pero siempre con una extraña calma. Una mañana, al salir de la Mezquita Grande de La Meca, no encontró sus babuchas, recién estrenadas y confeccionadas por un artesano de Fez. Se sorprendió de que se las hubiera robado un peregrino. No lo entendía. Era algo inadmisible. Su indignación se apaciguó
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cuando un compañero de habitación le contó que unas bandas de malhechores atacaban diariamente a los peregrinos y les robaban su dinero. Añadió: cuando las autoridades detienen a alguno, le cortan la mano; por cierto, hoy a la hora del azalá del mediodía cortarán unas cuantas en la plaza pública. ¡Estás invitado al espectáculo! La semana pasada azotaron a un yemení por haber faltado al respeto al hijo de un emir. Hace un año, condenaron a muerte a un cristiano, creo que era de Italia, porque lo pillaron con una chica perteneciente a una gran familia saudí, y está prohibido que una musulmana salga, mejor dicho, se vea a escondidas, con un no musulmán, y no digamos ya casarse con él. ¡Aquí no se andan con chiquitas, tienen sus leyes, dicen que está escrito en el Corán y tiran para adelante! ¡No hay nada más que hablar! No existe ningún derecho. Nosotros venimos aquí a rezar ante la tumba de nuestro amado profeta, cumplimos con las oraciones, con el ritual, y luego regresamos a nuestro país, si es que no hemos muerto aplastados en el tumulto o nos han dejado mancos, pues pueden equivocarse y acusarte de robo, y, sin comerlo ni beberlo, te encuentras con una mano menos, es lo que se llama justicia rápida, no hay tiempo de pensar, de todos modos, aquí, más vale no pensar, aquí te entregas a Dios, sin el menor titubeo, perteneces a Dios y Dios dispone de ti como quiere, ¿lo
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entiendes, hermano? Mohamed consideraba que cortar una mano por robar una babucha era una exageración, por no decir una salvajada. Se quedó mirando sus manos, juntas y abiertas, y se dijo: sin ellas, yo no habría sido nada, ni un pobre mendigo. ¡Que Alá nos preserve del mal y de las desgracias! Un mendigo le tendió su muñón. Mohamed le deslizó un billete en el bolsillo. Le habría gustado hablar con él, conocer su historia. Quizá se había quedado manco por un accidente o bien por un error. El mendigo ya había desaparecido. Cuando a veces relataba su peregrinación a La Meca a sus amigos, a éstos les desagradaban sus críticas. Mientras se estaba bebiendo una cerveza bien fresquita, Bachir, que opinaba sobre cualquier cosa, lo reconvino: un musulmán no debe hablar mal de lo que ocurre durante la peregrinación. Ya se encargan de ello los enemigos del islam, que quieren vernos sumidos eternamente en el subdesarrollo, vestidos de harapos, sucios y con aspecto inhumano. Ahora han conseguido colgar la etiqueta de terrorista a todo musulmán. Está muy claro: nuestro sino es estancarnos o retroceder, así que deja ya de criticar, aunque sea cierto lo que dices, si no, vas a dejar de llevar el título de peregrino, de hach. Mohamed se atrevió a decir con voz suave: pero si no nos criticamos, nunca avanzaremos. Qué le vamos a ha
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cer, me callaré y os deseo buen viaje, que disfrutéis de La Meca; yo, si vuelvo allá, será fuera del periodo oficial, me contentaré con la peregrinación menor, la Omra. Tendríamos que aprender a ser tolerantes, ¿ves?, por ejemplo, tú te estás bebiendo una cerveza y no te lo reprocho, es asunto tuyo. ¡Deja, pues, de criticar a los que tienen el valor de criticarse!
Una enorme mosca zumbaba por la habitación y lo distrajo de sus recuerdos. Era una mosca ciega que se daba golpes contra la pared. Habría deseado salvarla pero no se sentía con fuerzas para levantarse. Revoloteaba como si ella también estuviera prisionera. Mohamed ladeó la cabeza, le pareció oír a alguien que lo llamaba, una voz, una especie de murmullo procedente de una grieta de la pared, de una raja que el papel pintado de los años sesenta ya no disimulaba. El edificio estaba en tal estado de ruina que el ayuntamiento y la empresa de alquiler de viviendas de renta limitada lo había dado de baja de su lista. Tenían que hacer demasiadas reformas, sobre todo desde la llegada masiva y caótica de nuevos inmigrantes africanos. La combinación de magrebíes con africanos subsaharianos no funcionaba. Los insultos racistas llovían de ambos lados, seguidos de peleas entre adolescentes de ambos clanes. Mohamed ya no sabía si el racismo lo suscitaba el
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color de la piel o la extrema pobreza. Recordó que un viejo tío suyo que hacía comercio con países de África se había traído al pueblo una mujer senegalesa que todos consideraban una esclava, alguien despreciable. Era aún un niño, pero la escena sigue obsesionándolo: su tío se había marchado a trabajar al extranjero y, aprovechando su ausencia, el pueblo entero expulsó a la mujer africana, que no hablaba ni árabe ni bereber. Se habían aliado contra ella por ser negra y porque no entendían su idioma. Salió huyendo a pie de allí y no se supo más de ella. Aquella mujer de la que nadie hablaba siguió rondando por los recuerdos de niñez de Mohamed. Ahora se preguntaba qué habría sido de ella. Quizá había muerto o regresado a su país. Acabó diciéndose que aquella mujer era eterna y que nunca moriría. Mohamed odiaba el racismo y, debido a aquel recuerdo, estaba convencido de que el color de la piel y la pobreza eran dos ingredientes que se mezclaban bien para rechazar a un ser humano cuyo único delito era no ser rico ni de piel blanca. Era evidente. La primera vez que oyó la palabra «moro» fue en un vagón de tren donde el revisor insultaba a un viejo argelino que no encontraba su billete. Mohamed no sabía qué significaba, pero entendió que debía de ser algo poco amable, un insulto. El argelino se puso de pie y empezó a desnudarse como si le hubieran ordenado que se dejase registrar. El
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revisor le dijo algo así como vale, vale ya, estos moros nunca entienden nada.

CON EL DIABLO EN EL CUERPO — manologo

Le dijeron siempre, desde chiquito, que tenía al diablo en el cuerpo. Nunca se estaba quieto, lo rompía todo y un genio de mil demonios (como si no bastara con un solo cachudo) hacía que viviera en casi permanente estado de furia. Creció y fue para peor porque se hizo un ser imposible, al […]

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Vladímir Maiakovski (1893-1930)

Vladímir Vladímirovich Maiakovski nació el 7 de julio de 1893 en Baddadi (Georgia). Su padre era guarda forestal y su madre de ascendencia cosaca. La vida familiar era dura, sometida al cuidado de una vasta hacienda. A los cinco años Maiakovski ya leía y recitaba poemas de Pushkin. También muy pronto comenzó a manifestar su habilidad por el dibujo. En 1906, tras la muerte del padre, el resto de la familia se traslada a Moscú. Las dificultades económicas limitarían su asistencia a la escuela. Nuestro autor entra en contacto con el ambiente revolucionario, lee literatura marxista y se integra en los movimientos más radicales. Se afilia al Partido Bolchevique; es encarcelado en varias ocasiones y en una de las prisiones, en 1909, escribe un cuaderno de poesía que no se ha conservado y que supone el inicio de la carrera literaria de Maiakovski. Tras ser puesto en libertad dedica su actividad a la pintura. En 1911 se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Moscú, tomando contacto con el grupo futurista. Maiakovski reparte su labor creadora entre la pintura y la lírica, decantándose finalmente por ésta última. A partir de 1912 se convierte en cabeza del movimiento futurista, intento de transformación revolucionaria en el mundo del arte. Publica sus primeros poemas en revistas diversas y aparece su poemario: “Yo”. Por entonces comienza una gira por Rusia dando recitales poéticos, actividad ésta que no se interrumpirá hasta el final de su vida. Al inicio de la I Guerra Mundial se ofrece como voluntario al frente, pero sus sospechosas actividades motivan que sea rechazado. En 1915 escribe Una nube con pantalones, que es una protesta contra la burguesía y el capitalismo y un canto al amor. De este mismo año es la publicación de La flauta vertebrada, donde canta a un futuro utópico. La guerra y el universo (1916) es una visión idealizada del futuro. En Hombre (1919), se refleja una muerte y resurrección espiritual para redimir a la humanidad. Con la toma del poder por los bolcheviques, Vladímir se sumerge en el espíritu revolucionario, exaltando los nuevos valores. Escribe muchas poesías sobre variada temática (crítica de la burocracia, asuntos sociales, políticos, públicos…) tanto de Rusia como del extranjero. En 1918 escribe “Misterio Bufo”, obra de teatro donde parodia el diluvio universal bíblico, haciendo del proletariado el conquistador de la tierra y el cielo. Esta obra pasó por todo un calvario de censuras hasta poder ser estrenada. A partir de 1919 comienza a trabajar en la creación de pancartas y carteles de agitación y propaganda revolucionarias (unas 1.100 en tres años) muy originales, directas, breves y concisas. Su primera antología aparece en 1919: Toda la creación de Vladímir Maiakovski y un año después concluye su poema 150.000.000 En 1922 colabora en la creación del LEF (Frente Izquierdista del Arte), cuyas teorías literarias serán el credo estético de la literatura rusa, y de la revista literaria con las mismas siglas. Sucesivamente van naciendo nuevas creaciones de su pluma: “Amo” (1921), “Vladímir Ilich Lenin”, y “Bien” (1924). Sus dos obras dramáticas más famosas son “La chinche” (1929) y “El Baño” (1930), cuyo carácter satírico molesta a la censura. En su obra póstuma “A media voz”, habla con las generaciones venideras sobre él, sobre el futuro, y predica los principios que debe poseer un verdadero artista. Llega un momento en que Maikovski comienza a percibir que la revolución tan ardientemente amada ha caído en manos de filisteos. Cada vez tiene más problemas con el Partido; sufre un aislamiento y acoso social y político cada vez más insoportables. LEF es censurado, recibe críticas de sus amigos. Las autoridades le niegan salir del país, sus relaciones con Tatiana Yaklovevna se degradan. Vladímir decide poner fin a su vida, acción que lleva a cabo el 14 de abril de 1930 pegándose un tiro en la sien. Un poema de despedida con el epígrafe: “A todos” es el punto final a una vida entregada a sus ideales artísticos y sociales.

La juventud tiene mil ocupaciones.

Estudiamos gramática hasta atontarnos.

A mí, me echaron del quinto año, y fui a apolillar las cárceles de Moscú.

En nuestro pequeño mundo doméstico,

para las camas aparecen poetas de pelo rizado.

¿Qué saben estos líricos anémicos?

A mí, pues, me enseñaron a amar en la cárcel.

¿Qué vale comparado con esto, la tristeza del bosque de Boulogne?

¿Qué valen comparado con esto, los suspiros ante un paisaje de mar?

Yo, pues, me enamoré de la ventanilla de la cámara 103, de la «oficina de pompas fúnebres».

Hay gente que mira al sol todos los días y se enorgullece. «No valen mucho sus rayos» -dicen.

Pero yo, entonces, por un rayito de sol amarillo, reflejado sobre mi pared, hubiera dado todo en el mundo.

Vladímir Maiakovski

Epitafio que no vio luz

“…Y cuando me vaya, quedarán los pájaros cantando” se supone que era lo que Juan Ramón Jiménez quería que apareciera en su tumba. No fue así.

Biografía

(Moguer, 1881 – San Juan de Puerto Rico, 1958) Poeta español. Su lírica evolucionó desde las últimas derivaciones del modernismo hacia una poesía a la vez emotiva e intelectualista. Tras cursar el bachillerato en el colegio de los jesuitas de Puerto de Santa María (Cádiz), ingresó en la Universidad de Sevilla para estudiar derecho, carrera que abandonó para seguir su vocación artística.


Juan Ramón Jiménez

Aunque inicialmente quiso ser pintor, pronto se orientó hacia la poesía, animado por la lectura de Rubén Darío y de los escritores románticos. Sus primeras colaboraciones en la revista madrileña Vida Nueva fueron acogidas con entusiasmo por los modernistas, por lo que decidió trasladarse a Madrid en 1900 y publicar ese mismo año sus dos primeros volúmenes de versos, Ninfeas y Almas de violeta, títulos que le fueron sugeridos por Ramón del Valle-Inclán y Rubén Darío.

De carácter melancólico y depresivo, la repentina muerte de su padre le causó fuertes crisis nerviosas que lo obligaron a pasar largas temporadas en sanatorios de Burdeos y Madrid. A esta época corresponden los libros Rimas (1902), Arias tristes (1903) y Jardines lejanos (1904), que configuraron una poética más en la línea de Gustavo Adolfo Bécquer, impregnada de musicalidad, nostalgia y amor por la naturaleza, con metros sencillos en los que predomina el octosílabo y un ritmo fluido.

Entre 1905 y 1912 el autor vivió en su pueblo natal, entregado a la lectura y admirando la vida campesina andaluza. Este acercamiento al mundo rural se tradujo en un nuevo sentimentalismo que, sin abandonar la languidez inicial, se enriqueció con impulsos apasionados y juveniles. En los escenarios crepusculares de pálidos jardines, decadentes ensueños y estancias silenciosas, aparecieron por primera vez colores brillantes e imágenes de mujeres desnudas que tiñeron los versos de erotismo.

En este período escribió varios volúmenes de orientación modernista: Elegías (1908-1910), Olvidanzas (1909), La soledad sonora (1911), Poemas mágicos y dolientes (1911), Melancolía (1912) y Laberinto (1913), así como el libro en prosa Platero y yo (1914), tierna elegía a un borriquillo que se convirtió en uno de sus textos más célebres. De regreso a Madrid conoció a Zenobia Camprubí, española educada en Estados Unidos, con la que se casó en Nueva York en 1916. La vitalidad y las constantes atenciones de Zenobia influyeron decisivamente en el nuevo rumbo que adoptó su trayectoria poética.

Tanto en los Sonetos espirituales (1914) como en Estío (1916) se anunciaba un cambio formal que culminó en el Diario de un poeta recién casado (1917), escrito casi en su totalidad durante la travesía del Atlántico. Según declaró el autor, el constante movimiento de las olas le transmitió la obsesión por el ritmo y lo llevó a abandonar las estructuras estróficas tradicionales, y a cultivar el verso libre. Al mismo tiempo, la ornamentación modernista desapareció en favor de un lenguaje sobrio y desnudo, que huyó de la vaguedad y aspiró a la precisión absoluta.

Muestra de ello son las composiciones de Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1923) y Belleza (1923), donde eliminó todo aquello que no tendiese a la esencia poética y a la plenitud espiritual y estética. Este giro hacia la «poesía pura» ejercería una gran influencia en la obra inicial de los poetas de la generación del 27, particularmente en Jorge GuillénPedro SalinasFederico García LorcaRafael AlbertiDámaso Alonso y Vicente Aleixandre. El autor intentó llevar al ámbito de la prosa las conquistas obtenidas en sus versos y escribió la serie de retratos líricos que integraron el libro Españoles de tres mundos (1942), aparecido en su mayor parte en la revista Índice.

incitado por un afán de depuración máxima, sometió su obra a una permanente revisión. Fruto de esta inquietud son las colecciones de textos Unidad (1925), Obra en marcha (1928), Sucesión (1932), Presente (1933) y Hojas sueltas (1935), que incluyeron páginas susceptibles de ser reelaboradas con posterioridad.

Tras la publicación de Cántico (1935), el estallido de la Guerra Civil interrumpió la labor creadora del poeta, que fue nombrado agregado cultural en Washington. Después de vivir en Estados Unidos y Cuba se instaló en Puerto Rico, donde enseñó en la universidad y se dedicó a retocar gran parte de su obra. A esta última época pertenecen los libros La estación total (1946), Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949), en los que la búsqueda de la belleza total se plasmó a través de una visión intelectualista y metafísica, en función de la cual su poesía se transformó en un «dios deseante y deseado», con conciencia de la divinidad y con manifestación inefable de lo eterno. Juan Ramón Jiménez fue galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1956.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jimenez_juanramon.htm

Aedes el egipcio

El Egipcio
Apostados en un rincón oscuro del dormitorio esperaron.
Estaban detrás de la cabecera de la cama.
Atacaron en la madrugada.
El macho zumbaba en los oídos para distraerlo; la hembra voló hacía los pies y succionó ávida la sangre.
La hembra tenía el suficiente alimento para que sus huevos maduraran.
Quince días después un hombre moría “sudando sangre”.
Aedes el Egipcio volaba impune, sediento de nuevo.

La imagen puede contener: planta y exterior

PASTEL DE MIEDO: por qué nos gustan horror movies? Parte 1. — Neurociencias divertidas

— ¡Qué miedo, mami!!! — ¡Apaga esta película, entonces! — No!!!! El niño responde con ojos que brillan de emoción y de placer inexplicable. ¿ o sí es explicable? QUÉ ES Y POR QUÉ LO SENTIMOS Nos gusta tener un poquito de miedo. Yo, personalmente, disfruto leyendo y escuchando los cuentos de terror, en especial […]

a través de PASTEL DE MIEDO: por qué nos gustan horror movies? Parte 1. — Neurociencias divertidas

Los tonos en la narrativa

El tono narrativo es la actitud que asume el narrador al contar una historia. Se puede contar la misma historia de muchísimas maneras. Si una señora mayor resbala y se cae al intentar bajar de un autobús, la anécdota se puede contar de manera burlona, trágica, cómica, compasiva, moralista, etcétera. Es el mismo incidente. Absolutamente los mismos datos: una señora que resbala y se cae. Pero la narración de este incidente puede variar inmensamente según el tono utilizado por el narrador.
Una de las principales decisiones que debe tomar un autor, al comenzar su narración, es la selección del tono con que contará su cuento o novela.
A grandes rasgos creo que podemos identificar tres tonos o actitudes principales:
1. El autor de rodillas ante personajes que reconoce como seres superiores. Algunos ejemplos son las obras épicas como El mío Cid, la Ilíada y las novelas de caballerías, en las que el autor narra las peripecias de dioses, semidioses, héroes, genios, etc.
2. El autor sentado, de tú a tú, junto a personajes que reconoce como sus iguales. Algunos ejemplos son obras realistas como Rojo y negro, Madame Bovary y Crimen y castigo: el autor narra las peripecias de hombres y mujeres que de algún modo son sus semejantes.
3. El autor de pie, en un balcón alto, ante personajes que viven abajo y son inferiores. Algunos ejemplos son el Cándido, de Voltaire; el Buscón, de Quevedo; y los cuentos de Monterroso y Saki: el autor narra las peripecias de seres dignos de burla o desprecio.
Estas tres grandes actitudes se manifiestan concretamente en el tono específico que escoge un autor para narrar su obra. Las opciones son innumerables. A continuación incluyo una lista parcial de tonos, ya que existen muchos más:
Abatido, absurdo admiración afligido agresivo alegre amable amoroso cálido científico cínico cómico compasivo condescendiente coraje cordial crítico deprimido despectivo entusiasta erótico familiar filosófico formal grave histérico horror humorístico iconoclasta idealista incisivo indignado informal informativo ingenioso íntimo iracundo irónico jocoso melancólico misterioso moralista/moralizante nostálgico odio parco paródico periodístico persuasivo pesimista ponderado pornográfico positivo realista religioso respetuoso reverente romántico sarcástico satírico sensual serio solemne sombrío taciturno terror tétrico trágico tranquilo triste
y muchos más.
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Tahar Ben Jelloun (Marruecos 1944) tres poemas

Tahar Ben Jelloun

Uno de los escritores marroquíes contemporáneos más populares internacionalmente

Novelista y poeta nacido en Fez (Marruecos) en 1944, sus obras han sido traducidas a más de treinta idiomas. Desde los 6 años asistió a un colegio bilingüe franco-marroquí. Comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad Mohamed V en Rabat, pero tuvo que abandonarlos al ser sospechoso de haber organizado manifestaciones de estudiantes y a causa de esta acusación tuvo que asistir durante dos años a un campo disciplinario del ejército.
Tras ser liberado, retomó sus estudios y comenzó a trabajar de profesor. Más tarde, gracias a una beca, se trasladó a Francia para especializarse en psicología.
Escribió su primer poema, L’aube des dalles, durante su cautiverio en el campo disciplinario y lo publicó en 1968 en la revista Souffles. También publicó el poemario Hommes sous linceul de silence (1971). Escribió su primera novela, Harrouda, en 1973, donde puede verse reflejada su visión de la cultura islámica.
Algunas de sus obras, como La réclusion solitaire (1976), fueron adaptadas al teatro. Además, también escribió novelas pedagógicas como El racismo explicado a mi hija (1997), que obtuvo un gran éxito internacional, llegando a ser traducido a más de treinta idiomas (entre ellos el esperanto).
El autor se ha quejado en varias ocasiones de que aunque muchos de sus libros han sido traducidos al árabe, con la edición marroquí revisada por él, ésta es sistemáticamente pirateada en países como Siria o Egipto por aquellos a los que Jelloun llama ‘pseudoeditores’, eliminando pasajes enteros que podrían provocar la censura local. El autor ha denunciado pública y continuamente esta práctica, aún siendo consciente de que es una causa perdida, pues como él mismo dice: «La piratería que actúa con rigor en el mundo árabe, indirectamente nos informa del estado de la cultura en estos países».
En 1987 recibió uno de los premios literarios más importantes en Francia, el Premio Goncourt, gracias a la novela La noche sagrada y fue elegido miembro de la Academia Goncourt en 2008.
Después de los atentados del 11S y la confusión general provocada por los medios de comunicación y esa amalgama de información en la que se confundía Islam y terrorismo como una misma cosa, decide explicar el Islam a los niños con enseñanzas y lenguaje lo suficientemente claros como para que también sirviese a los adultos, por lo que es frecuentemente reclamado desde muchos colegios europeos para hablar a los niños de racismo, además de haber sido colaborador de periódicos como El País, La Vanguardia o el Corriere della Sera.
De 2006 a 2009 se trasladó a vivir con su familia a Tánger, pero volvió a París, donde actualmente trabaja, entre otras cosas, como cronista de Le Monde.
Fuente:
http://www.taharbenjelloun.org/

FATIMA ABOU MAYYALA
Han entrado por el tejado
han cerrado las puertas y las ventanas
han metido un puñado de arena en la boca y en la nariz
de Fátima.
Las manos desgarraron su vientre
orinaron sobre su cara.
Fátima agarro la mano de la estatua
y caminó ligera entre los árboles y los niños dormidos.
Llegó hasta el mar
el cuerpo alzado por encima de la muerte.

IBRAHIM KHODR NAJJAR
14-4-83
Ibrahim Khodr Najjar
no vivirá más entre las zarzas del cementario.
Hoja desdoblada en el polvo
la cabeza soberana
arrastrada por las olas del río
su cuerpo de pequeño comerciante
no será jamás memoria caduca
en los faustos del olvido.

ALI SALEH SALEH
29-4-83
Han traido cu cuerpo envuelto en una piel de cordero
sobresalian su cabeza y sus pies descalzos
blancos de polvo.
Lentamente sus miembros se han tendido en el día
el suelo se ha abierto y lo han estrechado en un abrazo infinito.
Tenía dieciseis años.
Ali Saleh Saleh
vivió su primer amor en Saïda
la muerte anudada a la cintura de un árbol.

Su obra

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