El pájaro canta hasta morir de C o l l e n M c C u l l o u g h, Australia

A la ‘hermana mayor» JEAN EASTHOPE

Hay una leyenda sobre un pájaro que canta sólo una vez en su vida, y lo hace más
dulcemente que cualquier otra criatura sobre la faz de la tierra. Desde el momento en que abandona el nido, busca un árbol espinoso y no descansa hasta encontrarlo. Entonces, cantando entre las crueles ramas, se clava él mismo en la espina más larga y afilada. Y, al morir, envuelve su agonía en un canto más bello que el de la alondra y el del ruiseñor. Un canto superlativo, al precio de la existencia. Pero todo el mundo enmudece para escuchar, y Dios sonríe en el cielo. Pues lo mejor sólo se compra con grandes dolores… Al menos, así lo dice la leyenda.

 

El libro se encuentra en la dirección electrónica

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Autora australiana, Collen McCullough estudió Medicina en la Universidad de Sydney, trabajó como neuróloga en el Hospital Royal North Shore de Sydney. Marchó a Inglaterra trabajando cuatro años en el Gran Ormond Street Hospital de Londres, y de allí fue a Estados Unidos para trabajar como investigadora y profesora en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale en New Haven.

Mientras trabajaba, comenzó a escribir, publicando por primera vez en 1974, y como consecuencia del éxito obtenido, abandonó su profesión para dedicarse exclusivamente a la escritura, fijando residencia en la isla de Norfolk. Varias de sus novelas, fueron llevadas al cine, y la que le dio fama, El pájaro espino, fue llevada a televisión como serie. Fue miembro de la Academia de las Ciencias de Nueva York y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Sus novelas destacaron por su rigor histórico y sus tramas románticas.

Si desea ver la película:

 

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Zapatos viejos de Alejandra Díaz Ortiz

La descubrió en el metro. En la línea 10 para ser preciso, cuando iba camino de ningún lugar. Ella, sin saberlo, le indicó el destino.
Era la mujer más hermosa que había contemplado jamás. Su cuerpo aparecía delicado, etéreo; apenas delineado por el contorno de su piel. Pálida, casi transparente. Hasta su nariz le llegó el dulce aroma que despedía su alma.
La escena parecía calcada del cuadro que venía soñando desde hacía una eternidad de insomnios. Se estremeció.
Tuvo cuatro estaciones para desearla. A través de los audífonos de su mp3, el *Urlicht* de Mahler se reproducía como la mejor banda sonora para tan célica epifanía.
«Es imposible criatura tan bella. No puede existir tal perfección», musitó en voz baja.
Y no se equivocó. Con gran disgusto, al bajar la mirada, observó sus zapatos. Eran de confección barata, y con tres puntos de mal gusto. Para su disgusto, el par de manoletinas gastadas delataban unas extremidades gibosas e inversamente desproporcionadas con el resto de su excelsa figura.
Mientras la seguía por los pasillos hacia la salida del suburbano, decidió que los pies serían lo primero que le iba a cortar…

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Alejandra Díaz-Ortiz Datos biográficos
No hay tres sin dos.Trama Editorial 2014

Promotora cultural y escritora mexicana, reside en España desde hace más de una década. Dirije la librería La tres catorce, que inauguró en el año 2017 junto con otros dos socios. Ubicada en el centro de Madrid, se le reconoce como un rincón de la cultura mexicana.

En el ámbito del cine colaboró con Arturo Ripstein, Sergio Olhovich, Alfredo Gurrola y Julián Pastor. Su último trabajo en el cine mexicano fue la ya célebre película, Pedro Navaja. En el televisivo, trabajó con Sony entertainment y con el director español, Jaime Darmiñan. Durante más de diez años fue la representante de Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute en México. También produjo varios espectáculos y giras. Fue manager de Jaime López y manejó a Enrique Guzmán.

Autora de cuatro libros y coautora de uno. Ha publicado en Trama y Textura. Desde 2017, colabora habitualmente con la revista Costa Fleming.

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El jardín olvidado de Kate Morton. Australia.

El lugar donde se acurrucó estaba oscuro, pero la pequeña hizo como le ordenaron. La dama le había dicho que aguardara, que aún no estaba a salvo, tenía que estarse tan quieta como los ratones de una alacena. La niña supo que era un juego, como el escondite. Detrás de los barriles de madera, la niña escuchaba. Evocó una
imagen en su mente, tal como su padre le había enseñado. Muy cerca, unos hombres, que supuso eran marineros, gritaban a otros más lejos. Voces fuertes y toscas, llenas del mar y su sal. En la distancia las sirenas de los barcos, los silbatos, los remos al chocar contra el agua; y más allá, el grito de las grises gaviotas de alas extendidas para absorber los rayos del sol.
La dama regresaría, eso había dicho, pero la pequeña deseaba que fuera pronto. Había estado esperando largo tiempo, tanto que el sol había recorrido el cielo y ahora calentaba sus rodillas bajo su vestido nuevo. Prestó atención, esperando oír el ruido de las enaguas de la dama siseando contra los tablones del muelle. El taconeo de
sus zapatos, apresurados, siempre apresurados, como nunca habían sonado los de su madre. La pequeña se preguntaba, de esa forma vaga y despreocupada de los niños que son muy queridos, dónde estaba su mamá. Cuándo regresaría. Y también se preguntaba acerca de la dama. Sabía quién era, había escuchado a la abuela hablar de ella.
La dama se llamaba la Autora y vivía en una pequeña casa en los límites de la propiedad, más allá del laberinto. Se suponía que la pequeña no lo sabía. Se le había prohibido jugar en el laberinto de setos espinosos. Mamá y la abuela le habían dicho que era peligroso aproximarse al acantilado. Pero a veces, cuando nadie la observaba, a la pequeña le gustaba hacer cosas prohibidas.
Motas de polvo, cientos de ellas, danzaban en el haz de luz solar que se filtraba entre los dos barriles. La pequeña sonrió y entonces la dama, el acantilado, el laberinto y su madre abandonaron sus pensamientos. Extendió un dedo y trató de apresar una mota. Se rió del modo en que las motas se acercaban para luego escabullirse. Los ruidos más allá de su escondrijo eran ahora diferentes. La pequeña podía escuchar el barullo de cosas moviéndose, de voces excitadas. Se inclinó hacia la rendija y apretó su rostro contra la fría madera de los barriles. Con un ojo examinó los muelles. Piernas, zapatos y dobladillos de enaguas. Retazos de coloridas cintas de papel se agitaban de un lado a otro, y en el muelle, resabiadas gaviotas a la caza de migajas. Hubo un bandazo y el enorme barco gimió larga y gravemente desde el interior de su vientre. Las vibraciones pasaron a través de los tablones del muelle hasta la punta de los dedos de la pequeña. Se
produjo un instante de tensión en el que se encontró conteniendo la respiración, las palmas extendidas a los lados, luego el barco se puso en marcha y se apartó del muelle. La sirena sonó y hubo una ola de vítores, gritos de «Bon voyage». Estaban en camino. Hacia América,
un lugar llamado Nueva York en donde papá había nacido. Ella los había oído cuchichear sobre el tema durante un tiempo, mamá diciéndole a papá que deberían partir tan pronto fuera posible, que no podían permitirse seguir aguardando.
La pequeña volvió a reír; el bote se deslizaba sobre el agua como una ballena gigante, como Moby Dick en el cuento que su padre le leía con frecuencia. A mamá no le gustaba que le leyera semejantes historias. Decía que eran demasiado aterradoras y que le metían ideas en la cabeza que luego no podrían sacarle. Papá siempre besaba a
mamá en la frente cuando ella decía cosas por el estilo, le decía que tenía razón y que tendría más cuidado en el futuro. Pero así y todo continuaba contándole historias a la pequeña sobre la gran ballena. Y otras —que eran sus favoritas— de un libro de cuentos sobre viejas ciegas y doncellas huérfanas y un largo viaje por alta mar. Él se aseguraba de que mamá no se enterara, que fuera su secreto.

La pequeña entendió que había secretos que no podían compartir con mamá. Mamá no estaba bien, había estado enferma desde antes de que naciera la niña. La abuela siempre estaba diciéndole que se comportara bien, recordándole que si mamá se enfadaba
algo terrible podría sucederle y todo sería por su culpa. La pequeña amaba a su madre y no quería entristecerla, no quería que algo terrible sucediera, así que mantenía esas cosas en secreto. Como las historias fantásticas, y el jugar cerca del laberinto, y las veces en que papá la había llevado a visitar a la Autora en la casa de los límites
de la propiedad.
—¡Ajá! —exclamó una voz junto a su oído—. ¡Te encontré!
—El barril fue apartado y la pequeña parpadeó bajo la luz del sol.
Parpadeó hasta que el dueño de la voz se movió y bloqueó la luz. Era
un muchacho grande, de ocho o nueve años, supuso—. Tú no eres
Sally —dijo. La pequeña negó con la cabeza. —¿Quién eres?
Se suponía que no debía decir a nadie su nombre. Era un juego
que estaban jugando ella y la dama.
—¿Y bien?
—Es un secreto.
Él frunció la nariz y sus pecas se juntaron.
—¿Y eso?
Se encogió de hombros. Se suponía que no debía mencionar a la dama. Papá siempre se lo estaba recordando.
—¿Dónde está Sally, entonces? —El niño se impacientaba. Miró a derecha y a izquierda—. La vi correr en esta dirección. Estoy seguro de ello.
Se escuchó una fuerte risa más allá, en el muelle, y el ruido de
pasos a la carrera. El rostro del niño se iluminó.
—¡Rápido! —dijo y comenzó a correr—. Se está escapando.
La pequeña inclinó la cabeza por delante del barril y lo vio escabullirse entre la multitud en persecución de un torbellino de pequeñas enaguas.
El hormigueo de sus pies la incitaba a seguirle.
Pero la dama había dicho que esperara.
El niño se estaba alejando. Esquivó a un hombre rollizo de
bigotes encerados que fruncía el ceño de tal modo que sus facciones se juntaban en el centro de su rostro como una familia de cangrejos asustados.
La pequeña rió. Tal vez todo fuera parte del mismo juego. La dama le recordaba más a una niña que a los adultos que conocía. Tal vez ella también
estuviera jugando. Salió de detrás del barril y se puso lentamente de pie. El pie
izquierdo se le había dormido y ahora sentía calambres. Esperó un
momento a que le volviera la sensibilidad, mirando mientras el niño
doblaba por una esquina y desaparecía. Después, sin pensarlo dos veces, salió a la carrera detrás de él.
Con pasos veloces y el corazón cantándole en el pecho.

Para bajarlo en pdf

https://sites.google.com/site/jangbrowufstyl/el-jardin-olvidado-45127094

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Kate Morton es una escritora australiana nacida en el año 1976 en la localidad de Berri. Creció en la zona de Tamborine Mountain.

Después de terminar sus estudios secundarios se trasladó a Inglaterra para estudiar en el Trinity College London, centro en el que se licenció en Oratoria y Drama. Más tarde, de vuelta a su país, se instruyó en literatura inglesa en la Universidad de Queensland, ubicada en Brisbane.

En el año 2006 debutó como novelista con “La Casa De Riverton” (2006), libro con ambiente aristocrático británico que gira en torno al suicidio de un joven poeta durante una fiesta de la alta sociedad.

kate-morton-bibliografiaMás tarde aparecieron títulos como “El Jardín Olvidado” (2008), misterio en torno a una niña que aparece en un barco que viaja desde Londres hacia Australia; y “Las Horas Distantes” (2010), novela protagonizada por Edie Burchill, quien pretende desentrañar el enigmático pasado de su madre criada en su adolescencia en el castillo Millderhust junto a la excéntrica familia Blythe; o “El Cumpleaños Secreto” (2012), misterio en torno a Laurel, una actriz de éxito atormentada por un crimen que contempló en su niñez.

En “El Último Adiós” (2015) una investigadora privada se involucra en la misteriosa desaparición de un niño en Cornualles. Tres años después publicó “La Hija Del Relojero” (2018), otra historia de intriga criminal que vincula presente y pasado, en este caso una archivista de Londres que investiga sucesos criminales entre artistas en el siglo XIX en una casa de campo de Berkshire.

Kate Morton, que ha manifestado influencias de Evelyn WaughDaphne Du MaurierIan McEwanNancy Mitford, las hermanas Brontë, Enid Blyton, Agatha Christie o Kazuo Ishiguro, está casada con un músico de jazz.

Comentarios de Libros

El Jardín Olvidado (2008)
Las Horas Distantes (2010)
El Cumpleaños Secreto (2012)
La Hija Del Relojero (2018)

Recurso numero dos y tres de la Dra Koch sobre la minificción

Recurso # 2. Incluir en el título elementos propios de la narración que no aparecen en el texto del relato. 

Ejemplo uno.- Marco Denevi, título

Justificación de la mujer de Putifar*

¡Qué destino: Putifar eunuco, y José casto!

*La historia de José, el hijo de Jacob, recoge un acontecimiento que resultó decisivo para el destino futuro del que sería virrey del país del Nilo. Me refiero al acoso con que la mujer de Putifar trató de doblegar la honradez y la virtud del joven desterrado. Cuenta el relato de los hechos que “José era de hermosa presencia y hermoso rostro” (Génesis 39, 6). El detalle atrajo la atención y despertó la pasión de aquella mujer. Putifar era no solamente el amo de José, sino también ministro del Faraón y jefe de su guardia. Pero su mujer no anduvo con rodeos, sino que abordó a su servidor de forma directa y descarada: “Acuéstate conmigo” (hebreo: Schikhbah immî: Gén 39, 7).

José le dio razones de su negativa, pero ella insistía “un día y otro día” (hebreo: yôm yôm). Y sucedió que un día encontró a José solo en la casa, lo tomó del manto y le repitió su exigencia: Schikhbah immî. José huyó dejando el manto en manos de su acosadora, que lo utilizó como cuerpo del delito para acusar a José de haberla querido violar. Así las cosas, José dio con su castidad en la cárcel.

 

(Falsificaciones 48)

El título nos da parte de la información indispensable, y a veces nos obliga a volver a él al final.

Recurso #3. Proporcionar el título en otro idioma.

Para lograr mayor brevedad, pueden añadírsele también otras funciones al título, como por ejemplo, ubicar rápidamente al lector en otro tiempo o lugar determinado. Así tenemos “Veritas odium parit”*, de Marco Denevi:

Traedme el caballo más veloz -pidió el hombre honrado- acabo de decirle la verdad al rey.

(Falsificaciones, 1977, 70)

Obsequium amicos, veritas odium parit

(«El servilismo produce amigos, la verdad, odio»)
DMK in Madrid, Feb 2006  with Ana Pellicer
DMK in Madrid, Feb 2006 with Ana Pellicer

Por sus comas los conoceréis de Sandro Cohen*

Redacción sin Dolor

DE MI CAJÓN PERIODÍSTICO

Por sus comas los conoceréis…

Uno de los errores más comunes que uno puede cometer al escribir es pensar que la coma [,] indica “pausa”. No sólo es un error común sino grave porque una coma mal puesta desorienta al lector. El único signo que por sí solo puede indicar pausa, entre otras cosas, son los tres puntos suspensivos […]. Estos son los usos más comunes de la coma: para separar elementos en serie, para aislar información parentética, para indicar que le estamos hablando a alguien —utilizando su nombre, título o apodo (vocativo)—, para señalar que hemos suprimido un verbo (elipsis) y antes de «pero» cuando separa dos oraciones coordinadas. Empleamos la coma también para otros menesteres, pero son éstos los más importantes, y ninguno tiene que ver con hacer pausas.

Uno de los errores más frecuentes que se cometen con la coma consiste en colocarla entre el sujeto y el verbo de una oración, pues el redactor inexperto piensa que “ahí va una pausa”. Por ejemplo: “El director de la orquesta, levantó su batuta majestuosamente”. Nunca debemos cometer este error. El sujeto es «El director de la orquesta» y el verbo es «levantó». No hay que separarlos con una coma. El lector puede meter una “pausa” si así lo desea, pero no necesita una coma para hacerlo. Sin embargo, si pusiéramos alguna frase parentética tras el sujeto, meteríamos DOS comas, lo cual es correctísimo: “El director de orquesta, perfectamente preparado para el momento, levantó su batuta majestuosamente”.

Otro error habitual es usar la coma para “pegar” dos oraciones independientes. En español esto se llama «encabalgamiento», y aquí hay un ejemplo: “Siempre compro la revista ESCRIBE BIEN, es una de las mejores”. No hay ninguna relación gramatical entre las dos oraciones, aunque sí están emparentadas ideológicamente. Para corregir esto, basta poner punto y seguido en lugar de coma, o la palabra «porque»: “Siempre compro la revista ESCRIBE BIEN porque es una de las mejores”. El encabalgamiento, de hecho, tiene muchas soluciones, pero nunca hay que dejar una coma entre dos oraciones independientes sin que entre ellas exista una relación gramatical.

Nadie es profeta en su tierra…
Para no creerlo… La palabra «tiza», que se emplea en todo el mundo de habla española excepto México, viene del náhuatl «tizatl». Aquí, para referirnos a aquello que empleamos para escribir en el pizarrón, utilizamos la palabra «gis», que proviene del latín «gypsum», lo cual significa «yeso». ¿Por qué no usamos nuestra palabra autóctona? ¿Cómo se impuso «gis»? Es un misterio…

Su blog: http://redaccionsindolor.blogspot.com

Foto: José Silva| CNL-INBA

Más sobre el autor:

 

Cronista, ensayista, narrador y poeta. Radica en México desde 1973, se naturalizó mexicano en 1982. Estudió la maestría en Lengua y Literaturas Hispánicas en Rutgers University y obtuvo el doctorado en la unam. Ha sido coordinador de los talleres de poesía del inba, la uabjo y la uam. También dirige su propio taller de Creación Literaria, el cual cubre todos los géneros. Ha sido coordinador de los becarios jóvenes de conaculta, en el área de ensayo; profesor en el Departamento de Humanidades y jefe del área de Literatura de la uam; jefe de redacción de Personal Computing Mexico; director editorial de Grupo Editorial Planeta México; gerente de interés general de Grupo Editorial Patria; fundador de la Editorial Colibrí; cofundador de Sin Embargo; codirector de Vaso Comunicante. Colaborador de AcequiasAlteña, Cartapacios, Casa del Tiempo, Cielo Abierto, Computer Reseller News, El Nacional, El Universal, Excélsior, Fuentes, Information Week México, Laberinto de Milenio Semanal, La Gaceta del fce, La Jornada, La Letra y la Imagen, Norte/Sur, La Palabra y El Hombre, La Semana de Bellas Artes, Literatura hispanoamericana: inquietudes y regocijos, Milenio, PC Semanal, Personal Computing Mexico, Plural, Proceso, Revista Mexicana de Cultura, Revista Universidad de México, Sábado, Segundo Piso, Sin Embargo, Tema y Variaciones de la Literatura Mexicana, Tierra Adentro, Unomásuno, Vaso Comunicante, Virtuali. Parte de su obra literaria ha sido inluida en múltiples antologías, entre ellas, Asamblea de poetas jóvenes de México, compilación de Gabriel Zaid, Siglo Veintiuno, 1980; Los poetas van al cine, selección y notas de Ángel Miquel, Juan Pablos Editor/Ediciones sin nombre, 1997 y Antología. La poesía del siglo XX en México, edición de Marco Antonio Campos, Madrid, Colección Visor de Poesía, 2009.

Sandro Cohen

Sandro Cohen

Epitafio:Rainer Maria Rilke

El poeta murió de leucemia el 29 de diciembre de 1926 en el sanatorio suizo de Val-Mont y fue sepultado de 1927 en el cementerio de Raron, en Valais. Es considerado uno de los poetas más importantes de la literatura universal. Él mismo escogió su epitafio, que escribió, como no podía ser de otro modo, en verso.

Rosa, oh contradicción pura, alegría
de no ser sueño de nadie bajo tantos
párpados”.

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Vanidad canción chilena

Crecí pensando que era una canción de mi terruño. Tendría como diez años cuando fuimos a la ciudad de México y la escuché por primera vez. Lo recuerdo porque estábamos en un palco, mi padre, mi madre y mi abuelita Camila.  Siempre que escucho la canción, me viene el recuerdo del palco y de mi abuela.  Hoy se que es de origen chileno:

Armando González Malbrán es el hombre que escribió »Vanidad», una canción reconocible sin dudas entre las composiciones más elegantes del cancionero popular de Chile. Inclinado al estilo cosmopolita del tango, del foxtrot o del jazz más que a la escuela típica de la tonada propia de su tiempo, el autor escribió además numerosos valses peruanos y con »Vanidad» sentó ya en los años ’30 las bases del futuro bolero chileno, todo en sus apenas treinta y ocho años de vida.

Armando González Malbrán

Pianista y compositor, Armando González Malbrán nació en Valparaíso en 1912. Se estableció en la década del ’30 en Lima, Perú, donde se dedicó al vals y escribió en ese género composiciones como »Calvario», »Ten compasión de mí», »Clavel marchito» (1932) y »Después de una ilusión, un desengaño» (1939). Intérprete frecuente de sus canciones fue el cantante chileno Pepe Aguirre, quien grabó del autor el propio »Después de una ilusión, un desengaño» y el tango »Civilización», estrenado además en la bonaerense radio Belgrano por el cantante argentino Agustín Irusta.

Vanidad» fue grabada por Raúl Videla en Buenos Aires, por boleristas mexicanos como Tito Guízar y José Mojica, quien la llevó al cine, por el ídolo argentino del bolero Leo Marini y por intérpretes chilenos como Sonia y Myriam o Los Hermanos Arriagada. Más reciente es la interpretación de »Un amor que se va» en el disco 80 son las razones (2003), del veterano cantor Eduardo Lalo Parra a dúo con su sobrina Javiera Parra, y el alcance de »Vanidad» también llega hasta nuestros días, en versiones como las de los cantantes Luis Jara y Ema Pinto en los discos Para que no me olvides (1998) y Noche callada (1999), que mantienen vivo el lujo universal de una de las canciones indispensables de la música popular chilena.

González Malbrán falleció en el Hospital San José, víctima de una enfermedad pulmonar, incurable para esa época.

 

En esta versión hay un cantante que formaba parte de este trío, famoso en la época del bolero, es Marco Antonio Muños que  es un parteaguas también en la canción romántica y que llegó a ser todo un ídolo en Puerto rico.

 

Juan Antonio Espinoza Prieto más conocido artísticamente como Antonio Prieto, cantante de y actor, nació el 26 de mayo de 1926 en la ciudad de Iquique, Chile, y falleció en Santiago de Chile el14 de julio de 2011.

Se inició en1949 como cantante aficionado en el show «La Feria de los Deseos» en Radio Minería de Santiago de Chile interpretando el bolero Tú ¿dónde estás? y ese mismo año comenzó su exitosa carrera al igual que otro gran cante, su  amigo de hacía mucho tiempo,

En su extensa carrera musical de más de 50 años grabó más de 1.000 canciones, entre ellas exitosos boleros y valses  como»La Novia», «Chuquicamata», «Huija», «Cuando calienta el sol», «El Reloj», entre muchos otros, y los cuales le catalputaron a la fama en toda Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

A lo largo de su triunfal carrera,  siempre estuvo acompañado de suhermano, el compositor Joaquín Prieto, quien contribuyó a impulsor de su prestigio y popularidad..

A pesar de su gran fama internacional, en su país natal  no tuvo mayor el reconocimiento, quizás porque sus compromisos profesionales le mantenía fuera de Chile, donde actuaba esporádicamente. La mayoría del tiempo cuando no tenía que ir en gira a otros países, debía animar sus propio programa de televisión, “El show de Antonio Prieto” que transmitía el canal de Radio Belgrand en la década de los 60.

Desde  1954 inició su carrera cinematográfica con un papel secundario en la película española «Murió hace 15 años» dirigida por Rafael Gil. Luego de su debut exitoso, intervino en más 30 producciones, tanto en papeles protagónicos como de reparto, prolongando sus actuaciones en el cine durante 14 años hasta 1968.

Su carrera actoral se concentró en España, Argentina, Italia y México, en donde compartió créditos con varios actores de la talla de Brigitte Bardot y Clint Eastwood. El fin de su incursión cinematográfica coincidió con el ocaso del bolero como fenómeno musical masivo,  lo cual dio paso a la Nueva Ola de la música Latinoamérica y el apasinante Rock and roll de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Parcialmente retirado de los escenarios, fue víctima en su residencia de Santiago de Chile de una afección pulmonar y f¿tuvo que ser hospitalizado en la Clínica Tabancura, donde falleció a causa de una falla multisistémica el 14 de julio de 2011 a los 85 años.

El sapo de Juan José Arreola

Salta de vez en cuando, solo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón.
Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consiente de que ninguna metamorfosis se ha operado en el. Es as sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.
Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros  con una abrumadora cualidad de espejo.

Tu nombre

Tu nombre tiene un vasto silencio a mi lado ¡ay de mí si lo rompiese! Tendría que vivir contigo como un árbol que permanece mil años en la montaña ofreciendo flores al viento

Leonid-afremov-the-way-of-the-fog

A la deriva de Amélie Olaiz

La barca amaba el mar, por eso levó el ancla de sus prejuicios, para entregarse con pasión al vaivén de sus saladas caricias. Él, en una coqueta demostración de poder, se la tragó.
BARCO.1
tomado de www,ficticia.com

El boom que viene de la India

A veinte años de que Khomeini decretara la fatwa contra Salman Rushdie por Los versos satánicos , los escritores indios han producido un corpus literario poderoso y reconocido en todo el mundo, signado por el cruce entre tradición y modernidad
A fines de los años 90 las editoriales inglesas y norteamericanas comenzaron a fijar su atención en jóvenes autores de raíces indias quienes, desde la novela, traían en sus historias un mundo desconocido, exótico y marcadamente enfocado en los clanes familiares. Hoy muchos de ellos parecen haber mudado la piel y se consolidan con una literatura desmarcada de los apellidos y anclándose, lejos de la ensoñación inicial, en la realidad; un universo lejano, pero sin condimentos; una India occidentalizada que muchas veces funciona como espejo de Sudamérica.
Uno de los primeros referentes de la figuración global de la literatura angloindia se produjo a inicios de los años 80 con la novela Hijos de la medianoche , de Salman Rushdie (Bombay, 1947), la cual se transformó en una suerte de paradigma para los años siguientes no sólo por alcance político (un niño con misteriosos dotes paranormales nace en la víspera de la independencia de la Nación), sino también porque su autor había sido criado y formado académicamente en Inglaterra.
Pese a que esta obra es una de las cien mejores novelas del siglo XX según la revistaTime , sería otro el hecho por el que el autor logró notoriedad: la condena a muerte delayatollah Khomeini por ofensas al islam con su novela Los versos satánicos. Para entonces Rushdie, que acaba de publicar La encantadora de Florencia ( novela llena de historias dentro de la historia, que contrasta la Florencia de los Médicis y el Imperio Mongol), ya había cimentado un prestigio literario del que goza hasta hoy, cuando se han cumplido 20 años de la fatwa decretada por el líder iraní y a la que el novelista, harto de ser visto como un símbolo de persecución, ya dejó de temer.
«El éxito de los Hijos de la medianoche propició la difusión internacional de la literatura angloindia, de la que llegó a afirmarse, quizás exageradamente, que era el fenómeno literario más interesante desde el boom latinoamericano», explica Jorge Herralde, editor de Anagrama, quien publicó en español el segundo gran hito de los últimos años: El dios de las pequeñas cosas , de Arundhati Roy. La novela, que cuenta la historia de tres generaciones familiares, recibió el Premio Booker de Inglaterra y se tradujo a más de 30 idiomas. En España fue el libro de ficción más vendido de 1998 y en Chile estuvo varias semanas encabezando el ranking . El patrón parecía ser el mismo de la generación de García Márquez: contar maravillosas historias fundacionales.
Dejando a un lado a V. S. Naipaul, Nobel de Literatura 2001, de origen indio pero nacido en Trinidad y Tobago además de criado en Inglaterra, el interés de la industria por multiplicar el fenómeno Roy fue instantáneo y los agentes se lanzaron en busca de nuevos autores, varios de los cuales no estaban en India, sino en Inglaterra o Estados Unidos y ya habían publicado en revistas como Granta The New Yorker y en diversas antologías. Nacidos en la propia India y emigrados a temprana edad, muchos de ellos se especializaron en literatura creativa, como Kiran Desai, quien a los 35 años se transformó en la mujer más joven en ganar el Booker con El legado de la pérdida(Salamandra). Además, el impulso de la industria hizo posible descubrir narradoras londinenses con orígenes en la limítrofe Bangladesh, como Jhumpa Lahiri (1967), ganadora del Pulitzer 2000 con la colección de relatos Intérprete de ilusiones (Planeta). Criada en Estados Unidos, su novela El buen nombre (Emecé) confirmó, según el periódico mexicano La Jornada , «el talento de la autora para establecer, a través de la visión cultural y emocional, una comparación constante con la cultura estadounidense, tan distinta y ajena a la bengalí».
Monica Ali (1967), de padre inglés y madre india, es autora de Siete mares, trece ríos(Emecé) y Azul Alentejo (Alfaguara), novelas que se destacan por su cariz más intimista para abordar las relaciones familiares, aunque en contextos similares a los de sus colegas. «Creo que todo el mundo puede leer mi novela, desde una persona mayor hasta un niño», dijo la autora en un encuentro con sus lectores en España. «Porque trata de temas interculturales. En este sentido, no creo que tenga un público en especial sino que el propio texto tiene cierta vocación universal, no va dirigido a nadie en concreto.»
Otras teclas
Por más que muchas de estas novelas «étnicas» de autores debutantes fueran contratadas por sobre los 150 mil dólares (una cifra más que respetable en los años 90), pocos de ellos estuvieron dispuestos a repetir, en una segunda entrega, el exotismo de tramas o escenarios que tanto interés habían despertado en Europa.
En el caso de Arundhati Roy (Kerala, 1961), en sus siguientes libros cambió de tecla y se empeñó en la escritura de ensayos políticos y reportajes de denuncia frontal, como El fin de la imaginación, que aborda la obsesión de su país por el armamento nuclear y El álgebra de la justicia infinita , sobre las implicancias del atentado al World Trade Center en su país y el resto del vecindario. «Hoy en día, y mientras algunos de nosotros lo contemplamos con auténtico horror, el Gobierno de la India anda meneando furiosa e insinuantemente sus caderas y rogando a los Estados Unidos que instalen allí sus bases, en lugar de hacerlo en Pakistán.»
Allí está, también, el caso de Vikram Seth (Calcuta, 1952), quien luego de retratar, en 1350 páginas, la conformación de las parejas y los matrimonios indios en su novela Un buen partido («es posible que nos hallemos ante una de las mayores obras narrativas de la segunda parte del siglo XX», afirmó el diario español El Mundo ), dio un giro radical con Una música constante , que cuenta la historia de amor de una pareja de músicos europeos, situada en Londres, Venecia y Viena. «Ésta es mi primera novela europea. Me siento indio y soy escritor; por tanto, soy un escritor indio, pero no por ello necesariamente tengo que escribir siempre sobre India», declaró.
El editor Jorge Herralde destaca el éxito que han tenido estos autores, y señala que Seth y Arundhati Roy, además de Rushdie, podrían formar «el podio de honor». Además, entre otros escritores angloindios, en 2007 se publicó la primera novela de Vikas Swarup (1963), ¿Quiere ser millonario? (Anagrama). Situada en Bombay, cuenta la historia de un chico marginal que participa en un concurso televisivo y fue llevada al cine por Danny Boyle con el título Slumdog Millionaire . La película basada en la novela de este diplomático nacido en Allahabad se llevó ocho estatuillas de las diez para las que estaba nominada en la última edición de los premios Oscar, entre ellas la de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión Adaptado. Tras el éxito de ¿Quiere ser millonario? , Swarup publicó a mediados del año pasado Six Suspects , novela aún no editada en español.
Los actuales escritores indios se mueven sin complejos entre los escenarios locales y europeos; han obtenido premios y notoriedad en Francia, Alemania y Escandinavia. Aunque naturalmente son reacios a hablar de generación, muchos coinciden en que a la hora de hablar de su país, lo hacen situados más en la realidad urbana que desde el exotismo desatado. Así lo cree Anita Nair, de quien recientemente Alfaguara publicó su cuarto libro, El sátiro del metro , una colección de cuentos urbanos. La autora, como varios de sus colegas, proviene del mundo de las comunicaciones y conoce el curso de las aguas.
«El periodismo ha sido una gran influencia», dijo Nair a Revista de Libros . «La investigación de los temas es probablemente un influjo de periodismo. También me inclino a editar como escribo, que es un resultado de mi experiencia en publicidad. Sin embargo, la más profunda influencia ha sido el entendimiento de la condición humana y el querer ir más allá de la superficie.»
El apoyo de la industria y de la prensa no han sido los únicos dentro del auge de la literatura india de la última década. A fines de 2005 el editor de un semanario de Nueva Delhi, sin mostrarse especialmente extrañado por esta expansión, aseveró que ésta es «un reflejo del creciente poder económico de India; la cultura va de la mano con este florecimiento». Pese a lo controversial de la frase, el tiempo terminó dándole la razón: al año siguiente India era el país invitado a Fráncfort y el Estado apoyó, como se ha dicho, con traducciones y viajes masivos.
Por sobre el apadrinamiento, sin embargo, el gran empeño de la literatura india de hoy es poner en Occidente una polaroid de aquel mundo lejos del imaginario turístico del Taj Mahal. No extraña, entonces, que Aravind Adiga (Madrás, 1974), reciente ganador del Booker por su novela Tigre blanco , tampoco dude en ir al frente en temas espinosos cada vez que tenga la opción. «Aunque gran parte de la India siempre ha sido pobre, antes había muy poca delincuencia. Pero hoy la tentación de una persona pobre es mayor: ves los centros comerciales, la publicidad por todas partes; ves que tus vecinos la pasan mejor que tú. Eso te conduce a la frustración y la frustración a la ira.»
Hace tiempo que los indios perdieron el miedo; y que el resto del mundo se dé por enterado.
Tomado de: https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-boom-que-viene-de-la-india-nid1109514

 

Las nueve caras del corazón de Anita Nair Literatura Hindú

Cuando Chris, un periodista inglés, llega al sur de la India para entrevistar y escribir sobre Koman, un conocido maestro de danza kathakali, se encuentra con un mundo lleno de magia y no sospecha la cantidad de recuerdos y sentimientos dormidos que van a aflorar con su llegadaRadha, la sobrina de Koman, es una mujer de espíritu independiente,casada desde muy joven y sin hijos, que con la llegada del inglés descubrirá que hay una vida mucho más apasionante que la que lleva con su marido Shyam. Pero la estancia de Chris revelará también historias
ocultas de su familia. Koman rescatará del pasado la historia de amor entre su padre indio y su madre musulmana, quienes vivirán un amor imposible que tal vez más tarde él acabe por repetir.Con la misma sensibilidad que demostró en El vagón delas mujeres, Anita Nair describe a través de las voces de Radha, su esposo Shyam y su tío Koman, la India actual,sus raíces milenarias y las pasiones y los deseos que rigen la vida de las personas.
Bueno, ¿por dónde empiezo?La cara. Sí, empecemos por la cara, que refleja las mudanzas del corazón. Es con la cara con la que transmitimos pensamientos en un lenguaje sin sonidos. ¿Te sorprende esta idea? Te gustaría saber cómo puede existir un lenguaje sin sonidos. No lo niegues. Leo la pregunta en tus ojos.Me doy cuenta de que sabes muy poco sobre el mundo al que te quiero llevar.Entiendo que te preocupe que pueda estar más  allá de tu comprensión. Pero quiero que sepas que consideraría que mis intenciones han fracasado si no consiguiera transmitirte amenos una parte del amor que profeso amarte. Cuando acabe, espero que sientas lo mismo que yo. O casi lo mismo.Confía en mí. Es lo único que te pido.Confía en mí y escucha. Y confía en tu inteligencia. No dejes que otros decidan por ti qué es lo que está a tu alcance y qué es lo queestá fuera de él. Te aseguro que eres capaz de abarcar todo esto y mucho más.Mírame. Mírame a la cara. La cara desnuda, despojada de colores y maquillaje,de brillos y adornos. ¿Qué vemos en ella? La frente, las cejas, las fosas nasales, la boca, la barbilla y treinta y dos músculos faciales.Estas son nuestras herramientas y con ellas tenemos que trazar el lenguaje sin palabras.Las navarasas: amor, desprecio, pena, furia,valor, miedo, disgusto, asombro y paz.En la danza, como en la vida, no necesitamos más que nueve formas de expresarnos. Las podríamos llamar las nueve caras del corazón. 
Con el tiempo, cada uno de ellos lo recordaría de manera diferente. Pero mientras vivieron nunca llegó a borrarse el recuerdo de aquel momento de magia. La luz que bañaba la escalera de aluminio, arrojando en su sombra un resplandor blanco; la brisa que refrescaba el aire sobre los charcos que quedaban en el lecho del río. Chris esperando, una isla de quietud en aquel andén abarrotado de ferrocarril. Estaba de pie, haciendo caso omiso de las miradas curiosas, de los pilluelos que le rodeaban con ojos hambrientos y las palmas extendidas, de los vendedores que le incitaban a probar sus mercancías. No se había dado cuenta de que su equipaje obstruía el acceso a la escalera mecánica y provocaba las protestas y los gruñidos de la gente, que tropezaba con las maletas.
Chris miró alrededor, con espirales de luz atrapadas en su cabello y lo que parecía estuche de un violín gigante inclinando su cuerpo hacia un lado. Como para compensar,su boca dibujaba una línea ladeada y reflexiva.Se quedaron quietos un momento,mirándole. Luego, él levantó los ojos y los vio al final de la escalera. Un hombre mayor, una mujer joven y un hombre no tan joven.Vacilante, inseguro, eclipsando el paso de la luz e interrumpiendo el flujo de las pisadas.La línea se suavizó en una curva, un gestode alegría tan transparente y tan ajeno a lo quehabría de venir después que sintieron, todos y cada uno de ellos, como si el ala de una polilla, suave y etérea, acariciara sus almas.Fue una caricia tan breve y deliciosa que la echaron de menos dolorosamente en el mismo instante en que pasó.Tal fue la magia de aquel momento.Luego, como si le correspondiera dar el primer paso, la mujer joven se adelantó. —Hola, tú debes de ser Christopher Stewart —dijo—. Yo soy Radha. Bienvenido.Extendió la mano en su dirección, al mismo tiempo que él juntaba las suyas en un gesto de
namaste, como sugería su guía turística que debía hacer para saludar a las mujeres en la India.Ella dejó caer su mano como si la hubieran regañado. Él extendió la suya como pidiendo perdón. Con aquel barullo de gestos, modales y torpezas se plantó Chris en una tierra desconocida. —Hola, soy Chris. Encantado de conocerte, Radha —dijo su nombre suavemente, separando las sílabas, reteniéndolas en la memoria, saboreando cada grupo de sonidos. Radha se estremeció. La forma de pronunciar su nombre acarició la base de su columna vertebral como un manojo de
plumas. Para romper el hechizo, se volvió hacia el hombre no tan joven. —Este es Shyam —dijo. —Sham —dijo Chris casi con un chillido,como si se hubiera pillado los dedos con una puerta. ¿Qué clase de nombre era aquél? Y más aún, ¿qué especie de fiera era aquel hombre?, se preguntó mientras liberaba los dedos de su apretón. Abrió y cerró lentamente los dedos casi entumecidos a su espalda.Ignorando el dolor de Chris, el hombre no tan joven protestó: —Impostor. No soy un impostor. Me llamo S-h-y-a-m.
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Pero Chris ya se dirigía al hombre mayor. —Y usted, señor —dijo despacio. Le habían dicho que el anciano sabía un poco de inglés—, usted debe de ser el señor Koman. El anciano asintió con la cabeza. Chris sonrió inseguro. En los pocos días que llevaba
en la India ya se había enfrentado a aquel movimiento de cabeza y todavía no había conseguido descifrar si significaba un sí o un no. Radha se acercó al hombre mayor. —Tío —dijo—, éste es Christopher Stewart. Chris habló lentamente, sin saber hasta qué punto le entendería el anciano. —Su amigo Philip Read me ha hablado mucho de usted. Me siento muy honrado de que haya accedido a recibirme.El anciano le tomó ambas manos entre las suyas y sonrió. La calidez de su mirada le caló muy hondo. Chris dejó que sus ojos se deslizaran sobre la cara del anciano,examinando cada uno de los rasgos en busca de una curva, una línea familiar.Vio las patas de gallo que arrugaban sus ojos bajo las espesas cejas. Vio los prominentes pómulos que tensaban la piel de viejo dándole una expresión casi juvenil y, luego, vio el hoyuelo de la barbilla y sintió una llamarada en su interior. Dejó que sus ojos bajaran hasta sus manos entrelazadas. Hola, dijo en silencio. Hola, anciano de otro lado del mar. Hola, posible padre. Hola,hola, hola…

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Música en el río

El río recuerda a las lavanderas, gustaba de verlas cada semana en sus orillas, llevando la chorcha de hijos. El splash splash, de cada una de ellas hacia coro y se untaba a los rumores que él traía. Algunas veces la brisa se colaba entre los sauces llorones, silbaba y detenía su respiración, abriéndole las puertas al silencio.
y el río complacía a la bóveda del cielo entregándole su música que animaban a la alegría, o bien a la nostalgia que la vida conlleva.

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