El gato del tejado

Gato en el tejado de zinc calienteMe dicen el gato del tejado porque me gusta trepar a los techos para contemplar a los que pasan. ¿Ven a ese niño de pelo oscuro, ojos grandes y mochila azul? Es Armando. Regresa de la escuela y no se ha dado cuenta de que se va a tropezar. Siempre anda soñando como el ave cuando navega en el cielo. Aquélla es María. Una simpática niña muy amiga de él. Van a la misma escuela y son compañeros de clase.
– ¡Te vas a tropezar Armando! ¡Mira por donde andas! Le dice María.
Él reacciona y evade el tronco, levanta su mano y la saluda con alegría.

Ella también tiene sus sueños. Sueña con ser doctora para curar a su padre y comprende que debe aplicarse en el estudio para que cuando sea grande, su corazón abarque a los que sufren sin quejarse.

El cielo ya se pinta de grises y naranjas, debo regresar; la anciana a la que acompaño estará preparando el café con pan y me extrañará, si no me acurruco entre sus piernas pidiéndole leche.

Ojos

ojosCuando los sueño en mi pecho,  despierto con el aroma de tus cabellos, color de mazorca criolla, y de vientos que hacen bailar a la flor de caña. Corremos por los pastisales de la sabana hasta el mangal,  donde las vacas echadas reposan del capricornio. Buscamos tarro seco y te adiestro en volar cometas. Tomo el papel, e imprimo mi boca y sobre el hilo de la pandorga vamos tu y yo. Juntos. Juntos por siempre, te digo. Aùn de madrugada, se escucha el tren, ruido de vìas y de nuevo me duermo. La mañana es insolente en el asilo.

La noche y ella

Pinar
Entre el pinar el viento tañe la quena. Los pastizales guardan silencio. Sobre la oscuridad del asfalto, en la peligrosa curva se oye el pujido asmático del ultimo camión de pasajeros que conduce a la ciudad. El grito de los pájaros me anuncia su inminente llegada. Si deseo abordarlo es preciso salir corriendo de la cabaña. La neblina fría hace que la media noche sea tenebrosa. No muevo mi mano arqueada sobre la curva de su seno, mientras mi brazo sirve de almohada para la nuca que duerme y suspira. La languidez y el silencio nos envuelven. Nuestros gemidos tiene rato que se fueron. Mañana muy temprano saldré sin despertarla.

Clik

humanoHay sonidos microscópicos:
cuando el talón hinca un tallo reseco…
A nadie ofende,
o atemoriza.
Son fugacidades
que suceden en el camino. En mi interior hay pasos
Y talluelos a la vera
que se rompen:
como la vez que un hijo nos miente,
un amigo que defrauda,
o nos consume la incertidumbre
al enterarnos,
que ya no somos lo mismo
ante los ojos de la persona que amamos.
Es un clik breve, Intenso,
un alfiler que penetra;
un dolor que nos hace bajar la cabeza,
por días o toda la vida.

Vives en dos mundos

mujer derojoDespierto cuando beso tus caderas. En otro sol descubro el diapasón de tus ojos y la luna de tus hombros.
No estés triste. Recuerda que vives en dos mundos. Soy el de la noche que resbala por tus pestañas y después rodea tus muslos.
No estés triste … son complemento. Así tus hombros… así tus pechos.
En el día eres de él, en las noches vienes conmigo.

El psiquiàtrico

psiquiatricoEl sol era un coagulo y el cielo tenía naranjas y violetas. escrutò la tierra, el mar y los arrecifes y sonriò
—Hoy amaneció con una cara de dulzura, observó el enfermero.
— Así son estos pacientes furiosos, poco antes de morir cambian. contestó el psiquiatra.

Los amantes

CASUCHA-Alguien cuchichea – se dijo el esposo que estaba acostado y recordó las palabras del yerbero: “La hierba rumorosa debe su nombre ya que poco antes de que aparezca la muerte, la gente mastica sus pensamientos, como si rezaran.”

La habitación tenía pintura deslavada. Al fondo, la estufa de carbón prendida hacía bufar un caldero que desprendía vapor y humo, el cual intentaba aminorar el frío en la casucha de lámina.
– ¡Con qué claridad habla mi odiada esposa! ¡Escuche lo que dice!
– Él es hediondo, obeso, sedentario, fumador y sordo. Su gesto indica que no da crédito a lo que digo. Seguro que no tarda en morirse, la pócima que le di está en proceso, pues el oído capta el más leve cuchicheo después de ingerida. ¡Bendito pulque que permite combinarlo con cualquier fruta! ¿Quién puede pensar que lo he envenenado? El médico dirá que fue un ataque al corazón. ¡Me importa un rábano que escuche! ¡No sé cómo pude soportar tanto!

El sujeto antes de morir comprendió. Tuvo fuerzas para irse sobre su mujer y forcejear. Abrazados y con la cara de ella sobre el hueco del hombro, los encontraron sin vida. El diario exhibió la foto y al pie de la página se leía: “Victimas del frío. Se amaron hasta la muerte”.

Salgamos

barco noche¡Somos fantasmas! Despierta.Salgamos al mar, que los barcos
y los capitanes de nuevo surcaràn.
Esta noche, cuando el sol doble campanas, montaré sobre tus alas
y bajo las sábanas, despertaré tu pasión con mi guitarra.

El momento

sabanaAllá los caminos por donde siempre pasan las mujeres.  Aquí el crucero donde los hombres esperan. La fogata tiene mil crujidos, mientras el café se derrama. No es gran cosa, es sólo el frío que le da otra definición a la sabana.

Dualidad

mujer inocenteRecostada sobre mi pecho, me mira tímida. Su cabello destella. Me pregunto: ¿cómo puede tener esa luz de turbación en sus ojos, si ella fue la que me llevó al cielo?

En su boca, fui flauta y gacela.

La yegua

yeguaLa yegua tenìa asma y sudaba copiosamente. Estaba encharcado de mis corvas y la silla se movia de un lado a otro. Transitàbamos pegados a la montaña y a veces frunciendo la mirada olìa el desfiladero. Al pasar sobre una peña, la silla resbalo: mi cabeza abajo y los pies mirando el cielo.

-¡No se mueva! ¡no se mueva! ¡Aguante, aguante…! ¡Ya vamos! ¡Agarra la pinche yegua! ¡Cuida que no resbale! ¡Putas madres! Si nos quedamos sin médico: ¡Quién chingaos nos va a curar ey …ey… tú pendejo, amárrale las patas al doctor, qué no se vaya a caer, porque el pinche pueblo se queda sin matasanos. ¡Y todavía no lo probamos! ¡ Tánto trabajo que nos costó convencerlo!

Dále un vaso de caña para el susto,  y otro para que le vuelva la sangre…
No se preocupe doctor: ya verá que en el camino y en la vida,
siempre nos topamos con yeguas mañosas.

Amigas y amigos blogueros.

Muchas experiencias para comunicarlas en dos frases: Me siento mejor, pero la recuperación  es lenta, tengo prohibido estar mucho tiempo sentado, asi que mis abrazos para todas y flores y besos para  ellas.

«comprendí perfectamente lo que siente un paralítico. Le ordenaba a mis píes moverse y ellos seguían quietos, cuado pasó la anestesía pude hacerlo, pero viví por horas un martirio»

Seguiré en reposo y mis discúlpas por no comentarlos, pero los  leo por el móvil.

ESTARÉ FUERA

Por motivos de una cirugía. Espero estar con ustedes lo más pronto posible, que los hados  los cuiden… abrazo para los de mi género y besos y rosas para mis queridas amigas blogueras… Rubén

Por el camino

ancianosEl camino es una sábana de hojas ocres. La humedad se adosa en los árboles torcidos. Ella marcha firme, y él arrastra las hojas secas.

—Cuando despierto, imagino que me esperas en la cocina para preparar el desayuno. Recuerdo la vez que te dije que deseaba que fueses mi esposa.
— ¡Disfruta la mañana! Eso fue hace mucho tiempo.
— Bien sabes que tú no eras para mí, ni yo para ti. Tú querías hacer realidad el sueño de tu madre, y yo estaba lejos de ser eso.
— Nunca me gustó ser la mitad. O soy uno o soy cero y deseaba que camináramos como uno solo. Esposos ante la sociedad y ante Dios. Como lo fueron mis padres, mis abuelos.
— Tú deseabas una mujer que te siguiera. Yo tengo sangre nómada.
— Hubiese disfrutado leerte lo que escribía para ti.
— En aquellos días mi mundo giraba sobre ti. En este momento es un recuerdo tierno y nada más. Ahora me atrae lo que sucede en mi ciudad, en mi país o en el mundo.
— Pero… Nos amábamos.
— Te lo hice saber. Fue un instante que la alegría de tenerte rompió en ola y sofoqué mis deseos de fuga. ¡Joder! ¡Te tardaste! Cuando te decidiste, no quedaba nada de espuma.

—Me ofusqué. Después te propuse matrimonio, y me rechazaste. Cuando te dije, era el momento. ¡Me había ilusionado! Todo tiene su tiempo. Creo que tuviste miedo.

— Es posible, me vuelvo una mujer muy frágil cuando amo. Regresemos. El frío empieza a calar, el aire muerde mis huesos.
— Pero… ¡Vivimos juntos!
— Querrás decir que somos vecinos porque habitamos en el mismo edificio. Este asilo tiene sus normas.

No llegaríamos lejos

carroNo llegaríamos lejos en la vida, te dije, mientras un mechón de tu pelo se dejaba mecer por el viento. Seriamos una pareja atolondrada, por decir lo menos, que tal si un día vamos en el auto, -tenemos impulsos espontáneos-, verte con falda corta invita a pasar mi mano derecha sobre la calvicie de tus piernas, mientras la mano izquierda controla el volante. ¿Tú te quedarías quieta, así como eres de juguetona? No lo creo. Empezaría a sudar frío percibiendo los latidos de mi abdomen mientras tu mano de piel de oveja oprime y desoprime mi entrepierna. No llegaríamos lejos.