Caminaba un loco a través del desierto y tuvo sed, pues había recorrido un largo trecho soportando el sol y el polvo del día. Y cuando anocheció, vio junto al camino un pozo y quiso beber. Así, pues, se detuvo con el propósito de sacar agua. Introdujo un balde de madera […]
Luego vengo, dijo. Toma su gabardina, besa tu mejilla y sale. Es la madrugada y no ha vuelto. Antes de que se fuese lo abrazó y su boca resbaló sobre el cuello. Los senos se abultaron cuando los empujó sobre su pecho.” es una reunión de caballeros”.“ ¡Bah!, los caballeros ingleses no pueden llegar media hora tarde” Te veo salir del baño. La bata semiabierta y una toalla sobre tu pelo. La seda le va bien a tu cuerpo, vientre breve y sensuales caderas. Frente al espejo cepillas tu pelo, diviso tu piel y un rosa canela que circunda tu pezón. El perfume de sándalo se dispersa en el cuarto. Te tiendes sobre la cama, y esperando al compañero el sueño ha cazado tu conciencia y duermes. Tus ojos de color carbón se han cerrado, solo queda a la intemperie la uva de tu seno. No entiendo la indiferencia de tu varón. ¡Cómo no entregarse a tus colinas llegando a las playas de tu vientre y mezclar el aliento con tu garúa íntima! Salgo del escondite y estoy a tu lado. Por más que intento sacudirte con mi ánimo, no despiertas. Me voy a mi guarida a rumiar mi desorden, que por supuesto, ya no es de este lugar, aún recuerdo las veces que espiaba a las parejas en su procesión de quejidos. Hermosa mujer, yo también me he decepcionado de tu esposo y me he quedado con el deseo de perturbar lo que resta de mis sentidos.
Hace años el chipi chipi era interminable, que coincidía con las vacaciones escolares. De nada servía clavar el machete en medio de un círculo para que dejase de llover. La pandilla sufría por no jugar el fútbol en la calle. La ventana permanecía cerrada y cuando el sol se abría paso entre las nubes, una hora después volvía a oscurecerse y de nuevo la garúa. Hoy los inviernos son de días. Me dice el nieto que está aburrido. Me sonrío y recuerdo los aguáchales donde los gusarapos proliferaban. el coro nocturno de las ranas y la gota perseverante sobre la hoja del plátano…La cocina de mamá era un refugio con olor a café y plátanos fritos y arriba del ropero algunos libros que me abrasaron la imaginación.
Había leído todo lo que pudo sobre la alquimia, la piedra filosofal y la transmutación. Creía saber algunas cosas que la gente común no sabía y se sentía superior, una especie de mago era lo que se sentía, capaz de convertir cualquier metal en oro y hacerse rico. Lo pensaba seriamente, pero le daba flojera […]
No tienes que ser buena. No tienes que atravesar el desierto de rodillas, arrepintiéndote. Solo tienes que dejar que ese delicado animal que es tu cuerpo ame lo que ama Cuéntame tu desesperación y te contaré la mía. Mientras tanto, el mundo sigue. Mientras tanto, el sol y los guijarros cristalinos de la lluvia avanzan por los paisajes, las praderas y los árboles frondosos, las montañas y los ríos. Mientras tanto, los gansos salvajes, que vuelan alto en el aire azul y puro, vuelven nuevamente a casa. Seas quien seas, por muy sola que te sientas el mundo se ofrece a tu imaginación, y te llama, como los gansos salvajes, chillando con excitación anunciando una y otra vez tu lugar en la familia de las cosas.
Sentados en el café te propuse matrimonio en el preciso momento que una amiga tuya te nombró.
—¿Qué me dijiste?
—¿No escuchaste?
— No, mi amiga me distrajo. Por supuesto que sí había escuchado; tiene un oído agudo, lo he comprobado. Sólo te dije que la noche te hace ver más hermosa. Vi en su cara una sonrisa forzada y el beso que me dio en la mejilla apenas si rozo mi piel. No puedo evitarlo. Si alguien o algo me interrumpe en un momento vital, la percibo como una advertencia que me hace la vida.
«La abrazaré con cuidado para no romperla, te lo prometo, papá». A pesar de su carita de niña buena y de su voz angelical, yo sabía que me estaba mintiendo, pero después de ver lo que le había hecho a su madre, me aparté y la dejé acercarse a la cuna para que cogiera en…
Mi corazón parecía un sapo, tenía un episodio de brincos cuando su boca húmeda hacia nido en mi cuello. Minutos después entre sus fauces esperaba la inminencia de su embestida. Recuerdo su pelo negro de pantera y aquellos saltos suaves y finos hasta depositarme en su madriguera. ¡Señora si supiera como la recuerdo! Ser consumido por sus ansias es bailar en los cielos.
Luego vengo, dijo. Toma su gabardina, besa tu mejilla y sale. Es la madrugada y no ha vuelto. Antes de que se fuese lo abrazó y su boca resbaló sobre el cuello. Los senos se abultaron cuando los empujó sobre su pecho. . -«Es una reunión de caballeros”.
“¡Bah!, los caballeros ingleses no pueden llegar media hora tarde”
Te veo salir del baño. La bata semiabierta y una toalla sobre tu pelo. La seda le va bien a tu cuerpo, vientre breve y sensuales caderas. Frente al espejo cepillas tu pelo, diviso tu piel y un rosa canela que circunda tu pezón. El perfume de sándalo se dispersa en el cuarto. Te tiendes sobre la cama, y esperando al compañero el sueño ha cazado tu conciencia y duermes. Tus ojos de color carbón se han cerrado, solo queda a la intemperie la uva de tu seno.
No entiendo la indiferencia de tu varón. ¡Cómo no entregarse a tus colinas llegando a las playas de tu vientre y mezclar el aliento con tu garúa íntima! Salgo del escondite y estoy a tu lado. Por más que intento sacudirte con mi ánimo, no despiertas. Me voy a mi guarida a rumiar mi desorden, que por supuesto, ya no es de este lugar, aún recuerdo las veces que espiaba a las parejas en su procesión de quejidos. Hermosa mujer, yo también me he decepcionado de tu esposo y me he quedado con el deseo de perturbar lo que resta de mis sentidos.