Platicando con mamá 3

Cuando mamá empezaba a hablar sola, había que levantarse. No teníamos camas sino catres y dos petates por si llegaban visitas. Seguro que mi madre levantaba a los gallos; minutos después empezaban a cantar uno tras otro, parecían platicar levantando cada vez más su canto y seguían tan estridentes que tenías que taparte las orejas. Los cotorros volaban tan cerca y bajo, que manchaban al cielo con sus colores. ¡Qué cosas! de niña odiaba su alboroto, y hoy que no los veo, ni los escucho, me sobrecoge.

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Petate

Petate es una noción que procede de un vocablo náhuatl (petlatl). Se trata de una clase de estera o alfombra que se suele elaborar de manera artesanal en México y en diversos países centroamericanos. El petate se teje con las fibras de una planta cuyo nombre científico es Leucothrinax morrisii

Olga Tokarczuk Nobel 2019

Todos los años se cobraba un buen tributo por llevar a lomo las barcas, pues no había uno en que no se ahogara alguien, ya fuera un niño al bañarse durante los tórridos días de verano o un borracho que, a saber por qué, se había tambaleado en el puente y, a pesar de la baranda, había caído al agua. A los ahogados siempre se los buscaba durante largo tiempo y montando bastante alboroto, lo que mantenía en tensión a todo el territorio. Se organizaban equipos de buzos y lanchas motoras del ejército. Según los relatos de los adultos que espié, los cuerpos rescatados aparecían hinchados y pálidos: el agua les había chupado todo rastro de vida, desdibujando hasta tal punto sus rostros que los allegados a duras penas eran capaces de reconocer los cadáveres.
Plantada sobre el terraplén anti inundaciones, la mirada fija en la corriente, descubrí que –pese a todos los peligros– siempre sería mejor lo que se movía que lo estático, que sería más noble el cambio que la quietud, que lo estático estaba condenado a desmoronarse, degenerar y acabar reducido a la nada; lo móvil, en cambio, duraría incluso toda la eternidad. Desde entonces el río se convirtió en una aguja clavada en mi seguro y estable paisaje del parque, de los invernaderos donde germinaban tímidamente las hileras de hortalizas y de las losas de cemento de la acera donde se jugaba a la rayuela. Lo atravesaba por completo, como marcando verticalmente una tercera dimensión; lo agujereaba, y el mundo infantil no resultaba ser más que un juguete de goma del que el aire escapaba emitiendo un silbido.
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CONVOCATORIA Nº 12

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PUNTOS GENERALES

1. Podrán participar autores de cualquier nacionalidad, siempre que sus trabajos sean enviados en español, inglés o portugués.
2. Todos los trabajos serán enviados en documento de Microsoft Word, tamaño de papel A4, interlineado de 1.5 puntos y fuente Garamond de 13 puntos.

COLABORACIONES

● LA MUELA DEL PLESIOSAURIO
1. Se recibirán artículos o ensayos relacionados con la ficción brevísima, cuya extensión máxima será de 15 páginas e incluirá un resumen (abstract) de no más de 8 líneas
2. Si fuera el caso, deberá informarse si el trabajo fue presentado anteriormente en algún congreso, conferencia, coloquio, etc.

● LA GARRA DEL PLESIOSAURIO
1. Las reseñas versarán sobre libros relacionados con la minificción, los mismos que no tendrán una publicación anterior a 2018.
2. La extensión de las reseñas no excederá las tres páginas ni será menor a una.

● EL BOLO ALIMENTICIO
1. Los trabajos de creación serán…

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Platicando con mamá

Los sacerdotes eran escasos. Cuando ya había varios chamacos para bautizarlos, los llevaban al mar, para cortarles los cuernos. Navegaban río abajo hasta ver la desembocadura; se adentraban entre el oleaje a veces calmo en otras ríspido y llegaban a la playa. Al regreso era para festejar con mole, que era el resultado de tres días de trabajo con el molcajete y el metate. Sucedía, no siempre, pero sucedía que una lancha era volcada por el arrebato de Las olas y la fiesta del bautizo se convertía en velorio. Por supuesto el mole nunca sobraba.

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Señora moliendo en el metateImagen relacionada

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Molcajete

Escalofriante de Marcos Leija

-Vendré por ti -le dijo el abuelo antes de morir.
Pasó un año y al agonizar mi abuela susurró: -Está aquí.
El viejo cumplió lo prometido. Yo mismo le abrí la puerta.

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LOS CIEN NOMBRES QUE LOS MEXICANOS LE DAN A LA MUERTE de Julie Sopetrán.

Texto: Julie Sopetrán

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 Catrina en la calle, Guadalajara (México)  Foto: Julie Sopetrán

Se acerca la fiesta de Día de Muertos en México. Fiesta tradicional. Lo que entendemos como cesación de la vida, separación del cuerpo y del alma. Lo que vemos como esa figura descarnada del esqueleto humano, símbolo ancestral de esa muerte que nos asusta y nos asombra, mano airada portando su guadaña y de tantas formas expresada en las diferentes culturas… Es lo que siempre ha existido, es parte de lo que somos y es lo que se celebra en esta fiesta tan mexicana. Debemos saber, que en México, la muerte tiene otra cara, sí, es celebrada, es motivo de fiesta, de alegría, de recuerdo compartido y convertido en color, en retorno a la vida y tanto los niños en las escuelas, las familias en casa, como los artistas, los mercados, la ciudad, todo y todos la recrean en sus obras, cada año, en cada celebración de últimos de Octubre y primeros de Noviembre.

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Tres catrinas, San Miguelito – foto de Mary Andrade  http://www.dayofthedead.com/

Recuerdo en uno de mis viajes a Michoacán, nos llevaron a comer a Mary Andrade y a mi a San Miguelito, un restaurante tan original, como hermoso, tan deliciosa su comida, tan convertido en museo, con su bazar, su  galería de arte, su aspecto ceremonial y tantas cosas más que uno bien se podría pasar el día allí olvidándose del mundo, o sentarse en una de sus elegantes mesas degustando la gastronomía mexicana o esperando un buen novio. Su dueña, Cynthia Canelo, sus catrinas,  distribuidas por sus cinco patios, su tienda de diferentes obras de arte, cosas, vajillas, dulces, cerámicas…  Su San Antonio volteado, con la cabeza boca abajo y los pies para arriba, esperando a las solteronas para hacer el milagro.

                   Foto: Mary Andrade  (San Antonio volteado con la cabeza para abajo y los pies para arriba. San Miguelito)
http://www.dayofthedead.com/

 El altar de muertos con sus flores, sus fotografías, su comida, sus candelabros su olor a cempasúchil. Tendríamos que dedicar todo un artículo a este restaurante, donde puedes comprar hasta la mesa y las sillas, la vajilla o la mantelería donde se ha comido. Espectacular el ambiente y la atención a los comensales, así como los detalles tan especiales de este lugar que recomiendo visites para cuando vayas a  México.

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Dibujos del artista Erik Ricardo de Luna Genel

Pero el traer a cuento este lugar, es porque allí encontré una colección única, de los cien nombres que los mexicanos le dan a la muerte, son cartas con las que se puede jugar con estos nombres tan originales como: La Chingada. La Fregada. La Hilacha. La Rasera. La Matadora. La Cargona. La Huesos. La desdentada. La Jodida. La Pelleja. La Cabezona. La Chicharrona. La Canaca. La Indeseada. La Chiripa. La Chicharrona. La Chinita. La Patas de Hilo. La Patas de Catre. La Hilacha. Doña Osamenta. Patas de Catre. Costal de Huesos. La Siriquisiaca. La Fregada. La Pelada. La Espirituosa. La Chifosca. La Chicharrona. La Chupona. La Democrática. La Malquerida.

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Dibujo del artista Erik Ricardo de Luna Genel

 La Flaca. María Guadaña. La Enlutada. La Chupona. La Grulla. Patas de Popote. La Polveada. La Comadre. La Dama del Velo, La Indeseada. La Trompada. La Dama delgada. La Curamada. Patas de Ixtle. Patas de Hilo. La Chinita. La Raya. La Hora de la Hora…   Sé que hay más pero sería imposible enumerar tantos nombres ocurrentes y de buen humor que el mexicano le da a la muerte.

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Dibujos del artista Erik Ricardo de Luna Genel

Lo llaman lotería, y es un juego divertido para muchos mexicanos de Querétaro, de Guadalajara, de Michoacán, extendido ya a lo largo y ancho de todo el país, porque  la muerte es  y se presenta con calakitas, es una lotería mortuoria «hecha con humor y trazo fino». 

Me dejó tan sorprendida como admirada de tantos nombres dedicados a la muerte y de los dibujos tan bien hechos por el artista Erik Ricardo de Luna Genel, diseñador gráfico, escenógrafo y actor, su compañía era Travestido, un artista al que algún día me encantaría entrevistar, por la investigación que él hizo pateando los pueblos y observando esos nombres que en cada lugar llamaban a la muerte, y haciendo una recopilación de todos ellos.
                                                                                 

 Dibujos del artista Erik Ricardo de Luna Genel

Es un trabajo realmente admirable, por ello, quiero hoy rendirle un homenaje a este artista tan desconocido en España. Porque creo que su obra es única en el mundo y original cien por cien. Empezó con veinticuatro cartas, y creo que superó las cien.
Por si alguien quiere conseguir alguna de sus postales, papel picado, camisetas, cartas, etc., con el motivo de la muerte, su teléfono es 442-224.0910. Así lo indica en la colección que compré en San Miguelito hace ya algunos años.

 

Catrina en las calles de Guadalajara (México)  Foto: Julie Sopetrán
En realidad La Pelona, es un personaje siniestro, pero que tiene que ver con cada uno de nosotros, queramos o no, todos vamos a morir, todos vamos a conocer a esta mujer tan estrambótica, tan humana y tan divina. Ojalá en España nos tomáramos la muerte con ese humor mexicano, con esa risa abierta y con esa naturalidad sin límites. La lotería de la muerte nos va tocando poco a poco a todos, es la lotería que lleva siempre un premio implicado, un número cero que marca el infinito misterio de desaparecer de este mundo, hasta convertirnos en el famoso «cero a la izquierda». Lo realmente bueno, es mirarlo y nombrarlo, sin miedo alguno, con una sonrisa, con el humor que borra lo tétrico, lo salvajemente triste.

Catrina expuesta en las calles de Guadalajara (México) Foto: Julie Sopetrán

Cada carta que ha realizado este gran artista, es un cuento vivo, una historia, un pasado y un futuro, un presente contaminado de inquietudes, de pasiones, de romanticismo, de tragedias, suicidios, pesadillas… Así todo ello nos hace ver, sentir a la muerte de otra forma, sin el pánico o el espanto, sin más, con picardía, como algo tan sencillo y tan natural como la vida misma, para poder hablar hasta reírnos de una forma normal, alegre, y… ¿Por qué no? Chistosa.

                                                    Catrina expuesta en las calles de Guadalajara (México) Foto: Julie Sopetrán

Tal vez todo comenzó con otro artista, el creador de la Catrina. Su inventor fue José Guadalupe Posada, nacido en 1852 en Aguascalientes, creador de más de veinte mil imágenes durante su carrera artística, él  inventó la catrina mucho antes de la Revolución Mexicana. Sus caricaturas han recorrido el mundo entero y hoy son tan populares que a nadie se le puede pasar por alto la famosa muerte con sombrero de gala, como ejemplo de la clase más alta mexicana.

                                                                                La Catrina, creada por José Guadalupe Posada

 Después, los artistas mexicano han manifestado en sus obras, verdaderas bellezas, esculturas, pinturas, dibujos… Incluso Diego Rivera la materializó en su obra. Y todo en honor a la señora de los muchos nombres, la muerte, que según decía Posada, «es la más democrática ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera».

Catrina expuesta en las calles de Guadalajara (México) Foto: Julie Sopetrán
Catrina de Diego Rivera

Y lo más espectacular es contemplar en las calles de muchas ciudades mexicanas estas catrinas, realmente bellas, impresionantes, quieren confundirse con los transeúntes, pero no pueden, todos las miramos, queremos hacernos fotos con ellas, queremos que nos cuenten esos secretos que tanto nos preocupan del más allá… Ellas, hablan el mismo lenguaje, ellas son todas, la muerte.

fuente: http://magiasdemexico-julie.blogspot.com/2011/10/los-cien-nombres-que-los-mexicanos-le.html

Los “hipersanos” están entre nosotros — Espacio de Arpon Files

Neel Burton Fuente: AEON Magazine The hypersane are among us, if only we are prepared to look https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=94699&fuente=inews&utm_source=inews&uid=520577 Muchas personas “normales” sufren por no ser hipersanas: tienen una visión del mundo restringida, prioridades confusas y están afectadas por el estrés, la ansiedad y el autoengaño “Hiperesanidad” no es un término común o aceptado. Pero tampoco lo inventé. […]

a través de Los “hipersanos” están entre nosotros — Espacio de Arpon Files

Bruja por Rochi Rosas

La imagen puede contener: una o varias personas

Sabias que…
La palabra bruja, que en ingles se dice witch, deviene de una bella y antiquísima palabra y práctica egipcia, “Baq”.Significa varias cosas:
Poder femenino, mujer de poder, mujer que conoce su poder y lo usa, mujer que conoce las palabras mágicas o de poder. O sea que bruja significa «Mujer Empoderada

fuente amantes de la ortografía de Fb

 

Fragmentos de Tahar Ben Jellou

Cuando Mohamed hubo terminado de rezar el azalá de la noche, se quedó sentado con las piernas cruzadas sobre su tapiz de rezos de seda sintética. Observó el reloj de plástico fabricado en China, colgado en la pared frente a él. No tanto las agujas, sino la imagen que rodeaba la esfera: una muchedumbre vestida de blanco girando alrededor de la piedra sagrada de la Kaaba, y, en el fondo, un cielo lleno de pájaros y ángeles. Pensó en su propia peregrinación a La Meca, que le había dejado un recuerdo un tanto decepcionante. Pues, si bien se había emocionado y sentido feliz de orar allí, también lo había pasado mal por la promiscuidad y violencia de algunos peregrinos. No entendía por qué se zarandeaban, se empujaban unos a otros, llegaban incluso a provocar avalanchas que se saldaban con varias muertes. Enseguida se dio cuenta de que los lugares sagrados alteraban la percepción de las cosas. Los fieles cambiaban. Dejaban de pertenecerse a sí mis
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mos, se entregaban al trance, perdían el conocimiento, deseando ardientemente morir de esa muerte tantas veces magnificada por el desvarío de los embaucadores. Morían aplastados por los pisotones de hombres más fuertes que ellos, unos colosos que propinaban golpes y violentos codazos, abriéndose paso sin tan siquiera darse la vuelta para ver los daños que dejaban tras de sí, y seguían su camino con la cabeza y los ojos alzados hacia el cielo como si éste les exigiese ese fervor salvaje. Los más débiles morían, yacían en el suelo, cubiertos de polvo y sangre; ninguna mirada se detenía en ellos para rezarles una última oración. Esas escenas son inevitables en un lugar que en sólo unos días rebosa con más de dos millones de creyentes llegados a La Meca para lavar sus pecados y regresar a sus países satisfechos y colmados de virtudes que emanan de su fe. En realidad, no era un espectáculo muy agradable. Mohamed siempre había temido a la multitud; cuando ésta se fanatiza, se vuelve peligrosa. Más vale evitarla, no verse frente a ella ni arrastrado por su marea. En la fábrica hacía huelga como sus compañeros, pero no se manifestaba con pancartas por las calles. Mohamed soñaba con una peregrinación en solitario, justo con algunas personas de su cábila, y en primavera. Como temía las situaciones de violencia, le asustaba morir en La Meca; debía de ser el único en pensarlo, aunque
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no se lo confesaba a nadie. Temía morir pisoteado por unos pies fanáticos. Se mantenía apartado, observándolos. ¿A qué se parecen unos pies fanáticos? Están sucios, a veces descalzos, otras, enfundados en babuchas gastadas. Mohamed había visto a peregrinos que calzaban babuchas viejas. No eran de su país, hablaban un dialecto árabe del que no entendía ni una palabra. ¿De dónde venían? Para él, un musulmán sólo podía ser árabe o bereber. Le costaba considerar musulmanes a los demás peregrinos. Los llamaba los africanos, los chinos y los turcos. Todos los peregrinos tenían la mirada inflamada por el fuego, la llama de la fe, la pasión del islam. Él se preguntaba, en cambio, por qué su mirada era serena, tranquila. Así era su temperamento. Llevaba mucho tiempo queriendo realizar ese viaje, soñando con ello, quizá con excesiva sencillez, pues él no se planteaba objetivos inalcanzables. Únicamente se alteraba cuando pensaba en el futuro de sus hijos. Entonces se sentía mal, invadido por la melancolía y la tristeza, desamparado, y se ponía a rezar, a cumplir con los ritos de la peregrinación, pero siempre con una extraña calma. Una mañana, al salir de la Mezquita Grande de La Meca, no encontró sus babuchas, recién estrenadas y confeccionadas por un artesano de Fez. Se sorprendió de que se las hubiera robado un peregrino. No lo entendía. Era algo inadmisible. Su indignación se apaciguó
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cuando un compañero de habitación le contó que unas bandas de malhechores atacaban diariamente a los peregrinos y les robaban su dinero. Añadió: cuando las autoridades detienen a alguno, le cortan la mano; por cierto, hoy a la hora del azalá del mediodía cortarán unas cuantas en la plaza pública. ¡Estás invitado al espectáculo! La semana pasada azotaron a un yemení por haber faltado al respeto al hijo de un emir. Hace un año, condenaron a muerte a un cristiano, creo que era de Italia, porque lo pillaron con una chica perteneciente a una gran familia saudí, y está prohibido que una musulmana salga, mejor dicho, se vea a escondidas, con un no musulmán, y no digamos ya casarse con él. ¡Aquí no se andan con chiquitas, tienen sus leyes, dicen que está escrito en el Corán y tiran para adelante! ¡No hay nada más que hablar! No existe ningún derecho. Nosotros venimos aquí a rezar ante la tumba de nuestro amado profeta, cumplimos con las oraciones, con el ritual, y luego regresamos a nuestro país, si es que no hemos muerto aplastados en el tumulto o nos han dejado mancos, pues pueden equivocarse y acusarte de robo, y, sin comerlo ni beberlo, te encuentras con una mano menos, es lo que se llama justicia rápida, no hay tiempo de pensar, de todos modos, aquí, más vale no pensar, aquí te entregas a Dios, sin el menor titubeo, perteneces a Dios y Dios dispone de ti como quiere, ¿lo
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entiendes, hermano? Mohamed consideraba que cortar una mano por robar una babucha era una exageración, por no decir una salvajada. Se quedó mirando sus manos, juntas y abiertas, y se dijo: sin ellas, yo no habría sido nada, ni un pobre mendigo. ¡Que Alá nos preserve del mal y de las desgracias! Un mendigo le tendió su muñón. Mohamed le deslizó un billete en el bolsillo. Le habría gustado hablar con él, conocer su historia. Quizá se había quedado manco por un accidente o bien por un error. El mendigo ya había desaparecido. Cuando a veces relataba su peregrinación a La Meca a sus amigos, a éstos les desagradaban sus críticas. Mientras se estaba bebiendo una cerveza bien fresquita, Bachir, que opinaba sobre cualquier cosa, lo reconvino: un musulmán no debe hablar mal de lo que ocurre durante la peregrinación. Ya se encargan de ello los enemigos del islam, que quieren vernos sumidos eternamente en el subdesarrollo, vestidos de harapos, sucios y con aspecto inhumano. Ahora han conseguido colgar la etiqueta de terrorista a todo musulmán. Está muy claro: nuestro sino es estancarnos o retroceder, así que deja ya de criticar, aunque sea cierto lo que dices, si no, vas a dejar de llevar el título de peregrino, de hach. Mohamed se atrevió a decir con voz suave: pero si no nos criticamos, nunca avanzaremos. Qué le vamos a ha
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cer, me callaré y os deseo buen viaje, que disfrutéis de La Meca; yo, si vuelvo allá, será fuera del periodo oficial, me contentaré con la peregrinación menor, la Omra. Tendríamos que aprender a ser tolerantes, ¿ves?, por ejemplo, tú te estás bebiendo una cerveza y no te lo reprocho, es asunto tuyo. ¡Deja, pues, de criticar a los que tienen el valor de criticarse!
Una enorme mosca zumbaba por la habitación y lo distrajo de sus recuerdos. Era una mosca ciega que se daba golpes contra la pared. Habría deseado salvarla pero no se sentía con fuerzas para levantarse. Revoloteaba como si ella también estuviera prisionera. Mohamed ladeó la cabeza, le pareció oír a alguien que lo llamaba, una voz, una especie de murmullo procedente de una grieta de la pared, de una raja que el papel pintado de los años sesenta ya no disimulaba. El edificio estaba en tal estado de ruina que el ayuntamiento y la empresa de alquiler de viviendas de renta limitada lo había dado de baja de su lista. Tenían que hacer demasiadas reformas, sobre todo desde la llegada masiva y caótica de nuevos inmigrantes africanos. La combinación de magrebíes con africanos subsaharianos no funcionaba. Los insultos racistas llovían de ambos lados, seguidos de peleas entre adolescentes de ambos clanes. Mohamed ya no sabía si el racismo lo suscitaba el
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color de la piel o la extrema pobreza. Recordó que un viejo tío suyo que hacía comercio con países de África se había traído al pueblo una mujer senegalesa que todos consideraban una esclava, alguien despreciable. Era aún un niño, pero la escena sigue obsesionándolo: su tío se había marchado a trabajar al extranjero y, aprovechando su ausencia, el pueblo entero expulsó a la mujer africana, que no hablaba ni árabe ni bereber. Se habían aliado contra ella por ser negra y porque no entendían su idioma. Salió huyendo a pie de allí y no se supo más de ella. Aquella mujer de la que nadie hablaba siguió rondando por los recuerdos de niñez de Mohamed. Ahora se preguntaba qué habría sido de ella. Quizá había muerto o regresado a su país. Acabó diciéndose que aquella mujer era eterna y que nunca moriría. Mohamed odiaba el racismo y, debido a aquel recuerdo, estaba convencido de que el color de la piel y la pobreza eran dos ingredientes que se mezclaban bien para rechazar a un ser humano cuyo único delito era no ser rico ni de piel blanca. Era evidente. La primera vez que oyó la palabra «moro» fue en un vagón de tren donde el revisor insultaba a un viejo argelino que no encontraba su billete. Mohamed no sabía qué significaba, pero entendió que debía de ser algo poco amable, un insulto. El argelino se puso de pie y empezó a desnudarse como si le hubieran ordenado que se dejase registrar. El
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revisor le dijo algo así como vale, vale ya, estos moros nunca entienden nada.

CON EL DIABLO EN EL CUERPO — manologo

Le dijeron siempre, desde chiquito, que tenía al diablo en el cuerpo. Nunca se estaba quieto, lo rompía todo y un genio de mil demonios (como si no bastara con un solo cachudo) hacía que viviera en casi permanente estado de furia. Creció y fue para peor porque se hizo un ser imposible, al […]

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