por Rubén García García
Por la mañana tuve una furiosa pelea, y ahora, aquí estoy; comiendo tierra. A mi contrincante lo tengo de vecino.
El blog no tiene propósitos comerciales-Minificción-cuento-poesía japonesa- grandes escritores-epitafios
por Rubén García García
Por la mañana tuve una furiosa pelea, y ahora, aquí estoy; comiendo tierra. A mi contrincante lo tengo de vecino.
Por Rubén García García
Abrió el libro. Un enjambre de sílabas encimó sus sentidos. El corazón indiferente se hizo dulce, suave y empezó a latir; había terminado la oscuridad de la palabra y de los días.

Rubén García García Médico y escritor, entrando peligrosamente a la cuarta edad, pero capaz de emocionarse.
De Rubén García García
Soy tan infiel que mi sombra me cela, piensa que tengo otra.

Rubén García García
Cada vez que ella acariciaba a Duque, él metía su hocico entre sus piernas y segundos después daba tres ladridos, lo hizo muchas veces. Recordó el fino olfato de los canes y se hizo revisar por un ginecólogo. Resulto un cáncer incipiente que resolvió con un tratamiento oportuno. Evitó los controles subsecuentes bañándose cada semana con su mejor amigo.
Ruben García responsable del blog y escritor de mnis, cuentos y poesía

por Rubén García García
Abraham Lincoln (1809-1865) Mártir que luchó por los derechos civiles de los blancos y que tras una cruenta guerra civil alcanzó la victoria. Fue asesinado por un negro en el teatro Ford. Esperaba la puesta en escena de “Yanga”, un héroe negro que luchó en contra de los españoles. Una obra escrita por Kaneth un indio maya.

Rubén García Garcia blogero, minificcionista, militante de la tercera edad, tarde, pero llego a este nuevo género de la literatura.
Rubén García garcía
En medio de la pandemia, el imperio del norte vive momentos complicados. Los blancos cansados de la pobreza y la injusticia protestaron violentamente después del asesinato de Smith por la policía negra. A la multitud no le importó que se estuviera inmerso entre las patas de una epidemia. Solo abrieron el recuerdo de Lincoln, que luchó contra la esclavitud; tomaron las calles, levantaron los puños y marcharon en caravana exigiendo el mismo trato que se daba a los negros.
Rubén García con 74 años de edad aún aspira a dejar un buen recuerdo en narrativa. Médico de profesión, actualmente jubilado y atrapado en la palabra, en la minificción, en el cuento y en hayku y feliz de conocer a mi último nieto que se los presento.

De Rubén García García
Debo de aceptar que mi Ángel de la guarda hizo un buen trabajo hasta que cumplí los quince años. Era peor que mi madre, siempre detrás de mí. Las veces que se quedaba fuera era cuando me bañaba, quedándose a un costado de la puerta. Primero fue el jabón, luego la esponja y después con la mano. Tenía sosiego; pero insuficiente.
—¿ te pasa algo? —pregunta mi Ángel cuando me escuchó gemir.
—Nada, solo fue por lo frío del agua;. abrí la llave del agua caliente y enmedio del vapor, apareció un fauno.
Te pasa algo, volvió a preguntarme, nada, nada…le dije con voz entrecortada.

Escribirás cien veces: «el ave canta, aunque la rama cruja, como que sabe lo que son sus alas*”. —No puedo—, gimoteaba el Correcaminos a su mentora.

Después del Covi ya nada es igual. La pandemia ha hecho daño. Ayer encontré a Frankenstein salir de un taller de maquillaje y observarse detenidamente en uno de los enormes espejos que se instalan para marketing. No, nada que se le parezca, era un fifi, lucía una cabellera en dorado que terminaba con una breve colita de pato. Cicatrices, ninguna, parecía ser sacado de una revista para señoras maduras. Lo seguí hasta una sala de espera donde departía con un grupo de personas a quienes les confesaba que era un monstruo y todos reían hasta romperse la mandíbula. Poco después se puso serio y espero su turno para un maniquiur. Yo soy el hombre lobo y por mi olfato sé reconocer que efectivamente era Frank. Con franca desaprobación y para calmar mi enojo me fui a perseguir a los carros que velozmente pasaban por el bulevar.
Después de veinte años de levantarse en la madrugada, el matrimonio al fin sabría lo que es ser despertado por los rayos del sol. Solo que desconocían la furia de la cama que los echó al llegar la alborada.

Hoy no cacaraquearon; ayer se las llevaron al tianguis.*

El frío azota el trópico y junto con la lluvia cayeron los saurios; a eso se le conoce como el día en que llovieron iguanas.

Los internos de psiquiatría se dirigen en ropa interior hacia las regaderas, bajo la mirada de la abrigada auxiliar. Es fría la mañana, los dientes entrechocan, y mientras esperan a ser secados por la asistente, que platica animadamente con la enfermera, tomaran del cesto una raída bata, y regresaran a sus camas sobreviviendo a la institución, sus demonios y al médico de base que pasará visita y escribirá en el expediente «mismas indicaciones»
El empezó dándole las buenas noches; meses después le daba los buenos días, llevando café humeante y aromático a la cama.

El primer beso, El que ella puso en mis labios. En el segundo saboreamos la humedad. El tercero acompañara el momento de acariciar tu rostro. Tus manos peinaran el pelo y llevarás mi cara a tu pecho. Me hago viento, tierra, fuego. Llamarada que viene de los pastizales secos de soledad, que pulsa el deseo de lo inevitable. RGG
