Dos textos de Emilio Restrepo

Tomado de » O dispara usted o disparo yo» compiladora Lilian Elphick


Un encuentro
No era un fantasma quien surgió entre la niebla, aunque en ese
momento lo hubiera preferido. He tenido más respeto por los vivos
que por los muertos y esa figura que tenía parada al frente, mirándome
con un brillo de odio bajo el sombrero que hacía sombra en su rostro,
apuntándome con el frío acero de su pistola, estaba aterradoramente
viva.
—Es bueno verte, después de tanto tiempo. ¡Reza tus últimas
oraciones! ¡Mulligan te envía sus recuerdos! Su voz resonaba
cavernosa.
Siempre pensé que en esas circunstancias, una calle oscura y la
clara amenaza de ganarme un balazo, era mejor disparar primero y
preguntar después. Así lo hice.
—¡Brown, Brown, mi buen amigo Brown! Siempre fuiste más
rápido con las palabras que con las pistolas. ¡Feliz estadía en el
infierno! –Soplé mi automática que aún despedía un hilo de humo gris
con el dulce olor que toma la pólvora cuando da en el blanco.
Diciendo esto, le quité el arma, el maletín y la billetera por si
hubiera algo que me pudiera interesar y me fui al centro a buscar a
Mulligan.


Aparición

De repente, una figura surgió en la esquina, un tanto
desdibujada por la niebla. Pensé en un fantasma, pero al mirarla bien,
era Ella, después de tantos años de creerla muerta.
Estaba allí, borracha y temblorosa, amenazándome con el arma
que alguna vez fue mía. Detrás, un fulano silencioso en la moto.
—Hola, inspector. ¡Ha pasado tanto tiempo! Masticaba de
manera irónica las palabras, no sé si por la ebriedad, la emoción o el
odio represado. Tal vez eran los tres motivos.
—Ardía en deseos de encontrarte en este callejón. He sabido
que aquí escondes a tu perra y cobras comisiones para proteger a los
gusanos de siempre. No has cambiado, sigues siendo el mismo
despreciable corrupto y cobarde que conocí.
—Debí haberme encargado personalmente del asunto. No
estaría aquí, apuntándome —pensé mientras ella me disparaba en dos
ocasiones sin lograr darme en el cuerpo, haciendo blanco en mi
sobretodo. Yo estaba paralizado por el pánico y la sorpresa.
No sé explicar por qué, pero esa noche andaba desarmado.
Nunca reaccioné, estático durante toda la eternidad de ese instante.
Ella abordó la moto y ambos huyeron.
—¡Nos veremos! —gritó. El ronroneo de la moto diluyó los
rugidos de la avenida que la devoró entre vehículos, sombras y neones.
Quedé algo confundido. En ese momento ya no estaba tan
seguro de que no había sido un fantasma quien surgió entre la niebla.
Los dos agujeros de bala en el gabán me sembraron la duda.

Emilio Alberto Restrepo. Médico colombiano, conferencista,
columnista de varios medios. Algunos de sus libros publicados son:
Textos para pervertir a la juventud (poesía); Los círculos perpetuos (novela); El
pabellón de la mandrágora (novela, 2005); La milonga del bandido (novela).
Qué me queda de ti sino el olvido (novela, 2008);Crónica de un proceso
(novela); Después de Isabel, el infierno y ¿Alguien ha visto el entierro de un
chino? (dos novelas cortas); Un asunto miccional y otros casos de Joaquín
Tornado, detective (cuentos); Joaquín Tornado, detective (novela);
GAMBERROS S.A.(Cuentos). Blog.

Personal Portraits ~ Megan ~ Irish Mist

Sí a veces nos cansamos

de José Zenteno Aguilar

“¿Por qué siguen luchando? ¿Acaso no han tenido ya suficiente atención? ¿No les basta ser el centro de cada noticia? Con toda esa ropa extravagante y obscena los mariquitas siempre obtienen lo que quieren. Ya no saben ni qué inventar; buscan cualquier pretexto para salir a las calles. ¡Ya ni siquiera se puede hacer chistes de ellos!”, dijo a su grupo de amigos blancos el heterosexual privilegiado de provincia, mientras entraban al Starbucks. En ese momento reviso mi Facebook: “Madre asesina a su hijo gay a puñaladas”, “Campesinos agreden física y verbalmente a activistas LGBT+ en Bellas Artes”, “Padre religioso mata de tres disparos a su hijo homosexual”, “Ahorcan a travesti en un cuarto”… Bloqueo mi celular. “Sí, a veces nos cansamos de salir en el noticiero”, susurro.

Movilh Chile toma acciones en caso de joven que recibió ataque ...

***

José Zenteno Aguilar (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 2001). Actualmente estudia la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana y la licenciatura en Formación en Arte y Cultura. Ha publicado en las revistas Huraño, Áspera, La Pulcata, y en la selección literaria “Punto De Fuga” de editorial Espantapájaros.

My new address

Por Rubén García García


Olía a pez el viento. Se retiraron las aguas saladas y apareció uno, luego otro y fueron muchos. Declararon que estaban aburridos de tanta soledad húmeda y decidieron mudarse al panteón del pueblo.

Así es el cementerio más colorido del mundo - Infobae

A través de las sombras

De Elena Casero Viana

Tomado del Microdecameron coordinadora Paola Tena


Cada noche se asoma al telescopio. Se abstrae observando las estrellas, los cometas o la vía láctea. Permanece así varias horas. Cuando las luces de la ciudad se van apagando, los ruidos se amortiguan y la gente se recluye en sus casas, él ajusta la dirección del foco. Lo dirige entonces hacia las ventanas, hacia las sombras que se intuyen a través de las cortinas, a los gestos, cariñosos unos, bruscos otros. Hace un barrido visual por el barrio. Todo es igual cada noche. Cambia de nuevo la dirección hacia el firmamento. Sin embargo, algo le hace retroceder hacia las ventanas. Una cortina abierta, una figura femenina. Enfoca la lente hacia allí. Sonríe. Se da cuenta de que está siendo observado. Un telescopio como el suyo. Después de varios meses han dejado de buscar vida inteligente en el firmamento.

lamicrobiblioteca: DEDICATÒRIA DE PERIGEU / DEDICATORIA DE PERIGEO
Elena Casero Viana

Elena Casero Viana (València, 1954) es técnico de Empresas Turísticas y jubilada parcial en la multinacional Ford España S.L, aunque hubiera preferido ser músico. Hasta la fecha ha publicado Tango sin memoria (Mira Editores, 1996; reeditado en 2013 por Talentura Libros); Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004); Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009); Discordancias (Talentura Libros, 2011); Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), y Luna de perigeo (Enkuadres, 2017). Ha colaborado también en distintos libros colectivos de relatos, publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores, La Esfera Cultural o Generación Bibliocafé.

Para vestir santos

De Rubén García García

Las hermanas tejen en el pórtico. oleadas de viento refrescan.

—Yo creo que nuestras hijas ya se quedaron a vestir santos.

—Sí. Ya van muchos trenes que se le van y no aparecen los nietos.

—Ya le dije a Eulalia que se busque un macho para que le haga panza.

Las primas entrelazadas se disfrutan y no pueden evitar que algún gemido se escape.

—¿No escuchas como que lloran?

Sí, pero no hagas caso. Es el cotorro del vecino que grita y dice “quiero más”

Doppa stickorna i färg :-) - Sanna & Sania

De epitafios

Rubén García García

Sudoroso, limitado y desfalleciente. Una mosca negra va y viene por mi brazo. Se va y regresa. Me pregunto: ¿será de la avanzada?

Un hombre sufre 45 mordeduras de mosca negra jugando a pádel en ...

Testigo de cargo y descargos II

de Guillermo Bustamante Zamudio

Testigo de cargo

El teclado fue llamado a comparecer en el juicio contra el novelista: conocía como ningún otro sus huellas digitales.

Descargos II


—¿Por qué lo mató usted?
—Para complacerlo.
—Sírvase explicar.
—Siempre se preocupaba por llegar primero que yo a todo. Lo único que hice fue garantizar que también llegara primero a la muerte.

Guillermo Bustamante Zamudio (Colombia, 1958). Cocreador Ekuóreo y A la topa tolondra (revistas de microrrelato). Con Harold Kremer, compiló: Antología del cuento corto colombiano (1994); Los
minicuentos de Ekuóreo (2003); Segunda antología del cuento corto colombiano (2007); y Colección del cuento corto colombiano (2016). Libros de microrrelatos: Convicciones y otras debilidades mentales (2002), Oficios de Noé (2005), Disposiciones y virtudes (2016).

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El refugio

de Patricia Nasello


Nadie osa destazar árboles allí: el Lobo Feroz los protege. Roja hace a un lado su caperuza de guerra y depone las armas. Con suavidad, como quien pisa un lugar sagrado, colándose bajo la sombra del caldenal, se acerca al Lobo y lo besa en los labios. Ahora, el Lobo y Roja efectúan juntos las rondas de vigilancia. Silfos, ondinas, salamandras y gnomos aúnan hechizos para que se multipliquen en crías saludables. Quizás así, susurran en su melodioso idioma, se salve de la depredación humana la última arboleda que resta sobre la Tierra.

El Lobo O El Perro Está Gritando A La Luna Amarilla Ejemplo Del ...
Patricia Nasello (Argentina). Magíster en Escritura Creativa por
la Universidad de Salamanca y Contadora Pública por la
Universidad Nacional de Córdoba, publicó una micronovela
“Acabemos con ellos de una vez” (Alción, 2019), la antología
personal “Está rugiendo otra vez” (Quarks, 2020) y tres libros de
microrrelatos. Participó en antologías, periódicos y revistas
culturales en Argentina, México, España, Perú, Rumania,
Venezuela y Bolivia. Trabajos suyos han sido traducidos al
francés, italiano, rumano e inglés.

Reflexiones varias a partir de una lectura de Rayuela

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Hará cosa de un mes compré una edición de Rayuela, de Julio Cortázar; la cual terminé hace unos días y la cual disfruté muchísimo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que la leí? No lo recuerdo; pero fueron más de diez años, eso es seguro. Esta lectura me hizo tomar nota de algunas cosas tangenciales, las cuales no tienen que ver, casi, con la novela en sí, sino con otras cuestiones que parten a raíz de ella.

Uno. Me pregunté qué habría entendido yo en aquella primera lectura de Rayuela. Hago memoria y por algunas referencias secundarias calculo que tendría unos catorce años. Me digo que probablemente no entendí nada y que, al igual que con el Zaratustra de Nietzsche debí haberme quedado con alguna imagen más fuerte que las demás; porque del libro en sí seguro que no capté nada. También me pregunté cuanto podrá entender…

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Orgullo

de Mónica Vargas

Después de tantas miradas acusadoras en su casa, Enrique cedió ante la presión social y ante el espejo. Se quitó la peluca y los tacones, se rizó las pestañas y salió a la calle con su bolso favorito.

***

Mónica Vargas (Tlaxcala, Tlaxcala, 1995). Estudiante de letras. Booktuber. Empedernida promotora de la lectura y aventurera en el mundo de la creación literaria.

Closeup of Gay Couple Holding : Video de stock (totalmente libre ...

Deseo

de Christian Uribe


El pequeño Lucas sopló las velas de su pastel de cumpleaños. Sus padres, en un intento por facilitar un poco los asuntos del destino, le preguntaron a su hijo qué pediría. El niño los miró en silencio, seguro de no querer compartir su secreto, los besó en la mejilla, y les recordó que los deseos no se cuentan. Lucas se fue a dormir y soñó. Soñó que tenía cabello largo y lumínico, de un color rosa espectacular como el de Pinki Pie, su pony favorita. Mientras batía sus alas transparentes, los pies dejaron de tocar el suelo. Volaba. Se sentía libre y feliz, esplendorosa. Por primera vez, era una ella, perfecta y bonita; y no un él, un Lucas incompleto. Al día siguiente despertó, tenía la sonrisa alegre; con los brazos extendidos por el efecto de pájaro nocturno llegó y entró a la cocina, donde desayunaban sus padres; sirvió cereal en un tazón, y les dijo satisfecho que su deseo se había cumplido. Ellos se miraron extrañados, sabían que lo único que Lucas había hecho la noche anterior fue irse a la cama. Sorbieron café para apaciguar la inquietud paternal, y le preguntaron a su hijo cuál había sido el tan anhelado
deseo cumplido. Lucas respondió a la mitad de un bocado de Froot Loops: “deseaba volar”.


Christian Uribe (Cuernavaca, Morelos, 1983).
Egresada de la Escuela de Escritores Ricardo Garibay.
Creadora emergente en el Programa de Estímulo a la
Minificciones alternas
Creación y al Desarrollo Artístico en el año 2018. Soñadora entusiasta y tejedora de palabras empedernida

El mundo al revés

De Mónica M.Volpini Camerlinckx



—Yo no quise matarlo. Lo juro por las cenizas de mi madre. Descubrí
que me estaba siendo infiel. Como en las novelas. Con mi mejor amiga.
—Pero usted se declaró culpable.
—Culpable de lo que pasó, pero no de matarlo.
—Explíquese. Los policías la encontraron al lado del cadáver con un
cuchillo. Los vecinos escucharon sus amenazas.
—Sí, porque pensé en matarlo. Pensarlo puede ser un pecado pero no un
delito. Discutimos y de pronto él puso los ojos en blanco y se cayó. Se golpeó en el
filo del mueble..
Era la décima vez que miraba aquel video con la confesión de la
supuesta asesina. Los policías estaban a su lado y repetían sin cesar la
misma historia. Otro crimen pasional seguido de una descarga por
problemas psicológicos. El juicio final se llevaría a cabo el mes
próximo y ellos carecían de pruebas.
Fue entonces cuando los hechos se sucedieron como en un
remolino de pasiones. Ella se suicidó en la celda. El teléfono sonó para
avisar que, durante un estudio médico que se había hecho unos días
antes, lo habían medicado erróneamente con algo que le produciría
apneas y desmayos. Tal vez era por eso que se había golpeado con el
filo de la cama y la mujer tendría razón. Corrieron a pedir una nueva
autopsia pero ya era demasiado tarde. Como otras tantas veces, el
mundo estaba al revés.

Mónica M. Volpini Camerlinckx nació en Gral. Pico (La
Pampa), es autodidacta y actualmente tiene editados siete libros de
novela romántica y poemas. Ha participado en antologías. También
escribe microrrelatos y novelas de ficción

Los crímenes de Arcobaleno

De Carlos vitale


Cuando fue asesinado Alberto Ongaro un sentimiento de
estupor sobresaltó las calles del pueblo. ¿Quién podía odiar a un
anciano farmacéutico que durante más de cuarenta años había servido
a sus conciudadanos con esmero y abnegación? Cuando a los pocos
días fue asesinado el mecánico dental Jorge Ongaro, con la misma
frialdad profesional y sin causa aparente, a la natural consternación se
sumaron algunos jocosos comentarios sobre la insólita coincidencia de
los apellidos, aunque no eran pocos los Ongaro de Arcobaleno, quizá
sólo unidos por un remoto antepasado. Pero cuando el asesinado fue
Antonio Ongaro, empleado administrativo, única víctima real, singular
objetivo de una mano aborrecida, cesaron las bromas y ya no se habló
de coincidencias, sino de acontecimientos sorprendentes y de
justificado temor. Los Ongaro se demoraban en sus casas, sus
parientes eludían las visitas. En ocasiones, se los descubría
introduciéndose, al atardecer, en un bar o en un cine con ademanes de
histérica despreocupación. Lo cierto es que uno a uno fallecieron
Domingo, Juan, Diego y Vicente Ongaro. En algunos casos, la familia
ofrecía confusas explicaciones de sus muertes: una intoxicación
originada por unos medicamentos ingeridos por descuido o un súbito
ataque al corazón provocado por un exceso de esfuerzo. Era una
maldición de la que se negaban a formar parte. Perplejos y asustados,
los supervivientes planeaban huir en medio de la noche. Una secreta
culpa, oscuramente deseosa de expiación, los retenía, sin embargo,
entregados a su destino. ¿Para qué huir?, ¿cómo huir?, ¿adónde huir?,
se preguntaban. Tarde o temprano se había de pagar, razonaban,
aquella humillación, aquel fraude, aquella fatal indiscreción. Y
esperaban su turno: una falsa pista para una sola muerte verdadera.

Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) es Licenciado en
Filología hispánica y Filología italiana. Ha publicado Unidad de lugar
(2004), Descortesía del suicida (2008), Cuaderno de l’Escala (2013), Fuera de
casa (2014), El poeta más crítico y otros poetas italianos (2014)
y Duermevela (2017).