Vladímir Vladímirovich Maiakovski nació el 7 de julio de 1893 en Baddadi (Georgia). Su padre era guarda forestal y su madre de ascendencia cosaca. La vida familiar era dura, sometida al cuidado de una vasta hacienda. A los cinco años Maiakovski ya leía y recitaba poemas de Pushkin. También muy pronto comenzó a manifestar su habilidad por el dibujo. En 1906, tras la muerte del padre, el resto de la familia se traslada a Moscú. Las dificultades económicas limitarían su asistencia a la escuela. Nuestro autor entra en contacto con el ambiente revolucionario, lee literatura marxista y se integra en los movimientos más radicales. Se afilia al Partido Bolchevique; es encarcelado en varias ocasiones y en una de las prisiones, en 1909, escribe un cuaderno de poesía que no se ha conservado y que supone el inicio de la carrera literaria de Maiakovski. Tras ser puesto en libertad dedica su actividad a la pintura. En 1911 se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Moscú, tomando contacto con el grupo futurista. Maiakovski reparte su labor creadora entre la pintura y la lírica, decantándose finalmente por ésta última. A partir de 1912 se convierte en cabeza del movimiento futurista, intento de transformación revolucionaria en el mundo del arte. Publica sus primeros poemas en revistas diversas y aparece su poemario: “Yo”. Por entonces comienza una gira por Rusia dando recitales poéticos, actividad ésta que no se interrumpirá hasta el final de su vida. Al inicio de la I Guerra Mundial se ofrece como voluntario al frente, pero sus sospechosas actividades motivan que sea rechazado. En 1915 escribe Una nube con pantalones, que es una protesta contra la burguesía y el capitalismo y un canto al amor. De este mismo año es la publicación de La flauta vertebrada, donde canta a un futuro utópico. La guerra y el universo (1916) es una visión idealizada del futuro. En Hombre (1919), se refleja una muerte y resurrección espiritual para redimir a la humanidad. Con la toma del poder por los bolcheviques, Vladímir se sumerge en el espíritu revolucionario, exaltando los nuevos valores. Escribe muchas poesías sobre variada temática (crítica de la burocracia, asuntos sociales, políticos, públicos…) tanto de Rusia como del extranjero. En 1918 escribe “Misterio Bufo”, obra de teatro donde parodia el diluvio universal bíblico, haciendo del proletariado el conquistador de la tierra y el cielo. Esta obra pasó por todo un calvario de censuras hasta poder ser estrenada. A partir de 1919 comienza a trabajar en la creación de pancartas y carteles de agitación y propaganda revolucionarias (unas 1.100 en tres años) muy originales, directas, breves y concisas. Su primera antología aparece en 1919: Toda la creación de Vladímir Maiakovski y un año después concluye su poema 150.000.000 En 1922 colabora en la creación del LEF (Frente Izquierdista del Arte), cuyas teorías literarias serán el credo estético de la literatura rusa, y de la revista literaria con las mismas siglas. Sucesivamente van naciendo nuevas creaciones de su pluma: “Amo” (1921), “Vladímir Ilich Lenin”, y “Bien” (1924). Sus dos obras dramáticas más famosas son “La chinche” (1929) y “El Baño” (1930), cuyo carácter satírico molesta a la censura. En su obra póstuma “A media voz”, habla con las generaciones venideras sobre él, sobre el futuro, y predica los principios que debe poseer un verdadero artista. Llega un momento en que Maikovski comienza a percibir que la revolución tan ardientemente amada ha caído en manos de filisteos. Cada vez tiene más problemas con el Partido; sufre un aislamiento y acoso social y político cada vez más insoportables. LEF es censurado, recibe críticas de sus amigos. Las autoridades le niegan salir del país, sus relaciones con Tatiana Yaklovevna se degradan. Vladímir decide poner fin a su vida, acción que lleva a cabo el 14 de abril de 1930 pegándose un tiro en la sien. Un poema de despedida con el epígrafe: “A todos” es el punto final a una vida entregada a sus ideales artísticos y sociales.

La juventud tiene mil ocupaciones.

Estudiamos gramática hasta atontarnos.

A mí, me echaron del quinto año, y fui a apolillar las cárceles de Moscú.

En nuestro pequeño mundo doméstico,

para las camas aparecen poetas de pelo rizado.

¿Qué saben estos líricos anémicos?

A mí, pues, me enseñaron a amar en la cárcel.

¿Qué vale comparado con esto, la tristeza del bosque de Boulogne?

¿Qué valen comparado con esto, los suspiros ante un paisaje de mar?

Yo, pues, me enamoré de la ventanilla de la cámara 103, de la “oficina de pompas fúnebres”.

Hay gente que mira al sol todos los días y se enorgullece. “No valen mucho sus rayos” -dicen.

Pero yo, entonces, por un rayito de sol amarillo, reflejado sobre mi pared, hubiera dado todo en el mundo.

Vladímir Maiakovski