Vladímir Maiakovski (1893-1930)

Vladímir Vladímirovich Maiakovski nació el 7 de julio de 1893 en Baddadi (Georgia). Su padre era guarda forestal y su madre de ascendencia cosaca. La vida familiar era dura, sometida al cuidado de una vasta hacienda. A los cinco años Maiakovski ya leía y recitaba poemas de Pushkin. También muy pronto comenzó a manifestar su habilidad por el dibujo. En 1906, tras la muerte del padre, el resto de la familia se traslada a Moscú. Las dificultades económicas limitarían su asistencia a la escuela. Nuestro autor entra en contacto con el ambiente revolucionario, lee literatura marxista y se integra en los movimientos más radicales. Se afilia al Partido Bolchevique; es encarcelado en varias ocasiones y en una de las prisiones, en 1909, escribe un cuaderno de poesía que no se ha conservado y que supone el inicio de la carrera literaria de Maiakovski. Tras ser puesto en libertad dedica su actividad a la pintura. En 1911 se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Moscú, tomando contacto con el grupo futurista. Maiakovski reparte su labor creadora entre la pintura y la lírica, decantándose finalmente por ésta última. A partir de 1912 se convierte en cabeza del movimiento futurista, intento de transformación revolucionaria en el mundo del arte. Publica sus primeros poemas en revistas diversas y aparece su poemario: “Yo”. Por entonces comienza una gira por Rusia dando recitales poéticos, actividad ésta que no se interrumpirá hasta el final de su vida. Al inicio de la I Guerra Mundial se ofrece como voluntario al frente, pero sus sospechosas actividades motivan que sea rechazado. En 1915 escribe Una nube con pantalones, que es una protesta contra la burguesía y el capitalismo y un canto al amor. De este mismo año es la publicación de La flauta vertebrada, donde canta a un futuro utópico. La guerra y el universo (1916) es una visión idealizada del futuro. En Hombre (1919), se refleja una muerte y resurrección espiritual para redimir a la humanidad. Con la toma del poder por los bolcheviques, Vladímir se sumerge en el espíritu revolucionario, exaltando los nuevos valores. Escribe muchas poesías sobre variada temática (crítica de la burocracia, asuntos sociales, políticos, públicos…) tanto de Rusia como del extranjero. En 1918 escribe “Misterio Bufo”, obra de teatro donde parodia el diluvio universal bíblico, haciendo del proletariado el conquistador de la tierra y el cielo. Esta obra pasó por todo un calvario de censuras hasta poder ser estrenada. A partir de 1919 comienza a trabajar en la creación de pancartas y carteles de agitación y propaganda revolucionarias (unas 1.100 en tres años) muy originales, directas, breves y concisas. Su primera antología aparece en 1919: Toda la creación de Vladímir Maiakovski y un año después concluye su poema 150.000.000 En 1922 colabora en la creación del LEF (Frente Izquierdista del Arte), cuyas teorías literarias serán el credo estético de la literatura rusa, y de la revista literaria con las mismas siglas. Sucesivamente van naciendo nuevas creaciones de su pluma: “Amo” (1921), “Vladímir Ilich Lenin”, y “Bien” (1924). Sus dos obras dramáticas más famosas son “La chinche” (1929) y “El Baño” (1930), cuyo carácter satírico molesta a la censura. En su obra póstuma “A media voz”, habla con las generaciones venideras sobre él, sobre el futuro, y predica los principios que debe poseer un verdadero artista. Llega un momento en que Maikovski comienza a percibir que la revolución tan ardientemente amada ha caído en manos de filisteos. Cada vez tiene más problemas con el Partido; sufre un aislamiento y acoso social y político cada vez más insoportables. LEF es censurado, recibe críticas de sus amigos. Las autoridades le niegan salir del país, sus relaciones con Tatiana Yaklovevna se degradan. Vladímir decide poner fin a su vida, acción que lleva a cabo el 14 de abril de 1930 pegándose un tiro en la sien. Un poema de despedida con el epígrafe: “A todos” es el punto final a una vida entregada a sus ideales artísticos y sociales.

La juventud tiene mil ocupaciones.

Estudiamos gramática hasta atontarnos.

A mí, me echaron del quinto año, y fui a apolillar las cárceles de Moscú.

En nuestro pequeño mundo doméstico,

para las camas aparecen poetas de pelo rizado.

¿Qué saben estos líricos anémicos?

A mí, pues, me enseñaron a amar en la cárcel.

¿Qué vale comparado con esto, la tristeza del bosque de Boulogne?

¿Qué valen comparado con esto, los suspiros ante un paisaje de mar?

Yo, pues, me enamoré de la ventanilla de la cámara 103, de la «oficina de pompas fúnebres».

Hay gente que mira al sol todos los días y se enorgullece. «No valen mucho sus rayos» -dicen.

Pero yo, entonces, por un rayito de sol amarillo, reflejado sobre mi pared, hubiera dado todo en el mundo.

Vladímir Maiakovski

Epitafio que no vio luz

“…Y cuando me vaya, quedarán los pájaros cantando” se supone que era lo que Juan Ramón Jiménez quería que apareciera en su tumba. No fue así.

Biografía

(Moguer, 1881 – San Juan de Puerto Rico, 1958) Poeta español. Su lírica evolucionó desde las últimas derivaciones del modernismo hacia una poesía a la vez emotiva e intelectualista. Tras cursar el bachillerato en el colegio de los jesuitas de Puerto de Santa María (Cádiz), ingresó en la Universidad de Sevilla para estudiar derecho, carrera que abandonó para seguir su vocación artística.


Juan Ramón Jiménez

Aunque inicialmente quiso ser pintor, pronto se orientó hacia la poesía, animado por la lectura de Rubén Darío y de los escritores románticos. Sus primeras colaboraciones en la revista madrileña Vida Nueva fueron acogidas con entusiasmo por los modernistas, por lo que decidió trasladarse a Madrid en 1900 y publicar ese mismo año sus dos primeros volúmenes de versos, Ninfeas y Almas de violeta, títulos que le fueron sugeridos por Ramón del Valle-Inclán y Rubén Darío.

De carácter melancólico y depresivo, la repentina muerte de su padre le causó fuertes crisis nerviosas que lo obligaron a pasar largas temporadas en sanatorios de Burdeos y Madrid. A esta época corresponden los libros Rimas (1902), Arias tristes (1903) y Jardines lejanos (1904), que configuraron una poética más en la línea de Gustavo Adolfo Bécquer, impregnada de musicalidad, nostalgia y amor por la naturaleza, con metros sencillos en los que predomina el octosílabo y un ritmo fluido.

Entre 1905 y 1912 el autor vivió en su pueblo natal, entregado a la lectura y admirando la vida campesina andaluza. Este acercamiento al mundo rural se tradujo en un nuevo sentimentalismo que, sin abandonar la languidez inicial, se enriqueció con impulsos apasionados y juveniles. En los escenarios crepusculares de pálidos jardines, decadentes ensueños y estancias silenciosas, aparecieron por primera vez colores brillantes e imágenes de mujeres desnudas que tiñeron los versos de erotismo.

En este período escribió varios volúmenes de orientación modernista: Elegías (1908-1910), Olvidanzas (1909), La soledad sonora (1911), Poemas mágicos y dolientes (1911), Melancolía (1912) y Laberinto (1913), así como el libro en prosa Platero y yo (1914), tierna elegía a un borriquillo que se convirtió en uno de sus textos más célebres. De regreso a Madrid conoció a Zenobia Camprubí, española educada en Estados Unidos, con la que se casó en Nueva York en 1916. La vitalidad y las constantes atenciones de Zenobia influyeron decisivamente en el nuevo rumbo que adoptó su trayectoria poética.

Tanto en los Sonetos espirituales (1914) como en Estío (1916) se anunciaba un cambio formal que culminó en el Diario de un poeta recién casado (1917), escrito casi en su totalidad durante la travesía del Atlántico. Según declaró el autor, el constante movimiento de las olas le transmitió la obsesión por el ritmo y lo llevó a abandonar las estructuras estróficas tradicionales, y a cultivar el verso libre. Al mismo tiempo, la ornamentación modernista desapareció en favor de un lenguaje sobrio y desnudo, que huyó de la vaguedad y aspiró a la precisión absoluta.

Muestra de ello son las composiciones de Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1923) y Belleza (1923), donde eliminó todo aquello que no tendiese a la esencia poética y a la plenitud espiritual y estética. Este giro hacia la «poesía pura» ejercería una gran influencia en la obra inicial de los poetas de la generación del 27, particularmente en Jorge GuillénPedro SalinasFederico García LorcaRafael AlbertiDámaso Alonso y Vicente Aleixandre. El autor intentó llevar al ámbito de la prosa las conquistas obtenidas en sus versos y escribió la serie de retratos líricos que integraron el libro Españoles de tres mundos (1942), aparecido en su mayor parte en la revista Índice.

incitado por un afán de depuración máxima, sometió su obra a una permanente revisión. Fruto de esta inquietud son las colecciones de textos Unidad (1925), Obra en marcha (1928), Sucesión (1932), Presente (1933) y Hojas sueltas (1935), que incluyeron páginas susceptibles de ser reelaboradas con posterioridad.

Tras la publicación de Cántico (1935), el estallido de la Guerra Civil interrumpió la labor creadora del poeta, que fue nombrado agregado cultural en Washington. Después de vivir en Estados Unidos y Cuba se instaló en Puerto Rico, donde enseñó en la universidad y se dedicó a retocar gran parte de su obra. A esta última época pertenecen los libros La estación total (1946), Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949), en los que la búsqueda de la belleza total se plasmó a través de una visión intelectualista y metafísica, en función de la cual su poesía se transformó en un «dios deseante y deseado», con conciencia de la divinidad y con manifestación inefable de lo eterno. Juan Ramón Jiménez fue galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1956.

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/jimenez_juanramon.htm

Aedes el egipcio

El Egipcio
Apostados en un rincón oscuro del dormitorio esperaron.
Estaban detrás de la cabecera de la cama.
Atacaron en la madrugada.
El macho zumbaba en los oídos para distraerlo; la hembra voló hacía los pies y succionó ávida la sangre.
La hembra tenía el suficiente alimento para que sus huevos maduraran.
Quince días después un hombre moría “sudando sangre”.
Aedes el Egipcio volaba impune, sediento de nuevo.

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PASTEL DE MIEDO: por qué nos gustan horror movies? Parte 1. — Neurociencias divertidas

— ¡Qué miedo, mami!!! — ¡Apaga esta película, entonces! — No!!!! El niño responde con ojos que brillan de emoción y de placer inexplicable. ¿ o sí es explicable? QUÉ ES Y POR QUÉ LO SENTIMOS Nos gusta tener un poquito de miedo. Yo, personalmente, disfruto leyendo y escuchando los cuentos de terror, en especial […]

a través de PASTEL DE MIEDO: por qué nos gustan horror movies? Parte 1. — Neurociencias divertidas

Los tonos en la narrativa

El tono narrativo es la actitud que asume el narrador al contar una historia. Se puede contar la misma historia de muchísimas maneras. Si una señora mayor resbala y se cae al intentar bajar de un autobús, la anécdota se puede contar de manera burlona, trágica, cómica, compasiva, moralista, etcétera. Es el mismo incidente. Absolutamente los mismos datos: una señora que resbala y se cae. Pero la narración de este incidente puede variar inmensamente según el tono utilizado por el narrador.
Una de las principales decisiones que debe tomar un autor, al comenzar su narración, es la selección del tono con que contará su cuento o novela.
A grandes rasgos creo que podemos identificar tres tonos o actitudes principales:
1. El autor de rodillas ante personajes que reconoce como seres superiores. Algunos ejemplos son las obras épicas como El mío Cid, la Ilíada y las novelas de caballerías, en las que el autor narra las peripecias de dioses, semidioses, héroes, genios, etc.
2. El autor sentado, de tú a tú, junto a personajes que reconoce como sus iguales. Algunos ejemplos son obras realistas como Rojo y negro, Madame Bovary y Crimen y castigo: el autor narra las peripecias de hombres y mujeres que de algún modo son sus semejantes.
3. El autor de pie, en un balcón alto, ante personajes que viven abajo y son inferiores. Algunos ejemplos son el Cándido, de Voltaire; el Buscón, de Quevedo; y los cuentos de Monterroso y Saki: el autor narra las peripecias de seres dignos de burla o desprecio.
Estas tres grandes actitudes se manifiestan concretamente en el tono específico que escoge un autor para narrar su obra. Las opciones son innumerables. A continuación incluyo una lista parcial de tonos, ya que existen muchos más:
Abatido, absurdo admiración afligido agresivo alegre amable amoroso cálido científico cínico cómico compasivo condescendiente coraje cordial crítico deprimido despectivo entusiasta erótico familiar filosófico formal grave histérico horror humorístico iconoclasta idealista incisivo indignado informal informativo ingenioso íntimo iracundo irónico jocoso melancólico misterioso moralista/moralizante nostálgico odio parco paródico periodístico persuasivo pesimista ponderado pornográfico positivo realista religioso respetuoso reverente romántico sarcástico satírico sensual serio solemne sombrío taciturno terror tétrico trágico tranquilo triste
y muchos más.
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Tahar Ben Jelloun (Marruecos 1944) tres poemas

Tahar Ben Jelloun

Uno de los escritores marroquíes contemporáneos más populares internacionalmente

Novelista y poeta nacido en Fez (Marruecos) en 1944, sus obras han sido traducidas a más de treinta idiomas. Desde los 6 años asistió a un colegio bilingüe franco-marroquí. Comenzó a estudiar Filosofía en la Universidad Mohamed V en Rabat, pero tuvo que abandonarlos al ser sospechoso de haber organizado manifestaciones de estudiantes y a causa de esta acusación tuvo que asistir durante dos años a un campo disciplinario del ejército.
Tras ser liberado, retomó sus estudios y comenzó a trabajar de profesor. Más tarde, gracias a una beca, se trasladó a Francia para especializarse en psicología.
Escribió su primer poema, L’aube des dalles, durante su cautiverio en el campo disciplinario y lo publicó en 1968 en la revista Souffles. También publicó el poemario Hommes sous linceul de silence (1971). Escribió su primera novela, Harrouda, en 1973, donde puede verse reflejada su visión de la cultura islámica.
Algunas de sus obras, como La réclusion solitaire (1976), fueron adaptadas al teatro. Además, también escribió novelas pedagógicas como El racismo explicado a mi hija (1997), que obtuvo un gran éxito internacional, llegando a ser traducido a más de treinta idiomas (entre ellos el esperanto).
El autor se ha quejado en varias ocasiones de que aunque muchos de sus libros han sido traducidos al árabe, con la edición marroquí revisada por él, ésta es sistemáticamente pirateada en países como Siria o Egipto por aquellos a los que Jelloun llama ‘pseudoeditores’, eliminando pasajes enteros que podrían provocar la censura local. El autor ha denunciado pública y continuamente esta práctica, aún siendo consciente de que es una causa perdida, pues como él mismo dice: «La piratería que actúa con rigor en el mundo árabe, indirectamente nos informa del estado de la cultura en estos países».
En 1987 recibió uno de los premios literarios más importantes en Francia, el Premio Goncourt, gracias a la novela La noche sagrada y fue elegido miembro de la Academia Goncourt en 2008.
Después de los atentados del 11S y la confusión general provocada por los medios de comunicación y esa amalgama de información en la que se confundía Islam y terrorismo como una misma cosa, decide explicar el Islam a los niños con enseñanzas y lenguaje lo suficientemente claros como para que también sirviese a los adultos, por lo que es frecuentemente reclamado desde muchos colegios europeos para hablar a los niños de racismo, además de haber sido colaborador de periódicos como El País, La Vanguardia o el Corriere della Sera.
De 2006 a 2009 se trasladó a vivir con su familia a Tánger, pero volvió a París, donde actualmente trabaja, entre otras cosas, como cronista de Le Monde.
Fuente:
http://www.taharbenjelloun.org/

FATIMA ABOU MAYYALA
Han entrado por el tejado
han cerrado las puertas y las ventanas
han metido un puñado de arena en la boca y en la nariz
de Fátima.
Las manos desgarraron su vientre
orinaron sobre su cara.
Fátima agarro la mano de la estatua
y caminó ligera entre los árboles y los niños dormidos.
Llegó hasta el mar
el cuerpo alzado por encima de la muerte.

IBRAHIM KHODR NAJJAR
14-4-83
Ibrahim Khodr Najjar
no vivirá más entre las zarzas del cementario.
Hoja desdoblada en el polvo
la cabeza soberana
arrastrada por las olas del río
su cuerpo de pequeño comerciante
no será jamás memoria caduca
en los faustos del olvido.

ALI SALEH SALEH
29-4-83
Han traido cu cuerpo envuelto en una piel de cordero
sobresalian su cabeza y sus pies descalzos
blancos de polvo.
Lentamente sus miembros se han tendido en el día
el suelo se ha abierto y lo han estrechado en un abrazo infinito.
Tenía dieciseis años.
Ali Saleh Saleh
vivió su primer amor en Saïda
la muerte anudada a la cintura de un árbol.

Su obra

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Tono solemne o sombrío

El cuento La escuela de Donald Barthelme es un buen ejemplo de una historia con un tono solemne o sombrío.
Cuento la escuela Donald Barthelme
Bueno, nosotros tuvimos todos esos chicos plantando árboles, vea, porque nosotros nos figurábamos que… aquello era parte de su educación, o sea, usted sabe, lo de la vegetación y las raíces… y además el sentido de la responsabilidad, cuidando las cosas, siendo individualmente responsables. Entiende lo que quiero decir. Y todos los árboles se murieron. Eran árboles naranjas. Yo no sé por qué se murieron, solamente se murieron. Algo mal en el suelo posiblemente o quizá el material que trajimos del invernadero no era el mejor. Nos quejamos sobre eso. De modo que hemos tenido treinta chicos allí, cada chico tenía su arbolito que plantar, y nosotros treinta arbolitos muertos. Todos esos chicos mirando esos palos castaños, era deprimente.
Eso no sería tan malo excepto porque un par de semanas después del asunto de los árboles, murieron las serpientes. Pero yo pienso que lo de las serpientes; bueno, la razón por la que las serpientes espicharon fue que… usted recordará, la caldera del agua estuvo parada cuatro días por la huelga, y eso lo explicaba. Era algo que uno podría explicar a los chicos, lo de la huelga. Quiero decir, ninguno de sus familiares los dejó cruzar y molestar en la línea policial, de manera que así ellos supieron qué era una huelga y qué es lo que significa. Entonces cuando las cosas recomenzaron y encontramos las serpientes muertas, ellos no estaban muy trastornados.
Con lo de las gardenias fue probablemente un caso de exceso de riego, y al menos, ellos ahora saben que no hay que regarlas demasiado. Los chicos eran muy conscientes con las gardenias y sus probabilidades de… usted sabe, equivocarse al deslizar una pequeña cantidad extra de agua. O quizá… bueno, no quiero pensar en sabotaje, si bien nos ocurrió. Quiero decir, algo así pasó por nuestras mentes. Estábamos pensando que fue el camino probable porque antes de que los gerbos murieran, y los ratones blancos murieran, y las salamandras… bueno, ahora ellos saben que no hay que arrastrarlos por ahí en bolsas de plástico.
Por supuesto que nosotros esperábamos ya que los peces tropicales murieran, eso no fue una sorpresa. Todos ellos destrozados, estaban panza arriba en la superficie del agua. Pero la lección decía que lo llamemos “el gasto total de la energía de los peces”, allí no había nada que pudiéramos hacer, pasa todos los años, sólo que tiene prisa en pasar.
Jamás nos propusimos tener un cachorro.
Jamás nos propusimos tener uno, sólo fue un cachorro que la chica Murdoch encontró debajo del camión de Gristede y ella tuvo miedo de que el camión le pasara por encima al cachorro cuando el conductor hiciera su descubrimiento, así que ella lo escondió en su mochila y lo trajo a la escuela.
Entonces tuvimos un cachorro. Tan rápido como vi el cachorro, pensé, Oh, Cristo, ojalá viva por lo menos dos semanas, y entonces… Y aquello ha pasado. No se supone que ocurrió en el aula del todo, hay cierta clase de regulación sobre eso, pero uno no puede decirles que no pueden tener un cachorro cuando el cachorro ya está allí, justo enfrente de ellos, corriendo por el piso y gimoteando. Ellos lo llamaron Edgar (eso es, le pusieron nombre a mis espaldas). Se divirtieron a lo grande corriendo atrás de él y gritando: “¡Aquí, Edgar! ¡Lindo Edgar!” En aquel entonces ellos reían como el infierno. Ellos disfrutaban la ambigüedad. Yo disfrutaba de mí mismo. No imagino que fuera broma. Ellos fabricaron una pequeña casa para el cachorro en el placard suplementario que hay y eso fue todo. No sé por qué murió. Falta de aclimatación, supongo. Es probable que no haya habido ningún francotirador. Me quedé fuera de allí antes de que los chicos llegaran a la escuela. Yo chequeaba el placard suplementario cada mañana, por rutina, porque yo sabía que esto iba a pasar. Le entregué el cadáver al custodio.
Y después estuvo el huérfano coreano que la clase adoptó a través del Programa de Ayuda a los Niños, todos los chicos lo traían un cuatrimeste, esa era la idea. Fue una cosa desafortunada, el nombre del chico era Kim y quizá nosotros lo adoptamos demasiado tarde o algo así. La causa de la muerte no estaba especificada en la carta que recibimos, ellos nos sugerían que adoptemos otro chico a cambio y nos enviaron un montón de historiales de chicos, pero nosotros no tuvimos corazón. La clase lo tomó muy duramente, ellos comenzaron ―yo lo creo así, aunque nadie jamás me dijo nada directamente― a sentir que quizá había algo malo en la escuela. Pero yo no pienso que haya algo malo en la escuela, particularmente, yo he visto tiempos mejores y peores. Fue sólo una racha de mala suerte. Tuvimos un extraordinario número de padres que fallecieron, por ejemplo. Hubo, yo creo, dos ataques al corazón y dos suicidios, un ahogado, y cuatro muertos en accidentes de automóvil. Un quebrado. Y tuvimos el usual alto índice de mortalidad entre abuelos o quizá fue muy duro este año para todos, me parece. Y finalmente la tragedia.
La tragedia ocurrió cuando Matthew Wein y Tony Mavrogordo estaban jugando sobre la excavación que se hacía para el nuevo edificio de la oficina federal. Estaban esas grandes vigas amontonadas, usted sabe, hacia el final de la excavación. Hay un caso del tribunal sobre eso, ahora, los padres reclaman que las vigas estaban negligentemente amontonadas. Yo no sé cuál es la verdad y cuál no. Ha sido un año extraño.
Olvidé mencionar al padre de Billy Brandt, quien fue acuchillado fatalmente cuando él enfrentó a un intruso enmascarado en su casa.
Un día tuvimos una discusión en clase. Ellos me preguntaron, ¿Dónde fueron? Los árboles, la salamandra, el pez tropical, Edgar, los papis y las mamis, Matthew y Tony, ¿dónde fueron? Y yo dije, No lo sé, no lo sé. Y ellos dijeron, ¿Quién lo sabe?, y yo dije, Nadie sabe. Y ellos dijeron, ¿Es la muerte la que le da sentido a la vida? Y yo dije, No, es la vida la que le da sentido a la vida.
Entonces ellos dijeron, pero si no es la muerte, considerada como dato fundamental, el sentido por el cual damos por sentado que la trivialidad de todos los días podría ser trascendida en la dirección de…
Yo dije, Sí, podría ser.
Ellos dijeron, no nos gusta.
Yo dije, Así suena.
Ellos dijeron, ¡es una vergüenza sangrienta!
Yo dije, Así es.
Ellos dijeron, ¿haría el amor con Helen (nuestra asistente de estudios) de modo que podamos ver cómo todo ha sido hecho? Nosotros sabemos que a usted le gusta Helen.
Sí me gusta Helen pero dije que yo no podría.
Hemos oído mucho sobre éso, dijeron, pero nunca hemos visto el inicio de la vida.
Dije que podría ser despedido y que nunca o casi nunca haría una demostración. Helen miraba a través de la ventana.
Ellos dijeron, por favor, por favor haga el amor con Helen, nosotros necesitamos una afirmación del valor de alguien, nosotros estamos asustados.
Yo dije que ellos no deberían estar asustados (aunque yo suelo asustarme) y que había valor en todas partes. Helen vino y me abrazó. La besé algunas veces en la frente. Nos tomamos el uno al otro. Los chicos estaban excitados.
Entonces, hubo un golpe en la puerta, yo la abrí, y el nuevo gerbo venía caminando hacia nosotros. Y los chicos chillaron salvajemente.

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Richard Nathanson

El tono en la literatura

Hace unos días, mientras investigaba un poco para Héroes de cajón y terminaba las preparaciones del Taller literario en línea, que realicé con mis suscriptores en el 2016, no pude dejar de pensar en el hecho de que una misma historia puede variar si el autor decide cambiar el registro o tono con el que la está contando.
Nos confundes, Piper.
Sí, tienes razón, hombre confundido, seré más específico.
Cuando escribía Héroes de cajón comprendí que en vez de enfocarme en las habilidades o poderes de los personajes, la trama debía girar en torno a qué pasaría si se contara en un entorno más subdesarrollado, más latinoamericano, más Colombiano.
Por la personalidad de la protagonista decidí que la mejor opción para mi novela era el narrador en primera persona, pues me permitió inyectarle cierta dosis de humor y sarcasmo al relato y mayor libertad en los diálogos. Sin embargo, en algunas escenas sentí que debería usar el tercera persona y ser más dramático.

Tras pensarlo mejor llegué a la conclusión de que con este cambio de tono solo lograría darle un vuelco a mi historia. Pasaría de ser un Civil War: Capitán América (Nótese la combinación casi desapercibida de idiomas) a un Batman vs Superman.

Pero… ¿Qué es el tono cuando escribimos?

Cuando hablamos del tono literario de un texto nos referimos a la actitud del narrador hacia lo que él o ella narra. En otras palabras, el tono es la emoción principal que reflejamos al escribir.
Veamos el siguiente GIF para entrar a trabajar con esto de los tonos.
No te burles… no te burles…
Tono jocoso.
—¡Oye!… ¡mira que!… ¡ja, ja, ja!
—Ya, cuéntame. Qué pasó.
—¡Es que es muy chistoso! ¡Un viejito hoy en la piscina se dio un porrazo cuando se fue a tirar!
—¡ja, ja, ja! —Carlos se retorció en su silla y se le escapó un pedo—. ¡No me digas!
 
Tono sombrío
—¿Por qué estás tan serio? —preguntó mientras servía la mesa con lentitud—. No has dicho ni una sola palabra.
—Es que hoy sucedió algo terrible en el club. Un hombre ya anciano sufrió un accidente al resbalarse.
—Oh, que horrible.
—Sí, creo que se fracturó la cadera.
Ahí encontramos una misma historia en dos tonos diferentes, pero, ¿Por qué es importante el tono en que escribamos nuestras historias? Porque a medida que vamos escribiendo, empezamos a sentirnos cómodos en un registro específico y así vamos puliendo nuestro estilo literario.
¿No me crees? Quizás si lees lo que dijo el escritor Mario vargas Llosa de su novela, Pantaleón y las visitadoras, te de una mejor idea de la importancia del tono:
La historia está basada en un hecho real —un «servicio de visitadoras» organizado por el Ejército peruano para desahogar las ansias sexuales de las guarniciones amazónicas—, que conocí de cerca en dos viajes a la Amazonía —en 1958 y 1962—, magnificado y distorsionado hasta convertirse en una farsa truculenta. Por increíble que parezca, pervertido como yo estaba por la teoría del compromiso en su versión sartreana, intenté al principio contar esta historia en serio. Descubrí que era imposible, que ella exigía la burla y la carcajada. Fue una experiencia liberadora, que me reveló —¡sólo entonces!— las posibilidades del juego y el humor en la literatura. A diferencia de mis libros anteriores, que me hicieron sudar tinta, escribí esta novela con facilidad, divirtiéndome mucho, y leyendo los capítulos a medida que los terminaba a José María Gutiérrez, y a Patricia Grieve y Fernando Tola, mis vecinos de la calle Osio.
Ahora te entiendo mucho mejor, Piper. Continuemos con el siguiente ejemplo:
¿De cuántas formas y en qué tonos se puede narrar la historia de un hombre que pretende crear y dar vida a otro ser semejante a un humano?
De muchas formas. Podría ser una novela infantil, como Pinocho; un relato de terror, como Frankeinstein; una historia fantástica como El joven manos de tijeras, o un relato filosófico como Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges. Mismo tema, diferente tono.
urantiansojourn.com
La elección del tono depende de la personalidad del autor y sus intenciones.
También es recomendable el uso de diferentes tipos de tonos en una misma historia, con lo cual se puede crear una sensación de ritmo y se mantiene interesado al lector. Ahora veamos otro ejemplo, pero esta vez en el cine.
¿De cuántas formas y en qué tonos se puede narrar el tema de los campos de concentración?
Puede usarse un tono tierno y cómico como en la película La vida es bella, de Roberto Begnini, o el crudo y real de La lista de Schindler, de Steven Spielberg.
Existen diferentes tonos, pero los más comunes en la literatura son:
· El tono trágico

· El tono irónico

· El tono paródico
· El tono íntimo
· El tono jocoso
· El tono serio
· El tono formal
· El tono informal o familiar
· El tono moralista
· El tono realista
· El tono idealista
· El tono melancólico
· El tono sombrío
· El tono condescendiente
· El tono parco
· El tono periodístico
Debes sentarte, y, como dijo Vargas Llosa, liberarte en el tono que mejor te dé. Quién sabe, quizás esa obra de arte que duerme en el cajón de tu cuarto solo deba ser escrita de forma diferente. Incluso, ahora que lo pienso, muchas de las dificultades y bloqueos que presentan varios escritores que acuden buscando una asesoría se deben a que no están usando el tono adecuado en sus historias o, por el deseo de seguir a su escritor favorito, tratan de escribir imitando el tono de otro escritor.
¿Y tú? ¿Qué tono o tonos estás usando en tu última historia?
https://www.antronarrativo.com/2016/09/el-tono-para-narrar-una-historia.html

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La mesa del balcón de Amélie Olais

Pedí la mesa del balcón, nuestro lugar favorito. He desarrollado un gusto agridulce por ese sitio. Quizá porque sentada ahí rescato un poco de nosotros; de ese dulce nosotros que cuando no estoy contigo pertenece al agridulce presente.

Llegué sola con tu libro y me senté a releer un cuento, recomendación tuya, por supuesto. Era el relato que hablaba del vacío ¿lo recuerdas? No me preguntes el nombre del cuento, tampoco el del autor, después de tanto leer me han quedado lagunas. La historia la tenía más o menos clara, pero quise leerla de nuevo porque siempre descubre uno detalles que la mente no registró en las primeras lecturas.

Al abrir las paginas, me percaté de algo que venía sucediendo sin que tomara conciencia: las letras se han gastado por la frecuencia con que mis ojos las recorren. Ahora mismo es tan tenue la tinta que dudo poder terminar de leerlo. Quizá sea la última vez que lo haga. Generalmente no regreso a ver las palabras que van quedando atrás. No lo hago porque dicen que es un defecto de la vista que entorpece la lectura.

Puedes comprobar esto abriendo un pequeño orificio en el periódico de cualquier lector. Procura hacerlo en el centro del papel y asegúrate que sea entre dos cajas tipográficas para no molestar demasiado con el experimento. No es agradable leer si faltan letras. Observa por ese orificio los ojos lectores, te darás cuenta como regresa la vista en un movimiento mecánico, como si los ojos quisieran reconfirmar lo leído.

Bueno, como te iba diciendo, he entrenado mis ojos para eliminar ese retroceso innecesario y evitar perdidas de tiempo. Pero hoy, por la impresión del descubrimiento, me dediqué a revisar.  He regresado dos páginas y constaté que las palabras leídas se están destiñendo. Lo puedo afirmar porque sobrepuse las hojas que leo ahora a las que leí hace rato y existe un notable cambio en la intensidad de la tinta. Pronto no tendré alternativa y sólo restará confiar en mi memoria. Creo que los recuerdos funcionan igual, van perdiendo nitidez y terminamos por recordar lo que se nos da la gana y no lo que fue.

Para reconfirmar esto leí despacito y regresé renglón por renglón. Tuve que parar de hacerlo porque la zona que releí quedó en blanco. Es increíble, pero mis ojos, como gomas, desgastaron lo escrito. El cuento se está borrando. ¿Cómo te lo puedo devolver así?

Siento una extraña angustia y empiezo a leer con desesperación, como si la plaga desintegradora de textos viniera persiguiendo a mis ojos. Devoro las letras, invadida por un miedo absurdo: pensar que nuestra historia también se borra.

Me pregunto si tengo antecedentes de un caso similar, esas referencias  ayudan para recuperar la calma, pero no, no encuentro un recuerdo claro que me de el acicate para detener la angustia.

Tú sabes que no existen las casualidades, lo hemos comentado, por eso recorro con la memoria detalles de la historia de los personajes y pienso que se parecen a ti y a mi, aunque creo que, a diferencia de ellos, tú y yo somos continuidad. Tu pensamiento y el mío, por alguna extraña razón, se complementan. Uno inicia y el otro continua para seguir y seguir, sin importar el orden o el desorden del universo que nos place pervertir.

Qué sé yo, quizá es que somos tan parecidos que podemos fluir en una adicción continua a las ideas y su contemplación.  Tal vez por eso te extraño ahora.

Vuelvo a mirar las letras y me pregunto  ¿qué le está pasando al libro? o ¿qué me pasa a mi? o ¿qué pasa contigo y con los recuerdos?

Desvío la vista del libro para verificar que el mundo sigue girando. Un cilindrero pasa bajo el balcón. Miro la manivela girar con la misma fluidez que la vida. Un rechinido interrumpe la armonía. El cilindrero se queda con la manivela en la mano.  Presiento algo extraño, como si la realidad estuviese a punto de colapsarse y pienso que es momento de decidir. Puedo negar todo lo que sucede, cerrar el libro y pedir a ese músico callejero  que  suba al balcón para dar cuerda a la nostalgia, para consentir y compadecer mi carencia con la música del cilindro mientras me enternezco por mi capacidad de sentir un afecto como este. ¡No! Me niego. Sería demasiado aburrido volver al pasado, tanto como reconfirmar lo leído.

Miro hacia el edificio de enfrente y veo a Teófilo que sale por el agujero de su habitual morada estirándose como si acabara de despertar. Abre los ojos al sentir la luz, pero en ese mismo instante empieza a desaparecer, y no es que regrese por donde vino, es que la punta de la cola ha desaparecido y el fenómeno sigue por el resto del cuerpo hasta que sólo queda su cabeza. Vuelve sus ojos hacia mi y al establecer contacto visual, ¡puaff!  el gato se esfuma, no hay más. El felino no está, pero tampoco la cornisa por donde caminaba, ni el agujero de donde salió, ni el muro que lo circundaba. El edificio colonial se diluye en el vacío como si fuera una gelatina de mamey al sol. Se derrite poco a poco  hasta que sólo queda vapor con un ligero tono rosado que pasa frente a mi y sube rumbo al infinito.

Caigo en la cuenta de que el sitio donde está nuestro balcón puede estar padeciendo el mismo fenómeno. Al recargarme sobre el barandal un movimiento rápido y brusco hace que sienta inseguridad. Observo hacia abajo y me percato que, en efecto, el muro que sostiene el balcón ha desaparecido, estoy suspendida en el vacío con las manos aferradas a una barandilla de hierro forjado que se funde, de abajo hacia arriba, en la nada.

No puedo perder un minuto más. Recojo tu libro de la mesa, que ya ha perdido las patas, y lo cierro. Estoy consternada pero decidida. Camino, sobre un piso que ya no existe, rumbo a la salida de lo que fue nuestro restaurante favorito, bajo las escaleras ausentes y salgo a una calle que es nada.

En el vacío dejo de angustiarme y camino con tranquilidad. Pienso que, dadas las circunstancias, no importa tanto llevar un libro en blanco bajo el brazo.