Prevención de Rubén García García

Sendero

¡No sé por qué pones esa cara de palo! ¡Luces un vestido espectacular!, el maquillaje es discreto. Sé que disfrutas las flores y en esta parte las hay en abundancia. Sé también del rechazo de tu piel hacia ellas. Para cuidar de tu salud cerraré la tapa, no sea que te agreda una alergia postmorten.

El matriarcado de Rubén García García


Sendero

¡Qué bella es cuando la veo dormir! Su cabellera extendida es un río de oleo encrespado. Su pelo fulgura. Es mi señora y enriquece mis sentidos con tan solo verla. Mi congoja llega si ella juega y apuesta. Cuando en la mesa de juego el silencio pesa como el enramado de un gigantesco árbol es que está apostando fuerte. Me hago añicos cuando pierde, pues bien sé que el objeto de la apuesta soy yo y ocultando mi rabia me llevan para satisfacer los apetitos carnales de quien le ganó.

El lado amable de Rubén García García

Sendero

No es tan malo haberme casado con un príncipe con genética de sapo. Tiene una forma encantadora de matar las moscas. Gracias a él disfruto de las comidas, por la noche no hay mosquito que se le resista. Oh la la. Sí que su lengua es un primor.

Una mamá de Rubén García García

Sendero

«Venía sola, ya era de noche. mi hija apenas si podía respirar, creí que se moría. La inyectó. Una hora después respiraba sin silbidos y dormía como si nada hubiera pasado. Pude tomar el último camión que me llevó a la comunidad. Ya no le ha dado esa enfermedad». Ella se acercó y me dio un beso en la mejilla. “verdad que ya no se acordaba”

Después de su abrazo, me dijo orgullosa «ya va a entrar a la escuela»

El punto impropio de Rubén García García

Sendero

Fuimos dos líneas paralelas. Distantes en el trayecto de la vida, pero que al final se unieron, un evento matemático en el devenir. Tu en la gaveta superior, yo en la inferior, y en la misma morgue. Así estábamos cuando la ráfaga de la ak-47 nos sorprendió.

A veces es mejor no saberlo de Rubén García García

Sendero

Semanas después de aquella noche de placer, en un parque cercano donde camino, me encontré a Armenia y al besarme en la mejilla me dice. ¿Cuándo me puedes dar una cita?

Quedamos de vernos. Había concluido que sería la última vez que la viese. Después de la comida, cuando sorbía el café, me dijo seria, «ya sé porque te me hiciste conocido». Sonriendo con esfuerzo le pregunté, «mi novia se parece mucho a ti». Sentí que se aceleraba mi pulso y quise desaparecer. «¿eres su papá?».

Lo supe aquella noche por una foto que ella tenía en su tocador y ella, aun siendo bisexual, conservaba su observación y su capacidad intuitiva.

Un día de no sé cuando será de Rubén García García

Sendero

El sol vespertino se filtra y pincela en la hojarasca un cuadro de sombras y amarillos. Recojo el fulgor de las monedas derramadas. Hay humedad y helechos vociferando. El silencio lo quiebra el repentino aleteo de los tordos. Encima de la cuesta está el árbol de anono que sueña sus retoños al ser cobijado por el olor de los capulines. Llego hasta él y lo abrazo. Mi cuerpo exhausto descansa en la silla de sus ramas, Lo mojo con el sudor de mi esfuerzo que resbala hasta llegar a las greñas de su raíz. Una mañana despertaré entre sus hojas satisfecho de ser balanceado por el viento que llega del bosque de los capulines.

Marvel de Rubén García García

Sendero

Caminan drogados con solventes. Irrumpen, acosan a la comunidad que pide auxilio y corre. Y cuando parecía que la violación sería inminente saltó en su ayuda el Superimán, quien dobló a la banda de los clavos sin cabeza en aquel taller maléfico de carpintería.

Pasarela de Rubén García García

Sendero

La araña capaz de matar con su veneno a un dinosaurio, fue víctima de una avispa que le inoculó su semen. Semanas después, del vientre del arácnido, saldrían, una tras otra, avispillas luciendo sus vestidos confeccionados en seda.

La furia de la rutina de Rubén García García

Sendero

Ayer se tituló la más chica de la familia. Fueron veinte años de levantarse todos los días antes de que el sol saliera para solventar los gastos de la “niña” «dormiremos hasta que el sol nos despierte» —se dijo el matrimonio.

En la alborada la cama les propinó una patada por el trasero y en silencio se vistieron para allegarse al quehacer de todos los días.

La tormenta de Rubén García García

Sendero

Se han detenido las nubes oscuras, gordas. Las gallinas suben a la rama. Mamá mete la ropa, cubre los espejos, cierra las ventanas, desconecta el enfriador, prende una veladora. El perro se ha enroscado en el rincón de la cocina. El enorme zapote cruje y los tordos gritan buscando cobijo. Voy a mis cuadernos usados y ya tengo lista mi flota de barcos. Un trueno nos cimbra, brinco a los brazos de ella «es un rayo y cayó cerca de aquí» dice mi madre. ¿verdad mamá que los barquitos se asustan con los truenos y los rayos?

La mirada de Rubén García García

Al caminar por la alameda hay una estatua que siento que me mira.

Hace tiempo caminaba con mi novia tomados de la mano por el malecón de un puerto. En un instante se desató y corrió hacia una banca, y cruzó la pierna imitando a una estatua. Algo sucedió, que nunca más supe de ella.

Me llené de años, y en mi ruta tengo que pasar por el bosque y encontrarme con la mirada que me perturba.

Un día, cansado, la enfrenté cara a cara, ojo a ojo y encontré en su frente la historia de mi fugacidad. Me quedé a su lado y dejé que mi cuerpo se perdiera en la arboleda.

Insomnio de Rubén García García

Sendero

A ls dos de la mañana convoqué a las ovejas y solo llegó una.

¿Dónde están las demás?

—Están recibiendo instrucciones del nuevo perro ovejero.

—¿Entonces, tú por qué estás aquí?

— El, me dijo que yo tendría otras instrucciones, que me esperara.

La niña el hado y el león de Rubén García García

Sendero

Makiu implora que aparezca su hado. Está sentada en la cama y no puede dormir. Él llega deshaciéndose en disculpas. Acariciando su cabeza dice:

—¿Qué te sucede?

—Cuando empiezo a dormir, sale un león y me persigue.

El hado sonríe.

Duerme.

Él entra en su sueño y sí, hay un enorme león.

—¿El león es de melena negra?

—Sí —dice la niña.

—Ya no te molestará.

El hado se retira y sonríe satisfecho cuando la ve dormida. Llega a su retiro, pone la varita en el estuche, se tiende sobre la sábana y sueña con un campo de flores. Hay un extenso jardín donde florean las azaleas. Entre los tallos y las ramas irrumpe el color negro de una melena y el brillo frío de unos ojos. Se despierta angustiado y de inmediato le habla a su hada madrina… Y así, hasta que todos se quedan dormidos, incluso el león de melena negra.