Vueltas

De Ildiko Nassr


Ildiko Nassr me preguntó esta mañana dónde había estado todo
este tiempo. Le respondí que probablemente haya estado
viajando. No sabía qué palabras poner en mi boca para que no
vuelva a usurpar este lugar que yo estuve ocupando las últimas
semanas. Yo, que ni siquiera recuerdo mi propio nombre.
Y ella se despertó tan alegre y tan llena de sensaciones
traídas desde su infancia que no pude evitar despedirme y dejarla
volver.

Ildiko Nassr | Feria del Libro

ldiko Nassr (Río Blanco, Jujuy, Argentina, 1976) ha publicado libros de poemas (Reunidos al azar, 1999; La niña y el mendigo, 2002; y en coautoría Ser poeta, 2007), de cuentos (Vida de perro, 1998) y de microrrelatos (Placeres cotidianos, 2007, e-book, 2011). Es licenciada en letras y coordina talleres de escritura creativa. Sus microrrelatos han sido incluidos en recopilaciones como la de Laura Pollastri, El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (Menoscuarto, Barcelona, 2007); 1001 cuentos de una línea (Thule), Monoambientes. Microrrelatos del Noroeste Argentino, 4 voces de la microficción argentina (selección y prólogo de Raúl Brasca), El micorrelato en Tucumán y el Noroeste Argentino. Velas al Viento. Los microrrelatos de la nave de los locos. Selección y Prólogo de Fernando Valls. (Ed. Cuadernos del Vigía. Granada. España.), entre otras.

Ildiko cuenta con la siguiente página: http://ildikotxt.blogspot.com/2019/03/el-placer-de-la-relectura.htmly también se la puede seguir por Facebook: Ildiko Nassr

El Microdecamerón oordinadora Paola tena

Reloj de arena

Diana Raquel Hernández Meza


Siempre me consideré fea. Con los años mis caderas y voluptuosos senos me hicieron recuperar la confianza, hombres y mujeres pasaron por mi cama sin descanso. Después, aquellos que se declaraban siervos mío comenzaron a llegar tarde, a buscar justificaciones para aplazar los encuentros, cancelar citas, y al fin desaparecer uno a uno. Al mirarme en el espejo vi la monstruosidad de los años.


Diana Raquel Hernández Meza (Ciudad de México, 1985). Médica Cirujana por la UNAM. Forma parte de los libros Los adolescentes escriben II (UNAM, 2003), El libro de los seres no imaginarios. Minibichario (Ficticia, 2012), Alebrije de palabras. Escritores mexicanos en breve (BUAP, 2013), Eros y
Afrodita en la minificción (Ficticia, 2016), Las musas perpetúan lo efímero (Micrópolis, 2017)

.

Antología Virtual de Minificción Mexicana: Diana Raquel Hernández Meza

Noire, El perfume que puede llevar a cualquiera a la locura

De María Elena Lorenzin


Sé que es él. No me cabe la menor duda. Su perfume, negro
como la noche que me habita, lo delata. Siempre viene a la misma
hora, cuando creen que ya duermo. Ella lo espera con ansia. Se
empeñan en ser cautelosos, pero yo los sigo, atento, imaginando lo que
se me niega. Parapetado tras la sombra que un día se posó sobre mis
ojos llevo tiempo planeándolo. No quiero que se me escape el más
nimio detalle. No quiero fracasar. No puedo. Debo calcular con
matemática precisión la distancia exacta para no tropezar y errar el
precioso objetivo. Ese que está en la mira desde que mi amigo nos
vista con tanta frecuencia.

María Elena Lorenzin (Jáchal, San Juan, Argentina;
Adelaide, Australia). Sus publicaciones más representativas son: El
humor como resolución de lo imposible en la obra de Pablo Urbanyi (2007);
Microsueños (2008) y microrrelatos incluidos en antologías de varios
países.
Entretiens Lectures d'ailleurs: María Elena Lorenzin (Argentine)

Lapsus de memoria

De Georges Aguayo


Son las ocho de la mañana. Jean Colas, inspector de la Police
Judiciaire de París, se levanta de la cama con un terrible dolor de cabeza.
Es febrero, los escolares de la región parisina están de vacaciones. Su
familia está en la montaña practicando esquí. Ayer, a las seis de la
tarde, habló con ellos por teléfono. Además del dolor de cabeza, hay
otra cosa que le molesta y angustia. Después de esa conversación con
su esposa y sus hijos no se acuerda de nada de lo que hizo ayer por la
noche.
Cuando llega a su cuartel, 36 de quai des Orfebres, se encuentra
con una enorme sorpresa. El inspector Pierre Durand, con el cual
competía para ocupar el puesto del comisario Maigret, que está por
jubilarse, había sido asesinado en su casa. La noche anterior con toda
seguridad. Parte al domicilio del asesinado. A su llegada un especialista
de la policía científica le informa que el inspector Durand fue ultimado
con un arma blanca bien particular. La hoja no es recta, sino ondulada.
«Como un kris malayo», dice espontáneamente el inspector Colas, gran
coleccionista de dagas antiguas. El resto de la diligencia policiaca
transcurre con algunas dificultades. El asesinato del inspector Durand
atrae a la prensa. Tiene que parar en seco las preguntas de una
periodista demasiado curiosa. En la tarde lo primero que hace al llegar
a casa es constatar si su kris malayo está en su lugar de siempre. No lo
encuentra
.

Escritor chileno residente en Francia desde hace décadas. Libros
publicados: Cuentos parisinos (RIL editores, 2011); traducción al francés
de Subterra, de Baldomero Lillo (Edilivre 2013); Santiago mon amour
(RIL editores, 2014).

Antología digital de microrrelatos Dispara usted o disparo yo. Santiago
de Chile, marzo de 2017.

Superación personal

Karla Barajas

Karla Barajas

Desde pequeña practiqué el fino arte de la falsificación de firmas
en reportes, permisos y materias reprobadas. A los 17 años me
superé en la técnica del engaño; para recoger una boleta de
calificaciones con cinco materias reprobadas, llevaba ropa y
maquillaje en la mochila. A la hora de la entrega, entré al baño y
me pinté la cara. Me puse en la fila de padres de familia y al llegar
a donde las secretarias entregaban las boletas, dije que era la
hermana de la irresponsable alumna. Creo que no me creyeron,
pero por los niveles de desesperación que habrán notado en mí,
aguantaron la risa y finalmente dijeron: Firme aquí.

Minidecamerón compiladora Paola Tena

El visitante del gabán Caqui

por Elena Casero Viana


Tomé asiento, a una indicación del hombre, frente a su escritorio.
Todo en aquel despacho era de sello antiguo como si el tiempo se
hubiera detenido en un pasado indefinido. Junto al escritorio
había un perchero de cinco brazos del que colgaba con desmayo
un gabán de color caqui.
El hombre sacó unos papeles y me dijo que los leyera con
detenimiento. Me advirtió de que no firmara nada sin estar
absolutamente seguro porque ya no habría marcha atrás.
—No habrá problemas al final, ¿verdad?
—En absoluto, esto es absolutamente legal, amparado
por la Ley. No ha de tener usted ningún temor.
Yo no estaré presente cuando este hombre u otro
semejante se presente en mi casa, vestido con el gabán caqui y una
cartera negra bajo el brazo con los papeles firmados por mí. Yo
no estaré presente, pero me voy riendo de antemano al imaginar
la cara de mis hijos cuando se den cuenta de que nunca he estado
más cuerdo.

Elena Casero Viana (España). Soy Técnico de Empresas
Turísticas. He trabajado en una multinacional del automóvil hasta
mi jubilación. He publicado cinco novelas, un libro de relatos y
uno de microrrelatos, “Luna de Perigeo” (Editorial Enkuadres,
2016). Alguno de ellos han sido publicados en antologías y
traducidos al francés. Actualmente estudio piano y oboe.

Eva y Eva

Dina Grijalva

Las dos cruzan el umbral de la casa. Sonríen con timidez mientras Eva cierra la puerta. Se miran, sus mejillas se sonrojan, casi se escucha el palpitar de dos corazones inquietos. El mundo parece suspendido en ese instante. Tal vez tomen té y conversen y sea todo. Pero no, Eva María mira los labios de su amiga y un galope de caballos salvajes recorre su sangre, nunca he acariciado unos labios de mujer, cómo acercarme, cómo empezar, cómo tocar el fulgor de su piel. Triunfa el deseo y acerco lenta, muy lentamente una mano, acaricio su rostro, ella sonríe y lleva mis dedos a sus labios entreabiertos. Dedos y dientes juguetean. Sólo después sabré que ella también siente por vez primera el tacto, el temblor, la intensidad de otra mujer. Ahora es un vértigo dulce y un sumergirnos en silencio en esta tarde de descubrimiento. Un despojarnos de ropas, collares y ataduras. Un gozar esta vorágine de miel y de ambrosía. Un saborear salivas, senos, párpados estremecidos. Un reconocernos con asombro en el cuerpo de la otra. Un aspirar esencias corporales primigenias, desgajarnos y flotar en abismos de placer y de ternura. Un tocar el cielo con los labios y besar otro cuerpo y abrazar otros ojos como entrar en el espejo.

Dina Grijalva

(Ciudad Obregón, Sonora). En la primavera de 2008 visitó Buenos Aires y nació como minificcionista. Desde entonces es hacedora y promotora de ese maravilloso género. Sus libros de minificción
son: Goza la gula, Las dos caras de la luna, Abecé sexy, Mínimos deleites y Cuestión de tiempo. Ama a
los Cronopios, cultiva un bonsái y sueña con habitar en Liliput. Minificciones suyas han sido incluidas enuna veintena de antologías.

Dina Grijalva - Detalle del autor - Enciclopedia de la Literatura ...

Divertimientos

José Manuel Dorrego

Últimamente venía notando que el número de Zambo y Chuky –
el payaso triste y el payaso alegre de nuestro circo– no estaba a la
altura del resto de los números. No es que el público silbase, nada
de eso, pero al terminar la actuación se escuchaban unos aplausos
levísimos y monótonos, de trámite, como diciendo: “Aplaudimos
porque se nota cierto esfuerzo, pero no es lo que esperábamos”.
Por eso decidí que Zambo hiciese también de payaso alegre, así
que nos ha quedado un número divertidísimo. ¿Qué se pierde el
contraste Alegría versus Tristeza? Completamente de acuerdo. A
veces tenemos que dejar ciertos principios tirados por el camino,
gajes de la vida, pero a cambio, la gente no para de reír. Un
público contento es siempre un público que aplaude. Y un
público que aplaude es incapaz de pedirte que les devuelvas el
dinero de la entrada porque no les ha convencido el espectáculo.
Al fin y al cabo, si lo piensas, nos pagan para divertirse. Para
desgracias, las que tienen ahí afuera, en cuanto acabe esta
cuarentena, empiecen a abandonar la carpa del circo en fila de a
uno, abran la puerta de sus hogares y se les caiga la casa encima.

Acto de Payasos - YouTube

La loca y el sueño

de Asmara Gay


Vagaba durante todo el día, sucio, hambriento y menesteroso. Nadie sabía cómo pudo llegar a ese estado, y a vivir de limosnas y debajo del puente. Le llamaban La Loca, muchos en el barrio, y siempre que podían lo humillaban.
En otro tiempo había sido guapo, aunque de eso ya no quedaba nada, sólo un vanidoso contoneo de caderas que rechazaba huir del cuerpo ajado, pese a que era precisamente eso lo que excitaba la burla de la gente.
Una noche tuvo un sueño en el que volvía a su pasado, pero nada era como lo recordaba. Su padre, su madre, sus hermanas lo amaban y apoyaban su salida del clóset. Entonces le decía a su padre que quería ser “artista”, “cantante”, y éste hacía lo posible para que su hijo cumpliera su sueño, grabase sus discos y actuara en películas y fuera el ídolo juvenil que tanto anhelaba…¡Cómo le habría gustado que todo eso fuera verdad!, ¡cuánto tiempo llevaba mendigando un poco de cariño! Tal vez por eso fue que, durante el sueño, tomó la decisión de no despertar más, para quedar atrapado en esa onírica felicidad eterna.
Cuando algún vecino lo descubrió al día siguiente, los pálidos ojos miraban un mundo diferente al nuestro y su boca tenía una sonrisa que antes nadie, ni siquiera él, había conocido.

Asmara Gay (Ciudad de México, 1975). Autora y coautora de varios libros, entre ellos la antología de minificciones Resonancias (BUAP, 2018). En el año 2011 ganó el I Concurso de Microrrelatos Negros, organizado por el Centro Cultural La Bòbila y la editorial RBA.

Asmara Gay on Twitter: "Lectura de poesía en la Cafebrería Molino ...
Diversidades minificciones alternas

Sin huellas

De Jorge Enrique Hadandoniou Oviedo


Como en cualquier película de moda, el arma del malvado se
quedó sin balas. La quiso arrojar, para suplantar la falta, pero la víctima
estaba demasiado lejos. Buscó entonces algo contundente o punzante.
El único cuchillo con filo apropiado estaba a una brazada del infeliz
blanco. Y ese barrote pesado no quiere soltar el bloque adonde quedó
incrustado. Ahogarlo con sus manos, no; porque dejaría la evidencia de
sus pulgares. ¿Y si el otro llegaba antes al cuchillo blanco? Allí estaba
durmiendo (o al menos así parecía), sentado en esa hamaca que para
colmo comenzó un balanceo irregular e impredecible. ¡Tantos
kilómetros recorridos para esto! La luz de un auto o camión lo
sobresaltó, al filtrarse en riego sudoroso sobre la escena. No se movió
siquiera, aunque le pareció escuchar un bostezo interrumpido; y la hoja
de un árbol casi le hace perder la experiencia madura de tantos casos
resueltos. Encontraría sigilosamente la solución requerida. Como todo
debía ser discreto y sin huellas, quitó el silenciador, guardó todo entre
sus ropas y al dar el primer paso, cayó a un pozo cuya tapa se cerró
herméticamente.

José David ASESINÓ a su MAMÁ por correrlo de su casa

Las kareninas

de Carmen de la Rosa


Ana ya no añora el corazón de Vronsky palpitando contra su
pecho, ni sus abrazos, ni la borrachera de sus besos. Ya no. Hace
meses que atravesó Rusia, oculta en un carruaje con su hijo mayor,
Seriozha, y la pequeña Ana. Cruzó la frontera suiza. Vendió sus
joyas y compró la casa. En San Petersburgo se rumoreaba que
unos asaltantes los habían asesinado, a ella y a los niños. Poco a
poco fueron llegando las otras. Huyeron de sus maridos y de los
amantes apuestos que las intercambiaban como si fueran muñecas
vestidas de seda y tafetán.
Las extranjeras, así llaman los habitantes de Brienz a las
mujeres que viven con sus hijos en la casa del lago, que persiguen
luciérnagas en el jardín, descalzas, en las noches de verano. Ya
acabó para ellas el encierro y la locura y el daño. Su desesperación
de bellas fieras enjauladas. Ningún Karenin les podrá negar el
divorcio, ni arrebatarles sus criaturas.
A veces Ana despierta en la madrugada, escucha el silbido
de una locomotora que se acerca, el traqueteo de las vías de un
tren fantasma y siente el vértigo de evitar, en el último segundo,
la muerte.

Anna Karenina (2013) Película - PLAY Cine

Carmen de la Rosa (España). Escritora y médica rehabilitadora.
Sus relatos y microrrelatos aparecen en los libros “Entre humo y
cuentos”, “Todo vuela“, “Acordeón”, las antologías: “Somos
Solidarios”, “99 crímenes cotidianos”, “Ellas”, “Eros y Afrodita
en la minificción”, “Perdone que no me calle”, “Antología
española de Minificción en redes” “100 palabras para mamá”; en
varias revistas y blogs. Ganó el I y el X premio de relatos breves
“Mujeres” del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Dos ficciones de Raquel Guzmán

La otra historia
Hamlet mató a Claudio. Explicó a los policías, al defensor, al
fiscal y al juez que sólo había cumplido con la venganza reclamada por
el espectro de su padre. Al cabo de los alegatos el juez dictaminó
prisión perpetua, y aseguró que el muchacho nunca dudó, ni vaciló, ni
siquiera reflexionó o buscó otros caminos para saber si efectivamente
Claudio había envenenado al viejo.

¿Es posible dilucidar un crimen?
Lee mató a John, Jack mató a Lee y luego se murió de cáncer de
pulmón. ¿Por qué mataron a John? ¿Por qué silenciaron a Lee? La
Comisión W no pudo dilucidar el caso, luego lo tomó la Comisión X y
posteriormente la Y. Al problema de la muerte de los protagonistas se
agrega ahora el inminente fin del abecedario.

Raquel Guzmán. Autora tucumana, residente en Salta
desde 1978, publicó Quiero volver a casa -Premio de Poesía Editorial
Argos (Córdoba 1991), como así también cuentos y poemas en revistas
y antologías. Coordinó en colaboración con la escritora Miriam
Fuentes la antología cooperativa Eva decidió seguir hablando. Poesía de
mujeres en el noroeste argentino (2009). Recibió en Salta el Premio
Provincial de Poesía 2016 con su obra Zócalo. Como investigadora de la
Universidad de Salta ha publicado libros y diversos artículos de crítica
literaria.

La tempestad. De Giorgione hasta nosotros — El Blog de Arena

La tempestad, de Giorgione (Giorgione Barbarelli da Castelfranco, 1477-1510) es uno de los cuadros más misteriosos de la Historia del Arte, a pesar de su pequeño tamaño, porque ha traído de cabeza a los investigadores que no se ponen de acuerdo sobre el tema representado ni el significado de esta obra. Si analizamos […]

La tempestad. De Giorgione hasta nosotros — El Blog de Arena

Solo se van los buenos

De Paola Tena


Era Dimas de tan mala calaña y peores pulgas que no le hacía
ascos ni a los asuntos más turbios: se aseguraba siempre de saldar
sus deudas con billetes falsos, comer sin pagar aunque fuera una
manzana en el mercado y robar las monedas de la canasta de los
mendigos ciegos. Nunca se negaba si lo invitaban a participar de
crímenes jugosos aunque tuviera que desplazarse y fue en uno de
estos viajes cuando, cargado con una pequeña enfermó
repentinamente en un pueblo alejado de la mano de Dios;
agonizando, entregó hasta el último de los malhadados billetes
para que lo sepultaran en una tumba con su nombre, porque
siendo niño su abuela lo asustaba contándole que las almas de los
enterrados en la fosa común no encuentran descanso.
Creyendo que se trataba de una donación, los habitantes
del pueblo construyeron una escuela, ampliaron el centro de salud
y reformaron la ermita, donde desde entonces veneran a Dimas
como a un santo. Lo único que lamentan estas buenas personas
es no haber tenido tiempo de postularlo como candidato a
gobernador del Estado, o como mínimo, diputado al muy
honorable Congreso de la Nación.

Las pequeñas cosas' de Paola Tena | Lagenda
Del microdecamerón

Nocturna

Azucena Franco

La noche y el alcohol son el empuje, el pretexto que Raúl necesita. Dominando la vergüenza, la inquietud, logra llegar a esa casa, a ese cuarto; la curiosidad y el deseo son más poderosos. Al escuchar el toquido, Vanesa sonríe triunfante, ha visto por la ventana de quién se trata, mira sus uñas, “voy”, responde, una última vista al espejo comprueba el maquillaje, la peluca, el escote, la minifalda, todo bien puesto, se sabe irresistible. Coqueta abre, da un beso en la mejilla, conoce a los primerizos, se sienta al borde de la cama, “acércate, papacito, no muerdo”, dice provocativamientras palmea el lecho. Él llega algo nervioso, ella lo abraza, despacio besuquea tras la oreja, la nuca, alcanza los labios. Raúl, venciendo su resistencia, se entrega a novedosos besos; la acaricia, pechos, caderas; sube la mano entre las piernas, encuentra un pene erecto que manosea. Vanesa tuerce la boca, regresa, se da cuenta que la seducción ha terminado para ella, molesta se deja hacer, es parte del trabajo, sabe que lo que él busca, es lo que ella odia.


Azucena Franco (Ciudad de México). Es maestra en
Literatura Latinoamericana por la Facultad de Filosofía y Letras UNAM. Ha participado como ponente de temas literarios en congresos nacionales de la UNAM, e internacionales en Tenerife, Berlín, Valparaíso y Bogotá. Ha publicado cuentos y minificciones en una docena de antologías, y en diversos blogs y revistas electrónicas.

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