En su primera presentación de libros el auditorio se llenó. Sin embargo, a las lecturas de su segunda obra no acudieron parientes, amigos, ni siquiera curiosos, por lo que la escritora tomó la decisión de leer sus textos de todos modos e invitó al guardia de seguridad que custodiaba la puerta y la observaba cargando su mochila. La literata leyó un fragmento de su obra, pero pensó que torturaba al hombre y se prometió no volver a las presentaciones. El guardia, al verla salir del centro cultural, apretó la mochila donde tenía los libros de la autora, la única a la que había leído y su favorita dentro de la literatura mexicana. En la siguiente presentación le pediré su autógrafo, se dijo el hombre. Ella no escribió más y él, a la postre, dejó la lectura.
Del microdecamerón compilación Paola Tena
A Karla Barajas, el confinamiento le ha bridando la posibilidad de crecimiento. El poder realizar lo que ama: la escritura, desde su hogar. Puede leer una minificción y ver a sus crías jugar, sabiendo que no corren peligros. Así como presentar diversas antologías que se realizan en diferentes latitudes de Latinoamérica, en donde ha sido publicada, acción que es de mucha relevancia.
A días de haber sido notificada de ganadora del segundo lugar en el Tercer Concurso Abierto de Minificción IER/UNAM con la minificción titulada Cállense, comparte en entrevista que este hecho representa el encuentro con una comunidad a nivel internacional que ama a la minificción y que está constantemente construyendo a nivel teórico, creativo y utilizando cada uno de los espacios con los que cuenta para difundir el género.
“Juan Manuel Valero y Diana Huicochea con el programa: En su tinta, el doctor Alfonso Pedraza a través del Programa Gente de Pocas Palabras, nos lleva por las diferentes muestras escriturales, los libros que existen de minificción y también es investigador y creador. Alberto Sánchez Argüello desde Managua, Nicaragua y Camilo Montecinos desde Chile, nos deleitan con su trabajo. Admiro el trabajo de la maestra Beatriz Graf, a quien vi y escuché en la presentación de la Antología Resonancias y quien, por cierto, también fue jurado de la Segunda Antología de Escritoras mexicanas, en donde participo. Me fue muy grato ver sus nombres y me mostró algo que he notado en la mayoría de los minificcionistas, es que somos una comunidad de personas que amamos a la minificción”, añade.
Sobre cómo surgió este texto literario, la autora de Esta es mi naturaleza, cuenta que cuando intentaba apoyar a los compañeros que presentaban el libro DIVERSIDAD(ES). MINIFICCIONES ALTERNAS, compilado por Vimarith Arcega-Aguilar, Diana Raquel Hernández Meza, José Manuel Ortiz, sus hijitos estaban jugando muy pesado. Cuando entró una invitación para leer su texto, no logró concentrarse porque pensaba: se van a matar.
De esta manera, nació la idea de una mujer que intenta continuar con su vida pero debido a la cuarentena tiene que convivir el día entero con gritos de niños en su cabeza y un día les reprende con un: “Cállense”, “y explica a sus colegas que sus hijos se podían lastimar, ellos la ven horrorizada. Al final le doy la vuelta a la historia. En la palabra horrorizada el lector puede interpretar que esto se debe a la visión del mundo ante de la desesperación de una madre. ¿Cómo ve el mundo a una madre que grita? ¿Sería peor la mirada del mundo si esos hijos no existieran?”.
Por lo que he leído, en esta y otras ocasiones, tus personajes son mujeres que no se repiten, en su psicología, en su trazo protagónico. En ese sentido, las mujeres de las cuales escribe Karla Barajas representan al mundo ¿o es una representación de lo que puede ser el mundo?
Karla Barajas, comparte que si la minificción fuera un flor, un animal u objeto, sería una proteica que cambiara de olores conforme a los estados de ánimo de quien elija usarla: “De un olor tan híbrido, que quien lo intente definir diga que no encuentra si se trata de un olor dulce o amargo, pero que quien la huela regrese en su búsqueda siempre. De los tres los vería como un animal pequeñísimo, pero capaz de paralizar a su lector o llevarlos a un estado de éxtasis eternamente”.
La historia de amor entre Danna, “La mujer pájaro”, y Hasper, “El fantástico hombre bala”, era un secreto a voces en nuestro circo. Bastaba ver el cruce de sus miradas clandestinas entre bambalinas. O cuando coincidían en el pasillo entre camerinos, esa manera de rozar sus vestidos tan furtivamente. Un día, se encontraron en el aire. Hasper acababa de salir disparado de la boca del cañón mientras practicaba la “salida torbellino” y se cruzó con Danna, que ensayaba postureo de vuelo a media altura. Frenaron en seco y se quedaron suspendidos, como levitando. Danna le sonrió y bajó los ojos, ruborizada. Hasper la tomó de la mano, le acarició el dedo índice, la besó en la mejilla y ambos comenzaron a ascender hasta perderse entre el negro de la noche. De eso hace ya casi tres meses y no hemos vuelto a saber de ellos. Nos jode porque se nos han caído dos números de golpe, pero en el fondo somos, pese a lo que digan, unos sentimentales: cruzamos los dedos para que no vuelvan a aparecer jamás.
Empezó a escribir cuentos “cortos y raros” desde muy pequeño, pero no fue hasta que encontró, en el año 2002, a Ficticia (www.ficticia.com) en Internet, la página decana del cuento en la red. Ahí se enteró de que lo que escribía tenía un nombre, “microrrelatos”, y desde entonces sigue escribiendo y colaborando semanalmente en esa página. Ha sido ganador o finalista de concursos de relatos organizados por “El País”, “ABC”, “La Razón”, “Onda Madrid”, “RENFE”, “Augusto Monterroso”, “Museo de la Palabra” o “Relatos en Cadena” de la Cadena Ser, donde ha sido finalista en 8 ocasiones y este año 2015 estará presente en la final anual. Tiene escritos otros dos libros de microrrelatos (ambos con micronovela incluida, por supuesto) y está preparando un libro de relatos con el mundo del cine como protagonista.
Tomado del Microdecamerón compilación de Paola Tena
—¿Cuál fue su caso más breve, inspector? -preguntó Ruiz, curioso. —El de Ángela, el cadáver que apareció flotando en el Jumeal. —Cuente, cuente… —Lo resolví en menos de cinco minutos. Simple. No era su cadáver, sino que Ángela se había dormido haciendo la plancha en el agua. Como estaba con un salvavidas puesto no se hundió. Así que estaba vivita y coleando. Tuve que despertarla nomás. —¡…! Luis Alberto Taborda. Nacido en La Rioja en 1953. Reside en Tinogasta de Catamarca. Docente de profesión. Tiene publicados tres volúmenes de relatos breves: La oveja rebelde, La golondrina sedentaria y El oficial Preciso. Y dos volúmenes inéditos: La carlinga y Chiquitos. Ha publicado, además, poesía, cuentos, aforismos, palíndromos, historia regional, etc.
En su lecho de muerte, el padre le entrega un cofre. Adentro del cofre vive una serpiente. –Esta serpiente –dice el moribundo– es tu hermano, fruto de mis amores con una mujer demonio. Lo confío a tu cuidado. El hijo consagra su vida a la caza de ranas y ratones para alimentar a la serpiente, creyendo que su padre sufre en la Gehena el castigo de los lujuriosos o los magos, sin saber que se cuece, en realidad, en el círculo destinado a los bromistas.
Ana María Shua nació en Buenos Aires en 1951. A los dieciséis años publicó sus primeros poemas reunidos en El sol y yo. En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Otras novelas son Los amores de Laurita, (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario (Premio Club de los XIII y Premio Ciudad de Buenos Aires en novela). Su última novela es Hija. Cinco de sus libros abordan el microrrelato, un género en el que ha obtenido el máximo reconocimiento internacional: La sueñera, Casa de Geishas, Botánica del Caos, Temporada de Fantasmas (reunidos en el volumen Cazadores de Letras) y Fenómenos de circo. Todos los universos posibles reúne su obra hasta la fecha. En 2016 recibió en México el Premio Internacional Arreola de Minificción. También ha escrito varios libros de cuentos. Con Miedo en el sur obtuvo el Premio Ciudad de Buenos Aires. Que tengas una vida interesante reúne sus cuentos completos hasta 2011. Su último libro en el género es Contra el tiempo, publicado en Madrid. En 2014 recibió el premio Konex de Platino y el Premio Nacional de Literatura. Sus libros para chicos, que obtuvieron premios nacionales e internacionales, se leen en toda América Latina y en España. Su obra ha sido traducida a catorce idiomas.
Se conocen en pantalla, se dan laik. El escenario de su amor es el ciberespacio, allí son felices: su vida es chatear, mensajear, guglear, clikear, twitear. Por whatsapp, feisbuk, messenger, instagram, youtube, zoom, su amor crece y se enredan más cada minuto.Para su desgracia, un error irreversible el software los separa para siempre.
Dina Grijalva
En la primavera de 2008 visitó Buenos Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora y promotora de ese maravilloso género. Sus libros de minificción son: “Goza la gula”, “Las dos caras de la luna”, “Abecé sexy”, “Mínimos deleites”, “Miniaturas Salmantinas” y “Cuestión de tiempo”. Ama a los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con habitar en Liliput. Minificciones suyas han sido incluidas en una veintena de antologías. Ha publicado una antología de minificciones eróticas, bajo el título de “Eros y Afrodita en la Minificción”.
Había pasado de tus besos y las caricias, al golpeteo de la lluvia sobre mi rostro. De la casa salí con tan sólo una mochila de piel, desgastada por el uso y en donde apenas cabían dos mudas de ropa, el cepillo de dientes y los pedacitos de mi corazón —que apenas pude recoger para no dejarlos en la que fuera nuestra habitación.
No me dolían los golpes sobre mi cuerpo, tampoco todo lo que como loco gritaste para sentirte más hombre; ni siquiera me dolió que terminaras nuestra relación, o lo que fuera que haya sido. ¿Lo que sí me dolió? Fue(ron) tu(s) infidelidad(es)… tus mentiras… pero sobre todo la humillación que me hiciste pasar al considerarme inferior por mi apariencia física.
Me conociste con zapatillas rojas, entre lentejuelas, estolas y pelucas; transformándome cada noche en la estrella del lugar, donde las horas azules saludaban a la mujer que nunca nació; venerando los pechos de silicón, los labios de colágeno con milímetros de maquillaje que cubrían al hombre que nunca me gustó.
Aunque el papel dice Ignacio, Avellana dice mi historia; historia destruida por el maltrato, pero motivada por la libertad, que paso a paso y esquina tras esquina, continúo escribiendo en el libro del destino.
Miguel Rosales (Cuernavaca, Morelos, 1985). Licenciado en Periodismo. Fotógrafo y reportero. Ha participado en exposiciones colectivas de fotografía con temática social en Cuernavaca, Playa del Carmen y Cancún. Actualmente es Jefe de Relaciones Interinstitucionales y Difusión en la Unidad de Transparencia Municipal en Cancún. Así mismo se encuentra realizando el diplomado en Habilidades Gerenciales en la Universidad Anáhuac.
De lo que no se puede hablar mejor es callarse Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus.
—¡¿Cómo carajo supieron lo de la entrega?! Alguien nos delató. ¡Y fue uno de nosotros! Pegándole un puñetazo a la mesa, el Oso Tony se puso de pie saltando como un canguro. Caminaba enloquecido por todo el bar tratando de dominarse: —A ver… Quiero que solucionemos esto rápido. Por eso, si de casualidad alguno de los que está acá es un maldito policía, apreciaría con todo mi corazón que tuviera la gentileza de decírmelo en este preciso y puto momento. ¡¿Me escucharon?! Quiero que me lo digan ahora, ahora y por las buenas. Y si nadie habla, SI NADIE HABLA… Entonces les juro que los voy a matar a uno por uno pero antes, ¡antes les voy a arrancar las pelotas con un cuchillo y los ojos con un tenedor! Tony repasaba los rostros de sus muchachos con los ojos inyectados de sangre. El revolver le temblequeaba en una mano. Pese a que absolutamente todos se miraban entre sí con recelo, los más nuevos se llevaban la peor parte. Al verse visto por tantos pares de ojos, el mudito Ramírez se sintió de golpe obligado a decir algo: —Jefe, le juro que yo no tuve nada que ver. Qué grave y nítida era su voz. Podría haber sido un gran locutor, comentaron los muchachos al salir de su asombro. Lástima que se dedicó a otra cosa.
Leandro Surce, 1984. Licenciado en Ciencia Política (UBA-FCS), estudiante de la carrera de Filosofía (UBA-FFyL) y editor. Mención en el certamen de cuentos Vicente López, ciudad fantástica. Su relato se incluyó en una antología publicada por la Municipalidad de Vicente López en 2014. Primer premio certamen de microcuentos
organizado por la revista Crac!-Literatura (2013). Participó del ciclo Imagen te leo por invitación de la Municipalidad de Vicente López (2014). Pormenores (2016) es su primer libro de cuentos, sello editorial Qué diría Víctor Hugo?
En lo sustancial, las leyes no se ajustaban a su idiosincrasia y se inclinaban en su contra. No obstante, tenían los suficientes resquicios como que las pudiera burlar. Por eso no se resistió al arresto y aceptó la prisión preventiva con una sonrisa mordaz: sabía muy bien que al día siguiente tendrían que dejarlo en libertad: en cuanto la víctima dejara de serlo y, convertida en su mejor testigo, se presentara en el juzgado para anular toda denuncia, incluyendo la de haberle mordido en el cuello con sadismo, sed y alevosía.
Carlos Suchowolski. Publicado desde 1969 en varios idiomas. La Sociedad Española CF le publica en sus «Cuentos del año». En 2007, primera novela, Una nueva conciencia, reeditada, y Once tiempos de futuro (Amazon). Nueva novela, La botella precintada y más relatos.
Al trampero le saltó la liebre por donde menos esperaba y accionó el gatillo. horas más y salía del hospital en silla de ruedas. Volvió a ingresar por graves complicaciones. Días después fue dado de alta, salió en camilla con dirección al anfiteatro. Con el cuerpo arqueado, y una sonrisa sardónica vio de reojo a la liebre siendo acariciada por una mano larga y huesuda, que le decía… “ a veces me da por salir a cazar”
Conoció a un viajero del tiempo y el espacio. No tenía un lugar al cual pertenecer, así que fue hacia ella, hacia el fuego de su cabello—el cual lo fascinaba—, pero no podía permanecer en él por mucho tiempo, pues lo quemaría, así que se iba de tanto en tanto para aparecer nuevamente cuando menos lo esperaba, cuando se rompía alguna parte de ella; a veces las manos, a veces los labios y otras varias el corazón. Era muy extraña la forma de entrelazarse, como si fuera adrede eso de buscarse para luego perderse con la misma facilidad, como dos niños jugando a las escondidas en un pequeño cuarto con la luz apagada. Teseo, como lo llamaron en uno de sus viajes, sabía que era cuestión de esperar a que la brújula indicara los trazos a seguir, pero en este laberinto se tropezaba. A pesar de que en otros tiempos se le quería como a un héroe legendario, esta vez solo era un caminante, un vago de la media noche buscando la promesa de Helena, el hilo rojo de sus cabellos. El viajero seguirá caminando, y ella arando su tierra; ambos seguirán andando, cada uno, su camino entrelazado.