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Las margaritas
En un mercado persa encontré margaritas. El dependiente, un anciano con barba entrecana y con anteojos que parecían de migajón, me decía que las flores habían sido cultivadas en un invernadero que estaba rodeado de montañas, y que en noches tibias se exponían a la luz de la luna.
Las margaritas son diminutas. Tienen un centro dorado y unos pétalos blancos. Éstos nacen transparentes, después palidecen y terminan en blanco sideral. El centro es de un amarillo suave que recuerda la luz satelital.
Lo grandioso, me decía el anciano, que cuando uno se asoma al centro de ellas, tienen el prodigio de comunicarse.
Se quitó los lentes toscos de migajón, movió las cejas hirsutas y se metió dentro del ramo. Escuché con eco su voz:
— Hay una mujer que trota por las mañanas y al llegar a su casa, una perra nevada le ladra. “Ojalá y me contaras cuentos, le dice” y la perra aúlla. “Te dije que me contaras cuentos, no que me cantaras”.
Me dejó intrigado – Ella en sus cartas refería su hábito de caminar por las mañanas y al regresar la perra salía a su encuentro.
Empecé a observar mejor el centro de las flores.
—A ellas no les gusta que las miren como si las desnudaran; hágalo suave, como si las moviera una brisa fresca. No es fácil, si aprende, entonces podrá soñar con ella, siempre y cuando el afecto sea auténtico. La otra condición es que deben ser dos ramos.
—Entonces véndame otro.
—Imposible, éstos ya no están en venta, son encargos.
—Tráigame otro —le dije a gritos.
Asintió con la cabeza, me hizo una reverencia con sus lentes y siguió atendiendo a la clientela.
La Gárgola
La construcción del arca se ejecutó en una lucha contra el tiempo. Caía la noche cuando Noé terminó de reclutar a los animales y gruesas gotas caían iniciando la monotonía de la lluvia. Ella identificó el barco y se situó sobre el mascarón de proa, lo que permitió sobrevivir. y ser símbolo y arte en futuras catedrales.
Jarra de vino o laguna
El cazador
Ató los cordones de las botas. Pulió la escopeta con el pañuelo, que después puso sobre el cuello. La gorra castrense le quedaba perfecta sobre la testa y muy de mañana se internó en la selva.
En el camino volvió a contar las balas. Eran cincuenta. De vuelta con la la tarde, dejó el arma en su sitio y, guardó exactamente cincuenta balas. Ninguna certeza se le puso al tiro.
Príncipe Liliputiense
—¡Eres el sapo más hermoso que he visto!
—Croac, croac.
—¡Cómo brillas! ¡Qué ojos tan vivos! Tienes olor a vainilla. ¿Serás acaso un príncipe?-—Croac, croac.
Lo besó una, dos y tres veces y quedó prendada del sabor; ansiosa, lo recorrió con su lengua. El animalejo sintiéndose asfixiado buscaba escapar y ella al abrir más la boca lo tragó.
El batracio sí se transformó en un príncipe y ahora busca afanosamente una salida y está seguro de haber sido devorado por un monstruo.
Bip-bip
La salida
Caímos en el aburrimiento, pasamos del paroxismo al tedio. Las coincidencias del ayer ahora son contradicciones. El sexo es la puerta donde nos encontramos, pero ¿ hasta cuándo? Las pláticas en el café, el lenguaje de las manos en el parque, han quedado lejos. Ahora tenemos el reproche, la pregunta, la ironía. Esperamos la noche y sin hablar, vivimos para el placer. Yo sueño con otra mujer, tú con otro hombre. Tendremos un espacio para reconsiderar, ya que hoy en la noche, para fortuna de ambos, llega tu marido
Escalosfrío
En una clínica clandestina, donde la discreción era norma, el cirujano retiraba los restos fetales de su interior. Con el dinero del trabajito obsequiaría a su amante una noche de placer. Justo cuando terminaba, identificó el lunar verrugoso del que salían hirsutos vellos, aquél en el que tantas veces depositó la humedad de sus labios.
Los Girasoles
Acostado. Cuento las olas. Tiemblo cuando los barcos silban y mis raíces se estremecen. ¿Seré un nómada en reposo, un viento, o es el miedo que me da al ver los amarillos? En mis sueños, veo tus ojos tan grandes como girasoles, trituro hojas, aprieto las manos y, después no sé qué me da por besar tus pezones. Ya es la ola mil, el barco se ha ido y tú no tardas en pasar.
La provocación

Lo acomodaban en una poltrona con vista a la calle para que se entretuviese viendo pasar la gente. Parte del tiempo dormitaba, si los abría era para ver el correr de los claxon, las llamaradas de polvo o el parloteo de viejas gordas que regresaban del mercado. Ayer pasó un ángel, con vestido corto, moviendo con cadencia la cadera y sin corpiño. Al verla, un rayo lo cimbró de la cabeza hasta la entrepierna. Tuvo un temblor. Sonrió y se dijo “joder, estoy jarioso”
Decisión
El éxito
Mister Jekyll
Mythology: «Pasiphae, Mother of the Minotaur».-
MITOLOGÍA GRIEGA Y PASIFAE
►Mythology: «Pasiphae, Mother of the Minotaur»:
«The Greek Myth and A Brief Story by Rubén García»:
«Pasiphae and the Bull» by Gustave Moreau (1880).-
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►«Pasiphae, Mother of the Minotaur»: «The Greek Myth»:
«Pasiphae took pleasure in becoming an adulteress with a bull». (Ovid’s “Ars Amatoria”).-
Minos was one of the three sons from the union of Europa and Zeus; when Zeus was in the form of a bull.
Europa’s husband was the King of Crete, Asterion, who looked over the boys as if his own.
When Asterion died, it was unclear which of the three sons should ascend to power.
The three sons were Minos, Sarpedon, and Rhadamanthus; these three men who after they died were made judges in the Underworld. It was their task to judge the dead in order to assign where their placement was in the Underworld based upon the merits of their life. But it was Minos, whose name in Cretan actually means king…
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