El búho

Rubén García García

El búho alisa sus plumas y lava su pico antes de dormir. Hoy no saldrá de caza.

La luna canturrea  entre las estrellas. Él la acompaña con el pensamiento. No quiere disgustarla; sólo desea estar con su recuerdo.  Así que cuando pase, cantará de pico hacia fuera.

Dentro de él,  hierven los vientos y agitan el polvo que el tiempo ha depositado.

Es gracioso y él se da cuenta, que no puede evitar su pensamiento analítico. Sonríe y después exhala un silbido que compite con el de los vampiros. Es la manera en que los búhos suspiran.

Ha perdido la figura esbelta y por más que alisa el plumaje da la impresión de ser un paréntesis. Nunca está solo, siempre acompañado por sus pensamientos filosóficos que guarda en las sienes de su testa.

Tuvo amores pasados que fueron y vinieron. “Las féminas estorban las cadenas de mi inferencia”, decía, después de saciar su apetito corporal. Sin embargo, se enamoró de una que no tenía cursos, ni recursos y su método de análisis era un champurrado de tonterías. La veía aletear alrededor de él demostrándole su entusiasmo. Hubo momentos que sonreía, luego se hizo insoportable. No estaba hecho para el dulce y un buen día se alejó.

Hoy la recuerda y comprende que hay fulgores que el pensamiento no puede obsequiar. Y el método de la razón magnifica la inmensa soledad en que vive.

Él ya no suspira, risotea como lo hace la hiena. La verdad es que llora, sólo que disfraza su emoción, pues no es saludable que pierda compostura e imagen: ahora canta alargando el tono como lo haría un bandolón.

Louise Glück: tres poemas de la Premio Nobel de Literatura 2020

https://www.milenio.com/cultura/laberinto/louise-gluck-poemas-premio-nobel-literatura-2020

Tres versiones de Judas de Borges

Dios totalmente se hizo hombre pero hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesís; eligió un ínfimo destino: fue Judas.

Tres versiones de Judas – J. L. Borges. Tomado del muro de Alma Cervantes

El suave pelo de las gatas

CArmen de la Rosa Tomado del Microdecamerón

Solo tenía aquel poema:

“El cazador aprieta las gargantas,

luego descansa en la noche,


Descubrí la clave en el último verso. No podía dejar de pensar en
aquellas tres chicas que aparecieron asesinadas en los callejones
de Tokio. En sus cadáveres cuidadosamente envueltos en celofán
como crisálidas humanas, un papel de arroz con cada uno de los
versos que componían el poema clavado con chinchetas a la altura
de sus corazones.
Solo tenía aquel poema:
“El cazador aprieta las gargantas,
luego descansa en la noche,
suave pelo de las gatas.”
que repetía una y otra vez en mis noches de insomnio. Y la imagen
de un Ferrari negro que había grabado la cámara de seguridad de
un cajero cercano al escenario de primer crimen.
Encontré el coche en Akihabara aparcado frente al café
de gatos Neko no Jikam (Tiempo de los gatos). Ya era cerca de la
medianoche, apenas había un puñado de hombres que distraían
su soledad acariciando los cuerpos gráciles de los felinos. Sonrió
cuando pregunté en voz alta quién conducía aquel Ferrari.
Cuando lo detuve una siamesa ronroneaba, mimosa, entre sus
brazos.

El pescador y su presa

RUBÉN GARCÍA GARCÍA

Bajo las nubes el barquero va. Se deja llevar por el viento fresco de la montaña.Medita en silencio que la sirena atrapada por sus redes con los ojos le suplica su libertad. Sabe que si la exhibe no enfrentará la miseria del pescador. Tiene un hija de su edad y sin dudarlo acaricia su mejilla y desata los nudos.

Milton Puga en la antologia de «O dispara usted o disparo yo»

Abajo

Lilian Elphick
Antóloga

Vivo en un edificio. Mi balcón mira hacia el oriente. Desde la altura uno llega a pensar que tiene algún control sobre lo que ocurre allá abajo. Cruzando la calle hay una gran casa. Es un sanatorio. En los días
soleados sus ocupantes permanecen sentados mucho tiempo mirando el vacío con expresión ausente.
Los últimos días, sin embargo, uno de los residentes discute con las enfermeras y rehúye a los demás internos. El único ritual que lo tranquiliza es recoger con una pértiga las hojas que flotan en la piscina.
Pasa horas en eso.
Un día, cerca del anochecer, cuando las luces de la piscina irradiaban un fulgor azulado, el anciano movía la pértiga sobre la superficie con gran destreza. Una enfermera ya había venido a pedirle
que entrara. Quizá ella perdió la paciencia. Apareció caminando enérgicamente e increpó al anciano. Él se quedó mirándola. Entonces, con un gesto rápido extendió la pértiga hacia la mujer y,
enganchándola por un tobillo, la hizo caer al agua. Antes que pudiera volver a la superficie, el anciano empujó con fuerza la vara y la mantuvo sumergida hasta que ella dejó de moverse.
Minutos después apareció otra enfermera y dio la alarma. El anciano soltó la pértiga y, muy tranquilo, levantó la vista hacia donde yo me encontraba. En ese momento sonó mi teléfono. No me sorprendió.
Desde niño yo sé lo que él es capaz de hacer. Después del accidente de mi madre yo mismo hice que lo confinaran allí.


Abajo

Coincidencia

Un niño se traga un pez vivo mientras bebe un jarabe medicinal preparado en casa. Un carnicero sostiene un cuchillo después de descuartizar un animal. Un grupo de personas se agolpa en la ventana de una mezquitaa para observar cómo doscientos niños serán circuncidados en forma gratuita.

Jóvenes adictos rehabilitados oran de rodillas en el templo de su vecindario.

Una camioneta cruza el centro de la ciudad, transportandomaniquíes desmembrados.
Un niño se ejercita colocando una prótesis en su pierna, en un centro ortopédico.
Una vitrina exhibe ojos de vidrio hechos a la medida de cada cliente.
Un transformista espera su turno para someterse a una operación gratuita de cambio de sexo.
Dos vírgenes se besan, festejando la despenalización de la actividad sexual mutuamente aceptada entre adultos del mismo sexo.
Un policía antimotines sale del interior de un carro blindado y arresta a un hombre vestido de novia.
A la misma hora, un eunuco asiste a una boda.
Nadie podría haber anticipado el encuentro de estas realidades.
Ni la explosión posterior.
Durante las diligencias que siguieron, el novio declaró: «Cura no hallé; mi bálsamo es mi dama; tomó Cupido de sus ojos llama».

El amanecer de Miltón Puga.

Poesía Japonesa

Rubén García García

Vuelan las hojas
también la juventud;
migran las garzas.
Doblan campanas.
Enlisto prioridades;
cada detalle
mío a nadie le importa.
Fuego azul, fuego al fin.

Fiestas aguadas por el fuego | esPublicoBlog

La rana y el charco de Armando Alanis

Tomado de antología de pequeficciones

Era una rana que vivía en un charco. Pasaba los días cantando y saltando. Un día la atrapó una princesa que le dio un beso. Al instante, se convirtió en príncipe. La princesa lo condujo a su palacio y le dijo: “Todo esto es tan mío como tuyo”.
El tiempo transcurría y el príncipe, que antes era rana, se sentía muy infeliz rodeado de gente rica que pasaba los días contando el oro que tenía. Él pensaba que la felicidad no se podía comprar.
Una noche, se escapó por una ventana y se fue a buscar su charco. Cuando lo halló, le dio tanto gusto que, sin darse cuenta, se convirtió otra vez en rana.
Desde entonces, la rana que antes era príncipe pasa los días cantando y saltando con las otras ranas y se siente muy feliz de vivir en un charco.

La microficción y Armando Alanís | SinEmbargo MX


Armando Alanís (México, 1956). Es profesor universitario y dirige talleres de minificción y cuento. Ha publicado el libro de cuentos La mirada de las vacas y cinco libros de minificciones: Fosa común;Narciso, el masoquista; Coitus interruptus; Sirenas urbanas y De rojo me gustas más, este último editado por El Tapiz del Unicornio en 2020, poco antes de la pandemia. Tiene tres novelas: Alma sin dueño, La vitrina mágica y Las lágrimas del Centauro; la tercera sobre el mítico
Pancho Villa. Prepara otra novela
.

CASTILLOS DE ARENA — manologo

¿Quién que, viviendo en la costa, cerca del mar, y teniendo playas con arena a disposición, en el verano, cuando chico, no se ha entretenido haciendo castillos de arena en la orilla, llenando de arena húmeda el baldecito de metal o de plástico (depende de la edad que se tenga al leer esto), primero con […]

CASTILLOS DE ARENA — manologo

Las muertas*

Rubén García García…» O dispara usted o disparo yo«

El cuerpo se encontró vestido con una túnica blanca ensangrentada. La hemorragia fue causada por una corona que le incrustaron en el perímetro del cráneo. El seno izquierdo cercenado por un escalpelo. El departamento de investigaciones especiales, después de un escrutinio no había encontrado señal. Una segunda ronda hecha por el departamento forense a cargo del Dr. Kinci recogió muestras del vidrio de la ventana y después de artesanales análisis fue identificado como perteneciente a un raro defecto molecular en el cromosoma X. Más tarde el asesino en serie era detenido… . Apagó el D. V. D. Sacó el compacto y lo tiró del octavo piso como si se tratara de un platillo volador. Tomó el suéter y repasó en su mente las últimas películas del género. Salió exaltado y abordó el avión que lo llevaría a la frontera. Era tiempo de sentir el latido sistólico de la acción y prenderse de adrenalina.

Localizan a mujer muerta en zona boscosa de la región de Hidalgo
Texto que fue publicado en una antología organizada por Lilian Elphick
  • En el libro virtual se le identifica como las muertas de Juárez.

Detalles sexsenales

Por Rubén García García


El político prominente cuando iba por su vehículo tuvo que detenerse a que terminara de pasar el desfile de los paquidermos. Furioso,  jaló con violencia el rabo de una elefanta. Ella lo azotó, y descargó su intestino sobre el cuerpo sin vida. La enjuiciaron hallándola culpable. Seis años después  la liberaron. Fue sinónimo de buena suerte y su figura llenaba anuncios espectaculares. El buen gobierno perdió las elecciones y el opositor la adaptó como imagen del cambio.

O dispara usted o disparo yo, Antología del cuento negro, recopila Lilian Elphick

Antonio Montero (Valdivia, 1921- Santiago, 2013)

En nombre del pueblo

El patriarca ordenó
—¡Que los fusilen a todos en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron a los hombres.
Entonces las mujeres gritaron:
—¡Eran nuestros hombres y nuestros hijos ésos que fusilaste!
Y el patriarca ordenó:
—¡Que las fusilen a todas en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron a las mujeres.
El pueblo entero gritó entonces:
—¡Eran nuestras madres y nuestras mujeres y nuestras
hermanas ésas que fusilaste!
El patriarca ordenó:
—¡Que fusilen al pueblo en nombre del pueblo!
Y los soldados fusilaron al pueblo. Pero como los soldados también eran pueblo se fusilaron entre ellos.
Entonces el patriarca se retiró a escribir sus memorias a la solitaria e inexpugnable fortaleza. Pero también contrató los servicios de un extranjero erudito y muy famoso para que narrara la epopeya del pueblo. En nombre del pueblo.

En: Cien microcuentos chilenos (Selección y prólogo de Juan A. Epple, 2002)
Antonio Montero. Autor de las novelas Asunto de Familia, Tres Réquiem para Carmela, Triángulo para una sola Cuerda, y los volúmenes de cuentos Nos vemos en Santiago, No morir, El Círculo Dramático, Baracaldo o el Tercer Pabellón. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Municipal
de Santiago en 1979 y 1982. Sus cuentos han sido incluidos en antologías en Chile y en el extranjero. Cultivó la ciencia ficción, tanto en cuento como en novela.

Antonio Montero Abt (Author of Los superhomos)

Mi señora madre

Hoy 24 de Septiembre es día del Santo de mamá Meche. Siempre festejábamos este día, creyendo erróneamente, que era el día de su nacimiento. Por un acta que mi hermano rebuscó en archivos de su pueblo, sabemos que es el día diez del mismo mes. Solo fuimos cuatros dos varones y dos mujeres. Siendo su servidor el mayor. Cumplió y cumple 95 años y según el dictamen médico, está mejor que sus hijos. Felicidades Ama y que tu amor nos siga instruyendo en la vida.

El hada helada

Rubén García García

Makiu implora que aparezca su Hada. Está sentada en la cama y no puede dormir. Llega y acariciando su cabeza le pregunta:

¿Qué te sucede?

Cuando cierro los ojos, sale un león.

El Hada sonríe.

—Acuéstate y duerme. Yo haré lo mismo.

La niña se relaja y cuando ya abría la puerta del sueño, le pregunta el hada.

¿El león es de melena negra?

—Si. -Dice la niña—a quién se le cierran los ojos.

La madrina se retira, sonríe cuando la mira dormir. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana, cierra los ojos, divisa la floración de las azaleas y entre los tallos se asoma una melena de color negro…

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