Hayku

Basho

Amanecer lejos de casa
Niebla sobre las montañas

Sugerir e insinuar son recursos potentes porque, al no darle todo el trabajo hecho al lector, le obligamos a poner de su parte y esto transforma la lectura una experiencia más activa y estimulante.

La encajuelada

De Gabriela Aguilera Valdivia

A Jaime Muñoz por sus encajuelados

Tomado de «O dispara usted o diasparo yo» Antología realizada por Lilian Elphick



Un auto abandonado en un sitio baldío siempre es sospechoso.
Los niños juegan fútbol en esos lugares y es fácil que uno de ellos,
curioso, se acerque al auto y después llame a los demás. Lo más seguro
es que rodeen el auto, que intenten abrirlo y si no pueden, rompan un
vidrio con una piedra. Posiblemente alguno finja que conduce y otro se
entretenga en apretar botones y mover manijas. Es obvio que uno de
esos movimientos será el preciso y la cajuela se abrirá con un sonido
seco. Los niños que permanecen fueran del auto, rodeándolo y
haciendo morisquetas frente a los vidrios, levantarán la cajuela
empinando los pies, estirando las manos. Y es indudable que se
encontrarán de frente y para siempre con la mujer muerta, bulto
ensangrentado, su pelo pegajoso, el rostro destruido por la detonación,
la cruz de oro colgando de su cuello. Correrán, gritando. Llegará la
policía, examinará el auto, localizará el nombre del dueño en el sistema
de tránsito, se dará cuenta que ha sido encargado por robo. En pocas
horas estarán en la casa, verificarán relación con la víctima. Dirán que
es necesario llevarlo a la brigada para interrogarlo. En el interrogatorio,
derribarán una a una las coartadas esgrimidas hasta que sólo quede la
verdad desnuda que lo llevará a una celda por 10 años y un día.
«Mejor no», se dice, mirando desde la ventana su querido auto
recién lavado. Y luego come el arroz pegajoso y la tortilla sosa que le
ha servido la mujer de la cruz de oro en el cuello, como siempre,
regañando

Alma viva

Una sentida letanía

Avatar de Maria Jesus BeristainMJB Maria Jesus Beristain

Alma viva
desordenada y contradictoria del mar
(Whitman).

Sí, soy ola
nací mojada por el agua salobre,
caprichosa
y con caricias de mujer.

Hija del mar,
soy el frágil juguete de los vientos
y la música sin letra de las tempestades.
Soy el largo llanto, rebelde
de la cólera
y la placidez
de la armonía conmovida.

Soy el acorde plural de los zumbidos
de las caracolas
en los abismos del gran azul ilimitado…

Soy el alma viva desordenada y contradictoria del mar.

@mjberistain (collage)


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Sirenos

Por Dina Grijalva

Tomado del Microdecamerón, compilación de Paola Tena


Son seres asombrosos y sensuales y propiciadores de deleite. Están dotados por la naturaleza –o tal vez por las diosas, no lo sé– de atributos felices. Porque los sirenos son lo opuesto de las sirenas: son viriles y hombres perfectos de la cintura hacia abajo y bellos peces del torso hacia arriba. Con lo cual podemos proceder libremente a nuestro antojo –sin instrucciones ni peticiones engorrosas– y obtener nuestro placer. Y, además de todos los deleites que brindan, dan besitos de pescado.

Dina Grijalva presenta 'Literatura y violencia' | EL DEBATE

Hoy contamos con la maravillosa Dina Grijalva, nacida en Sonora. Conoció la minificción en los cursos de Lauro Zavala en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y so pretexto de su tesis de doctorado viajó a Buenos Aires el 2008 y durante esa estancia nació como minificcionista. Ha impartido e imparte talleres de minicuento y ha publicado dos libros de minificción: Goza la gula y Las dos caras de la luna. Dicta clases de Literatura en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 

Cien años de Ray Bradbury..

En 1951, Ray Bradbury escribe el cuento “The Pedestrian” (“El peatón”), manifiesto y sostén de su obra futura. En el relato, una noche de noviembre del año 2053, un hombre llamado Leonard Mead sale a caminar, como lo ha hecho los últimos diez años de su vida. Cuando está a punto de llegar a su casa, es interceptado por la luz y la sirena de la única patrulla que existe en la ciudad de tres millones de habitantes. Una voz metálica lo increpa y lo obliga a levantar las manos, con la amenaza de un disparo. Sigue un interrogatorio donde nos enteramos de que Leonard no tiene televisión, es soltero, es escritor (a cuya respuesta el policía escribe: “No profession”), camina de noche por el placer de hacerlo. Es obligado a subir a la patrulla. Ante la pregunta de Leonard de adónde lo conducen, obtiene la única respuesta proporcionada por la autoridad: “To the Psychiatric Center for Research on Regressive Tendencies”. Lee más: Bukowski: terror y excesoEl resplandor maldito de Charles Bukowski El atropello sufrido por Leonard es una muestra del autoritarismo y del absurdo que rigen el texto de Bradbury. Si no fuera por la explicación sobre el destino anunciado del protagonista, el relato se aproximaría a las pesadillas inexplicables de Franz Kafka, que parecen condicionar la vida social desde que la humanidad descubrió que su obligación principal para convertirse en ser civilizado era destruir todo aquello que se opusiera a su búsqueda de la que considera felicidad. A fines del siglo XVIII, Jean-Jacques Rousseau descubrió la importancia espiritual de la autolocomoción, que lo llevó a escribir Las ensoñaciones del paseante solitario. En la centuria siguiente, William Hazlitt y Robert Louis Stevenson escribieron notables ensayos sobre el arte de caminar, costumbre tanto física como espiritual, benéfica para el cuerpo y para el alma. Henry David Thoreau, gran caminante a quien se debe también el ensayo “Walking”, publica en 1849 un texto titulado “La desobediencia civil”, y Herman Melville escribe su texto sobre Nathaniel Hawthorne, quien dice “no” a todo lo que lo condiciona. Pocos años más tarde, Melville publica ese texto luminoso y oscuro llamado Bartleby, cuyo supremo acto de rebeldía en la capital financiera del imperio es atrever la frase, firme y contundente: “Preferiría no hacerlo” (“I would prefer not to”). Por lo anteriormente expuesto, podemos ver que la rebelión de Leonard tiene raíces profundas en el país donde nació Ray Bradbury hace cien años, el 22 de agosto de 1920, en Wakegan, Illinois. La supremacía de la máquina y su vertiginoso desarrollo provocó la desaparición de costumbres ya arraigadas. En 1982, José Agustín publicó la novela Ciudades desiertas, en la cual descubre, entre otras cosas, que en las calles de las grandes urbes estadunidenses no circula nadie peatonalmente, y quien lo hace de esa manera es una persona extraña. Sospechosa. Dicha impersonalidad es retratada por Bradbury en el relato “There will come soft rains”, que tiene lugar el 5 de agosto de 2026. El cuento advierte contra los peligros de una sociedad tecnificada donde todo está predeterminado y la intervención humana es mínima, cuando no aparece negada en absoluto. De ahí la amenaza que representa el peatón de Bradbury para una sociedad que basa su felicidad en tener una o varias televisiones planas, hacer su propio programa, estar atados a sus audífonos y hacer del olvido y la ignorancia una forma fácil de felicidad. O de ignorancia y olvido. El descubrimiento del bombero Guy Montag de que detrás de cada libro que quema se encuentra una voluntad humana vuelve tan aterradora y tan actual su metáfora. Aunque ediciones en lengua latina como la traducción danesa de la novela originalmente adoptaron el título 233º Celsius para hacer la conversión decimal a la temperatura en que arde el papel, el original y afortunado Fahrenheit 451 se encuentra grabado a fuego en el alma de lectores de varias generaciones. Bradbury en 1997. (Foto: Steve Castillo | AP)El cuento titulado “El peatón” apareció en 1951, cuando el joven escritor apenas rebasaba la treintena. Había publicado el año anterior su visión de Marte y los marcianos, para modificar el horizonte de la que por comodidad llamamos ciencia ficción. Había escrito ya el relato “The Fireman” (“El bombero”), prefiguración de su novela mayor. Ante la falta de un espacio adecuado para hacerlo en su modesto hogar de Venise, California, donde se había instalado con su reciente y joven familia, eligió un espacio en la biblioteca de la Universidad de California en los Ángeles, donde escribió el primer borrador de su novela en una máquina de escribir alquilada, la cual lo obligaba a la rapidez, entre sus deberes como padre de familia y la tiranía de la máquina, a la que alimentaba con dinero cada media hora. No era sólo la juventud lo que lo impulsaba a escribir con rapidez. Dice Bradbury, refiriéndose a esa época, y a lo que se mantuvo fiel toda su vida: “escribía muy rápido, porque quería ser muy honesto —quería ser emocionalmente honesto—. Siempre he creído en la escritura rápida, para sacar las cosas antes de tener tiempo de pensar en ellas. Quería ser fiel a mi lógica interna”. Pensador y poeta Líneas arriba hablé de que a Ray Bradbury se le considera el revolucionario de la ciencia ficción. De hecho, uno de sus primeros y bien ganados premios fue en 1949, cuando fue nombrado el mejor autor de ciencia ficción por The National Fantasy Fan Federation. Bradbury es un gran escritor que no requiere de complementos adnominales ni de otras muletas que lo ayuden a caminar. Es un pensador y un poeta, creyente en la frase que envuelve y da en el blanco. Sus situaciones son siempre sorpresivas y nos enfrentan al fulgor provocado por el terror o lo sagrado. Su lenguaje y su imaginación apuestan por la frase sinuosa y sus adjetivos son plenos en significado. Insistió que había que leer poesía porque de tal manera se ejercitan músculos que no utilizamos de manera cotidiana. Su vecindad con la poesía no se halla solo en sus periodos armónicos y en la elección de la palabra justa, sino en su continua referencia a poetas y sus creaciones, como se aprecia en varios de sus títulos y situaciones. Sería necesario que otro gran escritor, llamado Jorge Luis Borges, descubriera que las Crónicas marcianas son estremecedoras porque provocan en nosotros ese nuevo calosfrío que sólo nos brindan la novedad y la sorpresa. ¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima? Toda literatura (me atrevo a contestar) es simbólica; hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo “fantástico” o a lo “real”, a Macbeth o a Raskolnikov, a la invasión de Bélgica en agosto de 1914 o a una invasión de Marte. ¿Qué importa la novela, o novelería, de la science fiction? En este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, como los puso Sinclair Lewis en Main Street. Acaso La tercera expedición es la historia más alarmante de este volumen. Su horror (sospecho) es metafísico; la incertidumbre sobre la identidad de los huéspedes del capitán John Black insinúa incómodamente que tampoco sabemos quiénes somos ni cómo es, para Dios, nuestra cara. Quiero asimismo destacar el episodio titulado “El marciano”, que encierra una patética variación del mito de Proteo. Como el texto amoroso o el policiaco, la llamada ciencia ficción y el género de horror abundan en imitaciones burdas e ínfima calidad. Bradbury restaura la gloria de la escritura. Como Richard Mattheson y Stephen King, demuestra que el gran autor lo es en la arena donde lo coloquen, y torea con la misma responsabilidad ante plaza llena o a solas frente al toro que otorga la gloria o la muerte. Así describe su aventura el autor: “la ficción de las ideas, la ficción donde la filosofía puede ser modificada, desarmada, y puesta otra vez en su sitio. Es la ficción de la sociología, la psicología y la historia compuestas y ordenadas por el tiempo. Es la ficción donde puedes instalar y echar abajo tus ideas políticas y religiosas. Puede ser una alta forma de relojería suiza. Puede ser poesía. Así ha sucedido con algunos de los grandes autores del pasado, desde Platón hasta Lucano, hasta Sir Thomas More y François Rabelais, pasando por Jonathan Swift y Johannes Kepler hasta Poe y Edward Bellany y George Orwell”. Ray Bradbury tuvo una relación estrecha con nuestro mexicano domicilio, donde descubrió el terror cotidiano, por lo mismo ya ignorado, de las momias. Sus ecos se encuentran mayoritariamente en el relato “The Next in Line”, tan próximo a otros enamorados de México como D. H. Lawrence y Malcolm Lowry. Contrariamente a ellos, Bradbury juega con sus lectores y nos otorga una triple vuelta de tuerca. Otro relato que lo aproxima a México es aquel en el cual un grupo de jóvenes viste alternadamente el mismo traje color crema que todos cuidan en extremo, pues en ese afán se les va la vida. Ray Bradbury fue un hombre feliz, un ser de familia a quien siempre vemos radiante en sus fotografías de juventud y madurez. Desde muy joven, cuando vendía periódicos para sostenerse y era un enamorado de los dinosaurios y las películas de Lon Chaney, supo que iba a convertirse en escritor, y se mantuvo fiel a ese muchacho que publicó en mimeógrafo su propia revista. Por esa persistencia tuvo a su lado a grandes ilustradores, como queda claro en el libro lleno de imágenes Bradbury. Illustrated Life de Jerry West. La que acompaña este texto fue especialmente hecha por el talentoso Bef, y muestra a Bradbury feliz, vestido de astronauta y sobre la superficie de Marte, esa que imaginó tantas veces. Ray Bradbury llegó al fin de sus días en la Tierra el 5 de junio de 2012. Dos meses más tarde, el 6 de agosto de ese mismo año, la nave que transportaba el robot Curiosity pudo posarse en la superficie marciana. Actualmente, tenemos acceso inmediato a fotografías del planeta, en alta resolución y como síntesis de las imágenes tomadas a lo largo de varios días. Podemos comprobar científica y tangiblemente los hallazgos sobre el planeta, pero no por ello dejaremos de soñar con los ojos abiertos, como nos enseñó Bradbury. Bradbury no fue tan ingenuo como para suponer que la felicidad es un estado permanente. Sus relatos y novelas nos aproximan al lado siniestro de la vida, al corazón de sombra que en todos palpita pero del que tarde o temprano saldremos. La última frase de su novela Fahrenheit 451 así lo afirma: “When we reach the city”. Todos queremos volver a transitar, vivir y merecer el espacio negado en este momento por el enemigo invisible. Una semana después de que aparezcan estas líneas, el 20 y el 21 de agosto, se llevará a cabo el encuentro virtual “Ray Bradbury en El Colegio Nacional”, donde participaremos astrónomos, neurocientíficos, lingüistas, poetas y novelistas que desde su área de especialidad ofrecen diversas interpretaciones sobre el autor. Sus conclusiones son materia de otro artículo, pero la vigencia de Ray Bradbury demuestra la viveza y el entusiasmo que provocan su descubrimiento o su relectura. En palabras del poeta Jorge Esquinca, la primera instalación humana en Marte debería llamarse Estación Bradbury, pues él sí supo hacer más puras las palabras de la tribu para enseñarnos a mirar con otros ojos las estrellas. Bradbury en El Colegio Nacional El 20 y el 21 de agosto, a las 18 horas, El Colegio Nacional rendirá un homenaje virtual a quien imaginó una fantasmagoría que se inspiraba por igual en el futuro de la humanidad que en el triunfo de la sinrazón tecnológica. Participan Luis Fernando Lara, Antonio Lazcano, Susana Lizano, Jaime Urrutia Fucugauchi, José Antonio de la Peña, Luis Felipe Rodríguez Jorge, Pablo Rudomin, Juan Villoro, Vicente Quirarte, Francisco Hinojosa y Gabriela Frías, y lo hacen desde varios puntos de vista: el de la biología, la geofísica, la astronomía, la lingüística, la literatura. Los seguidores de Bradbury pueden ingresar a las siguientes plataformas: http://www.colnal.mx, ColegioNacional.mx (en Facebook) y @ColegioNal_mx (en Twitter). Lee más: ‘Amores modernos’: una gran película con poca pacienciaJulio Torri o la estética de la miniaturaApestados rusosLa paz como actividad ÁSS Tags Relacionados: Laberinto Ray Bradbury Ciencia ficción https://www.milenio.com/cultura/laberinto/ray-bradbury-centenario-autor-fahrenheit-451

Tal para cual

de Carmen de la Roca

Tomado del Microdecamerón compiladora Paola tena


Cuando la catoptrofílica entró en aquella cristalería del casco viejo
y se vio multiplicada en las lunas que forraban las paredes,
experimentó un orgasmo múltiple. El cristalero, que era un voyeur
empedernido, se enamoró al instante de ella. Ahora le fabrica
bellísimos espejos facetados, esféricos, cóncavos, convexos,
caleidoscópicos. Ella goza al contemplar tan variadas versiones de
sí misma y él, al mirarla.

Relaciones y Maestros: espejos y proyecciones (I) | SENTIDO Y ...
Carmen de la Rosa, Santa Cruz de Tenerife.

Sus relatos y microrrelatos aparecen en Entre humo y cuentos”, “Todo vuela“, Acordeón”, las antologías: “Somos Solidarios”, “99 crímenes cotidianos”, “Primavera de microrrelatos indignados”, “Ellas”, “Eros y Afrodita en la minificción” “Perdone que no me calle”; la revista Fahrenheit XXI, los blogs: Antología Mundial de MinificciónQuímicamente Impuro, La cazadora de relatos, Máquina de coser palabras, Brevilla, Internacional microcuentista y Lectures d´ailleurs. Participó en el I y el II Simposio Canario de Minificción.

Diferencias entre pleonasmo y redundancia

Tomado de amantes de la ortografía Fb

Ambos términos se refieren a la repetición innecesaria de términos; pero mientras que hablar de redundancia suele tener connotaciones negativas y se considera un vicio de expresión, el pleonasmo se considera una figura estilística.

Sin embargo, los límites entre ambos conceptos no están bien definidos y no resulta fácil hacer una diferenciación tajante. Lo que unos consideran redundancia, otros lo consideran pleonasmo; e incluso, algunos lingüistas afirman que se trata de la misma cosa.

Asimismo, al enfatizar el sentido de la frase, el pleonasmo contribuye a fijar en el receptor la idea que interesa al emisor. Por esta razón, los políticos abusan de las repeticiones léxicas y semánticas en sus discursos.

… Y «subir arriba» «bajar abajo»
Ante la duda, la RAE respondió que «la redundancia expresiva es un fenómeno normal en la lengua». «Subir arriba», «bajar abajo», etc., son expresiones redundantes pero expresivas, y a menudo útiles, en la lengua hablada. No cabe censurarlas.

El amor es eterno mientras dura

Tomado del Microdecamerón Antóloga Paola Tena

de Ildiko Nassr


Lleva un perfumero con su sangre colgado del cuello, como si fuera un indefenso adorno. Juraron amarse eternamente y, con sangre, firmaron las actas de su matrimonio. Días y noches se amaron con todos los adjetivos posibles. Incluso inventaron nuevos adjetivos para su loca pasión. La eternidad caducó a los tres años, el perfumero fue a dar a la basura, pero el amor fue eterno.

el norte del sur: noviembre 2006
Ildiko Nassr (Río Blanco, Jujuy, Argentina, 1976) ha publicado libros de poemas (Reunidos al azar, 1999; La niña y el mendigo, 2002; y en coautoría Ser poeta, 2007), de cuentos (Vida de perro, 1998) y de microrrelatos (Placeres cotidianos, 2007, e-book, 2011). Es licenciada en letras y coordina talleres de escritura creativa. Sus microrrelatos han sido incluidos en recopilaciones como la de Laura Pollastri, El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Barcelona, 2007); 1001 cuentos de una línea (Thule), Monoambientes. Microrrelatos del Noroeste Argentino, 4 voces de la microficción argentina (selección y prólogo de Raúl Brasca), El micorrelato en Tucumán y el Noroeste Argentino. Velas al Viento. Los microrrelatos de la nave de los locos. Selección y Prólogo de Fernando Valls. (Ed. Cuadernos del Vigía. Granada. España.), entre otras.
Ildiko cuenta con la siguiente página: http://ildikotxt.blogspot.com/2019/03/el-placer-de-la-relectura.htmly también se la puede seguir por Facebook: Ildiko Nassr

Dos textos de Saturnino Rodríguez R.

Tomado de «O dispara usted o disparo yo» Lilian Elphick antologa

El bueno y el malo
El policía malo te rompió la cabeza; te sacó cuatro dientes. La
nariz te sangra; te partió los labios; casi te asfixia. No te queda un
hueso sano. ¿ Te sirvo champán helado? ¿Un poco de caviar? Por qué
no me dices la verdad, ¿eh? ¿Que la verdad es relativa? Correcto; eso es
verdad. Después del cabroncito de Einstein, la verdad se fue a bolina.
Pero míralo así: yo soy el policía bueno que quiere ayudarte. Si no me
ayudas a mí, el malo puede encarnar al bueno, y el bueno volverse
malo, con mucha relatividad. De esa forma, habrá un absoluto cabrón
de menos, en este mundo tan relativo.

Habitual del delito
No tiene caso sufrir, y, sin embargo, estoy penando.
No tiene caso lamentarse, y me quejo silencioso.
No tiene caso derramar lágrimas, y no las derramo.
No tiene caso mascullar improperios, y me los callo.
No tiene caso, señor inspector. Búsquese otro sospechoso. El
cadáver que examina es el mío propio. Y le juro por lo más sagrado
que no fui yo quien lo mató.

Saturnino Rodríguez Riverón. Narrador y poeta. Ha
obtenido premios y menciones en diversos concursos nacionales e
internacionales. Premio Calendario Narrativa con el cuaderno
Manuscritos en papel de cigarro ( Ed. Abril, 2001); publicó Cuentos de papel
( Letras Cubanas, 2007) y Muchas veces mucho ( Letras Cubanas, 2013).
Tiene en proceso editorial la recopilación: Tres toques mágicos. Antología
de la minificción en Cuba.

Mujer Detective Es el Interrogatorio Un Hombre Criminal Peligroso ...

Sherlock Holmes

Rubén García Garcia

Abandonaba la lectura de una novela a la mitad, pues intuía el final del personaje principal y eso lo deprimía.

I sort of see this as Sherlock's mind palace when he was younger.
Tpmado de pinterest

Dos textos de Emilio Restrepo

Tomado de » O dispara usted o disparo yo» compiladora Lilian Elphick


Un encuentro
No era un fantasma quien surgió entre la niebla, aunque en ese
momento lo hubiera preferido. He tenido más respeto por los vivos
que por los muertos y esa figura que tenía parada al frente, mirándome
con un brillo de odio bajo el sombrero que hacía sombra en su rostro,
apuntándome con el frío acero de su pistola, estaba aterradoramente
viva.
—Es bueno verte, después de tanto tiempo. ¡Reza tus últimas
oraciones! ¡Mulligan te envía sus recuerdos! Su voz resonaba
cavernosa.
Siempre pensé que en esas circunstancias, una calle oscura y la
clara amenaza de ganarme un balazo, era mejor disparar primero y
preguntar después. Así lo hice.
—¡Brown, Brown, mi buen amigo Brown! Siempre fuiste más
rápido con las palabras que con las pistolas. ¡Feliz estadía en el
infierno! –Soplé mi automática que aún despedía un hilo de humo gris
con el dulce olor que toma la pólvora cuando da en el blanco.
Diciendo esto, le quité el arma, el maletín y la billetera por si
hubiera algo que me pudiera interesar y me fui al centro a buscar a
Mulligan.


Aparición

De repente, una figura surgió en la esquina, un tanto
desdibujada por la niebla. Pensé en un fantasma, pero al mirarla bien,
era Ella, después de tantos años de creerla muerta.
Estaba allí, borracha y temblorosa, amenazándome con el arma
que alguna vez fue mía. Detrás, un fulano silencioso en la moto.
—Hola, inspector. ¡Ha pasado tanto tiempo! Masticaba de
manera irónica las palabras, no sé si por la ebriedad, la emoción o el
odio represado. Tal vez eran los tres motivos.
—Ardía en deseos de encontrarte en este callejón. He sabido
que aquí escondes a tu perra y cobras comisiones para proteger a los
gusanos de siempre. No has cambiado, sigues siendo el mismo
despreciable corrupto y cobarde que conocí.
—Debí haberme encargado personalmente del asunto. No
estaría aquí, apuntándome —pensé mientras ella me disparaba en dos
ocasiones sin lograr darme en el cuerpo, haciendo blanco en mi
sobretodo. Yo estaba paralizado por el pánico y la sorpresa.
No sé explicar por qué, pero esa noche andaba desarmado.
Nunca reaccioné, estático durante toda la eternidad de ese instante.
Ella abordó la moto y ambos huyeron.
—¡Nos veremos! —gritó. El ronroneo de la moto diluyó los
rugidos de la avenida que la devoró entre vehículos, sombras y neones.
Quedé algo confundido. En ese momento ya no estaba tan
seguro de que no había sido un fantasma quien surgió entre la niebla.
Los dos agujeros de bala en el gabán me sembraron la duda.

Emilio Alberto Restrepo. Médico colombiano, conferencista,
columnista de varios medios. Algunos de sus libros publicados son:
Textos para pervertir a la juventud (poesía); Los círculos perpetuos (novela); El
pabellón de la mandrágora (novela, 2005); La milonga del bandido (novela).
Qué me queda de ti sino el olvido (novela, 2008);Crónica de un proceso
(novela); Después de Isabel, el infierno y ¿Alguien ha visto el entierro de un
chino? (dos novelas cortas); Un asunto miccional y otros casos de Joaquín
Tornado, detective (cuentos); Joaquín Tornado, detective (novela);
GAMBERROS S.A.(Cuentos). Blog.

Personal Portraits ~ Megan ~ Irish Mist

Sí a veces nos cansamos

de José Zenteno Aguilar

“¿Por qué siguen luchando? ¿Acaso no han tenido ya suficiente atención? ¿No les basta ser el centro de cada noticia? Con toda esa ropa extravagante y obscena los mariquitas siempre obtienen lo que quieren. Ya no saben ni qué inventar; buscan cualquier pretexto para salir a las calles. ¡Ya ni siquiera se puede hacer chistes de ellos!”, dijo a su grupo de amigos blancos el heterosexual privilegiado de provincia, mientras entraban al Starbucks. En ese momento reviso mi Facebook: “Madre asesina a su hijo gay a puñaladas”, “Campesinos agreden física y verbalmente a activistas LGBT+ en Bellas Artes”, “Padre religioso mata de tres disparos a su hijo homosexual”, “Ahorcan a travesti en un cuarto”… Bloqueo mi celular. “Sí, a veces nos cansamos de salir en el noticiero”, susurro.

Movilh Chile toma acciones en caso de joven que recibió ataque ...

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José Zenteno Aguilar (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 2001). Actualmente estudia la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana y la licenciatura en Formación en Arte y Cultura. Ha publicado en las revistas Huraño, Áspera, La Pulcata, y en la selección literaria “Punto De Fuga” de editorial Espantapájaros.

My new address

Por Rubén García García


Olía a pez el viento. Se retiraron las aguas saladas y apareció uno, luego otro y fueron muchos. Declararon que estaban aburridos de tanta soledad húmeda y decidieron mudarse al panteón del pueblo.

Así es el cementerio más colorido del mundo - Infobae

A través de las sombras

De Elena Casero Viana

Tomado del Microdecameron coordinadora Paola Tena


Cada noche se asoma al telescopio. Se abstrae observando las estrellas, los cometas o la vía láctea. Permanece así varias horas. Cuando las luces de la ciudad se van apagando, los ruidos se amortiguan y la gente se recluye en sus casas, él ajusta la dirección del foco. Lo dirige entonces hacia las ventanas, hacia las sombras que se intuyen a través de las cortinas, a los gestos, cariñosos unos, bruscos otros. Hace un barrido visual por el barrio. Todo es igual cada noche. Cambia de nuevo la dirección hacia el firmamento. Sin embargo, algo le hace retroceder hacia las ventanas. Una cortina abierta, una figura femenina. Enfoca la lente hacia allí. Sonríe. Se da cuenta de que está siendo observado. Un telescopio como el suyo. Después de varios meses han dejado de buscar vida inteligente en el firmamento.

lamicrobiblioteca: DEDICATÒRIA DE PERIGEU / DEDICATORIA DE PERIGEO
Elena Casero Viana

Elena Casero Viana (València, 1954) es técnico de Empresas Turísticas y jubilada parcial en la multinacional Ford España S.L, aunque hubiera preferido ser músico. Hasta la fecha ha publicado Tango sin memoria (Mira Editores, 1996; reeditado en 2013 por Talentura Libros); Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004); Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009); Discordancias (Talentura Libros, 2011); Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), y Luna de perigeo (Enkuadres, 2017). Ha colaborado también en distintos libros colectivos de relatos, publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores, La Esfera Cultural o Generación Bibliocafé.