El suave pelo de las gatas

CArmen de la Rosa Tomado del Microdecamerón

Solo tenía aquel poema:

“El cazador aprieta las gargantas,

luego descansa en la noche,


Descubrí la clave en el último verso. No podía dejar de pensar en
aquellas tres chicas que aparecieron asesinadas en los callejones
de Tokio. En sus cadáveres cuidadosamente envueltos en celofán
como crisálidas humanas, un papel de arroz con cada uno de los
versos que componían el poema clavado con chinchetas a la altura
de sus corazones.
Solo tenía aquel poema:
“El cazador aprieta las gargantas,
luego descansa en la noche,
suave pelo de las gatas.”
que repetía una y otra vez en mis noches de insomnio. Y la imagen
de un Ferrari negro que había grabado la cámara de seguridad de
un cajero cercano al escenario de primer crimen.
Encontré el coche en Akihabara aparcado frente al café
de gatos Neko no Jikam (Tiempo de los gatos). Ya era cerca de la
medianoche, apenas había un puñado de hombres que distraían
su soledad acariciando los cuerpos gráciles de los felinos. Sonrió
cuando pregunté en voz alta quién conducía aquel Ferrari.
Cuando lo detuve una siamesa ronroneaba, mimosa, entre sus
brazos.

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